jueves, 15 de abril de 2010

+Rocío y unas copas más+

Amanece, todo parece estar medianamente bien. El sol se asoma por entre las montañas y el rocío cubre los ventanales y las hermosas flores que se encuentran en el exterior.
Una mañana medianamente normal, una café, o quizá dos, depende del frío que haga. Un escenario patético lleno de una mínima musicalidad empalagosa que no ayuda al deseo de salir corriendo rápido por entre los árboles que enmarcan un bosque, el cual la hace sentirse vacía pero inmensamente llena de regocijo. Sólo desea correr y que el aire le golpee los poros sin compasión, que le revuelva los cabellos y la deje sentirse parte de tan hermosa naturaleza una vez más. Lejos de tanto trabajo, de tantos miedos, del frío interior que le corroe lentamente.
La soledad le incita a tararear canciones varias que hace mucho no escucha y las cuales quiere escuchar y que desafortunadamente no puede puesto que quemó todos los discos de acetato que le traían los recuerdos. Olvido bien el sonido de la música y sus frecuencias, olvidó las noches aquellas de su juventud donde solía ir a deleitar a su público con tan hermosa voz, cantando con aquella banda de Jazz que tanta felicidad le obsequió.
Una noche estrellada sobre París,varios recuerdos pero nada muy profundo, todo se volvió muy superficial a medida que fue pasando el tiempo. No se arrepentía de nada, pero prefería no volver a sus hermosos años de belleza, en los que se exhibía ante multitudes varias sobre un piano negro de cola. Eliminó de su vida todo aquello que pudiese recordarle cuan feliz había sido.
Una noche de aquellas estrelladas donde sólo el alcohol pudo acompañarle, deseó entonces escudriñar dentro de todas sus pertenencias y rescatar las pocas memorias que decidió guardad para siempre, supuestamente. Un trago hondo, un segundo trago un poco más pando, abrió la cajita musical llena de pequeñas fotografías. En su rostro se desató un destello único que cualquiera hubiese notado excepto ella; sus ojos se sumergieron en millones de palabras no dichas y en recuerdos enterrados; por primera vez en muchos años en su soledad lloró. Recordó entonces lo que era sentir sin dejar que la vida le pasara por encima como pasó años atrás. Se denominaba nostalgia a tan hermosa masa de sentimientos encontrados y fue allí cuando recobró la esperanza y tomó valor para no dejar que sus arrugas escondieran la belleza que le irradiaba. De nuevo se sintió humana, se sintió ella misma.

1 comentario:

LIGIA YINED PALACIO dijo...

Melodía de recuerdos que por mas que se quieran borrar siempre están y estarán en la mente, causando esa nostalgia y robando un poco de mi oxígeno.