Son veinte ya; veinte momentos, veinte días, veinte meses, veinte años. Un dos acompañado por un cero, la agonía infinita de las cruciales noches donde depositó sus caricias en un manojo de ilusiones ardientes, quizás frustradas. En su boca las palabras, en su mente innumerables y repetidas veces donde dos palabras acompañadas lograros una composición completa. En sus sueños la fantasía, en sus ojos la magia, en su esencia el balance adecuado, la chispa que parecía indeleble y de repente nada.
Se miró al espejo, se encierra en los latigazos, en el fantástico sabor de lo innombrable. Intrigas alusivas al rencor, a la infinidad, al vacío infinito de lo que carcome en el ínfimo recado de lo que escribió con sangre en las hojas blancas que le prestaron para vivir de nuevo.
Se desprende de lo efímero el sabor de la unicidad, es que no se encuentra fácilmente, esa que agobia pero que lleva a la fragilidad. Cuando muchos se cuestionan el por qué, responde tan sólo "no lo sé, es indescriptible." Un juego teñido de fascinación, teñido de cierta amargura, un trago con sabor a nada, un sueño ridiculizado por esa misma fascinación, simplemente se devuelve al comienzo y vuelve a crear un ciclo de palabras inquebrantables, de desasosiego que ya no hiere pero que sí va marcado con algo más que silencio.
Indestructibles palabras que con tenacidad envuelven la sinceridad repartida que pocos conoces le lleva al olvido, al demencial olvido que muchas veces le alumbra y le satura. El fiel alocamiento, algo que le roba el espíritu cantante desafinado; las notas de vanguardia que le oprimen contra el muro y le hacen agachar el mentón. Sobraría decir que está bien, sobraría decir que ya no le extraña, que simplemente son palabras que están impresas en las huellas de un corazón orgulloso que ha besado con fragilidad campos de margaritas. No es más que la repetición de lo ya repetido anteriormente, simplemente ha sido recalcado en un léxico menos próximo al ya expuesto.
El ángel terminó por recortar sus alas, el ángel terminó por vaciar el vacío y vaciar sus labios en los otros que ya no le pertenecen. Se condenó a la desaparición así como en principio este condenó su alma a un olvido inolvidable, pero atravesó las barreras; ése ángel simplemente se condenó a una cadena perpetua de sufrimiento y lo impregnó en su piel, en sus frágiles alas que le fueron arrebatadas y que terminaron por convertirle en un ángel caído.
El ángel que parecía ser tan fuerte se ha refugiado en sus canciones para ocultar aquello que le aflige, en cambio él ha saltado desde lo alto para volar libremente fuera de lo perpetuo, de lo alucinante que ya no le hace alucinar.
Se fue y no volverá, al menos no está dentro de sus planes. Ya no es tiempo de saldar deudas.
lunes, 28 de marzo de 2011
domingo, 27 de marzo de 2011
+Fascinación y destrucción+
Se pretende encontrar cierta simetría, cierto algo en un no-sé-dónde, un flagelo, quizás el olvido o el reintegro a un lugar del que se quiso escapar. Nada como sentir las cosas en el propio pellejo aunque a veces resulte ser absolutamente nocivo; cuando se siente es difícil tragarse las palabras y aceptar que se está completamente equivocado o que probablemente se ha entendido el significado de algunas ciertas cosas que quizás antes no eran constantes ni persistentes dentro de un panorama medianamente normal. ¿Cómo entenderlo? ¿Cómo pretender entenderlo cuando no se ha vivido?
Las decisiones, las elecciones, el sinfín de tanto y de nada, de los parámetros abruptos entre fascinación y destrucción. Esa simple búsqueda de lo innato no es del todo innato, es simplemente el carácter fugaz de lo que se podría llamar experiencia, de aquello que muchas veces llega a un punto poco comprensible, aquél punto donde la estabilidad abruma porque se sabe que en algún momento habrá de romperse de repente. Entonces las innumerables cicatrices, las arrugas sobre la piel, los inmensos deseos de más y allí ellos y ellas, allí los tantos y los cuantos abalanzándose sobre el primer trozo de novedad sin más.
Ahogadas las palabras entre copas se libera un poco el espíritu, es innegable que de repente llega el momento de estallar, de no querer reprimir más aquellas elecciones, aquellas decisiones que quizás en algún momento le hacen sentir sofocado, aquellas mismas que a veces simplemente abrasan sin remordimiento y carcomen a cuentagotas. La liberación no puede generar nada mas que alivio y luego la búsqueda de algo que llene esos vacíos insatisfechos, paso tras paso, pero finalmente todo termina siendo el mismo ciclo engañoso que hace pensar que va más allá de lo común, de lo que se da a diario. Sin embargo no lo es, no hace la diferencia, siempre será lo mismo y se llegará al punto de partida.
Existe una conjetura entre el mas y el menos, entre el carácter positivo y negativo de las cosas, de cada una de ellas, aquellos parámetros que aunque se intenten romper no se rompen. Infinidad de momentos, la diferencia entre el antes, el ahora y el después son lo que remarcan la cierta existencia del tiempo, de los recuerdos que se guardan en la mente aliviada y que escabrosamente muchas veces libera las sensaciones por medio de ínfimos estados poco trascendentales pero que al potencializarse diluyen lo ya existente y parecen borrar aquello poco trascendental que de cierta manera resulta influyente. Se le da espacio entonces a la desigualdad, al momento de partida, al final de lo infalible, de lo que no se puede anular. ¿Cómo podría eso llamarse balance?
Olvido, innecesarias aclaraciones que resultan banales, aquél anhelo por recibir quizás un trozo de lo que se dio, esa constante búsqueda de la que casi todos son partícipe por más que lo nieguen, esas expresiones que dicen tanto pero que probablemente ni las señales de humo canalizan del todo, ese S.O.S constante entre los seres humanos que pretende aparentar una cierta compañía que quizás los demás no interpretan, ese deseo reprimido de saber lo que el prójimo piensa y que no se es capaz de cuestionar, ese desastre interno que va robando de a pocos, esa pequeña miseria... y de repente allí no hay nada al tacto físico, de repente simplemente se extingue.
(...)
Imprescindible manera de llegar a lo prohibido, a lo ilegal, a lo que no es válido, a lo que se evapora con el calor interno. Esa suavidad física no es más que la ausencia de lo delegado y de lo inalcanzable. Se ahogan en mares de estruendos, entre las luces intermitentes que les roban el alma con cada nota que desprende la cátedra que les dicta el alma y allí ellos tan débiles y tan frágiles. La liberación de sus almas es lo que sus cuerpos les proporciona, salen entonces de ellos las aguas turbias, las represiones, la sensibilidad, y con ello regurgitan sus sesos, esos que les perturban. Es factible que las lágrimas se confundan con el sudor, que sus miradas tristes y vacías se complementen con el hedor de la embriaguez y la fugacidad de cada momento y que sus pies vayan al ritmo de los pasos que normalmente fuera de aquella cápsula serían prohibidos. Se van desinhibiendo casi que hasta el punto de la degradación. Esa insatisfacibilidad es aquella que muchas veces les obliga a lanzarse por los abismos, por la borda con tal de enunciar algo diferente, algo un poco más diverso que se desprenda de lo cotidiano, pero más allá de eso, que les proporcione una alucinación no muy prolongada que les eleve los pies de esa realidad que muchas veces resulta frívola y tortuosa, y ellos temerosos buscan refugio en sus fantasías, en esas fantasías que crean ellos mismos con tal de arrancar esa sensación de sobriedad y de realidad que les arrebata las palabras, la vida que se les escapa por los ojos.
