jueves, 17 de mayo de 2012

+Angst+

*Más que una excusa, más que una sencilla razón o un simple motivo parecerá una carta escrita para alguien, para alguien creado por mí.* (...)
Muchas veces me sentaba frente al ordenador con esas ansias que dan muchas veces las palabras ¿sabes? No sabía ni siquiera por qué porque realmente no tenía por qué sentir ansiedad, quizás era ese simple deseo de saber que vendría después de todo, saber cuál era esa canción que sonaría en la lista de reproducción aleatoria y si finalmente sería parte de la banda sonora del momento o si iba a ser un simple Knock out porque se saldría de la variedad adecuada. No sé si de repente alguna vez has estado escuchando algo tan suave y sencillo que te mantiene en una paz interna absoluta y de repente suena una de esas canciones que pese a que pertenece a tus favoritas está totalmente out del tipo de música que estás escuchando... Bueno, ya, realmente me salí del tema, ya ni siquiera sé por qué dije todas estas cosas...
De repente te he estado extrañando, ya van días que no sé de ti y no creo que nadie te haya contado algo sobre mí porque he perdido contacto con la mayoría del mundo. Decidí apagar mi móvil por unos días, también cerré todas mis redes sociales y lo que solía escribir para el público lo he dejado guardado en los cajones del escritorio sobre papel, con llave por si alguien (inclusive Dora) decide husmear entre mis cosas. Cuando ella viene yo me voy, le dejo las llaves a la entrada con el portero y salgo a dar una vuelta con cigarro en mano y un libro que ya ni siquiera sé de qué va y a eso de las 17:00 cuando ella ya se ha ido vuelvo sin muchas ganas de encontrar todo tan organizado que me asquea. Ya sabes, todo está tal y como lo dejaste, sólo que un poco más organizado y tenía la esperanza de que volvieras al menos para recoger un par de cosas, pero creo que con dificultad vendrás cuando yo esté, así que bueno, ya sabes, entre las 9:00 y las 17:00 estoy siempre afuera, puedes venir y... ya no vendrás.
Es irónico como te convertiste en el personaje principal, en ese personaje tan hermoso y a la vez tan malévolo de esta historia que no tiene fin aún. Es curioso como te convertiste en ese ser tan adorable y tan despreciable a la vez. Ser escritora no es fácil, más cuando llevas un peso de estos a cuestas y lo somatizas en cada hoja de papel que tu pluma va manchando con tinta. Dejarte ir no era el plan principal...
Ya ves como cambian las cosas, como de repente lo que yo consideraba un cliché se convierte en una posible estúpida inspiración. Es ridículo que siendo este mi trabajo me cueste tanto redactar algo para ti porque simplemente no sé cómo hablarte aunque te conozca hasta el último poro. Es ridículo pensar que con palabras podré lograr algo en ti, cuando estás tan lejos de mí, cuando no tengo idea de si aún respiras o si aún sientes que puedes morir feliz por estar conmigo aunque ya no estemos... es ridículo, es estúpido pensar que jamás pensé verme aquí casi de rodillas implorando por un poco de atención cuando era a mí quien imploraban por al menos una mirada despectiva.
Ahora son as 4:00am y estoy sentada frente al ordenador con un pocillo de café bien cargado en la mano y un cigarro mirando cada letra de esta triste composición que sé que no leerás y que muy probablemente apenas la veas en tu bandeja de entrada la borres como decidiste borrarme a mí de tus labios. Ahora sólo temo, temo por la madrugada, por el sol mañanero que me regalaba siempre una sonrisa a tu lado. Ahora temo por los posibles "jamás" y los posibles imposibles que siempre creí que no existían. A veces ser tan optimista te jode y te lleva a ser eso que siempre evitaste ser, te lleva a espacios recónditos jamás explorados.... en fin, sí, te decía, que tengo miedo, ahora tengo miedo de despertar y descubrirme de nuevo después de tanto tiempo, tengo miedo de mirarme al espejo nuevamente y no saber quién soy realmente porque no sé si tenga fuerzas para comenzar de nuevo de ceros, fingiendo que no existe nada más, que todo está en el pasado y que estoy bien cuando realmente no tengo ni la menor idea de por qué decidiste irte sin dejar un sólo mensaje, ni siquiera algo que me dijera que estarías bien, pero te conozco y sé que estás bien o al menos mejor que yo.
¡Patético! Me siento estúpida, ridícula. ¿Cómo es posible que salgan de entre mis dedos palabras tan bajas? ¿Cómo es posible que no tenga nada mejor que decir? ¿Cómo es posible que ahora mi vida se alimente básicamente del miedo? Tengo miedo de levantarme nuevamente, tengo miedo de ser yo quien deba asumir las consecuencias de algo que ni siquiera sé qué es, ahora tengo miedo de estar sola o más bien, sin ti, tengo miedo de levantarme en los brazos de alguien a quien decidí querer por haber dejado ir a quien amo, tengo miedo de probar los labios de otras personas cuando ya no recuerde a qué saben los tuyos y de sentir aromas y perfumes tan diversos que me hagan olvidar la esencia del tuyo. Tengo miedo de que regreses y me encuentres enamorada del amor de alguien más cuando amo tu esencia.
(...) Prometí jamás escribirle al amor, pero rompí mi promesa, olvidé que esto ya no era una lucha contra el amor sino contra mí misma por dejarme enamorar y estúpidamente confié cuando realmente en este momento no me arrepiento de ello y eso es lo que más culpable me hace sentir. ¿Ahora si entiendes cuando te digo que es patético?
(...) Ahora no dejo de reír, de reírme de mí misma y de mis palabras, de los deseos tan absurdos que me dan de no enviar esto, pero hay algo que me impide no hacerlo. ¡Mierda cariño! la verdad es que si te extraño, la verdad es que sí te amo, la verdad es que aunque jamás te lo dije eras la parte más importante de mi vida, eras mi musa, eras mi inspiración. Aunque jamás fui capaz de decírtelo sí era cierto cuando me decías que si te ibas te llevarías contigo parte de las letras y de las palabras que tanto me caracterizaban.
Bueno, ahí lo tienes, desnudo y sin orgullo, tan real que jamás fui capaz de hacértelo saber. Si has de irte para siempre y si has de llevarte todo, pues entonces aquí tienes todo, sin más... llévatelo todo, vete con esto y con lo demás... vete de una vez, pero entonces no me jodas más la vida, en este momento mi mood está very fucked up ya sabes como soy... Ya sabes... Ya... Ya está... Es todo.

