martes, 17 de mayo de 2011

+Calma+

En medio del silencio espero por el eco, espero por las notas, espero por la inspiración. Sé que últimamente no he estado muy activa por acá, pero en realidad no se debe a nada especial más allá de carencia de inspiración.
Prometo subir por estos días de nuevo puesto que ya nuevamente ha llegado a mí.
Gracias queridos lectores. (Aunque no sé si alguien alguna vez entre y pase por mi blog a echar una ojeada) ;)
A.

domingo, 8 de mayo de 2011

...I just can't...

I can't fake a smile... I just can't...

miércoles, 27 de abril de 2011

+Las tantas, las pocas y las nuestras+

Encerrada entre dos mundos que me oprimen, encerrada en una realidad y en una irrealidad, la mitad en una caja con cerrojo, la otra mitad en medio de la libertad, del aire. Somo dos, como bien lo he dicho, somos dos recorriendo el camino, somo dos caminos diferentes dentro de un mismo espacio, somo dos mentes mundanas, un reflejo y una sombra, somos el agua y el aceite que muchas veces logran tocarse pero que fácilmente no comparten nada, jamás se juntan, sólo comparten el contenedor. ¿Quién podría referirse a ella sin agregar una ese al final de la palabra? ¿Quién podría fascinarse por lo que no existe? O quizás si exista, quizás haya un más allá o un más acá, un comienzo, un final.
No quiero decir más de lo que me corresponda, no quiero ser más frágil que ella, que la otra, no quiero fundirme en su juego, no quiero ocultarme tras la mirada brillante de la oscuridad, de su oscuridad. Ella no existe para mí, pero creo que a veces creo en ella, ¿podría hacerla eso real?
No quiero apoyarme contra el suelo, no quiero mirar al cielo, ver sus ojos reflejado en este, tampoco quiero mirar al prado y ver los otros ojos reflejados en este. No quiero ser el agua ni el aceite, no quiero mezclarlas, no quiero tenerlas, no quiero sentirme fascinada por las dos mentes, por las dos sonrisas, por los pensamientos opresivos y los liberales. Soy ella(s) soy yo, somos nosotras. ¿Qué puedo decir?
Al cielo o al infierno que no me deshago de esta sensación, no me deshago aún de las palabras, de las acciones, de las lágrimas que muchas veces no entiendo. De repente me fundo en el vaho de la oscuridad y en el aliento de la luminosidad. Me enfrío y me caliento, a veces un polo a tierra, a veces la levedad me eleva me llena y los llanos sentimientos simplemente dejan de existir. ¿Cómo decirle a ella que somos cuando soy sólo yo? ¿Cómo decirme a mi misma que ella es la que está actuando? No puedo, simplemente me abandona, vuelve, me cierra los ojos y cuando menos pienso, no está.
Entre letras alocadas, entre canciones, entre demencia la fragilidad, la fortaleza, no lee palabras, no escucha canciones pero muchas veces sólo se las escribo a ella, sabiendo que cuando las leo un frágil trozo de ello nos pertenece. Desempolvo las canciones, los míseros momentos, los tibios, los helados. Me vacío frente al espejo y la repudio, repudio esa imagen, repudio lo que mis ojos ven, de repente se sienta a consolarme, llora conmigo y luego con cierta sonrisa pintada en los labios se va y me deja a la deriva. Me derriba, me levanta, me da respiración y luego simplemente me roba el aliento. Me hace temblar, pero ¿por qué si todo está dentro de mí?
Las horas, los silencios, algunos incómodos, algunos necesarios, nos sentamos juntas en la habitación, una quiere creer, la otra quiere hacerle creer, juegan a las cartas, juegan a los demonios, juegan sus juegos, se temen, se abrazan, luego se odian, se repudian y se gritan frente al espejo. Es el diario vivir; medianamente natural.
Ella en una pantalla, ella al otro lado. Una imagen, una fachada; la carencia de límites. Por otro lado la esencia, la sensibilidad, la sonrisa tímida, los ojos resguardados tras la barrera de lo cognitivo. Habla pausadamente, mirando al horizonte mientras ella la mira y se burla, luego habla ella con rapidez, con claridad; evidentemente se burla de las palabras, se burla de la tranquilidad, de lo infinito, se burla en su cara y en la cara de toda. Lo odia, vive en su misantropía, quizás eso también lo compartan, sólo que...
Bueno, ¿qué más da?
no busco libertad, sólo busco tranquilidad... ¿quién podría lidiar con tales enfermizos deseos de libertad? Creo que nadie podría, al menos yo muchas veces no me siento capaz de hacerlo, ahora bien... ¿qué hay más allá del subsuelo? ¿Qué hay más allá del magma? Atraída por la gravedad, elevada por el deseo, saturada de imaginación golpéame contra el suelo, revíveme, pero déjame vivir; déjame...