Se sumergen en la música, en el arte, probablemente en aquello que no les gusta, en aquello que no les satisface con tal de dar cierto contentillo y se sienten solos, frágiles y entristecidos. Pierden su esencia, se van por los límites de lo inalcanzable, se sueñan a sí mismos en sus propios sueños y prefieren llevar vidas paralelas que evidentemente jamás se juntarán. Las bifurcaciones en medio de sus caminos no son más que obstáculos y se hallan perplejos ante lo que les espera, sin expectativas y con miedo.
Recogiendo de entre las sobras aquello que les brinde algo de suavidad y sensibilidad se ahogan entre gotas de rocío, se conoce entonces la desidia, ese paso que se desea dar pero los pies comienzan a temblar, no se sienten capaces de alcanzar el mañana y prefieren quedarse en el ayer, quizás prefieren quedarse en las simples palabras. Una paz temporal invade, una sensación de nirvana envuelve los lamentos sordos e inaudibles, pero todo se esfuma, se va con el humo, con el vapor, se mezcla en el aire y termina por llegar a lugares inalcanzables, tan inalcanzables como el control de la vida misma. Se anhela tener el control, se anhela el poder, pero aquellos que demuestran ser los más fuertes son aquellos que son más frágiles, que se derrumban pero prefieren callarlo por miedo a mostrarse vulnerables ante los demás, ante aquellos a quienes les han mostrado la suficiente fortaleza. Aquellos que ofenden tienen más miedo que aquél que recibe con desdeño críticas destructivas que surgen de repente de entre las piedras. Aquellos muchos a quienes poco les importa lo demás son aquellos que terminan por comerse las rocas y la arena. Son esos quienes fácilmente se ahogan en sus propias zozobras y en sus gritos mudos. Ellos terminan por desaparecer en el olvido y se excusan en su ego, terminan por caducar, terminan por ser parte de la inexistencia puesto que se los lleva el olvido y con este desaparece la intransigente devoción de estos quienes huyen de lo existente. Se fueron, se van se irán y finalmente desaparecen en medio del halo que se imprenta en las ventanas al amanecer.
Las decisiones, las elecciones, el sinfín de tanto y de nada, de los parámetros abruptos entre fascinación y destrucción. Esa simple búsqueda de lo innato no es del todo innato, es simplemente el carácter fugaz de lo que se podría llamar experiencia, de aquello que muchas veces llega a un punto poco comprensible, aquél punto donde la estabilidad abruma porque se sabe que en algún momento habrá de romperse de repente. Entonces las innumerables cicatrices, las arrugas sobre la piel, los inmensos deseos de más y allí ellos y ellas, allí los tantos y los cuantos abalanzándose sobre el primer trozo de novedad sin más.
Ahogadas las palabras entre copas se libera un poco el espíritu, es innegable que de repente llega el momento de estallar, de no querer reprimir más aquellas elecciones, aquellas decisiones que quizás en algún momento le hacen sentir sofocado, aquellas mismas que a veces simplemente abrasan sin remordimiento y carcomen a cuentagotas. La liberación no puede generar nada mas que alivio y luego la búsqueda de algo que llene esos vacíos insatisfechos, paso tras paso, pero finalmente todo termina siendo el mismo ciclo engañoso que hace pensar que va más allá de lo común, de lo que se da a diario. Sin embargo no lo es, no hace la diferencia, siempre será lo mismo y se llegará al punto de partida.
Existe una conjetura entre el mas y el menos, entre el carácter positivo y negativo de las cosas, de cada una de ellas, aquellos parámetros que aunque se intenten romper no se rompen. Infinidad de momentos, la diferencia entre el antes, el ahora y el después son lo que remarcan la cierta existencia del tiempo, de los recuerdos que se guardan en la mente aliviada y que escabrosamente muchas veces libera las sensaciones por medio de ínfimos estados poco trascendentales pero que al potencializarse diluyen lo ya existente y parecen borrar aquello poco trascendental que de cierta manera resulta influyente. Se le da espacio entonces a la desigualdad, al momento de partida, al final de lo infalible, de lo que no se puede anular. ¿Cómo podría eso llamarse balance?
Olvido, innecesarias aclaraciones que resultan banales, aquél anhelo por recibir quizás un trozo de lo que se dio, esa constante búsqueda de la que casi todos son partícipe por más que lo nieguen, esas expresiones que dicen tanto pero que probablemente ni las señales de humo canalizan del todo, ese S.O.S constante entre los seres humanos que pretende aparentar una cierta compañía que quizás los demás no interpretan, ese deseo reprimido de saber lo que el prójimo piensa y que no se es capaz de cuestionar, ese desastre interno que va robando de a pocos, esa pequeña miseria... y de repente allí no hay nada al tacto físico, de repente simplemente se extingue.
(...)
Imprescindible manera de llegar a lo prohibido, a lo ilegal, a lo que no es válido, a lo que se evapora con el calor interno. Esa suavidad física no es más que la ausencia de lo delegado y de lo inalcanzable. Se ahogan en mares de estruendos, entre las luces intermitentes que les roban el alma con cada nota que desprende la cátedra que les dicta el alma y allí ellos tan débiles y tan frágiles. La liberación de sus almas es lo que sus cuerpos les proporciona, salen entonces de ellos las aguas turbias, las represiones, la sensibilidad, y con ello regurgitan sus sesos, esos que les perturban. Es factible que las lágrimas se confundan con el sudor, que sus miradas tristes y vacías se complementen con el hedor de la embriaguez y la fugacidad de cada momento y que sus pies vayan al ritmo de los pasos que normalmente fuera de aquella cápsula serían prohibidos. Se van desinhibiendo casi que hasta el punto de la degradación. Esa insatisfacibilidad es aquella que muchas veces les obliga a lanzarse por los abismos, por la borda con tal de enunciar algo diferente, algo un poco más diverso que se desprenda de lo cotidiano, pero más allá de eso, que les proporcione una alucinación no muy prolongada que les eleve los pies de esa realidad que muchas veces resulta frívola y tortuosa, y ellos temerosos buscan refugio en sus fantasías, en esas fantasías que crean ellos mismos con tal de arrancar esa sensación de sobriedad y de realidad que les arrebata las palabras, la vida que se les escapa por los ojos.
Se sumergen en la música, en el arte, probablemente en aquello que no les gusta, en aquello que no les satisface con tal de dar cierto contentillo y se sienten solos, frágiles y entristecidos. Pierden su esencia, se van por los límites de lo inalcanzable, se sueñan a sí mismos en sus propios sueños y prefieren llevar vidas paralelas que evidentemente jamás se juntarán. Las bifurcaciones en medio de sus caminos no son más que obstáculos y se hallan perplejos ante lo que les espera, sin expectativas y con miedo.