jueves, 19 de abril de 2012

Entre ladrillos

Basta de etiquetas, de nombres, de todo. Basta de pasos en vano, de recuerdos frustrados, de ríos turbios y de momentos pasados. ¡Basta ya! He llegado a un punto donde requiero una posición adecuada, un momento de tranquilidad, un simple suspiro al aire sin estúpidas nimiedades tropezando entre mis neuronas cada vez que exhalo. Es tiempo ya de redactar algo, algo que no sea en vano, que no se me vaya de entre las manos, que no se me cuele por entre los dedos hasta llegar al suelo una vez más derrumbándose y susurrándome al oído "no eres capaz." Esta vez la historia no será algo forjado para alguien sino para mí misma, en medio de los escasos conocimientos semi-poeticos que pongo a prueba una que otra vez, esas veces donde los pensamientos son algo más que ese acto de imaginar algo junto a alguien, algo más que una de esas historias dirigidas a alguien por simple inspiración y placer mental. Hoy entre las sábanas con el viento frío colándose por entre los ladrillos me fijo en mi entorno, en todo aquello que me rodea, a todas esas experiencias que en algún momento logré contemplar y me veo allí, tan distante, tan sola, tan apacible como el sonido de la lluvia resbalándose por el vidrio de la ventana, con la mente tan clara como las mismas gotas y con las manos tan dispuestas a crear una obra magnífica que de repente no lleve el nombre de nadie implícito. Esta vez no será por ti, ni por ella, ni por él, será esta vez por mí que lo haga, la obra más hermosa jamás creada. De los amores negados, de los "no" tan rotundos que he llegado a escuchar, de entre las cuerdas de la guitarra y los martillos del piano, desde la música empezaré a formar la perspectiva de la musa inspirativa, esa figura que estoy con el tiempo forjando entre pensamientos varios, deleitándome con cada una de sus curvas, de los sonidos provenientes de los motivos más oscuros como más claros, de los decrescendo y los increscendo. ¿Claridad? No, esta vez no existe claridad fuera de mi cabeza, de la paz mental que me invade en las mañanas mientras veo las gotas de agua caer por mi piel mientras tomo un baño, esta vez no será como las anteriores, ni como las pasadas, esas se quedaron bien atrás, en las mañanas nubladas, en la música triste de esos Jours Tristes que solían agobiar los corazones rotos de los llantos incurables y de esos eternos lamentos. Después de tantas historias y de los ejemplares magníficos que han estado sujetos a mi vida de una u otra manera no me queda más que agradecimiento, es curioso como a medida que pasa el tiempo todo se va desvaneciendo y ahora son simples sombras sobre las hojas escritas, ahora son simples fantasmas que en su momento tuvieron una importancia casi que única. Gracias por eso, gracias por todo eso, de aceptar que sin ello no sería precisamente lo que soy hoy en día, sin embargo y por gran fortuna les he dejado bien atrás, en esos días que describí antes, en las letras de las canciones que con tanta pasión escuchaba con el remedio de encontrar entre las letras de las mismas identidades no correspondidas. Blame me for not being what you expected, I'm glad I wasn't there to show you what you wanted me to be but instead I was there to show you I'm worth than that. Ahora bien, comencemos de una sola vez, comencemos con las palabras dichas pero no escritas, esas que a veces me cuesta tanto trabajo pronunciar. Alguna vez me creí dueña de las historias, me creí dueña de los sueños, me creía invencible, indeleble; incomprensible. Tout est calme Sí, realmente sí, debo decir que eso puede ser certero de una u otra manera, pero entonces es ahora cuando me pregunto nuevamente, como por milésima vez si vale la pena darle valor a las palabras en este mundo tan frívolo, cuando después de tantas decepciones todo suena tan similar a lo que he escuchado anteriormente. ¿Qué tan factible es darle un sentido al für immer cuando somos mortales y no estaremos dispuestos a cumplir eso? Es cierto que a veces existen momentos de impulsividad, momentos donde es necesario decir todas esas parole. Es innegable que en algún momento hemos sentido las ganas en el pecho, hasta se nos aguan los ojos muchas veces por la impotencia que se siente al no poder decir todo eso que sentimos y no sabemos de qué manera expresar, pero ¿qué tan necesario es? Patrañas, sólo patrañas, no es necesario decirlo, no soy de esas personas partidarias de decir todo lo que se piensa, si bien es cierto, hay que dejarle algo a la imaginación de los demás. ¿Por qué todo tiene que estar tan desmenuzado? ¿Y es que cuántas veces amamos en la vida? ¿Quién sabe qué es amar de verdad? Cliché ¿verdad? Supongo que son preguntas absolutamente humanas, quizás tan trilladas que realmente no es necesario repetirlas, pero vuelvo al punto de partida, a ese punto donde me pegunto si realmente las experiencias no hablan por sí solas. (Aunque en este mundo tan mentiroso es difícil confiar, es cierto) No, esta vez no quiero dedicarle mis palabras al amor, creo que ya es demasiado, insisto, un cliché, no es tan difícil llegar a la conclusión de que el amor es simple ciencia y que todo es cuestión de hormonas; siempre seguimos siendo animales instintivos. ¿Por qué