martes, 12 de abril de 2011

+Man hat nur Angst, wenn man mit sich selber nicht einig ist.+

Me encuentro entonces refugiándome en mis libros, en las palabras que me enamoran ya que nadie tiene el don de hacerlo. Me siento fascinada por las sensaciones ajenas, por el miedo, por el amor, por la fascinación, por tantas emociones que habitan a mi al rededor pero que finalmente no logro experimentar.
Me enfrento al espejo, me miro y no me reconozco. ¿Qué hay de aquella que estaba hace algunos años frente al mismo? ¿Qué hay de todo eso? Veo el peso dentro de mis pupilas, siento un calor abrasador que no es más que un producto de mi imaginación. La música me lleva a danzar sobre ella, tomo un cigarro y me siento a escribir en mi cueva, en mi refugio que probablemente no muchos se toman el trabajo explorar y creo que muchas veces es mejor antes de envenenarlos con tanta palabrería barata. Me contagio de un mundo facilista, algo tan mundano como mi alma y me dedico a regurgitar las palabras que nunca termino por decir. Me veo en sueños como la otra, como esa que no es capaz de decir las cosas y que entre lágrimas va diciendo todo aquello que con palabras no puede expresar. Me siento vacía, es todo, me siento llena de aire de nada más que lo superficial. No es tangible, no es real, simplemente existe pero no conlleva a nada más allá de lo que está ahí.
Recorro los caminos con la mente fijada en cualquier otro lugar, sigo en aquella cueva mental, me dejo llevar por los ríos de palabras, por los símbolos y no llego a nada. Por más que tatúe mi piel, por más que me deje elevar por el viento tengo la cabeza postrada en aquél lugar, en aquél punto fijo que muchas veces desaparece y luego sin querer vuelve a adueñarse de mi conciente tanto como de mi subconciente y me empapa de momentos, de pensamientos que evidentemente a mi modo de ver son incorrectos porque no debe ir más allá, porque no va más allá. ¿Qué es todo esto? Quisiera entenderlo pero me cuesta, me cuesta encontrarme entre los besos de los demás, me cuesta mirar al horizonte e imaginarme con los ojos cerrados y con la brisa pisándome los talones. Me cuesta huir de todo aquello de lo que no puedo porque simplemente es algo con lo que debo vivir y muchas veces cabizbaja prefiero evadir todo aquello, quitar la mirada que tengo fija en esas ocho letras que muchas veces me torturan.
Siento el eco que retumba entre mis oídos, siento como de repente todo se desvanece y de nuevo por más compañía que tenga me siento sola y refugiada en el silencio. Simplemente no puedo ver lo demás, lo que se halla en medio del camino sublime al que me lleva todo eso que alardea dentro de mi cabeza. A veces creo que la demencia me queda corta, que lo ácido ya ni siquiera me despierta sensaciones, que lo que sabe, a mí ya no me sabe a nada.
Al final sólo quedamos nosotras, la que está al otro lado del espejo y yo misma que ni siquiera puedo saber si soy yo porque definitivamente hay algo de mí que no logro reconocer. Hay algo en mí que está al otro lado de una barrera que no logro derribar. Así mismo me encuentro, así mismo toco el cielo con las manos y caigo de cara contra el suelo; prefiero la inconciencia aunque esta tenga un control fijo sobre mí. Inconveniente pero real, más real que la propia existencia porque a veces siento que soy un alma sin rumbo a punto de irrumpir en la vida, en la realidad que yo supongo real pero que nada me hace comprobar que así sea. Me parece desconocido, me parece lejano, me parece un punto neutro que estoy lejos de alcanzar y que cuando siento que está entre las palmas de mis manos se escurre de nuevo hasta la lejanía. ¿Es acaso real?
Esperanza, eso es lo que llamo esperanza, algo de lo que la otra cara del espejo carece y que de repente me arrebató a mí. Lo que no logro hacer en mi vida cotidiana lo realizo en sueños. Me tiro sobre el piso, pataleo, lloro y todos me miran, se burlan de mí mientras yo en la infinidad grito palabras que nadie entiende, palabras que no logran penetrar en los oídos de nadie. Simplemente caras alegres con palabras de consuelo cuando lo que yo menos necesito es un consuelo... ¡si lo que necesito es vivir!
Estoy cansada y tan carente de tanto que poco es lo que se refleja sobre el agua. Todas esas carencias son las que me derriban y me hacen levantar, pero aún no puedo encontrar un punto de partida porque si para abajo no es suficiente tampoco lo será para arriba y ni siquiera estoy en el centro de esas dos, simplemente estoy ahí, ubicada en una ubicación que no existe, que me lamenta y que yo lamento también. Le acompaño en su condición, le acompaño en su pensamiento lastimoso que me observa de lejos y a la que con una sonrisa tímida casi irreal y con la mano medianamente levantada saludo con un desdén despreciable.
**...Man hat nur Angst, wenn man mit sich selber nicht einig ist.
-Hermann Hesse, Demian...**

