martes, 8 de diciembre de 2009

+Apatía; un fastidio ilógico en la logía común+

Los arrullos del comienzo de un invierno decadente comenzaron a congelar las hojas, los suelos, los pies y de paso los sueños de los habitantes de aquella ciudad. La nieve negra empezó a descender, y de paso llevarse con sus tonadas oscuras, todo aquello que a su paso se hallaba.
El cielo apocalíptico entre gris y anaranjado daba una tonalidad amarilla aquella ciudad que tantos colores que había tenido, dejando a su paso colores cálidos en una ciudad hecha nada, manchada por los rastros de la nieve negra que se posaba casi que en toda la ciudad. Dejó una imagen hermosa, cálida y algo deteriorada de una máscara que tapaba la realidad de aquél lugar; la máscara que logró tapar el frío escenario y llegó a pintarle de verano desértico pero que a los ojos de los habitantes sólo parecía ser el fin de lo que podían llamar mundo.
El silencio se apoderó de las bocas y tan sólo el viento parecía dialogar con la nada, con un silencio tan brutal que parecía ensordecer, e incluso llegaba a enloquecer. ¿Qué había sucedido? ¿Por qué había desaparecido?
Los miles de ojos curiosos se cerraron para siempre en lágrimas de decepción, de desespero. Ojos curiosos, deseosos de saber qué era lo que el invierno se traía entre manos, lo que el helaje les obsequiaría y lo que este año se llevaría, pues el año pasado se había llevado la esencia, dejando aires insípidos, vacíos. Este año había llegado el silencio, y ahora todos enloquecían. ¿Qué más? ¿Qué castigo les impondrían?