seguir hablando de lo mismo de siempre y no salirse de los parámetros? No sé a donde pretendo llegar con todo esto, bien sé que nunca llego a una conclusión, todo son preguntas tiradas al aire sin ninguna esperanza de que sean contestadas. Realmente no pretendo que alguien le dé una respuesta a todo lo que planteo, si bien es cierto me gusta planteármelo a mí misma porque sé que en la vida a medida que ha pasado el tiempo he logrado desencrpitar muchas incógnitas y muchos de los trabalenguas y no espero que sea diferente esta vez. De eso se trata la vida ¿no es cierto? De ir analizando hasta encontrar la respuesta a muchas de las preguntas que nos hacemos a diario. Siempre llega el momento adecuado. Una vida llena de incógnitas es una vida saludable, es una vida donde no se mantiene el personaje en su mismo papel, sino que en cambio en medio de su misma humanidad y de sus experiencias va llegando a conclusiones que quizás muchas veces los otros personajes llegan a descubrir mucho antes o quizás mucho después y es allí donde se encuentran esos hermosos matices, esos increscendo y decreschendo a manera de sinfonía con sus pianos y sus fortes con todas esas vivencias que hacen obras tanto hermosas como aburridas a simple vista. La valse des monstres De vez en cuando es irresistible esa tentación de llevar todo a los extremos, quizás el mismo miedo es aquello que nos reprime ante la capacidad de tomar nuestras propias decisiones, probablemente inducidos o quizás por intuición propia, pero siendo realistas cada día que pasa pese a la experiencia que tenemos, claramente es un día más de conocimientos donde nos hacemos más pequeños ante el mundo que nos rodea. Somo seres pequeños que en conjunto podemos hacer cosas grandes, la clave está realmente en la realización de los objetivos personales. Hay quienes nacen para morir jóvenes, hay quienes nacen para ser burlados y muchos otros para ser conocidos de una manera demencial, otros tantos quizás ni tengan un papel definido o un rol esperando por ellos, sino que a medida que van viviendo su vida se dan cuenta de lo que son capaces o se limitan al simple hecho de respirar por inercia. El sentido que se le da a las palabras entonces es el que nosotros mismos le damos, pero muchas veces nos vemos ante la vida con las manos vacías cuando esta espera que demos algo a cambio de todo lo que hemos obtenido y es allí cuando se nos dificulta jugar las cartas porque la batalla muchas veces en vano. ¿Y qué va después de ello? ¿Qué viene consigo? Todo tiene un price y es necesario responder por aquello que nos ha sido entregado. ¿Y es que hasta cuándo seremos concientes de que hay que ponderar con sensatez cada paso que damos? Trapèze La vida es un monopolio que se balancea en un trapecio, es un juego que muchas veces nos toca jugar por simple responsabilidad, quizás porque no vemos el potencial en nosotros mismos. El ser humano tiende a condicionarse, a tratar de ser aceptado por los demás para así llevar una vida normal, pero ¿qué sucede cuando no encaja? ¿Que sucede cuando se considera y es considerado diferente? Pese a ser seres sociales por naturaleza, es claro que muchas veces eso nos lleva a esa discriminación por pensar diferente puesto que todos los demás a veces resultan ser una tropa destructiva y eso crea resentimientos, pero ¿qué si dejamos de pensar en los demás? ¿Por qué aquél que aspira llevar una vida medianamente diferente de los demás es juzgado? Por un momento dejemos de pensar en los demás, en lo que puedan pensar ellos. ¿Por qué es tan difícil afrontar la soledad? Quizás porque nos enseñaron que toda causa tiene su consecuencia y que si pensamos en la soledad somos seres egoístas y llenos de ira y vale aclarar que eso en muchas ocasiones es a causa de la apatía y de la discriminación, pero ¿qué si no es resentimiento sino un simple deseo innato? Somos seres diferentes, aunque tengamos por lo general los mismos órganos vitales y vivamos en el mismo mundo. Jour d'avant He lanzado las últimas palabras al viento, a modo autobiográfico, es cierto, quizás el cuestionamiento humano jamás tenga una respuesta para todo, quizás el día de mañana muramos con miles de dudas en nuestras mentes y es un posibilidad muy grande. Sin embargo debo decir que para mí no es descabellado pensar en una vida solitaria, tampoco es una idea descabellada que aunque seamos seres sociales, la dependencia en el otro nos trae muchos problemas y es por eso que muchas veces es mejor no esperar nada de nadie porque los demás son tan egoístas como nosotros mismos. Crear relaciones que beneficien a ambas partes no está mal, es algo necesario, pero ¿por qué reincidir en la dependencia? Nada ni nadie es fundamental, aparte de aquello que bueno, como sabemos es indispensable como lo es el oxígeno y los órganos vitales que nombré anteriormente, pero ¿qué hay más allá? ¿Qué hay al final de la linea? No nacemos de la mano con nadie y aunque alguien nos dio la vida, morimos solos, nos vamos solos. ¿Entonces por qué esperar un für immer que no será für immer? ¿Para qué estancarnos en lo cliché para revelar lo indescifrable? ¿Por qué sentarnos a hablar con alguien cuando nos tenemos a nosotros mismos para respondernos? La mort

