A tres grados bajo cero me encuentro reviviendo historias, enmarcando palabras, pasados ciegos que se aferraron a mi alma como anzuelos y que por más que intente de arrancar me hacen sangrar una y otra vez. A veces preferiría que cicatrizaran tan hondas heridas con aquellos anzuelos adentro en vez de tratar de eliminar todo aquello que me corroe internamente.
Las canciones me recuerdan lugares, personas, deseos y sueños que planteé frente a muchas situaciones pero que ahora sólo son polvo que se mezcla cada vez que sopla el viento y me envuelve en ellos. De repente empiezo entonces a experimentar una carencia de inspiración que me duele, que arde dentro de mi. ¿Qué es aquello que puede llevarme a tan ocultos extremos?
Me siento entonces bajo una cascada de agua púrpura, la cual contiene un increíble olor que jamás había experimentado. Mis sentidos se aferran a aquél olor que tanta inspiración me ha dado y me dejo llevar por un sueño, mientras me voy sumergiendo en tan hermosas aguas etéreas y divinas. Comienzo un descenso al cual no temo porque sé que llegaré a algún lugar lleno de vida con nuevos aires de pulcritud que me limpiarán de cualquier impureza.
Escucho voces, me llaman por mi nombre, así que abro mis ojos rodeada por helechos y por ninfas hermosas las cuales corren y me invitan a jugar con ellas. Me aferro a la rama de un árbol con el objetivo de dejar el agua correr sin mi, y acercarme a aquellas ninfas que con amables voces recurren a mi nombre una y otra vez. Siento curiosidad, y no puedo negar que algo de miedo, pero no es un miedo como cualquier otro, es un miedo suave a lo desconocido y a lo que estoy por conocer. ¿Por habrían de saber ellas mi nombre?
Siento entonces un silencio vacío en los ojos de ellas, pero sonríen con gran amabilidad lo que me hace sentir tranquila y a la vez nostálgica. Ellas tan hermosas, con sus hermosos cabellos de tonalidades indescriptibles, danzan, corren y se sienten libres. Yo me siento libre, me siento lejos de todo aquello que me aflige, lejos de todo aquello que me lleva a mis pensamientos existenciales. Por primera vez hago parte de un mundo en el cual todo lo he dejado de lado y comienzo a vivir de verdad, comienzo a ver con sensibilidad cada "algo" que me rodea y que con su olor puede tranquilizarme y librarme de los dolorosos rencores empuñados.
Juego, corro, vivo sin miedo a ser juzgada, sin miedo a ser evadida por la mirada dolorosa que proporcionan aquellos seres llenos de prejuicios y deslealtad. Por primera vez siento que tengo lo mismo que los demás y que nadie me podrá quitar mi realidad porque mi mundo paralelo, aquél en el que me encuentro, es aquél donde siempre quise vivir, donde siempre deseé estar. Una lejanía que me aparte de mi cotidianidad y de esa monotonía. Aquél lugar donde el sol no es precisamente de fuego, donde la luna no está mordida, donde aquellos príncipes y princesas no existen siquiera en cuentos de hadas y donde la parcialidad y la justicia van de la mano.
Me siento inspirada y nostálgica por mi entorno. Siento como la sangre corre por mis venas y mi corazón late rápidamente. De repente de mis ojos salen lágrimas causadas por una innata nostalgia. Al caer estas en el musgo verde y húmedo una transformación brutal se aproxima y me siento entonces parte de aquél mundo. Por primera vez me siento parte de algo y de un lugar específico. Por primera vez siento una emoción monumental causada por un estímulo casi nulo. ¿Es este mi lugar?
Me vuelvo a sumergir en la cascada púrpura, vuelvo a emprender mi viaje sin rumbo fijo, sin miedo, con felicidad y empeño y con sonidos varios que acarician mis tímpanos. Nunca me había sentido yo misma, al menos no como ahora. Veo mis manos, así que empiezo a tocar mis ojos, mis mejillas y cada extremo de mi cuerpo, quiero saber soy yo, si estoy viva. Siento entonces con más ansias deseos de correr y volar y es entonces cuando me empiezo a elevar del agua sin miedo, siento entonces como puedo examinar aquél mundo casi perfecto ante mis pies rozándome los talones...
Al fin vuelo, sin miedo, sin muros que me frenen, sin que me corten las alas, sin que me juzguen, por fin soy feliz y así es que deseo vivir...
domingo, 28 de marzo de 2010
lunes, 8 de marzo de 2010
Cuatro cuartos
De nuevo el cielo cenizo se posa sobre mi llevándome a recovecos que sólo identifico después de situaciones ajenas, después de esconderme bajo las piedras donde igualmente puede encontrarme con facilidad.
Auscultar mis recuerdos y memorias varias, ha llegado a subirme bastante los niveles aquellos que surgen desde lo más adentro de mi. No recuerdo muchas veces aquello que debería, pero hay ciertas cosas que con fascinación se adhieren a mi, quitándome el poder absoluto de todo lo que respiro y adquiero a diario.
El preludio de cada situación me resulta excitante, pero con el tiempo se desgasta y llegan aquellas ridiculeces que con tanto esmero pueden subirme y bajarme del limbo en el que a veces llego a vivir. Una montaña rusa de ilusiones sube y baja hasta que por fin se desploma y todo queda volando en el aire, mientras tanto yo sigo su juego y me esmero por recoger las pequeñas piezas de todo aquello que se ha quedado flotando en el devastador aire que me corroe.
Tanta inseguridad me lleva a una condena donde estoy a punto de perder mi cabeza a causa de una desesperación infinita, tanto así, que ya no necesito la noche, ni la luna y mucho menos las estrellas como motivo de inspiración. Todo ha cambiado, todo parece haber sido agitado con ansias puras, con deseos intensos, de nuevo se ha desordenado aquél orden perfecto que muchos llamaron caos pero que para mi alguna vez fue locura, que para mi por mucho tiempo fue el orden donde no se permitían manos ajenas.
Escucho las voces del silencio, las gotas que caen desde bien arriba y pueden mojarme y causarme un extraño sentimiento de ternura, gracia y algo de nostalgia. Frías como el hielo logran colarse por las fibras de mi ropa y empaparme el alma; Me empapan de ellas y logran colarse por entre mis poros, logran posarse en mi pelo mientras hacen un desfile que sólo nosotros entendemos, mientras se tiñen del color de éste y bajan una tras otras como si compitiesen por ser las primeras que llegan a tocar el suelo.
Percibo como a mi al rededor el mundo gira sin detenerse, sólo yo me quedo quieta viendo con impresión como todo gira y gira, como el agua me moja más y más y veo como mi vida se desvanece al sentir cada inhalación y como al final termino con una sobredosis de aire y vomitando sobre mi alma. Siento como la banda sonora de mi vida sube y baja el volumen constantemente, como me abandona en aquellos momentos donde me quiero olvidar de todo y deseo volver a la realidad, a esa realidad que muchas veces creo de otros excepto mía.
Me rehuso a jugar, esta vez sólo quiero ser un espectador más. No quiero empezar a ser objetiva dentro de mi subjetividad, aunque tal vez sea ése el cambio que necesito... señalar con la punta de mi dedo índice no me aflige pero sé que a muchos lo haría, no quiero causar más caos del que ya existe, no quiero personificar aquellos seres inexistentes que para mí son tan tangibles. No quiero ser ese personaje una vez más ni quiero volver a esos sueños de importancia que me tornaban personalmente agresiva. No quiero revivir historias que ya tienen un nudo con moño y que no me interesa destapar por más tentador que me parezca que sea.
Todo se mueve a cuatro cuartos, toda la musicalidad sigue en su esencia pero a veces pierde el exquisito sabor que puede brindarme toques con sabor a amareto. El café ya no me sabe igual y lo frívolo se torna tan real que me es imposible mirarle a los ojos, me es imposible mirar aquellos ojos acusadores que me invitan a bajar la mirada, y que más que una invitación, son una obligación a reprimirme, a oprimir mi alma contra el pecho para que no salga volando como muchas veces ha deseado. Libre, sin tapujos ni miedos, sólo efímeros momentos de convicción que me hielan, que me arrancan los destellos hipnotizantes y calumniadores.
Resguardo la miseria, el acabose de todo aquello, la frialdad con la que las palabras empiezan a apuñalarme sin gloria, sin sentido, con tanta fuerza que me resulta doloroso tan sólo imaginarlo.
Sí, debo aceptar que por mis pestañas se deslizan ciertas cascadas, se derrama la furia, la tristeza, el miedo de vivir cada día y que sea como el día anterior. Aquél temor a los cielos cenizos anaranjados que en tantas ocasiones me hacen suspirar, pero que esta vez me llevarían a refugiarme en mis pensamientos más concisos y delicados, aquellos que siempre terminan encerrándome en la caja aquella de madera imposible de romper porque soy débil, porque aunque haya decidido renacer y ponerle las fuerzas necesarias a mis piernas para poderme levantar de nuevo, me es imposible caminar recto una vez más.
Camino sobre las huellas, sobre los pasos que me han marcado, no sé si hago bien, pero al menos es una señal de que algún lado llegan. Sin embargo, me gustaría pensar que son mis propios pasos los que me llevan a la luz final, esa que veo al fondo y que cada vez se aleja más. Aquella que me cansa, que me derrite bajo cielos soleados y que me vuelve hielo a medida que cae hielo sobre mi, sobre mis pestañas quemándome y volviéndome dura como una roca de aquellas que parecen ser fuertes, pero que finalmente cuando se lanzan al piso se rompen en pequeñas partículas.
Me oculto bajo un escritorio de madera que huele a humedad y a madera podrida, allí escondo mis sentimientos que se aferran a mi con sus garras afiladas, allí parecen estar a salvo, allí parece que sólo yo podré ser dueña de ellas, y aunque el olor de la podredumbre me molesta un poco, no hay nada más hermoso que aquél escritorio de memorias, recuerdos, papeles con palabras incoherentes que terminan por ser el rompecabezas al que le hacen falta muchas fichas.