Recogiendo de entre las sobras aquello que les brinde algo de suavidad y sensibilidad se ahogan entre gotas de rocío, se conoce entonces la desidia, ese paso que se desea dar pero los pies comienzan a temblar, no se sienten capaces de alcanzar el mañana y prefieren quedarse en el ayer, quizás prefieren quedarse en las simples palabras. Una paz temporal invade, una sensación de nirvana envuelve los lamentos sordos e inaudibles, pero todo se esfuma, se va con el humo, con el vapor, se mezcla en el aire y termina por llegar a lugares inalcanzables, tan inalcanzables como el control de la vida misma. Se anhela tener el control, se anhela el poder, pero aquellos que demuestran ser los más fuertes son aquellos que son más frágiles, que se derrumban pero prefieren callarlo por miedo a mostrarse vulnerables ante los demás, ante aquellos a quienes les han mostrado la suficiente fortaleza. Aquellos que ofenden tienen más miedo que aquél que recibe con desdeño críticas destructivas que surgen de repente de entre las piedras. Aquellos muchos a quienes poco les importa lo demás son aquellos que terminan por comerse las rocas y la arena. Son esos quienes fácilmente se ahogan en sus propias zozobras y en sus gritos mudos. Ellos terminan por desaparecer en el olvido y se excusan en su ego, terminan por caducar, terminan por ser parte de la inexistencia puesto que se los lleva el olvido y con este desaparece la intransigente devoción de estos quienes huyen de lo existente. Se fueron, se van se irán y finalmente desaparecen en medio del halo que se imprenta en las ventanas al amanecer.
martes, 8 de marzo de 2011
+El mísero espacio de fragilidad+
Falencias varias, una emotividad bastante cautelosa se apoderó de mí. Fascinación, ¿qué más podría sentir por algo así? Entre tanto, buscando entre las rocas, entre la basura, motivos, emociones, situaciones o quizás algo que me sacara de tal estado fue donde me encontré con algo inesperado, me encontré conmigo misma al frente del espejo. ¿Dónde estaba metida esa imagen que empecé a desconocer? ¿Dónde se había puesto ese lugar que no me quise dar durante un tiempo? Me perdí en el romanticismo, en las nimiedades en las que no debí rebuscar algo que parecía innato y me reflejé sobre el agua, sobre las ondas que causaban las hojas que caían de aquél sauce triste.
Carente de inspiración rebusqué millones de sensaciones, hace mucho no llegaba a tantas conclusiones a tantas noches en vela pensando en nada porque las carencias sobraban, parecían ser el único tema de conversación posible en mi cabeza; me abandoné, los abandoné, abandoné los estados a los que me prendí y me desprendí de la vida por unos cuantos días, me desprendí de lo cotidiano, de la rutina como tal. ¿Qué era aquello que estaba buscando? ¿Qué era aquello? ¿Por qué siento que así no esté ya no me hace falta?
Me encerré en una caja (probablemente similar a la de Pandora) me dejé morir para renacer, para lamer la heridas que por poco me estaban acabando, esas que me estaban pudriendo de a pocos y que cada vez se abrían más. Vacíos incomprensibles difíciles de rellenar, heridas abiertas imposibles de coser porque las fuerzas simplemente no bastaban y el hilo era escaso y aunque me resulta difícil entenderlo, nada más que el tiempo fue aquello que logró coser con hilo de oro aquellas tantas marcas que dejó la vida sobre mí.
El sabor metalizado de la sangre en mi boca me dejó atónita, pensé millones de veces si sería capaz de comprender el por qué, el simple hecho de no poder deshacerme de lo que considero indeseable, ese sentimiento de impotencia, de desigualdad, ese desequilibrio que no conlleva a nada más que el silencio absoluto, a un sinónimo de silencio, a una metáfora que no conocía; a un símil que describiese la palabrería, las lágrimas y el perdón por aquello que ni siquiera se llevó a cabo. ¿Dónde decidí meterme después de todo? ¿De dónde saqué fuerzas para enfrentarme a tal batalla?
Del preludio pasé al interludio con las alas invisibles que creé para volar lejos de aquellos terrenos bajos, de aquél lugar lúgubre que agradezco haber conocido pero al que realmente no quisiera volver. No quiero sumergirme en las aguas turbias de las que con poca facilidad logré escapar, salí a la superficie después de tocar fondo tras fondo, después de cavar bajo los suelos helados de la desolación, de la frustración, salí a flote, volví a ver el cielo, las nubes y las estrellas, la lluvia que decidió empaparme con su suavidad; definitivamente en mi boca había algo que podría ser todo excepto el sinsabor de la la desidia.
Estruendosos momentos, la música me recordaba las vidas pasadas, lo inservible, incluso llegué a sentir que ni siquiera la música podría revertir lo ya realizado, las frágiles lineas con las que delineé mis brazos en momentos de desespero. Me facilité entonces las vías de acceso, no sabía a donde llegaría, no sabía cuando se calmaría la corriente que me arrastraba, pero siempre guardé la esperanza, siempre guardé el pequeño motivo y me hallo aquí fascinada por nada, pero a la vez llena de lo invisible. Ahora espero, espero con tranquilidad y sin mucho miedo. Sé que aunque no estoy del todo fuera, un gran porcentaje de mí se halla fuera de aquélla desafinidad que resulta ser mis flaquezas.
Me dirijo entonces con los pulgares más firmes que nunca, con los índices manchados de experiencias y con los deseos más ardientes que nunca, me dirijo a la fragilidad, me dirijo a ella con firmeza, con decisión, marco las equis, marco en círculos rojos y voy danzando con mis dedos que danzan con la pluma y la tinta sobre el papel que resulta la pista de baile más fascinante que he conocido. Me deslizo, me muevo, sonrío y sigo en paz, escupiendo montones de palabras, escupiendo en la cara de muchos que quisieron verme caída pero que no lograron hundirme hasta el fondo y me río de ellos y de sus malos deseos o en efecto me burlo de sus deseos hipócrita...
Abnegando mi posición ante varias palabras, arrojando sinceridad ante los ojos tenues de muchos, me veo obligada a partir, me veo obligada a dejar en claro que hay más fuerza en mis palabras que en la misma noción de mi esencia, pero no puedo negar que la fortaleza adquirida de cada recaída hace que mi esencia tome más forma, más fuerza. El alma joven y el joven cuerpo habrán de aprender de tantas caídas como de tantos levantamientos y renacimientos. De seguro la fuerza impulsará esos latidos varios que muchas veces carecen de realismo, aquellos pálpitos que golpean en el pecho y que de cierta manera logran cuestionar una pieza de la existencia. Los ojos que alguna vez miraron con desdeño ahora sólo se concentran en encontrar plenitud, la que ya empiezan a ver y aquella que las palmas de la manos pueden sentir. Ese halo de inspiración, ese halo de afinidad con la vida, ese halo de ser o no ser lo que se fue sino de reorganizar lo que ya estuvo está más presente que nunca.
Cantaré entonces sin miedo, gozando las notas, imprimiendo frágiles notas de agrado para los oídos que son aquellas disonantes que en algún momento salieron a flote pero que han recuperado su armonía. Gracias a ti la noche, gracias.
Carente de inspiración rebusqué millones de sensaciones, hace mucho no llegaba a tantas conclusiones a tantas noches en vela pensando en nada porque las carencias sobraban, parecían ser el único tema de conversación posible en mi cabeza; me abandoné, los abandoné, abandoné los estados a los que me prendí y me desprendí de la vida por unos cuantos días, me desprendí de lo cotidiano, de la rutina como tal. ¿Qué era aquello que estaba buscando? ¿Qué era aquello? ¿Por qué siento que así no esté ya no me hace falta?
Me encerré en una caja (probablemente similar a la de Pandora) me dejé morir para renacer, para lamer la heridas que por poco me estaban acabando, esas que me estaban pudriendo de a pocos y que cada vez se abrían más. Vacíos incomprensibles difíciles de rellenar, heridas abiertas imposibles de coser porque las fuerzas simplemente no bastaban y el hilo era escaso y aunque me resulta difícil entenderlo, nada más que el tiempo fue aquello que logró coser con hilo de oro aquellas tantas marcas que dejó la vida sobre mí.
