lunes, 5 de noviembre de 2007

Inmensidad inversa

Como ya lo he dicho antes soy un simple ser humano capaz de hablar, pensar, idear y demás, pero no tengo el derecho suficiente como para juzgar, por que aunque lo puedo hacer, sé que no está bien.
Comprendo la gravedad de una situación y entiendo que a veces no tengo la solución a tantos problemas que existen en mi mundo irreal.
Tantas palabras y tantas fantasías me vuelven loca, tantas ideas cruzándose por mi cabeza me confunden y al final no termino sabiendo de que estoy hablando.
Evito demostrar aunque siempre termino haciéndolo, y como cualquier persona existente en este mundo cometo errores.
Sin embargo, a veces mi mente idea millones de historietas las cuales quisiera dibujar, pero por cuestiones de talento, no fui bien dotada con respecto a la pintura, y mas bien se podría decir, que soy pésima cuando de dibujar se trata, pues aunque en mi mente las dimensiones sean claras, en el momento de pasarlo al papel, todo se convierte en alguna mancha en medio de una hoja, una mancha, algo ahí, estorbando en medio de la nada.
Intento no dañar a nadie con mis palabras y con mis acciones, y al final termino hiriéndome yo misma por tratar de salvar a los demás. Es increíble como una persona se hiere tanto, simplemente por hacer que alguien se sienta mejor.
Cada vez que pienso en algo o en alguien recuerdo historias, historias del pasado que alguna vez me supieron herir y de las cuales ahora solo quedan las cenizas, entonces siempre que recuerdo algunas cosas que sucedieron, procuro advertir a los demás para que no cometan mis mismos errores, pero al final todo es nulo, pues las personas cegadas a veces por el amor, o quizá por otras razones que prefiero en este momento no decir, terminan haciendo todo lo que les he advertido que no deben hacer, y viviendo todas las consecuencias que algún día les nombre, solo por pura casualidad.
Siento la intuición de los inmensos ojos de la gente mientras les hablo, mientras cuento anécdotas, cuando se sientan a mi alrededor esperando por alguna de mis "fantásticas" historias, incluso a veces esperando el clímax de algo que ya terminó, y cuando me refiero a esto, me refiero a cuando termino de contar algo y la gente cree que aún sigue, pero al darse cuenta que todo ha acabado las expectativas se van al suelo, hay grandes silencios de por medio, donde imagino lo que pasa por cada cabeza, y luego de algunos minutos la gente lo olvida y se introduce en algún otro tema que les causa alguna curiosidad, o que al menos tiene un clímax.
Soy una persona que analiza a otras personas sin que estas lo noten. Soy de esas personas que se sienta horas enteras a ver como actúa la gente, a escribir sobre estas y a idear historias basadas en comportamientos que tienen las personas. Me gusta ver la forma de caminar de las personas, la forma en la que respiran, la forma en que hablan, como caminan, como utilizan sus manos al caminar, al hablar, el movimiento de sus labios, el movimiento de sus párpados y muchas otras cosas que quizá mas adelante nombraré.
Muchas historias gracias a muchas actitudes, ¿qué haría yo sin otros seres humanos a mí alrededor?
Es innegable que me quejo mucho de otro seres humanos, y que me molestan mucho algunas... O bueno mejor, muchas actitudes de los seres humanos que me rodean, y supongo que a ellos muchas de las mías, y no los cuestiono, pues al fin y al cabo están en todo su derecho de preguntarse a sí mismos que hace un ser humano como yo aquí en la tierra.No me creo rara, ni bizarra ni sobre natural, supongo que soy un ser humano casi normal que tiene facilidad para expresar sus ideas o que se yo, pero lo raro de todo esto es como la gente llega a mal interpretar mi manera de ser solo cuando me han visto una vez.
Recuerdo que hace algunos, días, semanas, meses, años, que sé yo, iba yo caminando por la calle cuando de repente una madre tiró de la mano de su hijo para alejarlo de mí. No puedo negar que me dio mucha rabia haber visto eso, mas sin embargo comprendo un poco, pues la mente en general de el país donde vivo a diario es absolutamente cerrada y Muchas de las personas que leen esto o que quizá me oyen hablar puede que se pregunten: ¿Por qué ella si puede analizar a la gente y los demás no la pueden analizar a ella?
