sábado, 6 de abril de 2013

+El silencio+


+Se fue marzo, se fue sin una sola letra. Se fue marzo con su nieve, con los recuerdos.
De repente me veo sentada mirando al vacío, mirando como se me caían las hojas, mirando como se me cortaban las raíces y los sueños. Veía como entre las manos se me escapaba el aire, como entre los besos imaginados me faltaba una sinfonía.
Abril no tiende a ser muy diferente a marzo, pero por lo menos tiene algo que se perdió en marzo, la esperanza de ser prometedor.+

¿Dónde dejaste el suspiro? ¿Dónde dejaste el amanecer con los sueños?

Tranquila, tranquila, para eso está el cielo.

Estamos suspendidos entre lineas, pero no importa, sólo debemos dejarnos llevar.

¿Que por qué no debes preocuparte? Es sencillo, porque tengo las riendas de esta historia y no sucederá nada que no desees.

¿Que si yo tengo miedo? Pero ¿de qué? Si estoy contigo... 

¿Que no cierre los ojos? Pero es que si los cierro te puedo ver más hermosa...

¿Y que por qué no te dejo de tocar las manos? Porque eres tú quien me guía con el solo tacto.

¿Y por qué te vas a ir? No, confía en mí, te llevaré... 

No te vayas, créeme, no te voy a defraudar...

Una vez pises el suelo jamás volverás a volar...

¡No! No lo hagas...

(...)

¿Y ahora? ¿Dónde se quedaron tus sueños?

Ahora eres silencio, ya no estás entre líneas...

Me voy, porque así lo quisiste...

No me pidas que me quede, ya es demasiado tarde...

No, tú te bajaste, ahora yo debo seguir solo.

Es hora se seguir solo, ya no puedes ir conmigo...

Te perdono, pero eso no hará que puedas ir conmigo, te perdono y te pensaré en la distancia, mientras nuevamente encuentras algo que te motive a amar, a creer y a confiar. Adiós.



sábado, 16 de febrero de 2013

+Ewigkeit?+



+Ojalá aprendas que para que existan las olas debe haber viento; ojalá entiendas que el viento lo producen las nubes y que las nubes indiscutiblemente vienen del agua+

Entre tanto y tanto todo se fue esfumando, cada gota, cada momento, cada rocío. De repente se fueron desmoronando las imágenes de lo que en algún momento surgía tan de repente. Ya no hubo más, todo se apagó, de las cenizas surgieron los recuerdos, los minutos, los anhelos Hasta la fecha aún recuerdo la fascinación que alguna vez me produjo el deseo efímero de llenarme los sesos de cuanta palabra me entraba por los ojos; todo se volvió netamente crucial, hasta las ganas de respirarla.
Prefiero romperme en pedazos antes que volver a sentir las ganas corroyéndome por dentro, prefiero volver a escapar a un mundo lejano con la esperanza de jamás volver a sentirle cerca, ni a ella ni a su respiración. Prefiero encogerme en mi misma profundidad para jamás abrir los brazos nuevamente al sentimiento recíproco que de repente se vuelve mundano entre miserias.
Al partir mis ojos no mienten, se rebosan de palabras, de injurias tortuosas que sencillamente se van desvaneciendo. Con una mano adelante y otra atrás me lleno de valor para no regurgitar más palabras en vano, por eso el silencio es la palabra más hermosa que existe. ¿Está allí?
Los huesos de repente empiezan a doler, las manos no dejan de temblar, el abandono de repente es un estado permanente, neutral. En el silencio un silbido extremo, de esos que ensordece; de repente se quiebran los cristales al rededor y mis piernas se desploman contra el suelo sin poder saber exactamente qué está sucediendo. Llego al clímax donde el viento helado se cuela por entre mis poros y caigo fría ante los ojos expectantes de ternura, pero ya no hay ternura para dar, ya no hay esperanza. Sencillamente ya no alzo mi mano para esperar que alguien me levante sino espero levantarme sola después de que el sol se ponga, después de poner las manos contra el suelo helado que me va absorbiendo lentamente. La hiel cubre mis pestañas, de repente sólo puedo imaginarme contra la pared, tentada a abandonar todo sin miedo. Aquí estoy, seguramente no volveré.
Clavada entre los puñales de un suceso efímero me encuentro buscando respuestas, respuestas que claramente no encontraré entre las letras de los pergaminos que he escrito en el camino, entre las puertas oscuras que se van abriendo ante los ojos llenos de ganas de flotar. Me llama la luz, aquella luz que me hace sentir la necesidad de morir lentamente entre la fascinación por lo prohibido, la fascinación por mentir para crear mundos irreales a quien desea soñar despierto con los ojos de alma cerrándose de a pocos en bocanadas insaciables de humo.
(...)