El sabor metalizado de la sangre en mi boca me dejó atónita, pensé millones de veces si sería capaz de comprender el por qué, el simple hecho de no poder deshacerme de lo que considero indeseable, ese sentimiento de impotencia, de desigualdad, ese desequilibrio que no conlleva a nada más que el silencio absoluto, a un sinónimo de silencio, a una metáfora que no conocía; a un símil que describiese la palabrería, las lágrimas y el perdón por aquello que ni siquiera se llevó a cabo. ¿Dónde decidí meterme después de todo? ¿De dónde saqué fuerzas para enfrentarme a tal batalla?
Del preludio pasé al interludio con las alas invisibles que creé para volar lejos de aquellos terrenos bajos, de aquél lugar lúgubre que agradezco haber conocido pero al que realmente no quisiera volver. No quiero sumergirme en las aguas turbias de las que con poca facilidad logré escapar, salí a la superficie después de tocar fondo tras fondo, después de cavar bajo los suelos helados de la desolación, de la frustración, salí a flote, volví a ver el cielo, las nubes y las estrellas, la lluvia que decidió empaparme con su suavidad; definitivamente en mi boca había algo que podría ser todo excepto el sinsabor de la la desidia.
Estruendosos momentos, la música me recordaba las vidas pasadas, lo inservible, incluso llegué a sentir que ni siquiera la música podría revertir lo ya realizado, las frágiles lineas con las que delineé mis brazos en momentos de desespero. Me facilité entonces las vías de acceso, no sabía a donde llegaría, no sabía cuando se calmaría la corriente que me arrastraba, pero siempre guardé la esperanza, siempre guardé el pequeño motivo y me hallo aquí fascinada por nada, pero a la vez llena de lo invisible. Ahora espero, espero con tranquilidad y sin mucho miedo. Sé que aunque no estoy del todo fuera, un gran porcentaje de mí se halla fuera de aquélla desafinidad que resulta ser mis flaquezas.
Me dirijo entonces con los pulgares más firmes que nunca, con los índices manchados de experiencias y con los deseos más ardientes que nunca, me dirijo a la fragilidad, me dirijo a ella con firmeza, con decisión, marco las equis, marco en círculos rojos y voy danzando con mis dedos que danzan con la pluma y la tinta sobre el papel que resulta la pista de baile más fascinante que he conocido. Me deslizo, me muevo, sonrío y sigo en paz, escupiendo montones de palabras, escupiendo en la cara de muchos que quisieron verme caída pero que no lograron hundirme hasta el fondo y me río de ellos y de sus malos deseos o en efecto me burlo de sus deseos hipócrita...
Abnegando mi posición ante varias palabras, arrojando sinceridad ante los ojos tenues de muchos, me veo obligada a partir, me veo obligada a dejar en claro que hay más fuerza en mis palabras que en la misma noción de mi esencia, pero no puedo negar que la fortaleza adquirida de cada recaída hace que mi esencia tome más forma, más fuerza. El alma joven y el joven cuerpo habrán de aprender de tantas caídas como de tantos levantamientos y renacimientos. De seguro la fuerza impulsará esos latidos varios que muchas veces carecen de realismo, aquellos pálpitos que golpean en el pecho y que de cierta manera logran cuestionar una pieza de la existencia. Los ojos que alguna vez miraron con desdeño ahora sólo se concentran en encontrar plenitud, la que ya empiezan a ver y aquella que las palmas de la manos pueden sentir. Ese halo de inspiración, ese halo de afinidad con la vida, ese halo de ser o no ser lo que se fue sino de reorganizar lo que ya estuvo está más presente que nunca.
Cantaré entonces sin miedo, gozando las notas, imprimiendo frágiles notas de agrado para los oídos que son aquellas disonantes que en algún momento salieron a flote pero que han recuperado su armonía. Gracias a ti la noche, gracias.
martes, 22 de febrero de 2011
+Dos puntas+
Increíble fascinación por lo prohibido, por aquello que resulta innato. Suavidad al hablar, al sumergirse en sus pensamientos, en las miradas infinitas y en las clasificaciones inexistentes. Tantas veces se le obligó a partir desde un punto intermedio y se dio cuenta que lo suyo no eran los estereotipos, no era lo que solía encontrar en la mirada de cualquier ser humano que se le cruzase por en frente. Sentía fascinación por aquellas miradas penetrantes, por los pasos rápidos que aparentaban ser lentos mientras le carcomía la mente el hecho de toparse con la mirada de ése alguien en la mitad del camino sin más que un prejuicio enamorándose por varios segundos de lo que seguramente perdería antes de cumplirse un minuto de ello.
Lo que desea se enfría, lo que está no lo encuentra y busca entre la basura. Se considera especial pero finalmente no es más especial que la realidad, no es más especial que lo que no es innato. No es diferente, nunca lo fue, probablemente convenció a muchos de eso, pero no fue real, no lo hizo real, terminó actuando como actuaría cualquiera en su lugar, frío y solemne. Idiota, egoísta. Se sumergió en su humanidad, en la perseverancia de su lógica, aquella que le resulta casi que perfecta pero que no es más que terquedad humana. Efímero fantasma indeleble que terminó por desvanecerse con sus experiencias y actos poco coherentes. ¿Qué coherencia explicaría el que no sea concebido con los actos aquello que piensa con la cabeza? Tanta palabrería y nada de coherencia. Fantasía...
Enemigos varios, eternidad no concebida, no existe la perfección y cree que le pertenece esa palabra. Pobre alma llena de nada, fascinada por las carencias que le carcomen. Pobre ser, pobre de sentimientos, carente de motivación. Maldito fantasma, maldito.
Fantasea... rodea... y se va pues no existe finalmente...
Lo que desea se enfría, lo que está no lo encuentra y busca entre la basura. Se considera especial pero finalmente no es más especial que la realidad, no es más especial que lo que no es innato. No es diferente, nunca lo fue, probablemente convenció a muchos de eso, pero no fue real, no lo hizo real, terminó actuando como actuaría cualquiera en su lugar, frío y solemne. Idiota, egoísta. Se sumergió en su humanidad, en la perseverancia de su lógica, aquella que le resulta casi que perfecta pero que no es más que terquedad humana. Efímero fantasma indeleble que terminó por desvanecerse con sus experiencias y actos poco coherentes. ¿Qué coherencia explicaría el que no sea concebido con los actos aquello que piensa con la cabeza? Tanta palabrería y nada de coherencia. Fantasía...
Enemigos varios, eternidad no concebida, no existe la perfección y cree que le pertenece esa palabra. Pobre alma llena de nada, fascinada por las carencias que le carcomen. Pobre ser, pobre de sentimientos, carente de motivación. Maldito fantasma, maldito.
Fantasea... rodea... y se va pues no existe finalmente...
martes, 15 de febrero de 2011
+Funny Valentine+
I can't break this spell, every time I breath I feel it deep, deep inside my bones, deep inside my heart. Would I ever know what this is? I have to pick the pieces I lost, I gotta be strong and face the truth, no matter what, no matter how. I just can't pretend I don't even care, because I do, I care more than I thought...
Since I've been feeling this way I can't really imagine how big it was...is. How hard it is when you feel it's not enough, when you feel you might break into pieces with just one word, with just one smile... when you just feel that nothing would ever fill that space in between your stomach and your chest...
"Have you ever felt this before?" She asked... of course I did, but I couldn't tell her the truth even knowing she knew it. I answered "Yes, I have, but it was some time ago..." she laid there on the ground, I was wearing glasses so I could watch her and she couldn't notice, but I'm sure she knew I was staring at her just contemplating her beauty. I couldn't take my eyes off her.
She was broken, so I was. She was thinking of... I just don't wanna say it, and I was thinking of her, I was just trying to think of something else but I just couldn't do much about it, I was just lying there, disperse and full of thoughts, full of nothing... how would it begin? I wasn't capable, I wasn't strong enough. Almost two years, almost two fucking years feeling that way and I just couldn't say anything at all... how sad!