Yo no he dicho que no me puedan analizar, simplemente yo analizo y no juzgo, mientras que la mayoría de las personas están acostumbradas a juzgar a simple vista, no les interesa conocer, y es un punto de vista totalmente respetable, pero no lo comparto.
No quiero parecer la reina del drama ni mucho menos, no quiero parecer una víctima mas de mi propio invento, y quizá muchas personas no entiendan a donde voy con esto, pues ya lo entenderán, por que aquí comienza la historia, o bueno no la historia, de hecho no se si exista, pero contaré "una historia", "anécdota" o como lo quieran llamar.

La podredumbre se notaba al rededor en las rocas y en las paredes, el amarillo de la humedad se podía notar en las paredes blancas, y el color verdoso del moho se podía ver y olfatear.
Una habitación helada, con muchas historias atrás por contar pero sin alguien que las contara, finales sin resolver y crímenes, los crímenes mas frívolos y extraños que alguien hubiese podido imaginar.
Las matanzas mas sangrientas, el olor a cadáver era tan fuerte, que casi nadie podía entrar al salón, casi ni los médicos forenses.
¿Quién había muerto ahí? Eso era un gran enigma, se sabía que había sido mas de una persona, pues por cosas de un destino incierto, los cuerpos jamás se dejaron retirar. Ningún ser humano pudo descifrar quien había sido el asesino o los asesinos, pues ninguno dejó una pista, ó al menos no sé encontró.
Lo mas raro del asunto era que los cuerpos nunca se pudrieron, seguían intactos, pero el olor que expiraba cada uno de ellos era tan asqueroso, que todo el edificio se había fundido de ese asqueroso olor.
Hacía mas de veinte años que todo eso había sucedido, y alrededor de los mismos años el edificio había sido deshabitado.
Solo una persona logró llegar un poco mas allá de la puerta de la habitación donde estaban estos plácidos cuerpos en diferentes posiciones, formando figuras que solo el que los había matado sabía que significado tenían.
Esa persona que logró llegar un poco mas allá de la puerta fue Katrinne Northman, una mujer hermosa estudiante de medicina forense. Cuando llegó hasta donde llegó tomo tres fotos, hasta que no pudo más y al devolverse vomitó.
Las fotos después de unos días fueron reveladas y por eso se puede contar lo que ahora estoy contando.
Los diarios han inventado millones de historias, han habido muchísimas hipótesis de lo que sucedió pero hasta hoy nadie ha sabido que sucede.
Algunos años después cuando el asunto fué olvidado por todos, Katrinne Northman decidió visitar el lugar de nuevo. Se podía acceder con facilidad pues no había ningun guardia cuidando el edificio, no había nada que robar, eran solo ruinas.... Y los cuerpos sin vida.
Cuando Katrinne llegó, encontró todo como lo había encontrado la vez pasada. Eran alrededor de las 5:00pm y a penas se filtraban pequeños rayos de luz por entre las paredes y tablas que habían en los techos.
Cuando llegó a las escaleras que estaban ubicadas al lado del ascensor, preparada y con la valentía que jamás había tenido, se disponía a subir hasta el piso 19, donde se encontraban los cuerpos.
¿Por que 19 y no 20? ¿Qué había en esa habitación antes de los homicidios?
Esas fueron las dos preguntas que se había hecho Katrinne antes de subir su pié al primer escalón.
Cuando ya había elevado su pié para ponerlo en el primer escalón, el ascensor que había estado dañado desde que el edificio había sido abandonado, ósus puertas, dándole la bienvenida para que entrara en el.
Katrinne sorprendida y un poco asustada entró en el ascensor sin importar lo que le pudiera pasar estando dentro de él, cada piso que pasaba era mas eterno, y cada vez el olor era mas fuerte.
Katrinne iba ya en el piso dieciocho cuando el ascensor se detuvo. Katrinne excitada pero a la vez muy asustada se prende de una de las esquinas de el ascensor.
Después de unos minutos la luz se apaga y las puertas del ascensor se abren, haciendo que Katrinne pegue un salto fuera de el ascensor y quede en las tinieblas del el piso 18 con el pútrido olor de los cadáveres.