sábado, 12 de enero de 2013

+El comienzo y el final+


Hace ya varios días desde que estuve por aquí la última vez. Este lugar me resulta a veces un tanto oscuro, la búsqueda insaciable de la musicalidad entre letras, a veces me hallo encontrándome en este recóndito lugar que a veces ni siquiera posee una salida porque me sigo encerrando entre los mares de palabras a veces carentes de sentido.
Este lugar más que un sitio lleno de vacíos, felicidad, imaginación, me resulta un palacio oscuro de promesas a mí misma que a veces no soy capaz de cumplir. Este es el lugar donde puedo faltar a mi palabra porque a veces la realidad se vuelve inmensa, tan así que soy capaz de aliarme en contra de mí misma basándome en la imaginación entre las yemas de los dedos. Este es el único lugar donde puedo mentir descaradamente para sentir un poco más de satisfacción, donde puedo alinearme incluso con los planetas así ellos no sepan donde estoy.
Escribo en los silencios, escribo con la poesía barata de muchos, quizás escribo lo que otros ya han escrito, llego a los lugares donde otros ya han llegado antes, pero en este momento no me preocupa sumergirme entre las sobras de los demás mientras yo misma construya a partir de estas con mis herramientas, algo nuevo, algo que quizás pueda cambiar mi mundo; ese mundo irreal que muchas veces no entiendo.
No creo en las segundas oportunidades, es un momento donde de repente la mente empieza a maquinar entre lineas las palabras jamás dichas, los pensamientos de sinsabores varios, de experiencias que por pobres que parezcan resultaron enriquecedoras, donde al final del camino me llevaron al punto donde me encuentro situada ahora mismo. Empiezo a contar la historia una vez más, desde el principio pero siempre cambio el nombre de los personajes, siempre modifico los  fantásticos lugares donde surgió mucho de lo que en este momento desconozco y me dejo llevar por el frío, por el frío de las personas, de sus palabras, de sus sueños vacíos incapaces de juntarse con los míos.
Depronto me siento a observar como el mundo gira y no precisamente en torno a mí, porque ni siquiera espero que eso suceda a menos que sea el mundo que creé para mí entre sueños, entre música, entre poesía, entre respuestas que fui encontrando a medida que el camino se hacía más espeso entre los bosques de frivolidad; de egoísmo. Me siento a organizar las ideas, muchas veces las palabras que merodean en la cabeza pero que finalmente nunca concluyen en nada y es por eso que decidí abandonar, a veces con la misma esperanza de que algo me detenga para así poder saber si valió la pena tanta espera a la deriva.
(...)
A veces es complicado sentir y pensar, a veces es más complicado de lo normal toparse entre sueños con ese sueño tan efímero que alguna vez se atravesó en el pensamiento y que de repente fue descartado porque no parecía ser eso que se buscaba, de repente es increíble pensar que quizás existe ese sueño en los ojos de quien entiende las letras de quien lee lo que se escribe, porque muchos se encuentran atónitos danzando entre letras sin siquiera saber de que va la musicalidad de las mismas.
Y sí, sigo postrada bajo ese sueño de otoño, ese infantil sueño de otoño de poder saber quién es aquél que se puede imprentar entre las letras, entre la musicalidad de ellas, pero más allá de eso, ese sueño de ver que aquél que sienta las letras de la misma manera que yo lo hago, sea capaz de escribir en su música lo que las palabras no sean capaz de decir.
+Sigo buscándome sin salida, pero no busco una salida, sencillamente busco el momento exacto para percibir el amor desde otro punto de vista. Alguien que comparta las alas que tiene para volar y emprender un vuelo sin rumbo, al comienzo de todo en medio de la nada.+

jueves, 15 de noviembre de 2012

+Las horas muertas+

+Olvidar o no olvidar es la cuestión. Los días no nos dan tiempo, los tiempos no son necesarios cuando las horas se van agotando de a pocos. Por más de que seamos los creadores de nuestro tiempo, el tiempo nos consume pues somos víctimas de nuestros propios inventos.
Lo que resultó en algún momento de algunas letras dichas no son más que letras que se fueron consumiendo en el café diario, en el vino que fue agotando su sabor a medida que fuimos encontrándonos tan adentro de nosotros mismos. Todo se va añejando, de repente miramos hacia atrás y todo sin remordimiento se hace borroso, nos venda los ojos y las imágenes creadas por nuestras mentes sencillamente se esfuman a medida que las nuevas letras nos pintan horizontes proporcionales a lo que vivimos en la actualidad. De repente cuando rebobinamos ya no hay nada aparte de las manos cerradas y atadas a un presente que quizás muchas veces no deseamos vivir.
Escribí en los lienzos las canciones y en las hojas dibujé palabras que se quedaron sin aliento en el recóndito escondite a donde nadie jamás ha podido llegar. La noche se agota, vete, llegarás tarde.+

+Primer movimiento+

Hace frío hace varios días, depronto incluso meses, he perdido la noción del tiempo. En este momento no se trata de amar a nadie, de recordar lo que alguna vez hicimos y luego por miedo a reencontrarlo, lo suprimimos de nuestras mentes, como si fuera tan fácil de repente rodearse de nuevos pensamientos mundanos que a nada conllevan.
Del silencio nacieron las palabras, pero ya sabemos que todo está dicho. ¿De qué vamos a vivir mañana si ya todo se ha convertido en un cliché?
Hoy me siento liviana, me siento fusionada con la realidad y la mentira. Supuse alguna vez que de la pesadez llega la tranquilidad. Las aguas turbias sin pensarlo en algún momento se cansan de revolotear por aquí y por allá, se calman y cuando retoman la fuerza inicial, vuelven a entrar en su constante ciclo de fantasías, de oscuridad y de profundidad.
Anoche soñé después de varios meses de no recordar nada de lo que había entre mis sueños y pesadillas. Soñé el paisaje, soñé el olvido, soñé el dejar todo para reivindicarme conmigo misma entre tantos papeles falsos que hice y que no me correspondieron nunca. Si parto esta vez, espero que sea por un periodo largo de tiempo, así este mismo hará que las memoirs desaparezcan de cualquier tipo de horizonte, y no precisamente las mías, sino las de alguien más, la de muchos más incluso, que seguirán con sus vidas como si nadie hubiese existido y hubiese ocupado el papel.
Sí, abandono las raíces para de repente encaminarme sin ningún rumbo fijo. Estaré naufragando a la deriva, estaré nuevamente navegando por aguas que no conozco, donde seguramente me encontraré similitudes a algo que ya conocí pero que no logro recordar.