Eso esperaba, eso deseaba, ahora que he logrado sacar un poco de ir es hora de descansar. Caeré profunda y no pretendo soñar, no pretendo ocupar mi mente en nada más que no sea el descanso. Ojalá tuviera el dominio total de mi subconsciente, así podría decidir qué eso que realmente quiero ver mientras mis ojos se encuentran cerrados.
A veces la ceguera me resulta más amable.
Auscultar mis recuerdos y memorias varias, ha llegado a subirme bastante los niveles aquellos que surgen desde lo más adentro de mi. No recuerdo muchas veces aquello que debería, pero hay ciertas cosas que con fascinación se adhieren a mi, quitándome el poder absoluto de todo lo que respiro y adquiero a diario.
El preludio de cada situación me resulta excitante, pero con el tiempo se desgasta y llegan aquellas ridiculeces que con tanto esmero pueden subirme y bajarme del limbo en el que a veces llego a vivir. Una montaña rusa de ilusiones sube y baja hasta que por fin se desploma y todo queda volando en el aire, mientras tanto yo sigo su juego y me esmero por recoger las pequeñas piezas de todo aquello que se ha quedado flotando en el devastador aire que me corroe.
Tanta inseguridad me lleva a una condena donde estoy a punto de perder mi cabeza a causa de una desesperación infinita, tanto así, que ya no necesito la noche, ni la luna y mucho menos las estrellas como motivo de inspiración. Todo ha cambiado, todo parece haber sido agitado con ansias puras, con deseos intensos, de nuevo se ha desordenado aquél orden perfecto que muchos llamaron caos pero que para mi alguna vez fue locura, que para mi por mucho tiempo fue el orden donde no se permitían manos ajenas.
Escucho las voces del silencio, las gotas que caen desde bien arriba y pueden mojarme y causarme un extraño sentimiento de ternura, gracia y algo de nostalgia. Frías como el hielo logran colarse por las fibras de mi ropa y empaparme el alma; Me empapan de ellas y logran colarse por entre mis poros, logran posarse en mi pelo mientras hacen un desfile que sólo nosotros entendemos, mientras se tiñen del color de éste y bajan una tras otras como si compitiesen por ser las primeras que llegan a tocar el suelo.
Percibo como a mi al rededor el mundo gira sin detenerse, sólo yo me quedo quieta viendo con impresión como todo gira y gira, como el agua me moja más y más y veo como mi vida se desvanece al sentir cada inhalación y como al final termino con una sobredosis de aire y vomitando sobre mi alma. Siento como la banda sonora de mi vida sube y baja el volumen constantemente, como me abandona en aquellos momentos donde me quiero olvidar de todo y deseo volver a la realidad, a esa realidad que muchas veces creo de otros excepto mía.
Me rehuso a jugar, esta vez sólo quiero ser un espectador más. No quiero empezar a ser objetiva dentro de mi subjetividad, aunque tal vez sea ése el cambio que necesito... señalar con la punta de mi dedo índice no me aflige pero sé que a muchos lo haría, no quiero causar más caos del que ya existe, no quiero personificar aquellos seres inexistentes que para mí son tan tangibles. No quiero ser ese personaje una vez más ni quiero volver a esos sueños de importancia que me tornaban personalmente agresiva. No quiero revivir historias que ya tienen un nudo con moño y que no me interesa destapar por más tentador que me parezca que sea.
Todo se mueve a cuatro cuartos, toda la musicalidad sigue en su esencia pero a veces pierde el exquisito sabor que puede brindarme toques con sabor a amareto. El café ya no me sabe igual y lo frívolo se torna tan real que me es imposible mirarle a los ojos, me es imposible mirar aquellos ojos acusadores que me invitan a bajar la mirada, y que más que una invitación, son una obligación a reprimirme, a oprimir mi alma contra el pecho para que no salga volando como muchas veces ha deseado. Libre, sin tapujos ni miedos, sólo efímeros momentos de convicción que me hielan, que me arrancan los destellos hipnotizantes y calumniadores.
Resguardo la miseria, el acabose de todo aquello, la frialdad con la que las palabras empiezan a apuñalarme sin gloria, sin sentido, con tanta fuerza que me resulta doloroso tan sólo imaginarlo.
Sí, debo aceptar que por mis pestañas se deslizan ciertas cascadas, se derrama la furia, la tristeza, el miedo de vivir cada día y que sea como el día anterior. Aquél temor a los cielos cenizos anaranjados que en tantas ocasiones me hacen suspirar, pero que esta vez me llevarían a refugiarme en mis pensamientos más concisos y delicados, aquellos que siempre terminan encerrándome en la caja aquella de madera imposible de romper porque soy débil, porque aunque haya decidido renacer y ponerle las fuerzas necesarias a mis piernas para poderme levantar de nuevo, me es imposible caminar recto una vez más.
Camino sobre las huellas, sobre los pasos que me han marcado, no sé si hago bien, pero al menos es una señal de que algún lado llegan. Sin embargo, me gustaría pensar que son mis propios pasos los que me llevan a la luz final, esa que veo al fondo y que cada vez se aleja más. Aquella que me cansa, que me derrite bajo cielos soleados y que me vuelve hielo a medida que cae hielo sobre mi, sobre mis pestañas quemándome y volviéndome dura como una roca de aquellas que parecen ser fuertes, pero que finalmente cuando se lanzan al piso se rompen en pequeñas partículas.
Me oculto bajo un escritorio de madera que huele a humedad y a madera podrida, allí escondo mis sentimientos que se aferran a mi con sus garras afiladas, allí parecen estar a salvo, allí parece que sólo yo podré ser dueña de ellas, y aunque el olor de la podredumbre me molesta un poco, no hay nada más hermoso que aquél escritorio de memorias, recuerdos, papeles con palabras incoherentes que terminan por ser el rompecabezas al que le hacen falta muchas fichas.
Eso esperaba, eso deseaba, ahora que he logrado sacar un poco de ir es hora de descansar. Caeré profunda y no pretendo soñar, no pretendo ocupar mi mente en nada más que no sea el descanso. Ojalá tuviera el dominio total de mi subconsciente, así podría decidir qué eso que realmente quiero ver mientras mis ojos se encuentran cerrados.
A veces la ceguera me resulta más amable.
viernes, 5 de marzo de 2010
domingo, 7 de febrero de 2010
+Gloomy sunday+
No sé si debería hacer de esto un motivo de redacción, no sé si debería escribir basada en eso pero ya da igual, simplemente ha llegado un momento de inspiración que me ha robado un poco el aliento, y aquí me hallo, una vez más escribiendo...
¿Motivo de lágrimas? Puede que lo sea, puede que no lo sea, aún no llegan y no sé si llegarán, pero sí sé que desearía huir en tantos momentos, desaparecer y sencillamente reaccionar, volver en mi, darme cuenta de tantas cosas, de tantos motivos... qué se yo...
Siento como si el invierno me envolviese en sus vientos helados y sus palabras no pronunciadas. Siento como me quema y me lleva subjetivamente con tristeza y desdeño. Sólo soy parte de un camino, de un sendero sin fin y con pocos deseos de sacarme de aquél laberinto que me ha envuelto en sí llevándome a no encontrar el fin, a una tristeza ridícula sin sentido.
Existe un vacío dentro de mi que absorbe todo aquello que me aflige, lo ha estado guardando por tanto tiempo que me sorprende. Aquél vacío está lleno de aquello que llaman recuerdos, memorias, pero que ahora no diferencio de la realidad. Creo que hay más fantasía que realidad en todo esto y eso me hace dudar bastante. Sin embargo, no podría estar segura de lo que siento, de lo que realmente me aflige porque existen días de felicidad que se ven absueltos por noches de tristeza.
Tal vez haya una razón oculta bajo todo esto, tal vez sea un capricho de mi mente, no sé que sea y esa impotencia es quien me llega a desesperar, a pensar en millones de opciones posibles.
Mi mente es un arma de doble filo que me traiciona en el momento menos imaginado, cuando más confiada de ella me encuentro. Pierdo el interés por tantas cosas a diario, pierdo la noción del tiempo, de los momentos y me convenzo a mi misma de que todo está bien, que todo estará bien y esa autocompasión es lo que me molesta más, porque puedo llegar a creer en muchos momentos que todo ha sido solucionado, me miento a mi misma, y aún así, soy capaz de creer en lo que yo misma me diga sabiendo que muchas veces no es cierto.
¿Quién soy? Todos nos habremos preguntado eso un par de veces, supongo, y quien no, pues que afortunado es, pues ese tipo de preguntas son aquellas que me hacen dudar de mi misma, de mis capacidades, de lo que quiero hacer. ¿Qué es verdaderamente lo que quiero ser y hacer? ¿Qué lograré de todo aquello que me propongo?
No sé, simplemente no sé, estoy hablando más con el alma que con objetividad lo que crea algo subjetivo que me llena de preguntas sin respuesta. Desearía tan sólo dejar de pensar por un par de minutos y refugiarme en mi mente, pero jamás he logrado salirme de mi de tal manera.
Hablo con el alma, hablo con sinceridad más que con inspiración, acabo de notar que estoy escribiendo algo hipotéticamente objetivo pero que evidentemente cambia a ser parte de mi subjetividad.
Hoy no es una historia, hoy no es una historia con un contenido indirecto, hoy soy yo, hoy hablo yo, de mi, algo que detesto hacer, pero que a fin de cuentas terminé haciendo. Ya me da igual quien lo lee y lo que piense aquél que lo haga, puesto que hoy mi interés principal, más que hacer de esto un desahogo, es descubrir eso que estoy tapando y que varias veces ha tratado de salir de maneras suaves pero que hoy finalmente se ha destapado sin más y me ha llegado a herir.
¿Ridículo? Quizá, no lo puedo negar. Son estados, son palabras, no sé que sea, sólo sé que me embriaga, me arde y luego debo escupir de tal manera que aunque no me haga sellar esas heridas, puede a ser un poco más reconfortante.
Me pregunto realmente quienes son aquellos que logran estabilizarme y desestabilizarme de tal manera; me gustaría poder hablarle a alguien de todo aquello que siento, pero lastimosamente sólo tengo una hoja de papel, lastimosamente las palabras se han ido frenando a medida que pasa el tiempo, a medida que mis miedos y mis fobias van creciendo fuertemente.