Katrinne tenía algunas cosas, que podrían ser útiles en caso tal de poder entrar en la habitación donde descansaban estos pútridos cuerpos sin vida, pero tan hermosos como cuando murieron.
Katrinne llevaba una pequeña linterna, la cuál le había servido mucho mientras hizo sus prácticas en los primeros meses de su carrera. La encendió e iluminó el piso, y observando detenidamente en que lugar pondría su pié para no dar un paso en vano y caerse, pues no sabía en que porquería podría caer.
Después de mucho caminar, logró encontrar las escaleras hacia el siguiente piso. Tenía mucho miedo, pero ya había llegado muy lejos como para devolverse.
Mientras subía cada escalón el olor se hacía mas fuerte, así que entre sus instrumentos llevaba un paño y un poco de alcohol.
Puso el alcohol en su paño y lo puso en su nariz mientras iba subiendo. El alcohol impedía que el olor se hiciera mas fuerte.
Con ayuda de su linterna y de sus recuerdos llegó a un corredor el cual le parecía muy familiar, entonces supuso que ya había llegado al piso 19, caminó hasta el final de este, siguiendo una luz que provenía al parecer de la puerta de la habitación donde se encontraban los cuerpos.
Caminó, y el olor a traves del pañuelo fue incrementando.
Katrinne logró entrar a la habitación entonces, la única habitación donde existía una luz, la cual no se sabía de donde provenía, y allí estaban todos esos hermosos seres casi perfectos con sus ojos cerrados descansando pero no probablemente en paz.
Katrinne suelta su pañuelo sin darse cuenta, y se queda petrificada ante semejante belleza tan inmensa.
Después de unos minutos vuelve a la realidad notando que ha estado respirando varios minutos sin el pañuelo, entonces se da cuenta que ya no huele mal.
Se acerca a cada uno de los cadáveres admirando la belleza de estos, sin temer pues no era la primera vez que hacía lo que estaba dispuesta a hacer.
Maravillada por la belleza de estos, antes de hacer cualquier estudio observó cada uno de pies a cabeza mientras se ponía sus guantes.
Después de terminar de observarlos, notando la delicadeza, la suavidad de estos, y lo Todos estaban desnudos, y sus cuerpos eran perfectos. Pieles tan suaves y lozanas, lampiñas y heladas como un témpano de hielo.
Más adelante acarició sus pieles con los guantes, uno por uno, como si tuviera pesar de eso que les sucedió, como si supiera que no había sido momento de morir.
Los contó, en total eran diez y ocho. Ocho mujeres y diez hombres.
Con su cuchilla cortó las pieles, pero se dio cuenta que sería difícil llevar a cabo un estudio, pues la sangre ya era como de cristal, no estaba fresca. Algunos minutos después de haber hecho el primer corte en el primer cuerpo, de este salió un delicioso olor a orquídeas, y mientras fue haciendo cortes en los otros cuerpos también salieron deliciosos aromas diferentes, que al final formaron un delicioso olor floral en el ambiente.
Tomó varias fotos de mas, y olió a cada uno por separado, ya había cogido confianza, ya se había familiarizado con los cadáveres.
Habiendo ya terminado Katrinne iba ya de salida, cuando depronto vió un brillo que le llamó la atención en una de la esquinas de el gigante salón, dejando todo entonces en la entrada de la habitación se acercó al lugar de donde provenía el brillo.
Al acercarse se dió cuenta que era otro cuerpo, y que el brillo porvenía de un hermoso medallón de oro que colgaba del cuello de este.
Katrinne dirigió sus ojos hacia la cara de este cadaver, era el mas hermoso de todos, el mas suave, el mas blanco, el que mas rico olía, el que mas frío estaba.
Lo acarició sin tener los guantes puestos, sintió como un corrientazo le atravezó todo el cuerpo y por primera vez experimentó una sensación de miedo mezclada con gusto.
Retiró su mano de inmediato por reacción y la volvió a posar sobre su piel, acariciandola, sintiendo como el frío que provenía de este cadaver tambien le carcomía la mano. Acarició su mano, y toco su pelo como si fuera cualquiér ser humano.
Posó su dedo índice sobre los labios del cadaber y se la acaricio. Estaba suave como la de un ser humano con vida.