+Segundo movimiento+

De las cenizas irán naciendo nuevas palabras y de las palabras que se convierten en cenizas sencillamente saldrán las sobras de lo innecesario.
Tengo la facilidad de no apegarme a lo innecesario y además, tengo la ventaja de tampoco apegarme a lo que a veces me resulta necesario. Ya saben, me refiero a lo material, a esas cosas o personas que no son siquiera necesarias para subsistir pero que como seres humanos comentemos el error de alabar y de idealizar.
De repente me sumerjo en la mitad de la idolatría y de la tanta bazofia que la gente va diciendo a medida que se forja un camino y me pongo a jugar. Sí, juego con sus mentes y con sus palabras. ¿Por que tendría que ser yo siempre quien se queda en el medio con el miedo y la sinceridad en las manos cuando nadie juega limpio del todo?
Llega un momento de la vida donde de repente al abrir los ojos el panorama no resulta ser el mismo, muy probablemente porque jamás somos capaces de dejar de pensar en una utopía, en ese objetivo perfecto de alcanzar y es ahí precisamente cuando me detengo, me detengo a pensar exactamente en ese esquema utópico que algún día me planteé, al cual incluso le puse un nombre, una edad y tiene una vida por delante.
Sencillamente no es necesario idealizar ni crear utopías cuando realmente nadie va a proporcionarnos esa estabilidad que sólo conseguiremos estando sólo con nuestros Alter-Egos.

+Tercer movimiento+

Cuando la realidad finalmente se desvanece, cuando hace frío, cuando de repente el insomnio predomina y la mente no se calla, nos deja a la deriva. Se encuentra entonces un punto de inestabilidad que parece ser estable. Parece que me encuentro entonces en un punto muerto, en las horas muertas que se vuelven siglos.
Depronto me desgarro el vestido, me hallo en la mitad de dos caminos que no sé hacia donde llevan. La bifurcación radical de ser o no ser, de fingir entre las finas lineas de una frase las palabras que aquél espectador desea leer o en su defecto escuchar.
Sin más llegan esas aves carroñeras a robarse todo aquello que encuentran entre letras, entre palabras, entre los besos que se roban consigo. Intercambian un supuesto amor tan sincero que ni ellos entienden, pero a la hora de corroborar la verdadera esencia de lo que para ellos es l'amour huyen de repente sin más y dejan los besos a medio dar, las manos a medio tomar y el sexo lo convierten en fuentes reprimidas de soledad.

+Les temps de solitude.+

Los tiempos de soledad, esos, sí, tan constantes. No entiendo cómo hay quienes ven la soledad como algo malo. Si bien es cierto, los extremos se juntan, es imposible llenar los vacíos con argumentos efímeros. Es ridículo tratar de encontrar en medio de los silencios prolongados soledad cuando la mente habla por si sola, cuando los dedos tocan una sonata con tan sólo ponerlos en el piano. Es ridículo imaginarse que la mejor manera de pensar es con alguien al lado, diciéndole a uno qué es lo que debe hacer y qué es lo que no cuando la moral no la fija un dios, ni una religión sino uno mismo a partir de lo que uno considera bueno o malo.
Los extremos se tocan y tocar extremos significa llegar a la cúspide de los problemas, de los vacíos, del dolor y del sufrimiento que nadie nos infringe, excepto nosotros mismos. ¿De qué sirve la culpabilité? ¿De qué sirve el miedo? ¿De qué sirve echarle culpas propias a entes ajenos cuando somos nosotros mismos quienes tomamos las decisiones?
No podría nombrar la soledad como mi utopía principal, porque soledad absoluta sería para mí más que el silencio perpetuo el cual sería la muerte, pero si debo atribuirle a esta la belleza del pensamiento, de la claridad, de la sencillez. La soledad no implica no tener contacto con alguien más, es simplemente saber respetar espacios y momentos. Saber que un ser humano por naturalidad necesita llevarse en el silence muchas de las cosas que no comparte sino consigo mismo.

+Il sogno+

Descansar en paz no significa necesariamente morir. Quizás podamos descansar en paz en el momento que estemos en paz con nosotros mismos, incluso con el mundo. El día que saldemos las cuentas pendientes con la vida, con las letras, con las mentiras y con las parabole mentales que nos creamos a diario quizás por nuestros mismos miedos cuando en vez de una vida estamos viviendo una pesadilla, sólo que esta vez no se acaba cuando despertamos sino cuando en el mundo real logramos moldearla a nuestro antojo.
Siempre he pensado que la vida es como la música misma, es un camino que no es sencillo de recorrer. De hecho toma mucho tiempo pensar que en algún momento ya sabremos todos y dejaremos de aprender de esta, pues sencillamente es algo tan grande y tan complejo que incluso cuando muramos nuestras dudas no serán solucionadas completamente.
Aquél que domina su vida es capaz de moldearla a su antojo y vivirla a gusto o incluso en completa felicidad, pero cada quién escoge si hacer con las herramientas que se le dan una desgracia total o al contrario, es capaz de amoldarse tan bien, que incluso la tristeza haga parte de un complemento que genera un balance. Ese balance Senzafine que pocos llegan a encontrar.