lunes, 19 de marzo de 2012

+Tal vez en sueños+

Cuando nos aborde la lluvia de los adioses olvidaré que ya no estas. (...) Un momento, es que ya no estás, es que aún sigue lloviendo y pienso, o tal vez analizo cada palabra, cada silencio en busca de ese adiós que nos trajo cada una de las gotas de agua.
¿Quién eres? ¿Quién soy? ¿Qué somos? Ah, déjame recuerdo que ya no somos, que nunca fuimos, que fuiste una ilusión, un momento, un letargo de mi imaginación. Pensé palparte cuando tan sólo eres tangible en mis sueños, cuando tan sólo te sentía en el beat de la música que sonaba en mi corazón.
Una simple fusión de sonidos, una sinfonía inaudible, una obra magnífica repentinamente inexistente entre los dedos, entre cada uno de los momentos intangibles, tan intangibles como las letras de las canciones, como las curvas que llevaba cada uno de mis escritos, esos que te describían pero que realmente me llevaban a ese ser predilecto que jamás he conocido, que probablemente nunca llegue a conocer.
Horas, días, minutos que danzan entre el tic-tac del reloj, poemas inconclusos, voces en mi cabeza. ¿Te atreves a pensar que ya no pienso en ti? Pienso en ti cada día, pues te llevo entre mi música entre las hojas de mis libros, entre mis letras, te llevo al fondo de cada uno de mis zapatos, entre mis cajones, entre mi ropa, entre mis recuerdos, entre todo lo que poseo y lo que no. Eres todo, pero no existes, no estás.
Esta vez no te pediré que te quedes, no te pediré que no te vayas, que me lleves contigo, esta vez te guardaré en mi cofre, en ese donde guardo los recuerdos, ese donde escudriño cada día para encontrar la frágil inspiración; esa donde he guardado mis secretos, los más profundos, ese donde he guardado tus labios para besarlos tan sólo en sueños.
¿Y ahora qué? No hay ahora, no hay un qué que valga, no hay un hubo y no hubo un habrá. Quizás de tanto en tanto se me fueron llenando los ojos de lágrimas al imaginarnos la mañana de cualquier domingo levantándonos con el sonido de los Beatles sonando en ese pequeño equipo que me imagino al lado de la mesa de noche, quizás fumándonos un porro, tal vez hasta dos; contigo es con quien me imagino entre el espeso humo imaginándonos un mundo hecho para ti y para mí, contigo fue con quien imaginé olvidar cualquier canal de la tele, de hecho es que junto a ti no habría la necesidad de un televisor, te hubiera propuesto más bien tener una guitarra como televisor, quizás un violín a cambio de un ordenador; quizás habría cambiado la rutina por un para siempre en la mañana junto a ti donde el café me supiera siempre a café son un toque de cualquier esencia. Quizás olvidé que te olvidé, quizás olvidé que debía olvidarte; quizás olvidé que no existes, que sólo eres lo que mi mente elaboró como excusa para el para siempre en el que jamás creí hasta que te conocí en cada una de las letras que he escrito aquí.
Tú, entre tantos, un poco de esto y de lo otro, tú tan fascinante, tan diferente, la mezcla de todo y lo que no fue nada. Tú, sólo entre sueños, tú, mi todo y mi nada, de principio a fin, de fin a infinito, del olvido al desasosiego, del todo absoluto a la simpleza de la nada. Tal vez en sueños, tal vez nunca, tal vez...

viernes, 9 de marzo de 2012

+La piedra en el zapato+

Puedes irte, las puertas están abiertas, puedes irte dejándome sola, o quizás lo que no te imaginarías, contra la espada y la pared. Puedes pedirle a las nubes formas para reflejarte en la soledad y la levedad de las mismas, sólo que esta vez ya no será junto a mí, quizás será junto a ella.
Puedes pedirle quizás que emprenda sus pinceles entre tus dedos y te haga cosquillas con los pelos de estos, o quizás que en cada bocanada de humo se dibuje tu silueta y eso que tanto te gusta; que se mueran por ti.
Morí alguna vez por ti, es cierto, alguna vez quizás fuiste el todo o quizás la nada que siempre me hizo falta. Quizás fuiste las falencias que luego se convirtieron en problemas, o quizás fuiste la fuente de inspiración que ahora tan sólo es un suspiro al aire, una desolación; la decepción de mis ojos, más que la ilusión de ellos.
Entre meses podrás reflejar en sus ojos la falsedad de los tuyos, porque en ese espejo sólo se verá una opacada silueta que incluso yo conociendo cada uno de tus poros, a veces me cuesta reconocer.
Quizás puedas encontrarle entre canciones, incluso las que yo misma hice para ti y que una que otra vez depronto escuches en tu reproductor de música o en tu amplia biblioteca musical, de hecho quizás hasta le regales las letras de las mismas ignorando la autoría. ¿Qué más da?
Entre tanto y tanto entonces podrás pedirle que bese cada rincón de tu piel como yo solía hacerlo, quizás empiece a rozar con sus lozanas yemas tus párpados y te diga mirándote a los ojos entre sudor que te ama como a nada en esta vida, finalmente es lo que te fascina ¿verdad?
Tal vez cuando te pinte entre las estrellas y la estrelles ya estarás feliz, feliz de haber logrado eso que tanto te deleita, eso que te llena los vacíos del alma, eso que tanto daño les hace, quizás entonces cuando la veas ya bien elevada en su globo se lo estalles a punta de realidades que todos veían claramente excepto ella, quizás entonces empezarás de nuevo con tu tan prodigioso léxico a insultarle y a aclamar su estupidez entre tantas otras cosas y entonces luego volverás con el rabo entre las piernas con otra en tu cabeza a decirle que la amas pero que tienes un plan B, un plan B que no es tan importante como ella pero que puede llegar a serlo, pero... ¿qué pasará cuando me veas a mí en ella? Más específicamente ¿en ellas...?
¿Qué pasará entonces si es ella quien adorna sus palabras? ¿Qué pasa si es ella la que te engancha? Ya no serás más esa pobre víctima, ya no serás el caballero herido que retira sus tropas, ahora serás el caballero de nobles sentimientos que habla de corazón, pero tristemente sólo inspirarás lástima, la lástima que siente ese caballero por sí mismo al verse reflejado al espejo y no ver nada más que esa fantasía, esa ilusión que él ha creado a punta de murallas para no aceptar lo que realmente es.
¿Será ella entonces la que vuelva desde la torre a curarte las heridas cuando eras tú quien le metía los dedos en las yagas? De repente tan claro como el agua, tan transparente como un velo delgado te veo, ella cree verte de la misma manera, sólo que está ciega. ¿Será ella quien decida quitarse la venda de los ojos y amarte pese a tus falencias? Porque claramente tu aceptaste las suyas tan sólo por convencerte que la amabas con el consuelo de olvidarla a ella sobre mí y a mí sobre ella. ¿Cuántos amores "imposibles"? ¿Cuántas excusas? ¿Será ella quien te dé de beber en los labios cuando mueras de sed de tanto llorar?
Apuesto a que encontrarás la solución en ella y en sus tragos, lo que no encontrarás jamás será el aire, ni el motor, ni el combustible. Lo que nunca encontrarás en realidad es amor dentro de ti.
Te regalo una sonrisa, de esas que son espontáneas, no de esas que son premeditadas como todo lo que supone tu vida.