What happened to us, girl? What happened to all those words? What happened to all those promises we made? I guess I was so unconscious, I guess I wasn't able to make her feel a bit of what I felt... I just... nevermind.
I wont, I wont do that, it's enough, I wont... even knowing that I love her, even knowing that I would do anything for...
Ok, no more. Stop! Stop! But I just can't... Shut up! You can... No I just...
(...)
Since I've been feeling this way I can't really imagine how big it was...is. How hard it is when you feel it's not enough, when you feel you might break into pieces with just one word, with just one smile... when you just feel that nothing would ever fill that space in between your stomach and your chest...
"Have you ever felt this before?" She asked... of course I did, but I couldn't tell her the truth even knowing she knew it. I answered "Yes, I have, but it was some time ago..." she laid there on the ground, I was wearing glasses so I could watch her and she couldn't notice, but I'm sure she knew I was staring at her just contemplating her beauty. I couldn't take my eyes off her.
She was broken, so I was. She was thinking of... I just don't wanna say it, and I was thinking of her, I was just trying to think of something else but I just couldn't do much about it, I was just lying there, disperse and full of thoughts, full of nothing... how would it begin? I wasn't capable, I wasn't strong enough. Almost two years, almost two fucking years feeling that way and I just couldn't say anything at all... how sad!
What happened to us, girl? What happened to all those words? What happened to all those promises we made? I guess I was so unconscious, I guess I wasn't able to make her feel a bit of what I felt... I just... nevermind.
I wont, I wont do that, it's enough, I wont... even knowing that I love her, even knowing that I would do anything for...
Ok, no more. Stop! Stop! But I just can't... Shut up! You can... No I just...
(...)
viernes, 11 de febrero de 2011
+Una estación donde descansar+
Encuentro una noción de ello en cada pieza que encaja o desencaja. Me hallo perpetua ante la racionalidad, ante lo irracional y ante los sentimientos que muchas veces optan por ser un poco más tercos que la misma vida como tal, y me encuentro, perdida en los momentos, perdida en la inmensa sonrisa que muchas veces brota sin razón. Las mismas letras, los mismos libros, las mismas palabras sin objetivo que tratan de objetar aunque no hayan argumentos válidos de por medio. La simpleza es tan compleja que ni lo complejo podría resignarse a encarar un poco de aquella belleza inédita que se encuentra en el despojo de lo prohibido, de lo fatal, de lo mortal.
Se halla entonces sobre la tarima, sobre la madera crujiente y bajo los telones que solían ser vinotinto pero que depronto tomaron una tonalidad marrón por la vejez que le proporciona cada obra que allí se vive. Me remito a artistas, a obras a la fascinación, al querer, al desear y al deseo que muchas veces desnuda el prototipo torpe que se puede palpar con las mismas pupilas. Tomar o dejar, abandonar o simplemente recaer, simplemente recaer en los errores de la esencia que muchas veces vuelven a atravesarse ante las vivencias como obstáculos.
(...)
Hacia lo más alto de la cima, hacia lo más espeso del bosque, ante la realidad y la irrealidad, montos de alegría trazados a partir de la pasión y de la lujuria. Aquellos sueños, esos que nunca se llevaron a cabo y luego un poco de esto y lo otro, uno que otro monólogo, unos cuantos diálogos, de esos que son algo inteligentes y otros pocos constructivos. Mentiras, fascinación e igualdad. No está, no estará y ya se fue bien lejos así se le pueda palpar con las yemas de los dedos. ¡Basta ya!
Se halla entonces sobre la tarima, sobre la madera crujiente y bajo los telones que solían ser vinotinto pero que depronto tomaron una tonalidad marrón por la vejez que le proporciona cada obra que allí se vive. Me remito a artistas, a obras a la fascinación, al querer, al desear y al deseo que muchas veces desnuda el prototipo torpe que se puede palpar con las mismas pupilas. Tomar o dejar, abandonar o simplemente recaer, simplemente recaer en los errores de la esencia que muchas veces vuelven a atravesarse ante las vivencias como obstáculos.
(...)
Hacia lo más alto de la cima, hacia lo más espeso del bosque, ante la realidad y la irrealidad, montos de alegría trazados a partir de la pasión y de la lujuria. Aquellos sueños, esos que nunca se llevaron a cabo y luego un poco de esto y lo otro, uno que otro monólogo, unos cuantos diálogos, de esos que son algo inteligentes y otros pocos constructivos. Mentiras, fascinación e igualdad. No está, no estará y ya se fue bien lejos así se le pueda palpar con las yemas de los dedos. ¡Basta ya!
lunes, 24 de enero de 2011
+Fallece+
Le pregunté a qué le supo el último cigarro y no supo responder, tampoco supo mirarme y no quiso pronunciar una sola palabra. Seguramente le supo bien amargo. Como noción se desvaneció lo coherente y lo real y volvió a ese estado ilusorio del cual quiso escapar; encontró un sendero y luego cayó de rodillas contra la bazofia.
Adaptó sus miradas y la forma de escuchar la música a su antojo, no quiso dejarse llevar por lo efímero pero sí se forzó a algo que sabía que no le convenía. Divisó sus pasos a lo lejos, aquél oasis que pintaba ser el paraíso terminó por ser un desierto árido y sofocante. El agua no le da de beber a todos los sedientos y fácilmente al sofocar sus pasos con la arena cálida vio que en el horizonte se realzaba un sol abrasador que terminó por derrumbarle.
En medio del desdeño se encontró buscando el paraíso, se mojó las manos con lo inexistente y trató de corroborar que su cuerpo no se estuviese derritiendo aunque se dio cuenta que por más que el sol le quemase por dentro se congelaba su alma. Se mojó los labios con su propia saliva, intentó presumir que llegaría pronto a su destino cuando ya bien sabía que había atravesado las barreras y ya no había camino de regreso puesto que cerró las puertas que desde hace mucho le esperaban abiertas. Quiso comenzar de nuevo pero su cobardía no le dejó avanzar y se cortó con el deseo, con las ganas.
Sus pensamientos fueron pura poesía, de esa que se aprende pero se olvida y ni se diga de las palabras, aquellas que desearon convencer oídos desconfiados y que de cierta manera tocaron con profundidad en las puertas de lo ajeno. Qué infortunio para aquél que confía y que bueno resulta fascinar con lo efímero.
Le preguntó al olvido la mejor manera de olvidar y no recordó que el olvido es engañoso, se le olvidó que no debía confiar en aquellos que más interesados se encontraban, se le olvidó saber quién es y por ende pasó por encima de su cautela, fue débil, frágil, triste e infeliz aún cuando consideraba que eso era lo que más anhelaba. Se vio manchada por aires de indecisión, se quebró y de repente le repetía lo mismo que alguna vez supe escuchar atentamente, parecía un monólogo que hubiese escrito años atrás y que sacaba del cajón cada vez que deseaba sorprender. Pareciese que supiera cada respuesta que vendría a continuación y parecía que tuviese la respuesta adecuada para cada uno de los interrogantes que cada una de las otras cuantas le pudo preguntar. ¿Acaso todas son tan similares?
La orfandad que le causaba esa soledad a la que nunca pudo apegarse del todo fue aquella que de repente le arrebató las alas, no era capaz de vivir por si sola, era infeliz, insaciable, inestable, insoportable y todas aquellas cosas que podrían comenzar con "in." No era necesaria tanta palabrería, en realidad no era necesario saciarse de lo insaciable, no era necesario caer en la bajeza para repercutir en lo frívolo, no es real, jamás lo fue, jamás lo sería, siempre sería tan real como la lealtad que sus palabras prometieron a otras cuantas fervores ilusas llevadas por el sentimiento de engaño que todo aquello proporciona.