lunes, 28 de marzo de 2011

+Perpetuo más no permanente+

Son veinte ya; veinte momentos, veinte días, veinte meses, veinte años. Un dos acompañado por un cero, la agonía infinita de las cruciales noches donde depositó sus caricias en un manojo de ilusiones ardientes, quizás frustradas. En su boca las palabras, en su mente innumerables y repetidas veces donde dos palabras acompañadas lograros una composición completa. En sus sueños la fantasía, en sus ojos la magia, en su esencia el balance adecuado, la chispa que parecía indeleble y de repente nada.
Se miró al espejo, se encierra en los latigazos, en el fantástico sabor de lo innombrable. Intrigas alusivas al rencor, a la infinidad, al vacío infinito de lo que carcome en el ínfimo recado de lo que escribió con sangre en las hojas blancas que le prestaron para vivir de nuevo.
Se desprende de lo efímero el sabor de la unicidad, es que no se encuentra fácilmente, esa que agobia pero que lleva a la fragilidad. Cuando muchos se cuestionan el por qué, responde tan sólo "no lo sé, es indescriptible." Un juego teñido de fascinación, teñido de cierta amargura, un trago con sabor a nada, un sueño ridiculizado por esa misma fascinación, simplemente se devuelve al comienzo y vuelve a crear un ciclo de palabras inquebrantables, de desasosiego que ya no hiere pero que sí va marcado con algo más que silencio.
Indestructibles palabras que con tenacidad envuelven la sinceridad repartida que pocos conoces le lleva al olvido, al demencial olvido que muchas veces le alumbra y le satura. El fiel alocamiento, algo que le roba el espíritu cantante desafinado; las notas de vanguardia que le oprimen contra el muro y le hacen agachar el mentón. Sobraría decir que está bien, sobraría decir que ya no le extraña, que simplemente son palabras que están impresas en las huellas de un corazón orgulloso que ha besado con fragilidad campos de margaritas. No es más que la repetición de lo ya repetido anteriormente, simplemente ha sido recalcado en un léxico menos próximo al ya expuesto.
El ángel terminó por recortar sus alas, el ángel terminó por vaciar el vacío y vaciar sus labios en los otros que ya no le pertenecen. Se condenó a la desaparición así como en principio este condenó su alma a un olvido inolvidable, pero atravesó las barreras; ése ángel simplemente se condenó a una cadena perpetua de sufrimiento y lo impregnó en su piel, en sus frágiles alas que le fueron arrebatadas y que terminaron por convertirle en un ángel caído.
El ángel que parecía ser tan fuerte se ha refugiado en sus canciones para ocultar aquello que le aflige, en cambio él ha saltado desde lo alto para volar libremente fuera de lo perpetuo, de lo alucinante que ya no le hace alucinar.
Se fue y no volverá, al menos no está dentro de sus planes. Ya no es tiempo de saldar deudas.