jueves, 16 de febrero de 2012

+Ensuciándome las manos de cianuro puro+

De repente ya no fue necesaria esa llamada diaria, ese afán de tenerle a mi lado, tampoco ese miedo de perderle, ese tan característico miedo que surgía al no reconocerle a sí mismo en sus palabras. Ya no fue necesario ponerle alas a su espalda ni tampoco dedicarle canciones. Está tan convencido de que mi anhelo por él se hace cada vez más fuerte que simplemente nada podrá quitarme de su camino; lastimosamente eso no es verdad.
Creí sentir eso que él también decía sentir, ese curioso sentimiento que se desató a partir de emociones varias que realmente no sé cómo ni cuando terminaron entrelazándose. Entre la espada y la pared, entre el miedo y el deseo, entre la confusión y la seguridad me dí cuenta que de ahí ya no tengo nada que sacar.
Ni para un lado ni para el otro me veo capaz de halar, ya no hay una balanza que me haga dudar necesariamente de las decisiones que tomo o que tomaré porque simplemente a los dos lados de la balanza no hay más que metal vacío, nada para poner en contra del otro, nada para vaciarse las manos o el corazón.
Alguna vez hubo dos tipos de musicalidad, de esas que resultan bien llamativas pero que son simplemente imposibles de mezclar porque aunque su única característica similar es que las dos son obras musicales, no podrían jamás escribirse en la misma partitura; sin embargo, debo admitir que después de todos esos compases, de todas esas notas que se escribieron, todo quedó limitado a un silencio de redonda a cuatro cuartos con signos de repetición infinitos.
Alguna vez fueron música, de repente ya no son nada, sólo hojas en silencio, en blanco, no dicen nada y no es un silencio incómodo, pero tampoco es un silencio que produzca paz, es un silencio neutral que aunque a veces da paz es simplemente detestable.
De lado a lado como las migas de pan se fueron regando sentimientos en el camino, en este momento no queda más que eso, las migas regadas de lo que alguna vez tuvo forma. Es increíble como la vida le paga a los demás el daño que le han hecho a aquellos que de verdad sintieron la música entre suspiros y que eventualmente no son nada más que aire malgastado. De letras inaudibles pasé a ser las canciones que reproducía la rockola de sus mentes perturbadas, me convertí en ese todo de la nada en la que esta "música" se convirtió.
Diminutas frases a las que sólo supe responder con monosílabos, son las conversaciones que dicen tener conmigo. ¿Acaso se puede sacar de tan hermoso código algo tan simple como un "te quiero"? Lo dudo, de ahí no hay nada que se pueda sacar, no hay nada que se haya librado de la caja de Pandora que tarde o temprano ha de destaparse y sin miedo a las consecuencias me mofo, me mofo de ridícula que fui y de lo ridículo que es, de lo poco convincente que me resulta creer en el amor cuando mi alma se encuentra en un perpetuo silencio, en una calma tan profunda que ninguna de esas dos melodías podrían llegar a atormentar. Ahora díganme, ¿quién juega más sucio?

viernes, 3 de febrero de 2012

+142536+

Entre las calles me perdí, me sumergí en las cenizas del otoño, me fasciné por lo inexistente. Los océanos ya no me sabían a sal, los ríos dejaron de ser dulces, todo se convirtió en simple agua, de esa que corre por el lavamanos, la que sirve para bañarse, para lavar los platos, para cocinar, todo me pareció lo mismo. El frío corroe la sensatez, de repente es difícil diferenciar entre la realidad y los espejismos que se proyectan en mis ojos cada vez que me parece conocer algo nuevo. Entre tanto y tanto preferí irme por la tangente, olvidar por unos segundos qué era toda esa belleza estética que me rodeaba y entonces me volví parte de las cenizas, de cada sonido, de la equivalencia, de lo igualable y lo inigualable, de lo tangible y lo que me resulta poco tangible.
De repente entrelazando caminos, enredándome en el pavimento, en el cielo, en los pasos, en las voces desconocidas me aferré al amor que estos me producían, pensé en encontrar una persona entre tantas, pensé en tocar a alguien tan duro como el pavimento pero tan inspirador como el cielo, tan ilegible como las voces y tan constante como el viento, pero difícilmente lograba concluir un par de palabras con seres de mi alrededor, difícilmente me motivaba alguien a surcar entre palabras para finalmente llegar a ese punto donde realmente deseas o más bien, ansías verle nuevamente. +S.E.E.M.P+