Me encantaría hacer de las letras melodía, pero hoy no puedo, hoy no puedo hacer de mi algo bello ni amable, porque no quiero escribir historias, hoy no quiero ser la misma persona "predecible," hoy no deseo volar como siempre lo hago, no deseo enamorarme de una historia, porque esta historia es tan personal que por más que me obligase a amarla, no lo lograría...
Ya no existe fascinación, ya no existe un juicio para mi, ya no necesito ser juzgada para vivir, hace mucho dejó de ser así, y es muy diferente tratar de convencer a aquellos "jueces" de algo que no existe y que ellos creen conocer. Sí, lo sé, suena ridículo a veces, suena extraño, pero a veces puedo ser la persona más convincente del planeta, incluso conmigo misma; soy capaz de engañarme a mi misma de la misma manera en que lo hago con aquellos otros que creen conocerme pero que no están cerca de hacerlo del todo. Aquellos que al llegar el momento en el que exploto creen conocerme pero no son capaces de hablar al respecto por miedo a no sé qué.
Todo esto me resulta una fantasía, quizá una bola de nimiedades que debí auscultar hace bastante tiempo y que pude haber desenvuelto para que no pesara tanto, pero ahora veo las consecuencias de no haberlo hecho antes. Ahora veo las consecuencias cuando el peso más pesado recae sobre mi espalda casi sin dejarme avanzar por el peso y por el dolor que proporciona. ¿Y ahora qué? Tal vez una manojo de lástima, un manojo de palabras reconfortantes que jamás ayudan a mejorar pero sí a que duela y duela, que toque precisamente el centro de la ampolla abierta, expuesta al ambiente común.
Mucho enredo, mucha basura, nada muy coherente, no me interesa, esto no es un blog de interés común aunque aquí pueda llegar quien desee llegar. Esto es de mi dominio, y no me interesa que alguien ajeno a mi lo lea, porque probablemente se sienta identificado con muchas frases de este y varios escritos que he hecho, pero jamás sentirá lo que yo, jamás podrá saber exactamente por qué sucede esto. Ni yo lo puedo hacer, así que no aspiro comprensión ni ningún tipo de comentario en este blog, independientemente de si quiere opinar. Como bien ya saben son libres de comentar lo que deseen, pero una vez más, no busco compasión ni palabras de apoyo, de hecho no sé aún si usted desee leer esto, y no me importa si lo hace.
Patrañas, mil patrañas, quisiera deshacerme de tantas de ellas, me encantaría deshacerme de tanta palabrería y centrarme, pero a veces me es tan complejo...
Facilidad de expresión y estuvo, "tantas cualidades" y ninguna reflejada. ¿De verdad debería convencerme de que sí existen? Creo que ya no creo en nada, creo que prefiero no hacerlo, porque nada me convence, nada me reconforta y tampoco estoy muy interesada en encontrar ese "algo."
Ya pasará, dará igual.
...Interesante...
¿Motivo de lágrimas? Puede que lo sea, puede que no lo sea, aún no llegan y no sé si llegarán, pero sí sé que desearía huir en tantos momentos, desaparecer y sencillamente reaccionar, volver en mi, darme cuenta de tantas cosas, de tantos motivos... qué se yo...
Siento como si el invierno me envolviese en sus vientos helados y sus palabras no pronunciadas. Siento como me quema y me lleva subjetivamente con tristeza y desdeño. Sólo soy parte de un camino, de un sendero sin fin y con pocos deseos de sacarme de aquél laberinto que me ha envuelto en sí llevándome a no encontrar el fin, a una tristeza ridícula sin sentido.
Existe un vacío dentro de mi que absorbe todo aquello que me aflige, lo ha estado guardando por tanto tiempo que me sorprende. Aquél vacío está lleno de aquello que llaman recuerdos, memorias, pero que ahora no diferencio de la realidad. Creo que hay más fantasía que realidad en todo esto y eso me hace dudar bastante. Sin embargo, no podría estar segura de lo que siento, de lo que realmente me aflige porque existen días de felicidad que se ven absueltos por noches de tristeza.
Tal vez haya una razón oculta bajo todo esto, tal vez sea un capricho de mi mente, no sé que sea y esa impotencia es quien me llega a desesperar, a pensar en millones de opciones posibles.
Mi mente es un arma de doble filo que me traiciona en el momento menos imaginado, cuando más confiada de ella me encuentro. Pierdo el interés por tantas cosas a diario, pierdo la noción del tiempo, de los momentos y me convenzo a mi misma de que todo está bien, que todo estará bien y esa autocompasión es lo que me molesta más, porque puedo llegar a creer en muchos momentos que todo ha sido solucionado, me miento a mi misma, y aún así, soy capaz de creer en lo que yo misma me diga sabiendo que muchas veces no es cierto.
¿Quién soy? Todos nos habremos preguntado eso un par de veces, supongo, y quien no, pues que afortunado es, pues ese tipo de preguntas son aquellas que me hacen dudar de mi misma, de mis capacidades, de lo que quiero hacer. ¿Qué es verdaderamente lo que quiero ser y hacer? ¿Qué lograré de todo aquello que me propongo?
No sé, simplemente no sé, estoy hablando más con el alma que con objetividad lo que crea algo subjetivo que me llena de preguntas sin respuesta. Desearía tan sólo dejar de pensar por un par de minutos y refugiarme en mi mente, pero jamás he logrado salirme de mi de tal manera.
Hablo con el alma, hablo con sinceridad más que con inspiración, acabo de notar que estoy escribiendo algo hipotéticamente objetivo pero que evidentemente cambia a ser parte de mi subjetividad.
Hoy no es una historia, hoy no es una historia con un contenido indirecto, hoy soy yo, hoy hablo yo, de mi, algo que detesto hacer, pero que a fin de cuentas terminé haciendo. Ya me da igual quien lo lee y lo que piense aquél que lo haga, puesto que hoy mi interés principal, más que hacer de esto un desahogo, es descubrir eso que estoy tapando y que varias veces ha tratado de salir de maneras suaves pero que hoy finalmente se ha destapado sin más y me ha llegado a herir.
¿Ridículo? Quizá, no lo puedo negar. Son estados, son palabras, no sé que sea, sólo sé que me embriaga, me arde y luego debo escupir de tal manera que aunque no me haga sellar esas heridas, puede a ser un poco más reconfortante.
Me pregunto realmente quienes son aquellos que logran estabilizarme y desestabilizarme de tal manera; me gustaría poder hablarle a alguien de todo aquello que siento, pero lastimosamente sólo tengo una hoja de papel, lastimosamente las palabras se han ido frenando a medida que pasa el tiempo, a medida que mis miedos y mis fobias van creciendo fuertemente.
Me encantaría hacer de las letras melodía, pero hoy no puedo, hoy no puedo hacer de mi algo bello ni amable, porque no quiero escribir historias, hoy no quiero ser la misma persona "predecible," hoy no deseo volar como siempre lo hago, no deseo enamorarme de una historia, porque esta historia es tan personal que por más que me obligase a amarla, no lo lograría...
Ya no existe fascinación, ya no existe un juicio para mi, ya no necesito ser juzgada para vivir, hace mucho dejó de ser así, y es muy diferente tratar de convencer a aquellos "jueces" de algo que no existe y que ellos creen conocer. Sí, lo sé, suena ridículo a veces, suena extraño, pero a veces puedo ser la persona más convincente del planeta, incluso conmigo misma; soy capaz de engañarme a mi misma de la misma manera en que lo hago con aquellos otros que creen conocerme pero que no están cerca de hacerlo del todo. Aquellos que al llegar el momento en el que exploto creen conocerme pero no son capaces de hablar al respecto por miedo a no sé qué.
Todo esto me resulta una fantasía, quizá una bola de nimiedades que debí auscultar hace bastante tiempo y que pude haber desenvuelto para que no pesara tanto, pero ahora veo las consecuencias de no haberlo hecho antes. Ahora veo las consecuencias cuando el peso más pesado recae sobre mi espalda casi sin dejarme avanzar por el peso y por el dolor que proporciona. ¿Y ahora qué? Tal vez una manojo de lástima, un manojo de palabras reconfortantes que jamás ayudan a mejorar pero sí a que duela y duela, que toque precisamente el centro de la ampolla abierta, expuesta al ambiente común.
Mucho enredo, mucha basura, nada muy coherente, no me interesa, esto no es un blog de interés común aunque aquí pueda llegar quien desee llegar. Esto es de mi dominio, y no me interesa que alguien ajeno a mi lo lea, porque probablemente se sienta identificado con muchas frases de este y varios escritos que he hecho, pero jamás sentirá lo que yo, jamás podrá saber exactamente por qué sucede esto. Ni yo lo puedo hacer, así que no aspiro comprensión ni ningún tipo de comentario en este blog, independientemente de si quiere opinar. Como bien ya saben son libres de comentar lo que deseen, pero una vez más, no busco compasión ni palabras de apoyo, de hecho no sé aún si usted desee leer esto, y no me importa si lo hace.
Patrañas, mil patrañas, quisiera deshacerme de tantas de ellas, me encantaría deshacerme de tanta palabrería y centrarme, pero a veces me es tan complejo...
Facilidad de expresión y estuvo, "tantas cualidades" y ninguna reflejada. ¿De verdad debería convencerme de que sí existen? Creo que ya no creo en nada, creo que prefiero no hacerlo, porque nada me convence, nada me reconforta y tampoco estoy muy interesada en encontrar ese "algo."
Ya pasará, dará igual.
...Interesante...
miércoles, 3 de febrero de 2010
+Letargos+
El cielo se encuentra turbio y las paredes rocosas de la playa se encuentran vacías al alba, bañadas con el pequeño rocío de la madrugada. La arena descansa al igual que nosotros, y la cabaña de madera con luz amarilla ilumina al tiempo que empieza a salir el sol.
Narraciones, unas cuantas historias de salvaciones y demás, bajo un cielo púrpura, llegaron devolvernos la vida, aquél pasado que arde aún y que nos mantuvo hasta el amanecer mojándonos los pies al ritmo de la marea. Esta noche jamás la olvidaré, debo decirlo. No quiero que se acabe la noche ni que llegue el día porque es factible que si se va, puede que jamás llegue a volverle a ver, a tocar, así como pensé que sucedería varios años atrás.