sábado, 20 de octubre de 2012

+Asco+

Las letras salieron de sus morgues, de esos sitios llenos ese olor mortecino que le robó el aliento a más de uno. Las mórbidas paredes con ese ambiente a sepia tan peculiar no fueron más que los borradores de los supuestos parlamentos dichos. Esos que escribieron las manos derramadas de los pilares de la literatura en su momento y que ahora sólo les conocen sus hijos.
Las letras se quedaron en ensayos, las puertas empezaron de repente a cerrarse ante los ojos expectantes, el sinsabor de los sueños ya no podía ser ni siquiera relatado; el soplo de aliento se lo llevó entre los dedos ese pianista que se cansó de escribir obras.
La fragilidad de las palabras se la llevó el talón de una bailarina quebrantado por el frío suelo que le acongoja entre sus rodillas.
Esos lazos los soltaron, ahora son libres, las manos ya no están atadas, de repente se encuentran tocándose una a una. Falange por falange se leyeron en su tacto indiferente, de repente ya no es necesario surgir entre la olas del mar, ni entre las corrientes de los ríos. De repente ya no fue imprescindible acabar con el amor al arte.
Todo se resume a la belleza de lo natural, de lo innato. Las palabras qué, se quedan sólo en palabras, en promesas no realizadas. Los televisores transmitiendo la basura más grande existente y las larvas del gobierno se quedaron sedando las mentes. ¿Dónde queda la humanidad?
Asco.

domingo, 23 de septiembre de 2012

+Fantasía+


+Ante más de 365 atardeceres a tu lado pude entender que el tiempo no existe, que los límites de la vida sólo uno mismo los impone y que de por sí no existen límites, ni siquiera el cielo o la tierra. No existen las horas, ni siquiera a veces los minutos. Todo se va desgarrando al ritmo de los violines, de ese staccato tan peculiar que nace a partir del tempo que lleva tu corazón y también el mío.
La felicidad es simplemente un estado, lo acompaña una que otra tristeza sobre las teclas de un piano, la marca el sencillísimo momento en el que te sientas a esperar, como si algo fuese a pasar, pero luego nos damos cuenta que simplemente no es cuestión de esperar sino de dejar que el agua atraviese el camino y perderse en ella, en las noches, entre los nubarrones de humo creados por el cigarrillo, el color sangre del vino y las conversaciones mundanas de que de repente se nos ocurren; es cuando de veras comienza a tener sentido.
De repente la música de fondo ya no me interesa porque tus palabras se convierten mi música, en lo que me da para respirar, sin embargo me cuesta aceptar que sea así. Después de tantos errores cometidos, de tantas falsas promesas de seres ajenos a esta, nuestra historia, me veo caminando contigo de la mano, de la mano de nuestra música, de nuestra felicidad otorgada. ¿Qué más da? Simplemente no puede importar lo que digan, si cae la lluvia y nos moja los tobillos, si nos detenemos en medio de la acera a mirar el mar en nuestros ojos y a derramarnos de amor entre las hojas y las ramas de los árboles.+

Un café solitario, el comienzo de la mañana, una más de todas esas que suelen ser el momento más efímero del día, tan rutinario, tan casual. Me veo mirándome los dedos de las manos mientras con el índice derecho hago círculos al rededor del café. Se supone debo mantenerme despierta y enérgica para comenzar el día de la manera en la que los demás desean que lo haga, se supone que debo cerrar los ojos e imaginar que será un buen día, que todo estará bien, pero no es así. Un sentimiento de desasosiego me abruma y me consume. Me pierdo entonces en el humo del cigarro, en el vapor del café, ese que empañó mis ojos y de repente me lanzó al abismo.
Al final del vacío está él, con sus manos extendidas, con el deseo entre los labios, pero me temo que es mejor callar, callar por miedo a pensar demás, por miedo a caer en cuenta que quizás no existe un fondo, que no existe realmente un supuesto fondo el cual debo alcanzar. Él me mira con sus ojos llenos de ganas, ganas de tenerme entre sus brazos y yo nerviosa cierro los ojos para no pensar, para estrellarme contra el suelo, para no confiar en lo que veo, para imaginar como va siendo mi caída libre. Temí por mi vida, por la de él, por lo que nos concierne o lo que no.
Abrí mis ojos nuevamente, volví a mi realidad. ¿Estaría ahí conmigo o fue sólo mi imaginación?
Pedí un deseo, deseé ser amada, deseé amar hasta que sintiera que mis brazos sentían necesidad de abrazar tanto como mi pecho sentía deseo de ser abrazado. ¿Acaso era real?

Entre las sábanas le descubrí, le descubrí con el alma desnuda, con los ojos brillando, llenos de ilusión de ternura y en los míos se reflejaba ese amor condicionado por el miedo, el miedo de caer nuevamente al vacío sin unos brazos que me acogieran, así como sucedió anteriormente. Sentí temor por él, sentí también temor por mí, por las promesas, esas que no se cumplen, que no llegan a ser ni motivos de ilusión porque es difícil confiar cuando se ha tenido el amor entre los dedos y no han sido capaz de recibirlo.
Me vi frágil, me vi entregando de a pocos sin siquiera darme cuenta que lo estaba haciendo. Le tendí mi mano nerviosa, con el mismo miedo que me condicionaba y mi mente me gritaba que no, pero al parecer mi alma sedienta empezaba a ceder con las piezas de un rompecabezas difícil de armar.
Al otro lado del camino él me brindaba nuevamente su mano y yo temerosa me acercaba a él con la esperanza de poder cerrar mis ojos y lanzarme al vacío de su mano y no sola.