jueves, 19 de enero de 2012

+Aunque no cantemos para ti, cantaremos contigo+

Solitaria en sus recuerdos, con tan solo 17 años, se sentaba horas enteras a contemplar el paisaje, a sentir como el aire frío le rozaba las mejillas, como se le secaban los labios y como sentía que se le helaba la nariz cada vez que inhalaba. Veía como el vaho iba saliendo se su boca cada vez que suspiraba.
Abajo, casi al final de aquél espeso y extenso bosque había una cascada, allí se mojaba los pies desde que era niña, cuando escapaba de los trabajos que le otorgaba su abuelo sin que este se diera cuenta y fue allí cuando se enamoró del agua pura de esta, de los peces que se sumergían cada vez que ella se acercaba y que con el tiempo le reconocieron y tomaron confianza.
De repente se sentaba en los troncos, a contemplar los pájaros emigrantes por el invierno, a percibir cada pequeño ser vivo que se encontrara cerca de ella, le fascinaba la naturaleza, le fascinaba sentarse a ver el atardecer, el crepúsculo cuando el cielo se ponía violeta mientras el sol se escondía ente las montañas que se percibían al fondo.
Después de varias tardes de otoño, finalmente llegó a aquél bosque nuevamente, donde empezaron a caer los primeros copos de nieve que el invierno trajo para ella... vio como el agua de la cascada empezaba a tornarse sólida y como el aire que era frío se Con nostalgia cerró los ojos y comenzó a recordar aquella tarde de invierno donde salió a pasear algunos años atrás, cuando aún era una niña. Recordó con nostalgia que ser adulto era el fin de la magia, esa que sólo los niños entienden y de sus ojos salieron dos lágrimas que al caer por su cara se fueron congelando.
Recordó entonces cuando de entre los árboles se había desprendido una de las últimas hojas que quedaban en las ramas y que por el peso de la nieve cayó entre sus manos. Con torpeza ella la acercó a su nariz y la olió con delicadeza e inocencia y cuando abrió nuevamente los ojos vio como curiosos los animales le sonreían.
Ella se acercó a ellos y se dejaban tocar de ella, lo que antes sonaban como ruidos animales, luego se convirtió en una hermosa canción que ningún humano aparte de ella podría haber entendido y fue como durante los siguientes años volvía cada invierno a esperar que la última hoja cayera para entonces así desatar la magia de los animales que cantaban gustosos para ella.
Al cumplir los quince años volvió al bosque aquél como de costumbre por los últimos años y esta vez espero a que la hoja cayera, pero cuando cayó y la hoja y la acercó a su nariz le olió a podredumbre y ya no estaban los animales, simplemente podía escuchar el viento que se colaba entre los árboles.
Sintió pena por ella y se preguntó si se hallaba en el árbol equivocado pero recordó que había marcado este árbol con una cinta roja que seguía allí cuando miró la cúspide de este...
Sintió pena nuevamente por sí misma...
De repente se comenzó a alejar, pero sintió que alguien le seguía, era un conejillo gris que en su pata llevaba atado un papel... éste se acercó a ella y con curiosidad Christine tomó el papel que este traía, cuando se volvió hacia el conejo este ya no estaba.
Christine leyó en voz alta:
Para tu cumpleaños número quince ya habrás dado el último paso para ser una mujer adulta y es por eso que ya no verás de la misma manera la magia que trae la naturaleza consigo. Ahora eres un adulto y aunque recordarás lo que has vivido en los últimos años, esta será la última vez que la naturaleza cante para ti.
Christine cerró los ojos y aferró el papel a su pecho, pero cuando abrió los ojos y se volvió al papel no eran más que hojas de otoño secas y malgastadas.
Se marchó con tristeza, pero con la esperanza de poder escuchar nuevamente cantar a la naturaleza.
Dos años después se hallaba nuevamente allí y esa vez había decidido darle su último regalo a la naturaleza... esta vez cantaría ella para los animales y los árboles...
Comenzó a cantar su canción, acapella, luego el viento le acompañó en a segunda frase y así se le fueron uniendo los sonidos de la naturaleza en su canto hermoso...
Al final, entre el viento escuchó una voz que no conocía..
Y le dijo al oído.. quizás ya no cantemos para ti, pero si podemos cantar contigo...
Christine volvió a casa feliz y desde entonces compuso canciones para llevarlas cada otoño y cada invierno y que la naturaleza se uniese a ella en su canto. Escribió un diario y al día de morir, su hija frecuentó el bosque donde repitió la misma historia.