domingo, 27 de marzo de 2011

+Fascinación y destrucción+

Se pretende encontrar cierta simetría, cierto algo en un no-sé-dónde, un flagelo, quizás el olvido o el reintegro a un lugar del que se quiso escapar. Nada como sentir las cosas en el propio pellejo aunque a veces resulte ser absolutamente nocivo; cuando se siente es difícil tragarse las palabras y aceptar que se está completamente equivocado o que probablemente se ha entendido el significado de algunas ciertas cosas que quizás antes no eran constantes ni persistentes dentro de un panorama medianamente normal. ¿Cómo entenderlo? ¿Cómo pretender entenderlo cuando no se ha vivido?
Las decisiones, las elecciones, el sinfín de tanto y de nada, de los parámetros abruptos entre fascinación y destrucción. Esa simple búsqueda de lo innato no es del todo innato, es simplemente el carácter fugaz de lo que se podría llamar experiencia, de aquello que muchas veces llega a un punto poco comprensible, aquél punto donde la estabilidad abruma porque se sabe que en algún momento habrá de romperse de repente. Entonces las innumerables cicatrices, las arrugas sobre la piel, los inmensos deseos de más y allí ellos y ellas, allí los tantos y los cuantos abalanzándose sobre el primer trozo de novedad sin más.
Ahogadas las palabras entre copas se libera un poco el espíritu, es innegable que de repente llega el momento de estallar, de no querer reprimir más aquellas elecciones, aquellas decisiones que quizás en algún momento le hacen sentir sofocado, aquellas mismas que a veces simplemente abrasan sin remordimiento y carcomen a cuentagotas. La liberación no puede generar nada mas que alivio y luego la búsqueda de algo que llene esos vacíos insatisfechos, paso tras paso, pero finalmente todo termina siendo el mismo ciclo engañoso que hace pensar que va más allá de lo común, de lo que se da a diario. Sin embargo no lo es, no hace la diferencia, siempre será lo mismo y se llegará al punto de partida.
Existe una conjetura entre el mas y el menos, entre el carácter positivo y negativo de las cosas, de cada una de ellas, aquellos parámetros que aunque se intenten romper no se rompen. Infinidad de momentos, la diferencia entre el antes, el ahora y el después son lo que remarcan la cierta existencia del tiempo, de los recuerdos que se guardan en la mente aliviada y que escabrosamente muchas veces libera las sensaciones por medio de ínfimos estados poco trascendentales pero que al potencializarse diluyen lo ya existente y parecen borrar aquello poco trascendental que de cierta manera resulta influyente. Se le da espacio entonces a la desigualdad, al momento de partida, al final de lo infalible, de lo que no se puede anular. ¿Cómo podría eso llamarse balance?
Olvido, innecesarias aclaraciones que resultan banales, aquél anhelo por recibir quizás un trozo de lo que se dio, esa constante búsqueda de la que casi todos son partícipe por más que lo nieguen, esas expresiones que dicen tanto pero que probablemente ni las señales de humo canalizan del todo, ese S.O.S constante entre los seres humanos que pretende aparentar una cierta compañía que quizás los demás no interpretan, ese deseo reprimido de saber lo que el prójimo piensa y que no se es capaz de cuestionar, ese desastre interno que va robando de a pocos, esa pequeña miseria... y de repente allí no hay nada al tacto físico, de repente simplemente se extingue.
(...)
Imprescindible manera de llegar a lo prohibido, a lo ilegal, a lo que no es válido, a lo que se evapora con el calor interno. Esa suavidad física no es más que la ausencia de lo delegado y de lo inalcanzable. Se ahogan en mares de estruendos, entre las luces intermitentes que les roban el alma con cada nota que desprende la cátedra que les dicta el alma y allí ellos tan débiles y tan frágiles. La liberación de sus almas es lo que sus cuerpos les proporciona, salen entonces de ellos las aguas turbias, las represiones, la sensibilidad, y con ello regurgitan sus sesos, esos que les perturban. Es factible que las lágrimas se confundan con el sudor, que sus miradas tristes y vacías se complementen con el hedor de la embriaguez y la fugacidad de cada momento y que sus pies vayan al ritmo de los pasos que normalmente fuera de aquella cápsula serían prohibidos. Se van desinhibiendo casi que hasta el punto de la degradación. Esa insatisfacibilidad es aquella que muchas veces les obliga a lanzarse por los abismos, por la borda con tal de enunciar algo diferente, algo un poco más diverso que se desprenda de lo cotidiano, pero más allá de eso, que les proporcione una alucinación no muy prolongada que les eleve los pies de esa realidad que muchas veces resulta frívola y tortuosa, y ellos temerosos buscan refugio en sus fantasías, en esas fantasías que crean ellos mismos con tal de arrancar esa sensación de sobriedad y de realidad que les arrebata las palabras, la vida que se les escapa por los ojos.
Se sumergen en la música, en el arte, probablemente en aquello que no les gusta, en aquello que no les satisface con tal de dar cierto contentillo y se sienten solos, frágiles y entristecidos. Pierden su esencia, se van por los límites de lo inalcanzable, se sueñan a sí mismos en sus propios sueños y prefieren llevar vidas paralelas que evidentemente jamás se juntarán. Las bifurcaciones en medio de sus caminos no son más que obstáculos y se hallan perplejos ante lo que les espera, sin expectativas y con miedo.
Recogiendo de entre las sobras aquello que les brinde algo de suavidad y sensibilidad se ahogan entre gotas de rocío, se conoce entonces la desidia, ese paso que se desea dar pero los pies comienzan a temblar, no se sienten capaces de alcanzar el mañana y prefieren quedarse en el ayer, quizás prefieren quedarse en las simples palabras. Una paz temporal invade, una sensación de nirvana envuelve los lamentos sordos e inaudibles, pero todo se esfuma, se va con el humo, con el vapor, se mezcla en el aire y termina por llegar a lugares inalcanzables, tan inalcanzables como el control de la vida misma. Se anhela tener el control, se anhela el poder, pero aquellos que demuestran ser los más fuertes son aquellos que son más frágiles, que se derrumban pero prefieren callarlo por miedo a mostrarse vulnerables ante los demás, ante aquellos a quienes les han mostrado la suficiente fortaleza. Aquellos que ofenden tienen más miedo que aquél que recibe con desdeño críticas destructivas que surgen de repente de entre las piedras. Aquellos muchos a quienes poco les importa lo demás son aquellos que terminan por comerse las rocas y la arena. Son esos quienes fácilmente se ahogan en sus propias zozobras y en sus gritos mudos. Ellos terminan por desaparecer en el olvido y se excusan en su ego, terminan por caducar, terminan por ser parte de la inexistencia puesto que se los lleva el olvido y con este desaparece la intransigente devoción de estos quienes huyen de lo existente. Se fueron, se van se irán y finalmente desaparecen en medio del halo que se imprenta en las ventanas al amanecer.