Fabuloso, es simplemente increíble como de uno se pasa a dos, y luego a tres, a cuatro, a cinco y a seis de la misma manera en la que se posó en el uno, que si bien es cierto trae de cola una innumerable lista de números irreales que simplemente hacen parte de la cuenta regresiva y progresiva de la que se es parte. Nada más que decir, poco menos por qué suspirar... fin. Conciencia tranquila, mente sana y.
Adaptó sus miradas y la forma de escuchar la música a su antojo, no quiso dejarse llevar por lo efímero pero sí se forzó a algo que sabía que no le convenía. Divisó sus pasos a lo lejos, aquél oasis que pintaba ser el paraíso terminó por ser un desierto árido y sofocante. El agua no le da de beber a todos los sedientos y fácilmente al sofocar sus pasos con la arena cálida vio que en el horizonte se realzaba un sol abrasador que terminó por derrumbarle.
En medio del desdeño se encontró buscando el paraíso, se mojó las manos con lo inexistente y trató de corroborar que su cuerpo no se estuviese derritiendo aunque se dio cuenta que por más que el sol le quemase por dentro se congelaba su alma. Se mojó los labios con su propia saliva, intentó presumir que llegaría pronto a su destino cuando ya bien sabía que había atravesado las barreras y ya no había camino de regreso puesto que cerró las puertas que desde hace mucho le esperaban abiertas. Quiso comenzar de nuevo pero su cobardía no le dejó avanzar y se cortó con el deseo, con las ganas.
Sus pensamientos fueron pura poesía, de esa que se aprende pero se olvida y ni se diga de las palabras, aquellas que desearon convencer oídos desconfiados y que de cierta manera tocaron con profundidad en las puertas de lo ajeno. Qué infortunio para aquél que confía y que bueno resulta fascinar con lo efímero.
Le preguntó al olvido la mejor manera de olvidar y no recordó que el olvido es engañoso, se le olvidó que no debía confiar en aquellos que más interesados se encontraban, se le olvidó saber quién es y por ende pasó por encima de su cautela, fue débil, frágil, triste e infeliz aún cuando consideraba que eso era lo que más anhelaba. Se vio manchada por aires de indecisión, se quebró y de repente le repetía lo mismo que alguna vez supe escuchar atentamente, parecía un monólogo que hubiese escrito años atrás y que sacaba del cajón cada vez que deseaba sorprender. Pareciese que supiera cada respuesta que vendría a continuación y parecía que tuviese la respuesta adecuada para cada uno de los interrogantes que cada una de las otras cuantas le pudo preguntar. ¿Acaso todas son tan similares?
La orfandad que le causaba esa soledad a la que nunca pudo apegarse del todo fue aquella que de repente le arrebató las alas, no era capaz de vivir por si sola, era infeliz, insaciable, inestable, insoportable y todas aquellas cosas que podrían comenzar con "in." No era necesaria tanta palabrería, en realidad no era necesario saciarse de lo insaciable, no era necesario caer en la bajeza para repercutir en lo frívolo, no es real, jamás lo fue, jamás lo sería, siempre sería tan real como la lealtad que sus palabras prometieron a otras cuantas fervores ilusas llevadas por el sentimiento de engaño que todo aquello proporciona.
Fabuloso, es simplemente increíble como de uno se pasa a dos, y luego a tres, a cuatro, a cinco y a seis de la misma manera en la que se posó en el uno, que si bien es cierto trae de cola una innumerable lista de números irreales que simplemente hacen parte de la cuenta regresiva y progresiva de la que se es parte. Nada más que decir, poco menos por qué suspirar... fin. Conciencia tranquila, mente sana y.
jueves, 20 de enero de 2011
+Piezas+
Ella sólo intentaba escapar de la realidad, del pasado. ¿A quién engaña? Se enganchó en el peor de los negocios, evadió durante mucho la música, las palabras, los sentimientos y el día que decidió revivir aquello una vez más se ha desplomado. ¿Lágrimas? Suficientes, pero por a mañana con el rocío decidieron mezclarse unas cuantas. A ella le gusta torturarse levemente, a ella le gusta perder el control, joderse y cuando ya todo está hecho mierda levantarse para reconstruir todo aquello que rompió en fragmentos.
miércoles, 19 de enero de 2011
+Extravagante magia+
En sus ojos vi la extravagancia, vi la suavidad, la pasión y la originalidad. Vi brillo y quise envolverme en sus brazos por un buen rato. Después de varios minutos me concentré en sus labios, en sus pecas, en sus manos delicadas y luego volví a postrarme en su boca, en sus sonrisa, en sus palabras que no pude escuchar. Quizás fuera la sonrisa más hermosa que hubiese visto en toda mi existencia y no exagero al decir que mis minutos fueron horas en cuanto a experiencias porque hubiese amado quedarme postrada bajo esa mirada unos cuantos meses, algunos años quizás, o probablemente mi vida entera.
Fui tan débil que ni siquiera un "hola" pude pronunciar porque supe inmediatamente que se quebraría mi voz, que se quebrantarían mis palabras, supe que era el amor de mi vida desde que la vi pero que la quise perder en seguida. Supo sonreír, supo cautivarme, envolverme en sus ojos soñadores y llenos de vida, en su vida tan suya, tan vivida y tan apresurada como los pocos segundos que la tuve cerca y pude imaginarme una vida junto a ella. Supe imaginar con los ojos abiertos cómo sería su voz, el olor de su pelo, el aliento que sería capaz de darme mientras me desvanecía. Con curiosidad y algo de vergüenza me imaginé sus labios sobre los míos, sus ojos cerrándose depronto sin más al decirme al oído "tranquila, todo estará bien."
Quizás me arrepienta, quizás me aliente diciéndome a mi misma que le volveré a ver en algún momento así sepa que probablemente jamás sucederá, quizás me siento un poco bien porque sé que con tan sólo un "hola" me hubiese hecho vulnerable ante ella, me hubiese desmoronado sin argumentos y me hubiese tomado un par de segundos respirar de nuevo y recobrar la conciencia.
Me escondí entonces tras mi vulnerabilidad, quise perderla así no la hubiese tenido, así hubiese postrado sus ojos sobre los míos y hubiese querido ese "hola" que yo anhelé tanto mientras detallaba cada ínfimo detalle en su cara, mientras posaba mi mirada en sus manos delicadas y suaves. Me sumergí en ese momento de torpeza, de ternura, jamás me había sentido tan pequeña a los ojos de algo que para mi parecía gigante, que me hacía sentir una mancha más en este mundo de iguales.
Imaginé su nombre, imaginé su imagen incluso teniéndola en frente mío, comencé a extrañarla sin siquiera haber cruzado una palabra con ella, pero si bien es cierto su mirada me dijo todo aquello que quise escuchar sin premeditarlo, quizás eso fue aquello que me cautivó, quizás por eso temí que entrase en mi vida y dejase una marca indeleble que luego desease borrar de mi vida así como las otras cuantas que me mancharon el alma con tintas de odio y fragilidad. ¿Cómo aprender de los errores si siempre termino por recaer en los mismos?
¿Sería ella? ¿Será otra? ¿No sería nadie? Preferí callar y obligarme a dejar la intriga sembrada en mí, preferí callar y no dejar que esa sonrisa fuese el motivo de mi amor sembrado nuevamente en ilusiones falsas; aunque ¿a quién engaño? Bastaron un par de segundos para verle y sentirme enamorada de la imagen de una mujer que no conocía, de la que ni siquiera supe el nombre y que me impregnó con su esencia, con su ternura, con su extravagancia. Quizás ese fue nuestro ahora y nuestro hasta nunca y me pregunto si para ella tuvo la misma importancia que tuvo para mí la mirada sencilla imprenta en las puertas de mi esencia. Efímero, tangible pero irreal, finalmente no fue más que eso, no fue más que nada.