Tan delicada, tan sensible, tan suave, siempre se marcha dejándome impregnado su olor en cada uno de mis poros, sin poderle olvidar, sin poder olvidar que la amo aunque no pueda estar con ella. Estoy destinada a vivir sin ella así lo quiera impedir, por eso cada segundo que pasa intento impregnarme de su olor y memorizar cada espacio de su cuerpo para así poderle recordar como es, como me quema, como simplemente ella puede hacerlo...
El viento entra por la ventana mientras ella duerme, y yo espero que llegue el amanecer para saber al menos cuando se irá, una vez más, haciendo de cuenta que nada sucedió la noche anterior, haciendo de cuenta que soy alguien más en su vida, aunque sabe que me tiene un aprecio especial.
Recuerdo años atrás, en esta misma cabaña que sólo me atrevo a visitar con ella por todos los recuerdos que me trae, cuando pasábamos la noche entera contando las estrellas, impregnándonos de sal, de arena, de besos, abrazos. Recuerdo amarla pensando que estaría conmigo para siempre, pensando que jamás se acabaría ese amor del que los demás hablaban y en el que yo no creí jamás... después se fue un día y jamás volvió, jamás me dijo adiós.
Recuerdos, tantos recuerdos y aún le sigo amando como lo hacía cuando la podía tener dentro de mi, en mis brazos, mientras la amaba en presencia del aire arenoso y rocoso despiadado que esa mañana me robó el aliento, el alivio.
¿Te irás de nuevo? ¿No me llevarás contigo?
Te extrañaré tanto cuando te vayas... por eso espero el amanecer para al menos saber cuando te saldrás, para saber al menos en qué momento cruzaste la puerta y correr tras de ti para besarte así sea por última vez, para sentir tus labios fríos como el rocío de la mañana, tan frío como el agua del mar, tan frío como sólo tú lo sabes hacer...
Bienvenido sea el comienzo de este corto mes y de este largo olvido...
Narraciones, unas cuantas historias de salvaciones y demás, bajo un cielo púrpura, llegaron devolvernos la vida, aquél pasado que arde aún y que nos mantuvo hasta el amanecer mojándonos los pies al ritmo de la marea. Esta noche jamás la olvidaré, debo decirlo. No quiero que se acabe la noche ni que llegue el día porque es factible que si se va, puede que jamás llegue a volverle a ver, a tocar, así como pensé que sucedería varios años atrás.
Tan delicada, tan sensible, tan suave, siempre se marcha dejándome impregnado su olor en cada uno de mis poros, sin poderle olvidar, sin poder olvidar que la amo aunque no pueda estar con ella. Estoy destinada a vivir sin ella así lo quiera impedir, por eso cada segundo que pasa intento impregnarme de su olor y memorizar cada espacio de su cuerpo para así poderle recordar como es, como me quema, como simplemente ella puede hacerlo...
El viento entra por la ventana mientras ella duerme, y yo espero que llegue el amanecer para saber al menos cuando se irá, una vez más, haciendo de cuenta que nada sucedió la noche anterior, haciendo de cuenta que soy alguien más en su vida, aunque sabe que me tiene un aprecio especial.
Recuerdo años atrás, en esta misma cabaña que sólo me atrevo a visitar con ella por todos los recuerdos que me trae, cuando pasábamos la noche entera contando las estrellas, impregnándonos de sal, de arena, de besos, abrazos. Recuerdo amarla pensando que estaría conmigo para siempre, pensando que jamás se acabaría ese amor del que los demás hablaban y en el que yo no creí jamás... después se fue un día y jamás volvió, jamás me dijo adiós.
Recuerdos, tantos recuerdos y aún le sigo amando como lo hacía cuando la podía tener dentro de mi, en mis brazos, mientras la amaba en presencia del aire arenoso y rocoso despiadado que esa mañana me robó el aliento, el alivio.
¿Te irás de nuevo? ¿No me llevarás contigo?
Te extrañaré tanto cuando te vayas... por eso espero el amanecer para al menos saber cuando te saldrás, para saber al menos en qué momento cruzaste la puerta y correr tras de ti para besarte así sea por última vez, para sentir tus labios fríos como el rocío de la mañana, tan frío como el agua del mar, tan frío como sólo tú lo sabes hacer...
Bienvenido sea el comienzo de este corto mes y de este largo olvido...
domingo, 10 de enero de 2010
+Favoritismo+
Siento la brisa desprenderse de las nubes cenizas. Un ensueño, un aroma blanco se desprende de este domingo simple tan lleno de nada...
Tan sólo suspiros, recuerdos de sucesos dispersos, de abrazos perdidos o de miedos inconscientes.
Me refugio en mis palabras, en una inspiración maciza que respiro mientras regurgito palabras inspirada en aquella música que flota en el aire. Ésa que cantando y adueñándose de mi más preciado sueño ha de manifestarse.
Un piano, un ambiente deshabitado y yo, allí me encuentro yo, al ritmo de los violines que acompañan una sinfonía emotiva de desastrosos recuerdos.
La paz de un ser que duerme me recuerda la ternura, la presencia de miles de sucesos olvidados resucitan con un canto todo aquello olvidado que ha vuelto a ser presente; aquello que dejó de ser una simple nimiedad y se ha convertido en la sombra de lo vivido.
Olvidaba lo que era sentirse inspirada por las cuerdas del piano y de los violines, olvidaba que la música sin voz también es capaz de hacerme sentir profundas conmiseraciones por todo aquello que se encuentra presente.
Tantos elementos importantes, tantos fragmentos dejados a la deriva, tantos montos de tristeza, desolación, felicidad y regocijo que forman al fin esa sinfonía de la que he venido hablando últimamente... son tantas porciones inimaginables las que componen esta sinfonía inimaginable y sin fin.
Cada nota es un recuerdo y cada recuerdo hace del tiempo un vacío inalcanzable. Un abismo que no tiene fin y a donde se cae de una forma rápida y sin remordimiento.
De repente una nota falsa, un sonido inevitable que sacia los deseos, que altera la noción y la realidad inspirada. Una nota que falló, como yo lo llegué a hacer en un lapso de tiempo memorable y que me hace ser un títere de la vida, de lo que deseé y de lo que no también. Tantas ansias y espera por aquél ser que no sé donde se encuentra, y de repente ha aparecido sin razón, sin importar qué cascada podría ser la más fuerte, la que más agua llevase, la que más lejos podría llevarme al ritmo de una corriente que me asfixia y que me hunde en un mar de lágrimas, de ansias, de deseos.
Empiezan a manifestarse suavemente la ardientes cicatrices que me han vuelto a arder. Una confusión inmediata puede soplarme al oído palabras que no deseé escuchar pero que son inevitables de revocar. El hielo me quema la piel, me hace heridas profundas que me recuerdan un par que ya había olvidado. Unas cuantas inexistentes, otras cuantas ya presentes, y un sonido engorroso logra alterar mis sentidos mientras mis dedos se deslizan al ritmo de la musicalidad más perfecta jamás escuchada.
Sólo desean ser copias, sólo pueden aprender palabras que lo hace irrefutable. Quieren escribir lo que les gustaría escuchar, quieren oprimir una vez más para saciar sus lamentos y vacíos.
Me fastidia, me hace cuestionarme. ¿Qué es eso que me hace sentir de esta manera? ¿Por qué tengo la capacidad de odiar y amar con tanta facilidad? Me sacia, me limita a los poderes de los no poderosos, a ser la mejor entre tanta bazofia, ente tanto intelecto perdido en la cotidianidad. ¿Qué es todo eso que me sucede y que me hace sentir tan manchada?
Sé que puedo seguir respirando, sé que mis atenuados suspiros me oprimen el pecho cada vez más fuerza. Una luz se debilita, y esa llama que antes ardía tan sólo se ha convertido en una bagatela de sencillez y pasmo.
¿Qué es eso que se desea ser al carecer de originalidad?
No necesito mucho, o quizás no en mi concepto, aunque es probable que en el de muchos sí sea bastante. Pero ya está, ya estuvo y ya fue. No necesito mimesis, sólo una realidad, un esnobismo no tan extravagante para que ese silencio que ahora siento después de la gran sinfonía no se convierta en ridiculez y siga siendo particular.
...Objetividad...
Tan sólo suspiros, recuerdos de sucesos dispersos, de abrazos perdidos o de miedos inconscientes.
Me refugio en mis palabras, en una inspiración maciza que respiro mientras regurgito palabras inspirada en aquella música que flota en el aire. Ésa que cantando y adueñándose de mi más preciado sueño ha de manifestarse.
Un piano, un ambiente deshabitado y yo, allí me encuentro yo, al ritmo de los violines que acompañan una sinfonía emotiva de desastrosos recuerdos.
La paz de un ser que duerme me recuerda la ternura, la presencia de miles de sucesos olvidados resucitan con un canto todo aquello olvidado que ha vuelto a ser presente; aquello que dejó de ser una simple nimiedad y se ha convertido en la sombra de lo vivido.
Olvidaba lo que era sentirse inspirada por las cuerdas del piano y de los violines, olvidaba que la música sin voz también es capaz de hacerme sentir profundas conmiseraciones por todo aquello que se encuentra presente.
Tantos elementos importantes, tantos fragmentos dejados a la deriva, tantos montos de tristeza, desolación, felicidad y regocijo que forman al fin esa sinfonía de la que he venido hablando últimamente... son tantas porciones inimaginables las que componen esta sinfonía inimaginable y sin fin.
Cada nota es un recuerdo y cada recuerdo hace del tiempo un vacío inalcanzable. Un abismo que no tiene fin y a donde se cae de una forma rápida y sin remordimiento.
De repente una nota falsa, un sonido inevitable que sacia los deseos, que altera la noción y la realidad inspirada. Una nota que falló, como yo lo llegué a hacer en un lapso de tiempo memorable y que me hace ser un títere de la vida, de lo que deseé y de lo que no también. Tantas ansias y espera por aquél ser que no sé donde se encuentra, y de repente ha aparecido sin razón, sin importar qué cascada podría ser la más fuerte, la que más agua llevase, la que más lejos podría llevarme al ritmo de una corriente que me asfixia y que me hunde en un mar de lágrimas, de ansias, de deseos.