¿Estás ahí? Sólo escucho el eco de tus palabras, el ensueño de la belleza, la fragilidad de los deseos vanos que recorren nuestras manos, nuestras almas enternecidas por un mismo objetivo difícil de describir. ¿Te amo?

Entre las gotas de rocío el eterno devenir de los pasos mal dados, de las innumerables caídas al abismo, de las recaídas insufribles en el mismo constante error. Él ahí, sencillo, paciente, tranquilo. Yo pasmada, asustada, con deseos de amarle pero con las barreras entre el sí y el no constantes que retumbaban en mi cabeza una y otra vez. ¿Que si te amo? Claro que te amo.

Al vacío, sin mente, sin razón, con el alma desnuda, descubierta entre lineas, entre besos, caricias, palabras. No me importa lo que piensen, no me importa si estoy loca, si de repente atento contra varias de las cosas que dije en el pasado. ¿Qué carajos importa si te amo? ¿Qué carajos importa si me pierdo en una historia posiblemente eterna contigo? ¿Qué carajos le importa a la gente el camino que hemos venido forjando?
Es un 'Te amo' indefinido así como indefenso. Es un para siempre que no quiero prometer pero que anhelo con mi alma. Es un: ¿Quisieras pasar el resto de tu vida junto a mí? Porque siento que desearía tenerte a mi lado a término indefinido.

Eres música, eres silencio, eres palabras, eres consuelo. Eres belleza, eres paz, el balance perfecto para el complemento feroz de la vida. Eres... tú. ¿Qué más podría decirte si no es que te amo?

A.F



lunes, 13 de agosto de 2012

+Sensaciones+


Qué fácil fue perderte y no precisamente porque te tuviera entre mis manos; tampoco siquiera por pensar que te fueras de ellas. Qué fácil fue caerse del cielo cuando las letras se convierten en polvo, en ridículas excusas para despertar extremos; para desatar límites.
Qué fácil fue ser el trampolín que te llevó al silencio, que fácil fue ridiculizarte entre besos, entre mentiras. Qué lástima me dio la miseria, qué lástima me dio el olvido. Qué lástima fue la que me regaló tu misma aura, tú triste parecer entre frases de cajón regadas por el piso, las palabras sedientas de tristeza, carentes de amor y llenas de locura.
Qué estúpida manera de comenzar el día, o más bien la madrugada. Qué efímera manera de morir entre el polvo, entre la curvatura de tus labios, los que nunca pudieron ser agua para la mía. Qué momento tan estúpido fue aquél que te regalé dentro de mi silencio. Qué manera tan facilista de borrarme de tus recuerdos. Qué fácil olvidas, que fácil envuelves, qué fácil eres.

Volando, volando entre cuadernos, entre canciones, entre letras, entre frases y palabras. De repente existe una paz que no entiendo. Me siento volar entre el vals de los desdichados sin alma.
Esta mañana cuando me levanté con la mirada perdida buscaba una salida, una salida de no sé realmente qué, porque ni siquiera sé en qué estoy metida y recordé entonces cuando me planté frente a ese balcón a mirar la ciudad vislumbrándose a lo lejos. Vi como aparecía el atardecer y recordé tantas frases, tantos libros, tantas historias diferentes pero a la vez tan repetitivas y me senté sobre mis rodillas a contemplar la magia del supuesto atardecer que todos los humanos adoran. Sigo sin entender la magia del asunto, sigo sin entender las madrugadas, los amaneceres. Sigo sin comprender a qué se refiere todo aquello que con tanta sobredosis de metáforas el mundo expresa.
Sigo sin entender tantas palabras, sigo enfrentándome a la fiel saturación enigmática, a tanto rito que le dan a las cuestiones del amor, porque sinceramente no se lo merece. El amor es simplemente desdichado con quien cree en él. Sigo sin explicarme el porqué de los soñadores cuando no hay nada más estúpido que soñar con los ojos abiertos. Quien vive de sueños luego se desvela con sus propias realidades. Es estúpido pensar que un sueño será capaz de elevar los vacíos insolentes entre los regueros frívolos del enamoramiento y de la razón.
No me explico la capacidad capciosa de aquellos que mucho prolongan lo que no tiene una estructura como tal, los que siguen forjando caminos sin retorno, esos que viven de sólo momentos, de recuerdos, de pasados indelebles. No entiendo la complejidad de lo simple por paradójico que sea. No entiendo a quienes encomiendan su vida a Dios si viven de un Alter-ego, de lo que los demás puedan llegar a pensar de ellos y no bastándoles con eso, de una doble moral acongojada en el famoso dicho que dice que el que peca y reza empata. ¡Patrañas! Viles patrañas.
De repente entonces, desde el mismo balcón empiezo a escuchar a lo lejos un Jazz. Me resguardo entre los sonidos sincopados, entre los silencios, entre las teclas de un piano que me imagino blanco y de cola y una mujer agotada de la vida cantando las cifras haciendo parecer que es la primera vez que canta la misma canción que lleva interpretando desde que comenzó a cantar en bares...  me resguardo tras el vidrio de un vaso, tras el sabor alcoholizado de la demencia, del sabor fuerte del whisky que tengo entre las manos. Me resguardo entre el ardor que siente mi garganta cada vez que paso un trago fuerte.
Siento como se me calienta la sangre, como se dilatan los vasos sanguíneos, como de repente empiezo a atontarme con cada sorbo que doy. Como cada vez que ingresa a mi cuerpo empiezo a perder el control mental.
De repente enciendo un porro, empiezo a analizar el humo que sale de allí, empiezo a detectar como me pongo aún más estúpida y como empiezo a perder noción de la realidad. Me tomo del pelo y empiezo a halarlo, al principio suavemente, luego con más fuerza, con más destreza. Me enrollo mechones entre los dedos, entre las uñas y empiezo a tirar de él como si quisiera arrancármelo. Pronto descubro que la voz de aquella mujer, la que cantaba el Jazz se torna densa, indeleble y empieza a cautivarme. Empieza a llevarse consigo unas cuantas sensaciones. De repente me siento liviana, pasmada, mirando a un horizonte vacío con los ojos llenos de ganas de respirar. ¿Dónde estoy?