Cristalizados en las ramas de los árboles se quedaron mis suspiros. Mucho tiempo anhelé poder descubrirme a mí misma, a mi mente, descubrir la verdadera identidad de mis palabras y de tantas cosas que de mi boca han salido. Rogué mil veces, clamé por un destello, por tan sólo un poco de cordura, de entendimiento.
Tantas noches preguntándome a mí misma me hicieron mucho daño, pero no más daño del que me hizo aquellas amables sugerencias que de niña me hicieron y que incluso en este momento recuerdo como si me lo acabasen de decir. Aquellas palabras retumban aún en mis oídos recordándome cuan miserable soy, cuan miserable me hace aquella maldita dependencia que por tanto tiempo me ha seguido.
Muchas veces me miré al espejo lavada en lágrimas, con las mejillas erosionadas por el maquillaje y por las lágrimas, y vi aquellas expresiones de dolor que tanto daño me hacían, las que me hacían pensar en alguien ajeno a mí al ver ese reflejo tan doloroso.
Deseé muchas veces nunca haber nacido, deseé muchas veces tantas cosas que nunca hubiesen podido ser, y aún las deseo con la misma fuerza o quizá incluso más que antes. Cuando se está verdaderamente solo y vacío, es cuando realmente se puede entender el significado de muchas emociones, de muchas sinfonías de sentimientos, que como cuerdas y vientos se encuentran, haciendo fusiones melódicas hermosas pero incomprensibles.
Escapes varios, muchos geográficos, otros simples ausencias. Tanto rencor reprimido no creo que lleve a nada bueno, y no sé si las lágrimas tan sólo logran apaciguar o de verdad liberan. Pero, ¿por dónde comenzar para que haga sentido?
Aunque sea demasiado, nunca será suficiente, y eso es lo que no logran entender aquellos que juzgan, aquellos que con aquellos ojos dañinos llegan a afectarnos tanto, aquellos por quienes existen los complejos y los temores... Es simplemente imposible parar, sé que estoy al tope, y la verdad es que no puedo parar, no puedo parar de llenarme de tantas cosas, no puedo esperar a llegar al límite verdadero por más llena que esté mi alma, mi cabeza, mi cuerpo. Si no duele no es real, y lo aprendí algún tiempo atrás cuando también era adicta a ése tipo de "calmantes."
Cuando se es esclavo de sí mismo, y de paso un odio reprimido por el ser se halla atascado en el centro, es cuando realmente se logran entender muchas cosas, cuando se llega a sentir odio, repulsión, un deseo de no ser quien se es realmente. Una máscara cubre la cara del protagonista y entonces este parece ser feliz, estar conforme, pero en el interior le atormenta ser lo que es y quien es. Se ve derrotado, se desprecia a sí mismo y de paso se tiene auto-lástima en vez de autoestima. Se castiga, se hiere, y una vez más se vuelve a odiar. Odia verse reflejado en el espejo, ahora sólo quiere huir, refugiarse, seguir en aquél mundo de fantasía donde él vive y se da una autocompasión que sólo le produce lástima y delirios.
Es una droga brutal, y como es una droga, sin ella no se puede vivir. Es la heroína sin ser heroína propiamente, y entonces se cae en la brutal decadencia, se entra a la pobreza interior más vasta y más vana que se conozca, que se imagine. Un lugar fétido, una depresión ridícula, sin fundamentos porque cuando los demás se preguntan qué suceden con uno mismo, se evade la respuesta, pero sólo el mismo ser llega a saber realmente que es lo que sucede, y de hecho lo sabe perfectamente.
Los complejos, los delirios, la autocompasión, el deprecio y la lástima por sí mismo es la inyección más dolorosa que puede existir. Es como sonreír cuando se sabe que el dolor le carcome el alma a uno mismo, el hecho de saber que esa sonrisa la forjan los ojos que están al borde de liberar lágrimas y de arder sobre la piel orgullosa pero destrozada por donde se deslizan.
¿Por qué no hablar de cosas bellas? Bueno, esto también tiene una belleza, algo frívola, pero es hermoso, es hermoso puesto que he descubierto como describir todo aquello que me desarma en segundos pero que con nadie he llegado a compartir. ¿Quién lo entendería?
Es la vida, es un suspiro, y este se va, en un viento helado, en un viento fétido que hace todo un poco más complejo para que se vea con ojos perplejos. El miedo es una característica humana, y mi miedo es propio, mi miedo es personal, y no porque no lo quiera compartir, al contrario, a lo que me refiero es que mi temor está enfocado al ser y no al estar, al vivir y no al respirar, a las opciones que se brindan pero que no se sabe si realmente están.
Ansiedad, detenimiento, ¿qué es esto? ¿por qué hago parte de este anacrónico sentimiento? Preguntas ridículas, quizá sin sentido, sin un trasfondo adecuado, pero que simplemente han nacido, han nacido para ser pronunciadas.
Necesito atardeceres, necesito vivir una vida, no un pedazo de ella, y me he encargado de poder hacerlo, pero no encuentro varias piezas, no encuentro la cordura suficiente para completar el rompecabezas que me quiebra los huesos uno por uno.
Las colisiones, el desespero, la arrogancia, el delirio de superioridad, el egoísmo. ¿Qué pasa? ¿Qué hay? Necesito respuestas, muchas respuestas. Creo que he perdido verdaderamente la razón. Sólo una ola más de divinidad y el cielo se pondrá a mis pies. ¿Es acaso eso lo que deseo? ¿Y es que acaso existe el deseo? ¿Qué es el deseo?
Patrañas, palabras, no quiero más, no deseo más, pero a la vez jamás es suficiente, entonces lo anhelo con ansias vastas, deseo revolverme entre mis patrañas, licuarme entre mis desdeñados recuerdos y volver a la cordura de la que ahora carezco.
Quiero renacer, quiero revivir y más que revivir, quiero vivir. ¿Acaso alguien podría devolverme la vida que se ha ido y que por supuesto perdí?

Apatía, un fastidio ilógico en la logía común. Sí, sí... ¿sí?

1 comentario:

LIGIA YINED PALACIO dijo...

Que telaraña de sentimientos.