Empiezan a manifestarse suavemente la ardientes cicatrices que me han vuelto a arder. Una confusión inmediata puede soplarme al oído palabras que no deseé escuchar pero que son inevitables de revocar. El hielo me quema la piel, me hace heridas profundas que me recuerdan un par que ya había olvidado. Unas cuantas inexistentes, otras cuantas ya presentes, y un sonido engorroso logra alterar mis sentidos mientras mis dedos se deslizan al ritmo de la musicalidad más perfecta jamás escuchada.
Sólo desean ser copias, sólo pueden aprender palabras que lo hace irrefutable. Quieren escribir lo que les gustaría escuchar, quieren oprimir una vez más para saciar sus lamentos y vacíos.
Me fastidia, me hace cuestionarme. ¿Qué es eso que me hace sentir de esta manera? ¿Por qué tengo la capacidad de odiar y amar con tanta facilidad? Me sacia, me limita a los poderes de los no poderosos, a ser la mejor entre tanta bazofia, ente tanto intelecto perdido en la cotidianidad. ¿Qué es todo eso que me sucede y que me hace sentir tan manchada?
Sé que puedo seguir respirando, sé que mis atenuados suspiros me oprimen el pecho cada vez más fuerza. Una luz se debilita, y esa llama que antes ardía tan sólo se ha convertido en una bagatela de sencillez y pasmo.
¿Qué es eso que se desea ser al carecer de originalidad?
No necesito mucho, o quizás no en mi concepto, aunque es probable que en el de muchos sí sea bastante. Pero ya está, ya estuvo y ya fue. No necesito mimesis, sólo una realidad, un esnobismo no tan extravagante para que ese silencio que ahora siento después de la gran sinfonía no se convierta en ridiculez y siga siendo particular.
...Objetividad...
domingo, 3 de enero de 2010
+Propósitos surrealistas+
¿Y qué de las palabras muertas? ¿Qué del sinónimo de los augurios sin sentido? Evocando palabras sin cimientos, sin ternura, sino por simple distracción. Desencadenando catástrofes que despejan momentos inolvidables. Tantos deseos al final, tantas metas por cumplir y al final nada es verdaderamente real o existente.
Parafraseando vidas de víctimas que ni siquiera son conscientes de su existencia mientras tomamos un café, o dos; depende del estado anímico de cada uno de los débiles participantes. Qué mentes tan inescrupulosas, tan delirantes y tan poco tangibles. ¿Qué son acaso? ¿Qué esperan de nosotros?
Sí, esas, a esas me refería, a aquellas inescrutables, a aquellas incognoscibles que se derraman de diversas maneras al llegar a una vida llena de simples augurios, a una vida dependiente de todas las fábulas creadas por bocas babeantes de deseo, de ardor, que se desatan, que crecen, se fortalecen y comienzan a vengarse inminentemente sin importar cuantos cuerpos deben lapidar tan sólo por sus egoístas deseos de poder, de estropicio.
Se habló alguna vez de llaneza, lo cual ya no existe, lo cual se olvidó, lo cual se dejó atrás con el pasado que se quiso borrar, pero que ciertamente jamás se ha ido de aquél lugar, y que ha sido revestido por las nuevas emociones más vivas que las anteriores, aquellas ígneas emociones derivadas de algo tan simple como lo es el tiempo, quien hace que éstas se sientan cada día un poco menos abrasadoras.
Efímeros momentos humanizados que se convierten en algo más que humano pero que es indescifrable. Tantos deseos de seguir actuando y tan pocas razones para hacerlo. Me resulta ridículo y hasta agraviante tanta fachada.
Podrían decir que soy vesánica y es lo que menos me importa, porque si de sensatez se tratase no podría nombrar muchos seres sensatos que fuesen absolutamente lúcidos. Todos esperan una luz, un motivo de inspiración, y si puedo hacer de la insana momentánea algo de inspiración, no dudaré en ser déspota y sacar todos aquellos pensamientos mortificados. No lo dudaré, seguro que no será así.
Pensamientos innatos, ridiculeces sin sentido, fragmentaciones o simples raciocinios robados; pueden tomarlos como deseen, o si quieren aludirles de otra manera, son absolutamente libres de hacerlo, pues esto es un blog y yo soy escritora y usted un lector que me lee por algún motivo inenarrable.
No busco una correlación entre usted y yo, simplemente busco esculpir un esquema mental del cual no estoy segura ser la dueña absoluta, pero que si bien claro está, ha venido formándose año tras año con el transcurrir del tiempo y de las experiencias.
Debo admitir un cierto desasosiego hacia mis ideas compartidas, pero bueno, ¿qué puedo hacer? es mi inspiración, son mis palabras y en algún lugar debo verterlas, así que con recelo lo vierto aquí, lo comparto y les doy la liberad de leerlo a cada una de las personas que deseen hacerlo, y más aún, se le da la libertad de opinar a las personas sobre lo que leen, sin resentimientos o algún tipo de condición específica.
Son libres, y como seres libres (en un concepto de libertad limitado) son libres de exponer sus ideas, pensamientos y demás, y por ende, de exponer sus criterios y sus opiniones personales hacia mis palabras, pensamientos y deseos. Y aunque como seres libres, se les permite realizar lo anterior, no obstante, debo decir que aunque todas las opiniones son válidas, no todas son de mi total interés. No entienda por esto que no leo todo aquello que comenta y que dice, pues soy un cuaderno abierto donde puede escribir cada cosa que desee, sólo aclaro que varias letras se quedan con tina indeleble y muchas otras con mina de lápiz. ¿Negará usted acaso que también lo hace?
Bienvenido al ingrato enero lleno de propósitos tanto coherentes como ridículos e hipnotizadores. ¿Será usted uno más de aquellos que se esfuerza por demostrarle a los demás qué son todas esas cosas que cumplirá en un año más que comienza? Como si éste no fuera igual a los otros...
Parafraseando vidas de víctimas que ni siquiera son conscientes de su existencia mientras tomamos un café, o dos; depende del estado anímico de cada uno de los débiles participantes. Qué mentes tan inescrupulosas, tan delirantes y tan poco tangibles. ¿Qué son acaso? ¿Qué esperan de nosotros?
Sí, esas, a esas me refería, a aquellas inescrutables, a aquellas incognoscibles que se derraman de diversas maneras al llegar a una vida llena de simples augurios, a una vida dependiente de todas las fábulas creadas por bocas babeantes de deseo, de ardor, que se desatan, que crecen, se fortalecen y comienzan a vengarse inminentemente sin importar cuantos cuerpos deben lapidar tan sólo por sus egoístas deseos de poder, de estropicio.
Se habló alguna vez de llaneza, lo cual ya no existe, lo cual se olvidó, lo cual se dejó atrás con el pasado que se quiso borrar, pero que ciertamente jamás se ha ido de aquél lugar, y que ha sido revestido por las nuevas emociones más vivas que las anteriores, aquellas ígneas emociones derivadas de algo tan simple como lo es el tiempo, quien hace que éstas se sientan cada día un poco menos abrasadoras.
Efímeros momentos humanizados que se convierten en algo más que humano pero que es indescifrable. Tantos deseos de seguir actuando y tan pocas razones para hacerlo. Me resulta ridículo y hasta agraviante tanta fachada.
Podrían decir que soy vesánica y es lo que menos me importa, porque si de sensatez se tratase no podría nombrar muchos seres sensatos que fuesen absolutamente lúcidos. Todos esperan una luz, un motivo de inspiración, y si puedo hacer de la insana momentánea algo de inspiración, no dudaré en ser déspota y sacar todos aquellos pensamientos mortificados. No lo dudaré, seguro que no será así.
Pensamientos innatos, ridiculeces sin sentido, fragmentaciones o simples raciocinios robados; pueden tomarlos como deseen, o si quieren aludirles de otra manera, son absolutamente libres de hacerlo, pues esto es un blog y yo soy escritora y usted un lector que me lee por algún motivo inenarrable.
No busco una correlación entre usted y yo, simplemente busco esculpir un esquema mental del cual no estoy segura ser la dueña absoluta, pero que si bien claro está, ha venido formándose año tras año con el transcurrir del tiempo y de las experiencias.
Debo admitir un cierto desasosiego hacia mis ideas compartidas, pero bueno, ¿qué puedo hacer? es mi inspiración, son mis palabras y en algún lugar debo verterlas, así que con recelo lo vierto aquí, lo comparto y les doy la liberad de leerlo a cada una de las personas que deseen hacerlo, y más aún, se le da la libertad de opinar a las personas sobre lo que leen, sin resentimientos o algún tipo de condición específica.
Son libres, y como seres libres (en un concepto de libertad limitado) son libres de exponer sus ideas, pensamientos y demás, y por ende, de exponer sus criterios y sus opiniones personales hacia mis palabras, pensamientos y deseos. Y aunque como seres libres, se les permite realizar lo anterior, no obstante, debo decir que aunque todas las opiniones son válidas, no todas son de mi total interés. No entienda por esto que no leo todo aquello que comenta y que dice, pues soy un cuaderno abierto donde puede escribir cada cosa que desee, sólo aclaro que varias letras se quedan con tina indeleble y muchas otras con mina de lápiz. ¿Negará usted acaso que también lo hace?
Bienvenido al ingrato enero lleno de propósitos tanto coherentes como ridículos e hipnotizadores. ¿Será usted uno más de aquellos que se esfuerza por demostrarle a los demás qué son todas esas cosas que cumplirá en un año más que comienza? Como si éste no fuera igual a los otros...
martes, 29 de diciembre de 2009
+Despedida+
Tanto tiempo anhelé este momento, tanto tiempo estuve esperando por él e incluso, lo quise apresurar un poco. Cuando por fin ha llegado, me doy cuenta que no era lo que deseaba después de todo. Los cambios siempre son buenos, o al menos eso dicen, pero esta vez es una de las pocas veces que puedo decir que realmente tengo miedo del cambio que pueda venir a partir de ahora.