martes, 8 de marzo de 2011

+El mísero espacio de fragilidad+

Falencias varias, una emotividad bastante cautelosa se apoderó de mí. Fascinación, ¿qué más podría sentir por algo así? Entre tanto, buscando entre las rocas, entre la basura, motivos, emociones, situaciones o quizás algo que me sacara de tal estado fue donde me encontré con algo inesperado, me encontré conmigo misma al frente del espejo. ¿Dónde estaba metida esa imagen que empecé a desconocer? ¿Dónde se había puesto ese lugar que no me quise dar durante un tiempo? Me perdí en el romanticismo, en las nimiedades en las que no debí rebuscar algo que parecía innato y me reflejé sobre el agua, sobre las ondas que causaban las hojas que caían de aquél sauce triste.

Carente de inspiración rebusqué millones de sensaciones, hace mucho no llegaba a tantas conclusiones a tantas noches en vela pensando en nada porque las carencias sobraban, parecían ser el único tema de conversación posible en mi cabeza; me abandoné, los abandoné, abandoné los estados a los que me prendí y me desprendí de la vida por unos cuantos días, me desprendí de lo cotidiano, de la rutina como tal. ¿Qué era aquello que estaba buscando? ¿Qué era aquello? ¿Por qué siento que así no esté ya no me hace falta?

Me encerré en una caja (probablemente similar a la de Pandora) me dejé morir para renacer, para lamer la heridas que por poco me estaban acabando, esas que me estaban pudriendo de a pocos y que cada vez se abrían más. Vacíos incomprensibles difíciles de rellenar, heridas abiertas imposibles de coser porque las fuerzas simplemente no bastaban y el hilo era escaso y aunque me resulta difícil entenderlo, nada más que el tiempo fue aquello que logró coser con hilo de oro aquellas tantas marcas que dejó la vida sobre mí.

El sabor metalizado de la sangre en mi boca me dejó atónita, pensé millones de veces si sería capaz de comprender el por qué, el simple hecho de no poder deshacerme de lo que considero indeseable, ese sentimiento de impotencia, de desigualdad, ese desequilibrio que no conlleva a nada más que el silencio absoluto, a un sinónimo de silencio, a una metáfora que no conocía; a un símil que describiese la palabrería, las lágrimas y el perdón por aquello que ni siquiera se llevó a cabo. ¿Dónde decidí meterme después de todo? ¿De dónde saqué fuerzas para enfrentarme a tal batalla?