Fascinante encuentro, fascinante sensación, probablemente dejé ir una oportunidad efímera que pudo haber sido algo mucho más allá que efímero, que probablemente pudo ser tan especial como la afinidad de una tenue mirada llena de brillitos ingenuos, como la infantilidad de los besos irreales que imaginé, de la voz que probablemente no tiene y de los miles de nombres que pude imaginar para denominarla, aunque para mí sólo pudiese resumirse a una palabra, magia.
Ahora me resigno al olvido, probablemente patético y contradictorio pues bien creo que el amor a primera vista no existe, pero me ha puesto a dudar, me ha dejado la intriga de si quizás en algún momento pueda encontrarla de nuevo y seré capaz de romper las barreras y tragarme mis palabras repetitivas acerca de jamás volverme a enamorar. ¿Será ella? ¿Seré yo? Probablemente jamás lo sepa, quizás la encuentre un día donde ya sea más que tarde, quizás, quizás... quizás lo cierto sea que no existe y que fue producto de mi imaginación; es ella, no es nadie finamente, al menos no ahora y probablemente nunca lo sea.
Fui tan débil que ni siquiera un "hola" pude pronunciar porque supe inmediatamente que se quebraría mi voz, que se quebrantarían mis palabras, supe que era el amor de mi vida desde que la vi pero que la quise perder en seguida. Supo sonreír, supo cautivarme, envolverme en sus ojos soñadores y llenos de vida, en su vida tan suya, tan vivida y tan apresurada como los pocos segundos que la tuve cerca y pude imaginarme una vida junto a ella. Supe imaginar con los ojos abiertos cómo sería su voz, el olor de su pelo, el aliento que sería capaz de darme mientras me desvanecía. Con curiosidad y algo de vergüenza me imaginé sus labios sobre los míos, sus ojos cerrándose depronto sin más al decirme al oído "tranquila, todo estará bien."
Quizás me arrepienta, quizás me aliente diciéndome a mi misma que le volveré a ver en algún momento así sepa que probablemente jamás sucederá, quizás me siento un poco bien porque sé que con tan sólo un "hola" me hubiese hecho vulnerable ante ella, me hubiese desmoronado sin argumentos y me hubiese tomado un par de segundos respirar de nuevo y recobrar la conciencia.
Me escondí entonces tras mi vulnerabilidad, quise perderla así no la hubiese tenido, así hubiese postrado sus ojos sobre los míos y hubiese querido ese "hola" que yo anhelé tanto mientras detallaba cada ínfimo detalle en su cara, mientras posaba mi mirada en sus manos delicadas y suaves. Me sumergí en ese momento de torpeza, de ternura, jamás me había sentido tan pequeña a los ojos de algo que para mi parecía gigante, que me hacía sentir una mancha más en este mundo de iguales.
Imaginé su nombre, imaginé su imagen incluso teniéndola en frente mío, comencé a extrañarla sin siquiera haber cruzado una palabra con ella, pero si bien es cierto su mirada me dijo todo aquello que quise escuchar sin premeditarlo, quizás eso fue aquello que me cautivó, quizás por eso temí que entrase en mi vida y dejase una marca indeleble que luego desease borrar de mi vida así como las otras cuantas que me mancharon el alma con tintas de odio y fragilidad. ¿Cómo aprender de los errores si siempre termino por recaer en los mismos?
¿Sería ella? ¿Será otra? ¿No sería nadie? Preferí callar y obligarme a dejar la intriga sembrada en mí, preferí callar y no dejar que esa sonrisa fuese el motivo de mi amor sembrado nuevamente en ilusiones falsas; aunque ¿a quién engaño? Bastaron un par de segundos para verle y sentirme enamorada de la imagen de una mujer que no conocía, de la que ni siquiera supe el nombre y que me impregnó con su esencia, con su ternura, con su extravagancia. Quizás ese fue nuestro ahora y nuestro hasta nunca y me pregunto si para ella tuvo la misma importancia que tuvo para mí la mirada sencilla imprenta en las puertas de mi esencia. Efímero, tangible pero irreal, finalmente no fue más que eso, no fue más que nada.
Fascinante encuentro, fascinante sensación, probablemente dejé ir una oportunidad efímera que pudo haber sido algo mucho más allá que efímero, que probablemente pudo ser tan especial como la afinidad de una tenue mirada llena de brillitos ingenuos, como la infantilidad de los besos irreales que imaginé, de la voz que probablemente no tiene y de los miles de nombres que pude imaginar para denominarla, aunque para mí sólo pudiese resumirse a una palabra, magia.
Ahora me resigno al olvido, probablemente patético y contradictorio pues bien creo que el amor a primera vista no existe, pero me ha puesto a dudar, me ha dejado la intriga de si quizás en algún momento pueda encontrarla de nuevo y seré capaz de romper las barreras y tragarme mis palabras repetitivas acerca de jamás volverme a enamorar. ¿Será ella? ¿Seré yo? Probablemente jamás lo sepa, quizás la encuentre un día donde ya sea más que tarde, quizás, quizás... quizás lo cierto sea que no existe y que fue producto de mi imaginación; es ella, no es nadie finamente, al menos no ahora y probablemente nunca lo sea.
domingo, 2 de enero de 2011
+Infame+
No entiendo aquél sentimiento que genera su mirada posada en el silencio y en el vacío. No encuentro el secreto que allí se halla y tampoco hallo sentido a esas palabritas que de repente forjan algo pero que luego se quebrantan con la voz. No entiendo la musicalidad de sus ojos ni el vaivén de sus manos, ni las cancioncitas que me grita el andar de su corazón con varios miedos de por medio.
Aquellas ilusiones que van y vienen, aquél viento suave y enérgico que se respira en cuanto a cada pequeñez que se halla tomada de su mano; eso tan poco claro es aquello que muchas veces me hace temblar, aquello que muchas veces deja mi mente en blanco y deja mi mirada perdida en la integridad de aquello que no conozco.
No me sobran los días ni las noches, tampoco las canciones ni mucho menos el pensamiento. Recorro las vías de mi mente una tras otra tratando de inundar de inspiración mi mente ya que es opio de mi cuerpo, trato de dejar que mi mente se oxigene, trato de pensar en lo que realmente no me interesa y me intereso por aquello que realmente no requiere un interés especial. Me veo en el espejo reflejada con mi cara mojada, por el rocío que adquiero después de tomar un baño, me centro en mi realidad, en la igualdad que no existe, en el balance "perfecto" y en la parcialidad que en verdad a mi parecer no existe porque siempre algo termina por manchar las sábanas blancas donde me refugio inevitablemente.
Es interminable, cavando espacios pequeños, cavando bajo la tierra, bajo los recuerdos, bajo el efímero perfume de la desidia, imaginándome a mi misma perdida en los reflejos, en las sombras, en los ojos esclarecidos, en aquellos ojos que son duales, en aquellos estados de ánimo que a veces queman, algunos otros que fastidian, ante todo ese sentimiento de inconformidad pero la lucha por no ser conforme.