Es doloroso decirle adiós a una vida que era una rutina y la cual de cierto modo encontré interesante, y aunque fue claro desde el principio, y se sabía que tenía un lapsus de tiempo determinado, se ve tan lejos, que simplemente se olvida y se sigue viviendo hasta que lo sorprende a uno el día del final, aquella rutina se rompe y se vuelve al comienzo, como si nada.
Después cuando hay tiempo para pensar, se puede notar entonces, que es imposible no apegarse a ciertas cosas, es imposible no sentir algún tipo de dolor cuando se arranca desde el fondo aquellas cosas que se lograron aferrar de tal manera. Duele, y mucho, aunque uno no se imagina que dolerá tanto.
Surgen entonces lágrimas, una confusión, un típico vacío juvenil en el estómago, como esos que siente uno al ver a la persona que uno quiere, que le gusta o que ama. Así, eso se siente, se sabe que habrá un cambio, y de qué dimensión. Se vuelve al principio siendo completamente extraño y ajeno a lo que ha de venir, y llegan las preguntas, las que atormentan, las que también duelen...
¿Fue suficiente? ¿Aproveché el tiempo como debí? ¿Desperdicié mi tiempo mientras pude aprender tantas cosas que no desee aprender? Sí, así es, sucede, duele...
Es increíblemente doloroso y algo despiadado lo que se siente, como se vive, saber que es probable que jamás se vuelva a estar en alqué lugar y que si se está, evidentemente no será nunca lo mismo... El hecho de simplemente extrañar todo, llegar a un mundo conocido al que se le perdió la costumbre es un punto difícil de manejar, es un punto difícil de llevar, es simplemente complejo.
Veintiocho días, ¿quién iba a imaginarse? Tan sólo puedo recordarme dando saltitos de felicidad cuando empezó la cuenta regresiva del último mes, recuerdo maldiciendo tantas cosas, diciendo que pronto llegaría a su fin, y cuando estaba a punto de llegar el fin, es que me di cuenta de lo que realmente extrañaría, de hecho, de lo que realmente tenía.
Sentarse en la cama donde tantas veces soñé, dormí, reí, pensé y me revolqué millones de veces sin sueño, parecía hoy una cama desconocida, nueva, una cama neutral. ¿A quién le importaría una cama, una habitación o una simple casa? A mí me importa, porque no sé si será la última vez que esté allí, porque no sé si aquellas voces que con tanto cariño me llamaban estarán ahí la próxima vez que decida volver.
Duele, duele mucho, duele mucho decir adiós, duele mucho llorar en silencio mientras las personas duermen, duele despegarse de aquellas personas que tanto tiempo se pudieron abrazar y que jamás abracé por miedo al rechazo, luego descubriendo que me hubiesen abrazado las veces que hubiesen sido necesarias. Da pena, realmente, sentarse a ver pasar las horas y ponerse a recordar, a auscultar todas esos momentos recientes que tantas veces me hicieron sonreír.
¿Cómo olvidar? ¿Cómo podría sacarlos de mi vida? Es simplemente imposible, ligeramente exagerado y temiblemente erróneo. ¿Por qué llego a apegarme tanto a aquellos a quien no deseo apegarme?
Es bastante curioso y complejo, porque se divide la vida en dos; El antes y el después. Antes de y después de. Por ejemplo, antes de una relación de dos años, o después de la muerte de un ser querido, así es que funciona verdaderamente.
Es difícil llevar a cabo tantas ideas, es increíble las ansias que siento de poder llorar y correr, decirles cuanto los amo. Me dejaron sus palabras plasmadas en papel, me dejaron sus letras marcadas en la memoria sin poder sacarlas, me duele, me duele, y lloro profundamente sentada en esta silla dura que me recuerda en cada momento lo hermoso que era sentarse con ellos tan sólo a beber algo.
Me gustaría decir tanto, que verdaderamente... No sé, estoy tan confundida, tan pensativa que simplemente puedo escupir mis ideas, mis temores, sólo puedo sentarme aquí, a esperar que pase el tiempo, no sé si para alegrarme de volver a ver a aquellos seres o simplemente entristecer porque ya no estaré más junto a aquellas personas que sin esfuerzo, hicieron de mis últimos días los mejores en mucho tiempo. Y tan sólo lo pude ver hasta ahora, después de tantos meses.
Ahora en esta noche de insomnio intento sacar todo afuera, a la 1:20am me encuentro junto a varias personas las cuales para nada me interesan. Unas duermen, otras también tienen insomnio así que sólo caminan, van y vienen con la esperanza de que el tiempo se les pase más rápido, y yo sigo aquí, con deseos de poder dormir, después de un día largo, cansado y lleno de nostalgia.
Recuerdo hoy, a eso de las 4:00pm, me hallaba sentada mirando al techo y pensaba: "Bien, y llegó ese día al que nunca le temí pero que hoy me asusta como nada... Es la última vez en mucho tiempo que estaré acá, con ellos..." y entonces decidí ocupar mi cabeza en alfo mejor: Empacar, empacar y empacar.
Necesito algo de sueño, me espera una larga jornada, a la que por cierto también le temo, puesto que ahora descubrí que nueva peor fobia son los aviones. Sí, los aviones, ni más ni menos, me arde la mente de sólo pensar que tendré que volar a algún lado, y ahora sólo espero que todo salga bien, puesto que por algún motivo que aún desconozco, valoro mi vida mucho más que antes, aunque no me valore a mi misma por lo que soy. Todo es un proceso...
Las palabras se quedaron cortas, mis ojos sólo pueden lagrimear cada vez que recuerdo todo lo que pasamos, todo, todo... Temo mucho, temo tanto, que no sé, simplemente esa mezcla de tristeza y temor me aturde, me deja totalmente vacía, sin palabras, como hoy al despedirme, estoy en un silencio crónico que duele mucho. Me voy con el alma por el piso, con los recuerdos ardientes quemándome y llena de anégdotas por contar.
Extraño ya y aún no estoy lejos, me pregunto cómo será cuando loo esté, cuando de verdad esté lejos y llena de pensamientos en torno a todo esto que he estado viviendo. Me carcomen los sentimientos.
Se avivan en cada momento, ojalá pudiera alegrarme bastante por lo que está viniendo supuestamente, pero la verdad es que en este momento no puedo sacarle alegría ala situación, me está golpeando duro y de verdad que duele.
Mi vida está tan divida que no sé a donde pertenezco. Por un lado jalan aquellos que estuvieron antes, y por el otro jala una vida que no me gustó pero que me dejó cosas increíbles, que me hicieron crecer y me hicieron ser lo que en este momento soy.
Después de una estabilidad extraña me desestabilicé como nunca,me siento sola, me siento con ganas de salir corriendo y simplemente... Hacer que algo llegue, algo vuelva, sinceramente no sé...
Es doloroso decirle adiós a una vida que era una rutina y la cual de cierto modo encontré interesante, y aunque fue claro desde el principio, y se sabía que tenía un lapsus de tiempo determinado, se ve tan lejos, que simplemente se olvida y se sigue viviendo hasta que lo sorprende a uno el día del final, aquella rutina se rompe y se vuelve al comienzo, como si nada.
Después cuando hay tiempo para pensar, se puede notar entonces, que es imposible no apegarse a ciertas cosas, es imposible no sentir algún tipo de dolor cuando se arranca desde el fondo aquellas cosas que se lograron aferrar de tal manera. Duele, y mucho, aunque uno no se imagina que dolerá tanto.
Surgen entonces lágrimas, una confusión, un típico vacío juvenil en el estómago, como esos que siente uno al ver a la persona que uno quiere, que le gusta o que ama. Así, eso se siente, se sabe que habrá un cambio, y de qué dimensión. Se vuelve al principio siendo completamente extraño y ajeno a lo que ha de venir, y llegan las preguntas, las que atormentan, las que también duelen...
¿Fue suficiente? ¿Aproveché el tiempo como debí? ¿Desperdicié mi tiempo mientras pude aprender tantas cosas que no desee aprender? Sí, así es, sucede, duele...
Es increíblemente doloroso y algo despiadado lo que se siente, como se vive, saber que es probable que jamás se vuelva a estar en alqué lugar y que si se está, evidentemente no será nunca lo mismo... El hecho de simplemente extrañar todo, llegar a un mundo conocido al que se le perdió la costumbre es un punto difícil de manejar, es un punto difícil de llevar, es simplemente complejo.
Veintiocho días, ¿quién iba a imaginarse? Tan sólo puedo recordarme dando saltitos de felicidad cuando empezó la cuenta regresiva del último mes, recuerdo maldiciendo tantas cosas, diciendo que pronto llegaría a su fin, y cuando estaba a punto de llegar el fin, es que me di cuenta de lo que realmente extrañaría, de hecho, de lo que realmente tenía.
Sentarse en la cama donde tantas veces soñé, dormí, reí, pensé y me revolqué millones de veces sin sueño, parecía hoy una cama desconocida, nueva, una cama neutral. ¿A quién le importaría una cama, una habitación o una simple casa? A mí me importa, porque no sé si será la última vez que esté allí, porque no sé si aquellas voces que con tanto cariño me llamaban estarán ahí la próxima vez que decida volver.
Duele, duele mucho, duele mucho decir adiós, duele mucho llorar en silencio mientras las personas duermen, duele despegarse de aquellas personas que tanto tiempo se pudieron abrazar y que jamás abracé por miedo al rechazo, luego descubriendo que me hubiesen abrazado las veces que hubiesen sido necesarias. Da pena, realmente, sentarse a ver pasar las horas y ponerse a recordar, a auscultar todas esos momentos recientes que tantas veces me hicieron sonreír.
¿Cómo olvidar? ¿Cómo podría sacarlos de mi vida? Es simplemente imposible, ligeramente exagerado y temiblemente erróneo. ¿Por qué llego a apegarme tanto a aquellos a quien no deseo apegarme?
Es bastante curioso y complejo, porque se divide la vida en dos; El antes y el después. Antes de y después de. Por ejemplo, antes de una relación de dos años, o después de la muerte de un ser querido, así es que funciona verdaderamente.