Del preludio pasé al interludio con las alas invisibles que creé para volar lejos de aquellos terrenos bajos, de aquél lugar lúgubre que agradezco haber conocido pero al que realmente no quisiera volver. No quiero sumergirme en las aguas turbias de las que con poca facilidad logré escapar, salí a la superficie después de tocar fondo tras fondo, después de cavar bajo los suelos helados de la desolación, de la frustración, salí a flote, volví a ver el cielo, las nubes y las estrellas, la lluvia que decidió empaparme con su suavidad; definitivamente en mi boca había algo que podría ser todo excepto el sinsabor de la la desidia.

Estruendosos momentos, la música me recordaba las vidas pasadas, lo inservible, incluso llegué a sentir que ni siquiera la música podría revertir lo ya realizado, las frágiles lineas con las que delineé mis brazos en momentos de desespero. Me facilité entonces las vías de acceso, no sabía a donde llegaría, no sabía cuando se calmaría la corriente que me arrastraba, pero siempre guardé la esperanza, siempre guardé el pequeño motivo y me hallo aquí fascinada por nada, pero a la vez llena de lo invisible. Ahora espero, espero con tranquilidad y sin mucho miedo. Sé que aunque no estoy del todo fuera, un gran porcentaje de mí se halla fuera de aquélla desafinidad que resulta ser mis flaquezas.

Me dirijo entonces con los pulgares más firmes que nunca, con los índices manchados de experiencias y con los deseos más ardientes que nunca, me dirijo a la fragilidad, me dirijo a ella con firmeza, con decisión, marco las equis, marco en círculos rojos y voy danzando con mis dedos que danzan con la pluma y la tinta sobre el papel que resulta la pista de baile más fascinante que he conocido. Me deslizo, me muevo, sonrío y sigo en paz, escupiendo montones de palabras, escupiendo en la cara de muchos que quisieron verme caída pero que no lograron hundirme hasta el fondo y me río de ellos y de sus malos deseos o en efecto me burlo de sus deseos hipócrita...

Abnegando mi posición ante varias palabras, arrojando sinceridad ante los ojos tenues de muchos, me veo obligada a partir, me veo obligada a dejar en claro que hay más fuerza en mis palabras que en la misma noción de mi esencia, pero no puedo negar que la fortaleza adquirida de cada recaída hace que mi esencia tome más forma, más fuerza. El alma joven y el joven cuerpo habrán de aprender de tantas caídas como de tantos levantamientos y renacimientos. De seguro la fuerza impulsará esos latidos varios que muchas veces carecen de realismo, aquellos pálpitos que golpean en el pecho y que de cierta manera logran cuestionar una pieza de la existencia. Los ojos que alguna vez miraron con desdeño ahora sólo se concentran en encontrar plenitud, la que ya empiezan a ver y aquella que las palmas de la manos pueden sentir. Ese halo de inspiración, ese halo de afinidad con la vida, ese halo de ser o no ser lo que se fue sino de reorganizar lo que ya estuvo está más presente que nunca.

Cantaré entonces sin miedo, gozando las notas, imprimiendo frágiles notas de agrado para los oídos que son aquellas disonantes que en algún momento salieron a flote pero que han recuperado su armonía. Gracias a ti la noche, gracias.