Katrinne consternada derramó varias lágrimas sobre el cuerpo, haciendo que este después de mucho tiempo tocara algo proviniente de un ser vivo.
Tuvo una sensación que no tuvo con ningun otro de los cadaveres. Entonces lloró, y salió corriendo tomando sus cosas y encendiendo la linterna rápido sin aún saber que le sucedía.
Bajó rápido las escaleras sin importar si era o no el camino y finalmente salió del edificio siendo casi las 8:00pm. Un hombre que pasaba por ahí viendo como salió de allí le preguntó si se encontraba bien, pero Katrinne no tuvo manera de responderle, pues intentó hablar, pero ni una plabra salió, y lo único que pudo hacer fué correr.
Pasó una semana después, y quiso entonces volver, se repitió de nuevo todo, al parecer el ascensor solo subía hasta el piso 18, de ahí en adelante tocaba subir por escaleras.
La puerta la esperaba de nuevo entre abierta, todo igual de intácto, igual de limpio, el mismo hermoso olor que la habia acogido la última vez que había ido.
Se acercó de nuevo a todos en forma de saludo y les tocó a todos las manos, y al fín llegó de nuevo a aquella esquina.
A penas vió a ese hermoso cuerpo sin alma, su alma intentó salirse de su cuerpo por medio de un suspiro, haciendo que por un momento olvidara que era un ser vivo.
Acarició de nuevo su cara, y sus labios, acerco su nariz para olerlo, acarició su pelo castaño y hondulado, haciendo que un olor se expandiera por medio de la habitación, un olor tan hermoso, tan suave, tan puro...
Lo acarició desde que llegó hasta que tuvo sueño y casi que moría del cansancio, así que cansada y un poco melancolica se despidió de todos tocando sus heladas manos, imaginando que le responderían acariciandole también la mano.
Varias semanas pasaron y esto se repetía constantemente, pues había algo que la hacía creer que debía descubrir algo, pues ella había sido a la única a la que habían dejado entrar en su crepúsculo.
Una noche Katrinne decidió visitar de nuevo la habitación, subió de nuevo, y entró a la habitación, saludo rápido y fue de nuevo a la esquina cada día que lo veía creía que era el cadaver mas hermoso que había visto alguna vez. Katrinne se acerco y lo olió como siempre, luego consintió su cara, y acarició sus mejillas, lo olió de nuevo y beso una de sus mejillas, sintiendo el frío y la suavidad de esta.
Después tomó su mano y besó los labios de este, acariciando al mísmo tiempo su pecho.
Katrinne sentía cosas que jamás había sentido por un ser, ni humano ni no humano.
Katrinne continuó besandolo, besando su mejilla y luego bajando por su cuello, bajó hasta su pecho y luego tomó un pequeñp presente que le había llevado. Una hermosa rosa roja, llena de vida.
Sabiendo que era tarde, Katrinne acarició el rostro de su amado con la rosa y puso las manos de su amado sobre la rosa que ella mísma también había colocado en su pecho.
Triste por tener que marcharse, se despidió de él con un beso en la cosa y de los otros con una caricia en la mano como lo solía hacer.
Volvió a su casa y soñó con su amado ser sin vida.
Al otro día en la mañana Katrinne decidió regresar, llevó el mismo procedimiento y al llegar encontró a su amado tal como lo había dejado el día anterior, sonrió y saludó a todos con un beso en la mano. Cuando llegó a donde estaba su amado le besó la boca y estuvo ahí acariciandolo un rato hasta que sintió hambre y tuvo que irse.
Le prometió a su amado que al siguiente día regresaría, lo besó, besó a los otros 18, y se marchó con la esperanza de amanecer viva al otro día para poder visitarlos.
Al día siguiente el ascensor no se abrió, así que decidió subir por las escaleras, se sentía un ambiente pesado, se sentía un olor turbio. Cuando llegó al corredor no estaba la luz al otro lado de la habitación y la puerta ya no estaba entre abierta, ahora estaba toda abierta y con la luz apagada, así que decidió entrar y...

1 comentario:

·[●•·ToaD·•●] dijo...

No eres simple...te lo he dicho mas de una vez. Me gusta el post, pero... le falta algo, como picardía.
Te siento triste.