Es difícil llevar a cabo tantas ideas, es increíble las ansias que siento de poder llorar y correr, decirles cuanto los amo. Me dejaron sus palabras plasmadas en papel, me dejaron sus letras marcadas en la memoria sin poder sacarlas, me duele, me duele, y lloro profundamente sentada en esta silla dura que me recuerda en cada momento lo hermoso que era sentarse con ellos tan sólo a beber algo.
Me gustaría decir tanto, que verdaderamente... No sé, estoy tan confundida, tan pensativa que simplemente puedo escupir mis ideas, mis temores, sólo puedo sentarme aquí, a esperar que pase el tiempo, no sé si para alegrarme de volver a ver a aquellos seres o simplemente entristecer porque ya no estaré más junto a aquellas personas que sin esfuerzo, hicieron de mis últimos días los mejores en mucho tiempo. Y tan sólo lo pude ver hasta ahora, después de tantos meses.
Ahora en esta noche de insomnio intento sacar todo afuera, a la 1:20am me encuentro junto a varias personas las cuales para nada me interesan. Unas duermen, otras también tienen insomnio así que sólo caminan, van y vienen con la esperanza de que el tiempo se les pase más rápido, y yo sigo aquí, con deseos de poder dormir, después de un día largo, cansado y lleno de nostalgia.
Recuerdo hoy, a eso de las 4:00pm, me hallaba sentada mirando al techo y pensaba: "Bien, y llegó ese día al que nunca le temí pero que hoy me asusta como nada... Es la última vez en mucho tiempo que estaré acá, con ellos..." y entonces decidí ocupar mi cabeza en alfo mejor: Empacar, empacar y empacar.
Necesito algo de sueño, me espera una larga jornada, a la que por cierto también le temo, puesto que ahora descubrí que nueva peor fobia son los aviones. Sí, los aviones, ni más ni menos, me arde la mente de sólo pensar que tendré que volar a algún lado, y ahora sólo espero que todo salga bien, puesto que por algún motivo que aún desconozco, valoro mi vida mucho más que antes, aunque no me valore a mi misma por lo que soy. Todo es un proceso...
Las palabras se quedaron cortas, mis ojos sólo pueden lagrimear cada vez que recuerdo todo lo que pasamos, todo, todo... Temo mucho, temo tanto, que no sé, simplemente esa mezcla de tristeza y temor me aturde, me deja totalmente vacía, sin palabras, como hoy al despedirme, estoy en un silencio crónico que duele mucho. Me voy con el alma por el piso, con los recuerdos ardientes quemándome y llena de anégdotas por contar.
Extraño ya y aún no estoy lejos, me pregunto cómo será cuando loo esté, cuando de verdad esté lejos y llena de pensamientos en torno a todo esto que he estado viviendo. Me carcomen los sentimientos.
Se avivan en cada momento, ojalá pudiera alegrarme bastante por lo que está viniendo supuestamente, pero la verdad es que en este momento no puedo sacarle alegría ala situación, me está golpeando duro y de verdad que duele.
Mi vida está tan divida que no sé a donde pertenezco. Por un lado jalan aquellos que estuvieron antes, y por el otro jala una vida que no me gustó pero que me dejó cosas increíbles, que me hicieron crecer y me hicieron ser lo que en este momento soy.
Después de una estabilidad extraña me desestabilicé como nunca,me siento sola, me siento con ganas de salir corriendo y simplemente... Hacer que algo llegue, algo vuelva, sinceramente no sé...
martes, 8 de diciembre de 2009
+Apatía; un fastidio ilógico en la logía común+
Los arrullos del comienzo de un invierno decadente comenzaron a congelar las hojas, los suelos, los pies y de paso los sueños de los habitantes de aquella ciudad. La nieve negra empezó a descender, y de paso llevarse con sus tonadas oscuras, todo aquello que a su paso se hallaba.
El cielo apocalíptico entre gris y anaranjado daba una tonalidad amarilla aquella ciudad que tantos colores que había tenido, dejando a su paso colores cálidos en una ciudad hecha nada, manchada por los rastros de la nieve negra que se posaba casi que en toda la ciudad. Dejó una imagen hermosa, cálida y algo deteriorada de una máscara que tapaba la realidad de aquél lugar; la máscara que logró tapar el frío escenario y llegó a pintarle de verano desértico pero que a los ojos de los habitantes sólo parecía ser el fin de lo que podían llamar mundo.
El silencio se apoderó de las bocas y tan sólo el viento parecía dialogar con la nada, con un silencio tan brutal que parecía ensordecer, e incluso llegaba a enloquecer. ¿Qué había sucedido? ¿Por qué había desaparecido?
Los miles de ojos curiosos se cerraron para siempre en lágrimas de decepción, de desespero. Ojos curiosos, deseosos de saber qué era lo que el invierno se traía entre manos, lo que el helaje les obsequiaría y lo que este año se llevaría, pues el año pasado se había llevado la esencia, dejando aires insípidos, vacíos. Este año había llegado el silencio, y ahora todos enloquecían. ¿Qué más? ¿Qué castigo les impondrían?
Cristalizados en las ramas de los árboles se quedaron mis suspiros. Mucho tiempo anhelé poder descubrirme a mí misma, a mi mente, descubrir la verdadera identidad de mis palabras y de tantas cosas que de mi boca han salido. Rogué mil veces, clamé por un destello, por tan sólo un poco de cordura, de entendimiento.
Tantas noches preguntándome a mí misma me hicieron mucho daño, pero no más daño del que me hizo aquellas amables sugerencias que de niña me hicieron y que incluso en este momento recuerdo como si me lo acabasen de decir. Aquellas palabras retumban aún en mis oídos recordándome cuan miserable soy, cuan miserable me hace aquella maldita dependencia que por tanto tiempo me ha seguido.
Muchas veces me miré al espejo lavada en lágrimas, con las mejillas erosionadas por el maquillaje y por las lágrimas, y vi aquellas expresiones de dolor que tanto daño me hacían, las que me hacían pensar en alguien ajeno a mí al ver ese reflejo tan doloroso.
Deseé muchas veces nunca haber nacido, deseé muchas veces tantas cosas que nunca hubiesen podido ser, y aún las deseo con la misma fuerza o quizá incluso más que antes. Cuando se está verdaderamente solo y vacío, es cuando realmente se puede entender el significado de muchas emociones, de muchas sinfonías de sentimientos, que como cuerdas y vientos se encuentran, haciendo fusiones melódicas hermosas pero incomprensibles.
Escapes varios, muchos geográficos, otros simples ausencias. Tanto rencor reprimido no creo que lleve a nada bueno, y no sé si las lágrimas tan sólo logran apaciguar o de verdad liberan. Pero, ¿por dónde comenzar para que haga sentido?
Aunque sea demasiado, nunca será suficiente, y eso es lo que no logran entender aquellos que juzgan, aquellos que con aquellos ojos dañinos llegan a afectarnos tanto, aquellos por quienes existen los complejos y los temores... Es simplemente imposible parar, sé que estoy al tope, y la verdad es que no puedo parar, no puedo parar de llenarme de tantas cosas, no puedo esperar a llegar al límite verdadero por más llena que esté mi alma, mi cabeza, mi cuerpo. Si no duele no es real, y lo aprendí algún tiempo atrás cuando también era adicta a ése tipo de "calmantes."
Cuando se es esclavo de sí mismo, y de paso un odio reprimido por el ser se halla atascado en el centro, es cuando realmente se logran entender muchas cosas, cuando se llega a sentir odio, repulsión, un deseo de no ser quien se es realmente. Una máscara cubre la cara del protagonista y entonces este parece ser feliz, estar conforme, pero en el interior le atormenta ser lo que es y quien es. Se ve derrotado, se desprecia a sí mismo y de paso se tiene auto-lástima en vez de autoestima. Se castiga, se hiere, y una vez más se vuelve a odiar. Odia verse reflejado en el espejo, ahora sólo quiere huir, refugiarse, seguir en aquél mundo de fantasía donde él vive y se da una autocompasión que sólo le produce lástima y delirios.
Es una droga brutal, y como es una droga, sin ella no se puede vivir. Es la heroína sin ser heroína propiamente, y entonces se cae en la brutal decadencia, se entra a la pobreza interior más vasta y más vana que se conozca, que se imagine. Un lugar fétido, una depresión ridícula, sin fundamentos porque cuando los demás se preguntan qué suceden con uno mismo, se evade la respuesta, pero sólo el mismo ser llega a saber realmente que es lo que sucede, y de hecho lo sabe perfectamente.
Los complejos, los delirios, la autocompasión, el deprecio y la lástima por sí mismo es la inyección más dolorosa que puede existir. Es como sonreír cuando se sabe que el dolor le carcome el alma a uno mismo, el hecho de saber que esa sonrisa la forjan los ojos que están al borde de liberar lágrimas y de arder sobre la piel orgullosa pero destrozada por donde se deslizan.
¿Por qué no hablar de cosas bellas? Bueno, esto también tiene una belleza, algo frívola, pero es hermoso, es hermoso puesto que he descubierto como describir todo aquello que me desarma en segundos pero que con nadie he llegado a compartir. ¿Quién lo entendería?
Es la vida, es un suspiro, y este se va, en un viento helado, en un viento fétido que hace todo un poco más complejo para que se vea con ojos perplejos. El miedo es una característica humana, y mi miedo es propio, mi miedo es personal, y no porque no lo quiera compartir, al contrario, a lo que me refiero es que mi temor está enfocado al ser y no al estar, al vivir y no al respirar, a las opciones que se brindan pero que no se sabe si realmente están.
Ansiedad, detenimiento, ¿qué es esto? ¿por qué hago parte de este anacrónico sentimiento? Preguntas ridículas, quizá sin sentido, sin un trasfondo adecuado, pero que simplemente han nacido, han nacido para ser pronunciadas.
Necesito atardeceres, necesito vivir una vida, no un pedazo de ella, y me he encargado de poder hacerlo, pero no encuentro varias piezas, no encuentro la cordura suficiente para completar el rompecabezas que me quiebra los huesos uno por uno.