martes, 22 de febrero de 2011

+Dos puntas+

Increíble fascinación por lo prohibido, por aquello que resulta innato. Suavidad al hablar, al sumergirse en sus pensamientos, en las miradas infinitas y en las clasificaciones inexistentes. Tantas veces se le obligó a partir desde un punto intermedio y se dio cuenta que lo suyo no eran los estereotipos, no era lo que solía encontrar en la mirada de cualquier ser humano que se le cruzase por en frente. Sentía fascinación por aquellas miradas penetrantes, por los pasos rápidos que aparentaban ser lentos mientras le carcomía la mente el hecho de toparse con la mirada de ése alguien en la mitad del camino sin más que un prejuicio enamorándose por varios segundos de lo que seguramente perdería antes de cumplirse un minuto de ello.
Lo que desea se enfría, lo que está no lo encuentra y busca entre la basura. Se considera especial pero finalmente no es más especial que la realidad, no es más especial que lo que no es innato. No es diferente, nunca lo fue, probablemente convenció a muchos de eso, pero no fue real, no lo hizo real, terminó actuando como actuaría cualquiera en su lugar, frío y solemne. Idiota, egoísta. Se sumergió en su humanidad, en la perseverancia de su lógica, aquella que le resulta casi que perfecta pero que no es más que terquedad humana. Efímero fantasma indeleble que terminó por desvanecerse con sus experiencias y actos poco coherentes. ¿Qué coherencia explicaría el que no sea concebido con los actos aquello que piensa con la cabeza? Tanta palabrería y nada de coherencia. Fantasía...
Enemigos varios, eternidad no concebida, no existe la perfección y cree que le pertenece esa palabra. Pobre alma llena de nada, fascinada por las carencias que le carcomen. Pobre ser, pobre de sentimientos, carente de motivación. Maldito fantasma, maldito.
Fantasea... rodea... y se va pues no existe finalmente...

martes, 15 de febrero de 2011

+Funny Valentine+

I can't break this spell, every time I breath I feel it deep, deep inside my bones, deep inside my heart. Would I ever know what this is? I have to pick the pieces I lost, I gotta be strong and face the truth, no matter what, no matter how. I just can't pretend I don't even care, because I do, I care more than I thought...
Since I've been feeling this way I can't really imagine how big it was...is. How hard it is when you feel it's not enough, when you feel you might break into pieces with just one word, with just one smile... when you just feel that nothing would ever fill that space in between your stomach and your chest...
"Have you ever felt this before?" She asked... of course I did, but I couldn't tell her the truth even knowing she knew it. I answered "Yes, I have, but it was some time ago..." she laid there on the ground, I was wearing glasses so I could watch her and she couldn't notice, but I'm sure she knew I was staring at her just contemplating her beauty. I couldn't take my eyes off her.
She was broken, so I was. She was thinking of... I just don't wanna say it, and I was thinking of her, I was just trying to think of something else but I just couldn't do much about it, I was just lying there, disperse and full of thoughts, full of nothing... how would it begin? I wasn't capable, I wasn't strong enough. Almost two years, almost two fucking years feeling that way and I just couldn't say anything at all... how sad!
What happened to us, girl? What happened to all those words? What happened to all those promises we made? I guess I was so unconscious, I guess I wasn't able to make her feel a bit of what I felt... I just... nevermind.
I wont, I wont do that, it's enough, I wont... even knowing that I love her, even knowing that I would do anything for...
Ok, no more. Stop! Stop! But I just can't... Shut up! You can... No I just...
(...)

viernes, 11 de febrero de 2011

+Una estación donde descansar+

Encuentro una noción de ello en cada pieza que encaja o desencaja. Me hallo perpetua ante la racionalidad, ante lo irracional y ante los sentimientos que muchas veces optan por ser un poco más tercos que la misma vida como tal, y me encuentro, perdida en los momentos, perdida en la inmensa sonrisa que muchas veces brota sin razón. Las mismas letras, los mismos libros, las mismas palabras sin objetivo que tratan de objetar aunque no hayan argumentos válidos de por medio. La simpleza es tan compleja que ni lo complejo podría resignarse a encarar un poco de aquella belleza inédita que se encuentra en el despojo de lo prohibido, de lo fatal, de lo mortal.
Se halla entonces sobre la tarima, sobre la madera crujiente y bajo los telones que solían ser vinotinto pero que depronto tomaron una tonalidad marrón por la vejez que le proporciona cada obra que allí se vive. Me remito a artistas, a obras a la fascinación, al querer, al desear y al deseo que muchas veces desnuda el prototipo torpe que se puede palpar con las mismas pupilas. Tomar o dejar, abandonar o simplemente recaer, simplemente recaer en los errores de la esencia que muchas veces vuelven a atravesarse ante las vivencias como obstáculos.
(...)
Hacia lo más alto de la cima, hacia lo más espeso del bosque, ante la realidad y la irrealidad, montos de alegría trazados a partir de la pasión y de la lujuria. Aquellos sueños, esos que nunca se llevaron a cabo y luego un poco de esto y lo otro, uno que otro monólogo, unos cuantos diálogos, de esos que son algo inteligentes y otros pocos constructivos. Mentiras, fascinación e igualdad. No está, no estará y ya se fue bien lejos así se le pueda palpar con las yemas de los dedos. ¡Basta ya!