Desmiento mis palabras entonces, desmiento lo que digo tan sólo por respirar un poco de paz, de aire fugaz. Las paredes blancas se manchan de aquél veneno letal, de aquél insomnio e intento sentirme bien como si esa fuera la medicina, pero es claro que al lamer las paredes simplemente me estoy envenenando un poco más, cada toque de aquella sustancia es aquél que corre por mis venas y que llena tanto como llena el vacío. Y entonces las páginas blancas, las letras nunca escritas, los días de verano donde el calor sometía cualquier objeto que llevase a su paso como lo hace el invierno al helar cada día un poco más, al congelar cada rama, las historias por contar se quedaron sin palabras, ahora sólo lamentan haber revocado cada una de sus palabras, cada ensayo fallido y cada canción que nadie pudo entender ni tocar, cada gota de flagelo.
Cada acción refuta con indecisión, con paraísos inalcanzables, con infinidades de preguntas sin respuesta y ese hielo raspa cada lazo indeleble con firmamentos desconocidos, con el verde sabor que tiene el prado recién cortado. Aflicciones que invitan a una copa de vino varias veces y que terminan por salir a flote en manojos intensos de impulsos desesperados por alcanzar la realidad embrutecida por los sentimientos que a veces le ganan a la lógica. Autoengaño, eso es. Para algunos el refugio, para otros la salida.
¿Y qué si va más allá? ¿Qué si se ha tropezado con uno por simple casualidad? Si va más allá lastima, si se queda en "aquello" también porque se ha tomado la distancia suficiente para sacarlo a relucir. Arduas noches desveladas por la incapacidad, por la falta de carácter y una invasión fortísima de impunidad. Un incremento de delirio con otro poco de fragilidad aumentada, pero aún así no hay motivo para dejar de sonreír. No quisiese dejar de lado que más allá de una gran vuelta hay infinidad de dulzura que envuelve el panorama. De repente es que no hay nada que sea del todo malo ni del todo bueno, probablemente se ve lo que se proyecta de mayor manera dentro de un cuerpo inútil a los ojos de quien habita allí, pero creo que no es suficiente, no vasta con eso.
Frígido panorama aquél que no quiere cambiar, aquél que desea que sus árboles se marchiten y dejen de lado el ínfimo centímetro que crece a lo lejos sobre las ramas, sobre los pastizales que muchas veces refugian más secretos que los mismos ojos de los que hablé anteriormente. Es que bien es cierto que no hay un fin concreto, todo se da por los bordecitos y hay quienes no son capaces de aislarse del todo de aquellos fluidos reinos de íntimos regalos ni del agua que corre por los ríos. No es más que eso, no es más que un camino lleno de altibajos que le roba suspiros a muchos, no es más que un tema, uno de tantos, uno que facilita un poco más la expresión, la inquietud y el cuestionamiento interior.
Fácil para aquellos que auguran pesimismo y negatividad, fácil salir saltando y construir puentes para sobrepasar los límites al borde, ya cuando se está cerca darse por vencido es riguroso, tenaz.
Adiós, adiós, adiós. Adiós una vez más a un ciclo y al comienzo de otro. Como llegó se irá, y con él los sueños, los aprendizajes y el gradual modo de obtener triunfos a partir de golpes bien dados. Adiós.
Aquellas ilusiones que van y vienen, aquél viento suave y enérgico que se respira en cuanto a cada pequeñez que se halla tomada de su mano; eso tan poco claro es aquello que muchas veces me hace temblar, aquello que muchas veces deja mi mente en blanco y deja mi mirada perdida en la integridad de aquello que no conozco.
No me sobran los días ni las noches, tampoco las canciones ni mucho menos el pensamiento. Recorro las vías de mi mente una tras otra tratando de inundar de inspiración mi mente ya que es opio de mi cuerpo, trato de dejar que mi mente se oxigene, trato de pensar en lo que realmente no me interesa y me intereso por aquello que realmente no requiere un interés especial. Me veo en el espejo reflejada con mi cara mojada, por el rocío que adquiero después de tomar un baño, me centro en mi realidad, en la igualdad que no existe, en el balance "perfecto" y en la parcialidad que en verdad a mi parecer no existe porque siempre algo termina por manchar las sábanas blancas donde me refugio inevitablemente.
Es interminable, cavando espacios pequeños, cavando bajo la tierra, bajo los recuerdos, bajo el efímero perfume de la desidia, imaginándome a mi misma perdida en los reflejos, en las sombras, en los ojos esclarecidos, en aquellos ojos que son duales, en aquellos estados de ánimo que a veces queman, algunos otros que fastidian, ante todo ese sentimiento de inconformidad pero la lucha por no ser conforme.
Desmiento mis palabras entonces, desmiento lo que digo tan sólo por respirar un poco de paz, de aire fugaz. Las paredes blancas se manchan de aquél veneno letal, de aquél insomnio e intento sentirme bien como si esa fuera la medicina, pero es claro que al lamer las paredes simplemente me estoy envenenando un poco más, cada toque de aquella sustancia es aquél que corre por mis venas y que llena tanto como llena el vacío. Y entonces las páginas blancas, las letras nunca escritas, los días de verano donde el calor sometía cualquier objeto que llevase a su paso como lo hace el invierno al helar cada día un poco más, al congelar cada rama, las historias por contar se quedaron sin palabras, ahora sólo lamentan haber revocado cada una de sus palabras, cada ensayo fallido y cada canción que nadie pudo entender ni tocar, cada gota de flagelo.
Cada acción refuta con indecisión, con paraísos inalcanzables, con infinidades de preguntas sin respuesta y ese hielo raspa cada lazo indeleble con firmamentos desconocidos, con el verde sabor que tiene el prado recién cortado. Aflicciones que invitan a una copa de vino varias veces y que terminan por salir a flote en manojos intensos de impulsos desesperados por alcanzar la realidad embrutecida por los sentimientos que a veces le ganan a la lógica. Autoengaño, eso es. Para algunos el refugio, para otros la salida.
¿Y qué si va más allá? ¿Qué si se ha tropezado con uno por simple casualidad? Si va más allá lastima, si se queda en "aquello" también porque se ha tomado la distancia suficiente para sacarlo a relucir. Arduas noches desveladas por la incapacidad, por la falta de carácter y una invasión fortísima de impunidad. Un incremento de delirio con otro poco de fragilidad aumentada, pero aún así no hay motivo para dejar de sonreír. No quisiese dejar de lado que más allá de una gran vuelta hay infinidad de dulzura que envuelve el panorama. De repente es que no hay nada que sea del todo malo ni del todo bueno, probablemente se ve lo que se proyecta de mayor manera dentro de un cuerpo inútil a los ojos de quien habita allí, pero creo que no es suficiente, no vasta con eso.
Frígido panorama aquél que no quiere cambiar, aquél que desea que sus árboles se marchiten y dejen de lado el ínfimo centímetro que crece a lo lejos sobre las ramas, sobre los pastizales que muchas veces refugian más secretos que los mismos ojos de los que hablé anteriormente. Es que bien es cierto que no hay un fin concreto, todo se da por los bordecitos y hay quienes no son capaces de aislarse del todo de aquellos fluidos reinos de íntimos regalos ni del agua que corre por los ríos. No es más que eso, no es más que un camino lleno de altibajos que le roba suspiros a muchos, no es más que un tema, uno de tantos, uno que facilita un poco más la expresión, la inquietud y el cuestionamiento interior.
Fácil para aquellos que auguran pesimismo y negatividad, fácil salir saltando y construir puentes para sobrepasar los límites al borde, ya cuando se está cerca darse por vencido es riguroso, tenaz.
Adiós, adiós, adiós. Adiós una vez más a un ciclo y al comienzo de otro. Como llegó se irá, y con él los sueños, los aprendizajes y el gradual modo de obtener triunfos a partir de golpes bien dados. Adiós.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)