viernes, 23 de diciembre de 2011

+Violeta, eres la música+

Entre tanto y tanto se fueron llenando las copas, los lugares vacíos, se fueron secando las lágrimas, esas que durante meses no cesaban; me atreví a responder a un "te amo," me atreví a escudriñar entre los sentimientos, dentro del alma y llegué hasta el fondo, a ese fondo que parece no acabar, a ese que cada día se hace más extenso y más profundo.
A una cuestión en particular puedo responder con palabras varias, con montones de canciones, con poesía, con música, con el arte abstracto que me caracteriza, ese que sólo yo llego a entender. Pronto entre tragos de saliva, entre el ritmo agitado de mi respiración que marca los beats de una canción te puedo responder tal pregunta que me haces cada nada y que siempre respondo diferente dando rodeos sin decir nada concreto, sin tener nada de por medio, pero si quieres que te cuente un cuento puedo crear uno que sea para ti, uno que sea nuestro.
De nuestra historia ya van unas cuantas páginas, unas cuantas vividas, las otras las imagino y las recreo en mi mente ¿sabes? Desde hace tiempo no escribía con el alma en la boca, con esas tantas ganas de ir cantando cada palabra que quiero decir, que deseo escribir y por supuesto vivir y no te digo que no porque no lo hubiese sentido sino porque simplemente la claridad llegó a mí desde el momento en que pude tomarte en mis manos nuevamente, pero aquí va nuestro cuento, aquí va el comienzo de la historia. Escribiré algunas páginas para que me entiendas, para que entiendas por qué muchas veces me es tan difícil hablarte sobre lo que siento cada vez que siento como respiras cerca de mi oído. Aquí voy... aquí vamos. Perdí la costumbre de hablar en plural cuando me refiero a mí como persona, pero ahora que hablo como persona y como complemento debo acostumbrarme a usar este tiempo verbal que muchas veces olvido que existe. Aquí vamos.
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Una noche decidí vaciar mis bolsillos, olvidarme de todo aquello que existía a mi alrededor, me dejé llevar por la música, me dejé envolver en el silencio mental para así suprimir unos cuantos pensamientos que agobiaban mi cabeza. Poco a poco me fui adentrando más en la música, en la cordialidad de aquellos seres que estaban junto a mí con aquellos vasos copados de trago y hielo y yo en medio de mi sobriedad, ebria de palabras, de vacíos, de patrañas mentales. Me introduje entre una multitud, me uní a ellos creando una mancha de variedades, me creí parte de ellos por un momento, pero luego fue inútil llegar a la misma conclusión de siempre: Aquí no encajo por más que lo desee.
Seguí compartiendo sonrisas varias, esas que son efímeras, quizás hasta poco sinceras y me ubiqué en un lugar estratégico, me gusta ver más no que me vean, de repente mis ojos brillaron, ya fuere por las luces varias de aquél lugar o qué sé yo, ese lugar con un olor bien particular y poco agradable (ella lo entiende bien) y de repente me quedé esperando, esperando por el momento, ese que finalmente llegó. Las luces se apagaron y de repente estaba la música ante mí, esa que no sabía que sería mi música, pero a lo que yo llamo música de verdad. Ahí estaba, ante mí, la inspiración, la música, la sonrisa permanente que se me pinta en los labios una y otra vez.
Noche tras noche lo que comenzó como una simple maqueta lo que se fue convirtiendo en música, aquello que de repente me vicia tanto como la nicotina que me envicia cada noche un poco más mientras trato de encontrar la logía de tantas emociones reunidas. Esa música es violeta y de repente entre los vacíos se fue colando por entre los poros de mi alma. De repente pude encontrarle entre mis versos, entre mis canciones, entre las cuerdas de mi guitarra y supe allí que sería inspiración. Le soñé, le soñé sin saber qué era, le soñé entre mis manos, entre mis brazos, en mis labios, entre las noches, entre las nubes y casi siempre de madrugada. Sabía que a esa música que se coló entre mis huesos no quería regalarle la luna, no me pertenece y más allá de eso hace parte de los clichés más intransigentes que existen en el mundo, pero le dije que siempre sería la misma luna para nuestra música, esa que ella y yo creamos con el tiempo, con los momentos y con las palabras; le dije entonces que se fijara en la luna porque aunque muchos le estuvieran mirando, sabría que por lo menos pese a la distancia de sus notas y de las mías estaríamos siempre mirando al mismo punto.
Entre suspiros me fui enfrentando el tenue lila de sus palabras, que en poco tiempo se convirtió en un violeta intenso y fue allí cuando le invité a soñarnos tanto despiertas como dormidas, le invité a soñarnos bajo el árbol aquél que sólo ella y yo conocemos.
Tormentas varias arrasaron de repente con el árbol, arrasaron con la capacidad de soñarnos y se cortó la respiración, se cortó la melodía y la armonía, de repente una sensación de desesperanza se coló entre los dedos, entre las voces interiores de cada una, se cortó la inspiración, la música y fuimos parte de aquella penumbra de monosílabos que se encontraban en diferentes espacios y a destiempo. Ya no hubo más música. De entre la tierra se forjaron las raíces, pero dolían más que las agujas, nos enterramos levemente en un invierno permanente que no permitía atravesar más allá del papel con tinta derramada por doquier.
De la cafeína nació el aroma de la soledad, de la fascinación por la misantropía, nos sumergimos en un mar de desilusiones y pensamientos errados que con el tiempo se volvieron silencios incómodos, momentos de nada, recuerdos de nada, efímero, como siempre, ya la luna no sabía a mucho, probablemente empezamos a mirarla a destiempo.
Finalmente entre rocas y arena le fui dejando ir, así ella luchara por nuestra música, así se esforzara en prender nuevamente la llamita de la vela que se fue extinguiendo lentamente hasta dejarnos en la penumbra.
De repente la llama se alzó nuevamente, el hecho de poderle sentir cerca de nuevo llevó todo a un punto donde la llama fue creciendo, donde las mañanas olían nuevamente a café, donde el violeta que se había vuelto lila de nuevo renació, volvió a tomar su intensidad y se fue colando en las tardes, entre la quietud, entre los múltiples momentos de felicidad que compartimos, entre los atardeceres donde el sol iluminaba el camino muchísimo más fuerte, donde nos aferramos la una a la otra tanto que no existían los demás por un momento. La amé, me amó, la música cada vez se hizo más profunda, más hermosa, se fue regocijando en nuestras almas, en nuestro deseo intenso de seguir adelante con cada una de las notas y del ritmo que claramente lo marcaba nuestro corazón.
Aún no puedo darle final a esta historia, aún no puedo encapricharme en tener que ponerle un final que no existe aún. ¿Te ha quedado claro? A mi no, pero es lo más preciso que puedo hacerlo... continuará...