Las colisiones, el desespero, la arrogancia, el delirio de superioridad, el egoísmo. ¿Qué pasa? ¿Qué hay? Necesito respuestas, muchas respuestas. Creo que he perdido verdaderamente la razón. Sólo una ola más de divinidad y el cielo se pondrá a mis pies. ¿Es acaso eso lo que deseo? ¿Y es que acaso existe el deseo? ¿Qué es el deseo?
Patrañas, palabras, no quiero más, no deseo más, pero a la vez jamás es suficiente, entonces lo anhelo con ansias vastas, deseo revolverme entre mis patrañas, licuarme entre mis desdeñados recuerdos y volver a la cordura de la que ahora carezco.
Quiero renacer, quiero revivir y más que revivir, quiero vivir. ¿Acaso alguien podría devolverme la vida que se ha ido y que por supuesto perdí?
Apatía, un fastidio ilógico en la logía común. Sí, sí... ¿sí?
El cielo apocalíptico entre gris y anaranjado daba una tonalidad amarilla aquella ciudad que tantos colores que había tenido, dejando a su paso colores cálidos en una ciudad hecha nada, manchada por los rastros de la nieve negra que se posaba casi que en toda la ciudad. Dejó una imagen hermosa, cálida y algo deteriorada de una máscara que tapaba la realidad de aquél lugar; la máscara que logró tapar el frío escenario y llegó a pintarle de verano desértico pero que a los ojos de los habitantes sólo parecía ser el fin de lo que podían llamar mundo.
El silencio se apoderó de las bocas y tan sólo el viento parecía dialogar con la nada, con un silencio tan brutal que parecía ensordecer, e incluso llegaba a enloquecer. ¿Qué había sucedido? ¿Por qué había desaparecido?
Los miles de ojos curiosos se cerraron para siempre en lágrimas de decepción, de desespero. Ojos curiosos, deseosos de saber qué era lo que el invierno se traía entre manos, lo que el helaje les obsequiaría y lo que este año se llevaría, pues el año pasado se había llevado la esencia, dejando aires insípidos, vacíos. Este año había llegado el silencio, y ahora todos enloquecían. ¿Qué más? ¿Qué castigo les impondrían?
Cristalizados en las ramas de los árboles se quedaron mis suspiros. Mucho tiempo anhelé poder descubrirme a mí misma, a mi mente, descubrir la verdadera identidad de mis palabras y de tantas cosas que de mi boca han salido. Rogué mil veces, clamé por un destello, por tan sólo un poco de cordura, de entendimiento.
Tantas noches preguntándome a mí misma me hicieron mucho daño, pero no más daño del que me hizo aquellas amables sugerencias que de niña me hicieron y que incluso en este momento recuerdo como si me lo acabasen de decir. Aquellas palabras retumban aún en mis oídos recordándome cuan miserable soy, cuan miserable me hace aquella maldita dependencia que por tanto tiempo me ha seguido.
Muchas veces me miré al espejo lavada en lágrimas, con las mejillas erosionadas por el maquillaje y por las lágrimas, y vi aquellas expresiones de dolor que tanto daño me hacían, las que me hacían pensar en alguien ajeno a mí al ver ese reflejo tan doloroso.
Deseé muchas veces nunca haber nacido, deseé muchas veces tantas cosas que nunca hubiesen podido ser, y aún las deseo con la misma fuerza o quizá incluso más que antes. Cuando se está verdaderamente solo y vacío, es cuando realmente se puede entender el significado de muchas emociones, de muchas sinfonías de sentimientos, que como cuerdas y vientos se encuentran, haciendo fusiones melódicas hermosas pero incomprensibles.
Escapes varios, muchos geográficos, otros simples ausencias. Tanto rencor reprimido no creo que lleve a nada bueno, y no sé si las lágrimas tan sólo logran apaciguar o de verdad liberan. Pero, ¿por dónde comenzar para que haga sentido?
Aunque sea demasiado, nunca será suficiente, y eso es lo que no logran entender aquellos que juzgan, aquellos que con aquellos ojos dañinos llegan a afectarnos tanto, aquellos por quienes existen los complejos y los temores... Es simplemente imposible parar, sé que estoy al tope, y la verdad es que no puedo parar, no puedo parar de llenarme de tantas cosas, no puedo esperar a llegar al límite verdadero por más llena que esté mi alma, mi cabeza, mi cuerpo. Si no duele no es real, y lo aprendí algún tiempo atrás cuando también era adicta a ése tipo de "calmantes."
Cuando se es esclavo de sí mismo, y de paso un odio reprimido por el ser se halla atascado en el centro, es cuando realmente se logran entender muchas cosas, cuando se llega a sentir odio, repulsión, un deseo de no ser quien se es realmente. Una máscara cubre la cara del protagonista y entonces este parece ser feliz, estar conforme, pero en el interior le atormenta ser lo que es y quien es. Se ve derrotado, se desprecia a sí mismo y de paso se tiene auto-lástima en vez de autoestima. Se castiga, se hiere, y una vez más se vuelve a odiar. Odia verse reflejado en el espejo, ahora sólo quiere huir, refugiarse, seguir en aquél mundo de fantasía donde él vive y se da una autocompasión que sólo le produce lástima y delirios.
Es una droga brutal, y como es una droga, sin ella no se puede vivir. Es la heroína sin ser heroína propiamente, y entonces se cae en la brutal decadencia, se entra a la pobreza interior más vasta y más vana que se conozca, que se imagine. Un lugar fétido, una depresión ridícula, sin fundamentos porque cuando los demás se preguntan qué suceden con uno mismo, se evade la respuesta, pero sólo el mismo ser llega a saber realmente que es lo que sucede, y de hecho lo sabe perfectamente.
Los complejos, los delirios, la autocompasión, el deprecio y la lástima por sí mismo es la inyección más dolorosa que puede existir. Es como sonreír cuando se sabe que el dolor le carcome el alma a uno mismo, el hecho de saber que esa sonrisa la forjan los ojos que están al borde de liberar lágrimas y de arder sobre la piel orgullosa pero destrozada por donde se deslizan.
¿Por qué no hablar de cosas bellas? Bueno, esto también tiene una belleza, algo frívola, pero es hermoso, es hermoso puesto que he descubierto como describir todo aquello que me desarma en segundos pero que con nadie he llegado a compartir. ¿Quién lo entendería?
Es la vida, es un suspiro, y este se va, en un viento helado, en un viento fétido que hace todo un poco más complejo para que se vea con ojos perplejos. El miedo es una característica humana, y mi miedo es propio, mi miedo es personal, y no porque no lo quiera compartir, al contrario, a lo que me refiero es que mi temor está enfocado al ser y no al estar, al vivir y no al respirar, a las opciones que se brindan pero que no se sabe si realmente están.
Ansiedad, detenimiento, ¿qué es esto? ¿por qué hago parte de este anacrónico sentimiento? Preguntas ridículas, quizá sin sentido, sin un trasfondo adecuado, pero que simplemente han nacido, han nacido para ser pronunciadas.
Necesito atardeceres, necesito vivir una vida, no un pedazo de ella, y me he encargado de poder hacerlo, pero no encuentro varias piezas, no encuentro la cordura suficiente para completar el rompecabezas que me quiebra los huesos uno por uno.
Las colisiones, el desespero, la arrogancia, el delirio de superioridad, el egoísmo. ¿Qué pasa? ¿Qué hay? Necesito respuestas, muchas respuestas. Creo que he perdido verdaderamente la razón. Sólo una ola más de divinidad y el cielo se pondrá a mis pies. ¿Es acaso eso lo que deseo? ¿Y es que acaso existe el deseo? ¿Qué es el deseo?
Patrañas, palabras, no quiero más, no deseo más, pero a la vez jamás es suficiente, entonces lo anhelo con ansias vastas, deseo revolverme entre mis patrañas, licuarme entre mis desdeñados recuerdos y volver a la cordura de la que ahora carezco.
Quiero renacer, quiero revivir y más que revivir, quiero vivir. ¿Acaso alguien podría devolverme la vida que se ha ido y que por supuesto perdí?
Apatía, un fastidio ilógico en la logía común. Sí, sí... ¿sí?
martes, 24 de noviembre de 2009
+Segundo aniversario+
Para mis queridos lectores:
Agradezco a ustedes el interés que han prestado a mis escritos, a aquellos que se han inscrito, a quienes han comentado y a quienes son mis amigos.
En este segundo año de existencia del blog, me gustaría una vez más agradecer a todos aquellos que me han dado el apoyo necesario para escribir, a quienes me han ayudado a inspirarme, a quienes me han dado ideas, y a quienes han dado tanto el visto bueno como el malo cada vez que leen mis escritos. Todas las críticas han sido constructivas, y gracias a la sinceridad de muchos es que he podido mejorar bastantes conceptos erróneos, aunque sé que aún hay mucho por mejorar y un gran camino por recorrer.
No quería que este segundo año pasara desapercibido, ya que el año pasado se me pasó en el mes de noviembre hacer un homenaje al primer año de mi blog, pero bueno, acá va el segundo año, y eso es lo que vale ahorita.
Una y otra vez muchas gracias y mis mejores deseos a los otros escritores y artistas que se hallan en mi red.
Atentamente,
La autora.
Agradezco a ustedes el interés que han prestado a mis escritos, a aquellos que se han inscrito, a quienes han comentado y a quienes son mis amigos.
En este segundo año de existencia del blog, me gustaría una vez más agradecer a todos aquellos que me han dado el apoyo necesario para escribir, a quienes me han ayudado a inspirarme, a quienes me han dado ideas, y a quienes han dado tanto el visto bueno como el malo cada vez que leen mis escritos. Todas las críticas han sido constructivas, y gracias a la sinceridad de muchos es que he podido mejorar bastantes conceptos erróneos, aunque sé que aún hay mucho por mejorar y un gran camino por recorrer.
No quería que este segundo año pasara desapercibido, ya que el año pasado se me pasó en el mes de noviembre hacer un homenaje al primer año de mi blog, pero bueno, acá va el segundo año, y eso es lo que vale ahorita.
Una y otra vez muchas gracias y mis mejores deseos a los otros escritores y artistas que se hallan en mi red.
Atentamente,
La autora.
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