I've come to the end, realize what could've been. Sleep so I can take a breathe.


De los silencios más efímeros vienen las palabras.

Simplemente existen dos tipos de realidad. La que vemos y la que queremos ver.

Faith, Fuck.

Bye

martes, 7 de agosto de 2012

+Empathy+



+ Quiero un momento, quizás un instante. Quisiera entrelazarme entre sus dedos, apegarme al diccionario de su lengua, a la posible música que exhalan sus poros a medida que se le acaban las palabras. Las medidas, depronto los límites. Quisiera llevar todo al límite, sí, hoy todo se vale, hoy se vale levantarse con los ojos cerrados, con las ganas escritas en la frente.
El sonido, las huellas, los miedos, la oscuridad, lo que oscila entre letras y lo que no. Hoy quiero esconderme de todo eso, dejarme llevar por los sonidos, dejarme llevar entre labios, entre las manos, entre las suyas. Quitarme el invierno del alma, apaciguar por tan sólo un momento las voces extrañas que le extrañan, que susurran a los oídos sordos, que intentan dar visión a los ojos ciegos, a la desnudez pálida del alma.
Hoy pocos sonríen, hoy pocos se acercan a ese tan hermoso lugar que describen tan sólo en sueños; quizás es sólo un sueño, una melancolía tornada en familiaridad, quizás es todo, quizás es una nada permanente, quizás es más que un suspiro, depronto algo más que un frágil silencio. +

Hoy de repente voy caminando, forjando caminos entre extensos laberintos, entre demasiadas palabras que se dijeron, que flotaron en el aire y que al mismo ritmo que el viento se las llevó con el tiempo las trajo en el momento perfecto. Cuando me levanté supuse caminar entre las calles de esta ciudad, enamorarme de su olor, pero definitivamente la presión que ejerce sobre mí el pesado ambiente me va carcomiendo, me va llevando a la mierda de siempre, me va llevando entre olas de frivolidad, entre detestables sonidos, entre el smog, entre la gente y sus estúpidas conversaciones acerca del tráfico, el clima por matar un poco el fantasma de desorientación que brinda este lugar a cualquier medida. Me hallo entonces con las manos entre los bolsillos buscando una razón lógica para el cielo gris, para las mariposas cafés que empiezan a acentuarse entre la neblina, entre las gotas de lluvia que queman la piel, que van acentuándose a medida que van golpeando sin pudor a quien va pasando por ahí.
Ya viene llegando la tormenta, sólo quedan unos pocos días para dar pie a la despedida sin escrúpulos que realizaré posiblemente de su mano. La electricidad en el cielo me empieza a aturdir los oídos, las palabras sin sentido empiezan a devorarme los tímpanos y de repente recuerdo esa fiel historia, esa que me ha acompañado desde hace unos cuantos meses, por no decir varios cientos de días. Recuerdo el panorama tras el telón de aquél teatro lleno de silencio, donde el eco de mi voz era lo único que habitaba al rededor. De repente la música en silencio comenzó a sonar en mi cabeza y la electricidad empezó a apoderarse de todo lo que me quedaba de este...
Las luces se apagaron, sin embargo el miedo no me rodeó, sabía que esa música en mi cabeza tenía un nombre propio, tenía una mirada única que sabía inundarme de sentimientos y pensamientos varios. A medida que fueron pasando los segundos le sentí acercarse a mí en mi realidad, en mi desnudez. Le vi, pero no con los ojos, le sentí pero con el aliento, le abarqué con mis brazos, cerré los ojos y me dejé llevar de la profundidad de sus manos que tocaban mi cara junto a aquél piano que sonaba a lo lejos.
Le sentí entre el éxtasis de los sonidos, de la lluvia que caía afuera como si fuera a destrozar cada sencillo pensamiento que a cualquiera se le atravesase en el camino; sin embargo no me importó. Me dejé llevar hasta el rincón más oscuro y placentero que pude haber percibido en mi vida, el simple retrato de lo vivido, de lo amado, de lo deseado.

(...)

Palabras que matan

¿Dónde dejó el pasado? ¿Dónde está su futuro? ¿Acaso no quisiera que fuese conmigo a su lado?
No, no, definitivamente ese no es el camino, desde que exista el presente no tiene por qué haber un pasado y tampoco un futuro. ¿Dónde escribió las lineas si no fue entre las cartas? ¿Dónde dejó que el tiempo se llevara las melodías? ¿Acaso no sabe que...? No, no sabe nada, no lo entiende. ¿Me ama? Quizás jamás me amó, pero...