lunes, 19 de diciembre de 2011

+Mentiras por excelencia+

Mentiras por excelencia, esas que llenan pero no engañan, esas automentiritas que suele uno decirse a sí mismo con el simple consuelo de que quizás algún día todo será diferente. ¡Bah! Patrañas, nada es diferente, nadie cambia, nadie espera cambiar por alguien así muchas veces lo prometan o lo planteen. De repente miro a mi alrededor y todo lo que he cultivado se viene al piso, así como las promesas, esas que como he venido diciendo desde hace tiempo, se rompen fácil o más bien, nosotros nos rompemos tan fácil como ellas. ¿Qué más da?
Es entonces cuando se llega a la conclusión de que todo es temporal, que existen efímeros; efímeros que duran segundos, años, meses, pero que finalmente, con el tiempo se deterioran para llegar a ser simplemente efímeros. ¿Dónde se quedaron los "te amo"? ¿Dónde se quedaron los "para siempre"? No, nada es para siempre, ni siquiera el aire lo es, tampoco el latir de un corazón o el para siempre de una supuesta amistad que decía ser tan sincera y tan pura como la sal. Se prostituyeron las palabras, siempre se siente esa soledad como condición impuesta más no deseada por más que se haga una barrera en contra de nuevos conocimientos precisamente para evitar este tipo de situaciones.
¿Culpables? Ya creo yo (que como siempre) la culpa la tengo yo, porque su orgullo no deja más que esas palabras flotando en el aire. La búsqueda constante de fama, belleza y perfección fue esa que nos aisló, yo siempre tan lejos de todo eso y él siempre tan dispuesto a dar de qué hablar. Al final de eso quedó un pobre niño vacío que se refugia en tragos de alcohol, en música fuerte para callar sus propios pensamientos y en llaves con aquél polvillo blanco que sólo servía para probar una vez más que sí era capaz de llegar a tal punto. Apariencias al fin y al cabo, nada más que eso.
No podría decir que le extraño, no podría decir que su ausencia me ha dejado el vacío que siento, porque ese vacío no lo llena él, no lo llenará nadie jamás, ese vacío es ya bien conocido, es permanente más no constante, no sé si me haga entender. Podría extrañar quizás momentos, quizás eso tan efímero que llevaban las palabras, las tantas horas que dediqué a enseñarle, pero no aprendió, no se quiso quedar con nada de eso, sigue allí, en ese sendero sin final, ese que hunde y que no libera, que ahoga pero no saca a flote.
A veces me cuestiono de su tal fortaleza, de su implacable orgullo. ¿Será tan real como lo demuestra? Creo que es tan frágil como yo, pero tan incierto como el deseo que tiene sobre la vida. Es tan incierto como su esencia, finalmente fui yo quien le mostró el mundo al que ahora pertenece, pero si de algo estoy segura es que tomó el camino que yo siempre le dije que no debía tomar; ese camino donde terminan los pobres solitarios, donde se ahogan las penas en el alcohol y en las malas costumbres tan sólo por un pequeño efímero e irreal trozo de fama que le proporcionan aquellas personas de mentes vaciadas que sólo desean un rato para huir de sus mentes, esas mentes que gritan atención y soledad.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

+Palabras+

Que si me quiero ir, me voy, que si me quedo no será por nadie más que yo misma. Should I stay or should I go?
Que si lloro sea por mis méritos, no por los de nadie más, que si desaparezco nadie me extrañe, pues ya me basta con extrañarme a mí misma, quizás la esencia. De las palabras nacen entonces las dudas, la facilidad con la que se rompen las promesas, así como de estas se desatan los ciertos actos por incumplir. ¿Qué más da? Lo que perciben los demás jamás será de igual manera ante sus ojos, quienes quieren creer que me fui para olvidarme, pueden creerlo, quienes necesiten mis brazos para un abrazo no podrán entender la razón por la cual me estoy yendo, sin más, sin relacionar, sin llegar a conclusiones preguntando, pero sí sin preguntar.
Pueden quedarse, puedo irme, pueden irse, podemos irnos. Conjugar los verbos en pasado es mi mejor especialidad, porque para presente y futuro me es imposible llegar a una conclusión, me es imposible hablar del futuro cuando ni siquiera está en mis manos.
Tiempo presente, tan difícil de identificar, sólo se queda plasmado entre palabras, claramente, cuando no tiene una fecha establecida, tras un segundo todo lo que hemos dicho será pasado, será un pasado continuo quizás, mientras la vida misma continúe, mientra sigamos allí, tan encasillados en las palabras, tan emocionales, tan humanos, tan instintivos; tan envidiosos.
Las palabras evaden, limitan, sensibilizan, por eso las he dejado un poco de lado, pero qué más da, cuando las noches frías de este año han sido tan frágiles como las mismas. Son fáciles de malinterpretar, son fáciles de evadir, de llevar, de extrañar, finalmente siempre es el registro que queda de las acciones, motivos; la exactitud.
Jamás seremos libres, jamás seremos libres de ellas mientras no encontremos un mecanismo de escape, siempre seremos esclavos de cada palabra dicha pues seremos esclavos de las palabras hasta que estas se rompan para no limitarnos.