(...)

Saltar al vacío

Me senté bajo el cielo, sobre su pecho, mirando el cielo, mirando como se reflejaba entre las nubes, como le buscaba en el firmamento. Le encontré entre los silencios cargados de full emoción, de palabras enamoradizas, entre risas de pena, entre los lunares de la arena. Le vi en mis sueños y me vi reflejada en los suyos. Quise, quise demasiado, demasiado quizás para romperme tan rápido como una muñeca de porcelana entre sus manos. Me reconstruyó de repente, fue pegando los pedazos con la delicadeza, con la sutileza, con el encanto, con el miedo, con la ternura. Me llevó al límite, me llevó cien metros bajo tierra, de repente me tomó de las manos y me puso a volar.

(...)

So, what...?

It's time for you to write your own story, is time for you to free your thoughts, your soul, the emptiness that has betrayed you so many times. It's time for you to write on the pages I have left, is time to make it happen, to make it better, to say goodbye to what have hurt you. It's time for you to believe, to realize and to make the music and the thoughts begin to fly together. Would you...?

(...)

Inocencia

Yo no escribí el prólogo, tampoco tengo idea de lo qué es una historia aparte de la que he escrito hasta el momento. No tengo idea de cómo se comienza, tampoco por qué se termina o si se vuelve indeleble, infinita. No sé por qué existen las pausas entre letras, entre besos, entre el amor y el desamor. No entiendo mucho de por qué se sufre, por qué se llora para alcanzar la felicidad. No entiendo por qué brillan los ojos, tampoco por qué se apagan. No entiendo el amor, tampoco el odio, no sé siquiera si he sentido odio hacia alguien, pero estoy segura que el amor sí. ¿Qué sigue después?

Sin fin

All yours.




miércoles, 11 de julio de 2012

+C'est lui que mon coeur a choisi+

Alguna vez, en algún momento, ese momento adecuado pensé encontrar (nos) tan juntos, tan apáticos, tan apegados sin siquiera saberlo, tan borrachos de sueños, tan distantes que la piel fuese lo único capaz de unirnos. Esos típicos clásicos ochenteros a lo lejos sonando en el ático que solíamos compartir... sí, nos extraño, nos extraño tan juntos, tan enamorados, tan dejados a la deriva; nos extraño tan llenos de pasión, nos imagino nuevamente en esas escenas tan típicas de las películas que solíamos mirar, como Eterno resplandor de una mente sin recuerdos. Tú tan Joel y yo tan Clementine.. (...) Ya no vale preguntar qué pasó, qué nos pasó, más bien. No sé si fui yo, no sé si fue ella o no sé si fueron ellas, quizás tú o quizás todos juntos...
Yo al menos recuerdo esa tarde en París, esa tarde que a mi parecer fue tan sensual como aquél Jazz que sonaba en el bar de ese hotel, ese ambiente tan citadino, tan diferente a lo que yo solía ser. De hecho recuerdo el sastre que llevaba puesto y esa media cola que llevaba en mi pelo en ese infernal calor de verano. Recuerdo las tantas horas que había gastado arreglándome para estar a la altura de la ciudad, a la altura de sus mujeres, esos tantos kilos de maquillaje que llevaba encima con la esperanza de adornar la ciudad y que no fuere ella quien me adornara a mí y también recuerdo entonces cuando escuché la voz de esa mujer, cuando la vi acercándose a mí preguntando por mi nombre en su tímido acento francés tratando de hablar en inglés. Cuando me dijo que la reunión había sido cancelada no recuerdo por cuál estúpido motivo... ah, qué decepción.
Me veo entonces decepcionada, subiendo por el ascensor de tan magnífico hotel, viendo como todos se saludaban y alardeaban de su dinero, de sus viajes, y yo tan campestre, tan lejos de ser una mujer de negocios, tan sola que me daba lástima a mí misma y tan misógina que no soportaba una sola mujer a mi alrededor más allá de lo que se consideraba usual; natural.
Ah pensaba yo, sería una noche más en esa habitación tan grande y yo con esa maldita manía de prenderme a escuchar música con los ojos cerrados y de imaginarme momentos fugaces... yo con esa maldita ninfomanía y con tan pocos candidatos en tan hermosa ciudad. Yo con tantas fantasías, por fin estaba en París y me daba coraje pensar que no sería capaz de cumplir ninguna de ellas...
Bueno sí, entonces decidí salir. Me puse mis shorts, mi camisita de tiras, esa que tanto le gustaba a Leonardo y pensé "vaya, bueno, si Leo estuvera aquí no habrían pasado quince segundos desde que me la puse para que empezara a imaginar cómo me la arrancaba con los dientes" me reí y finalmente me puse mis tenis. Me miré al espejo, nuevamente me di asco. ¿Cómo era posible que fuera a salir así en París? Si bien es cierto así me vestía yo para salir con todos mis "amigotes" (como les llamaba mi mamá) a beber cerveza y eructar como "la dama" que soy. Así que como la dama que soy pensé con la cabeza, me puse el vestido ese azul que tanto le gustaba a mi mamá verme puesto porque en realidad si parecía una princesita, salí de la habitación con el cabello suelto, los kilos de maquillaje que ya tenía encima, evidentemente un poco corrido ya por el cambio de ropa y el sudor y llegué al loby del hotel, donde todos me miraban de pies a cabeza.
Oculté los pocos Euros que había guardado en mi ropa interior y empecé una caminata por la antigua ciudad; veía Le tour Eiffel a lo lejos brillando, ya el sol estaba entre las nubes ocultándose; mi noche había comenzado.
A mitad de camino miré mis pies y recordé que había sido tan inteligente para cambiarme la ropa pero no los zapatos, así que me dejé puestos mis Converse clásicos. Ahí estaba pintada la princesa.
Fui paso a paso conectada  mis audífonos, como vil extranjera escuchando Les amants de Edith Piaf para sentirme más en París y así mismo caminar entre los parisinos fingiendo ser una más del montón. Nunca me gustó ser de esas que andan con la cámara colgada al cuello sacándole fotos hasta a las señales de tránsito porque están en francés y allí estaba en frente mío Le tour Eiffel por primera vez en mi vida. Tan grande y tan hermosa, tan iluminada. Bueno, debo aceptar que no es tan magnífica como todo el mundo la pinta, pero bueno, es que está en París, ya está. Esa es la magia.
Después de estar medianamente petrificada mirando la torre durante unos minutos decidí seguir mi camino sin rumbo, me interné en las calles de tan hermosa ciudad, vi a los enamorados tomarse de la mano y todos esos clichés enamoradizos que se escuchan en todos los libros y en las películas que tienen a París como escenario... los típicos restaurantes, el barrio latino y recordé que recién había leído un libro que se desarrollaba casualmente en el barrio latino por lo cual empecé a buscar las direcciones y me dejé internar en el corazón de la ciudad. Recordé que fue mejor salir en tenis que en esos zancos que las mujeres "normales" se ponen.
De repente a lo lejos vi las luces tenues, escuché el acordeón que penetró por entre mis oídos y me obligó a retirar los audífonos, a guardar mi reproductor musical y me vi con los ojos cerrados y con la tenue luz de la luna alumbrándome la cara caminando hacia donde la música me arrastraba mágicamente. 
(...)
Si, ya era la hora, ya teníamos que salir una vez más a lo de siempre, visitar a su madre, ya recordé que desde hace un par de años no soy libre se soñar ni siquiera sola, quizás me quedé estancada en la magia que me proporcionó alguna vez la belleza de la ingenuidad, de la inmadurez y de los sueños supestamente compartidos. Él se enamoró de mí como yo de él, pero creció, dejó eso atrás mientras yo sigo enamorándome cada vez más de los instantes...
-Ven ya, se nos hace tarde y tu sigues a medio vestir, ve y apaga el equipo, yo pondré algunas cosas en el auto.
-Ya estoy lista, sólo me faltan los zapatos.
-Sí y tardarás horas en ponertelos. ¡Apúrate! tenemos que estar allí en media hora y recuerda cómo es el tráfico de los domingos.
-Ya voy, ya voy...
-Hm, Ok. Te espero en el auto.
-Apago el equipo y voy.
(...)
Sí, lo conocí en París, lo conocí entre los rincones de la hermosa ciudad, lo conocí en el bar donde sonaba el acordeón. Lo conocí entre luces tenues, en medio de una convención de artistas innatos, en medio de una convención de literatos, artistas y músicos empíricos. Fui a mostrar mi arte a París y terminé enamorándome de los sueños de alguien más con quien pensé podría compartir los míos. Terminé fugándome entre las palabras de la espesa cerveza.
Fue a media noche cuando lo vi allí, solo, tan solo como yo tomándose unas cuantas cervezas. Yo en una mesa sola, fumándome unos cuantos cigarros evitando la ansiedad de levantarme e invitarle a mi cama inmediatamente y tomándome unos cuantos shots de cuanta cosa me ofrecían.
Miradas iban y venían, nada concreto, sólo miradas cruzadas de vez en cuando en medio de un punto fijo y una que otra sonrisa... tras un par de horas se acercó a mi mesa, tras varias risas entonces me imaginé en una película junto a él, con una banda sonora de fondo, con un libro a medio escribir donde malgasté palabras, besos, caricias.
Terminamos en el hotel, pensé me desnudaría como hacen todos, pero nos sentamos a hablar hasta que amaneció, luego me abrazó, sin importar cuan regado estaba mi maquillaje bajo los ojos, cuan rosa estuviese mi boca de tantos besos. Allí supe que me había enamorado irreparablemente.
(...)
-No entiendo por qué siempre tienes que demorarte tanto poniéndote unos pantalones y un saco.
-Sinceramente no entiendo por qué te molesta tanto el tiempo que me tomo en vestirme si siempre llegamos a tiempo.
-La última vez llegamos justo a tiempo, sabes que me gusta llegar siempre minutos antes.
-¿Por qué? Si siempre ella es quien se demora en servir el almuerzo.
-Pues ella es mi madre, a ti te veo todos los días, a ella sólo los domingos.
-Sabes que no le he gustado jamás.
-Pues ya estuvo, fue mi decisión traerte de esa miseria en la que vivías para darte una mejor vida.
-Así que para allá va nuevamente el tema... vaya, qué amena manera de comenzar el día.
-No te lo estoy sacando en cara, sólo te digo que eso es lo que le molesta.
-(...) A ella lo que le molesta es que no sea...
-Completa la frase...
-No, ya estuvo, no quiero hablar más.
-¡Dilo! Por Dios, siempre es igual contigo.
-Que no sea como ella, que no sea de alta procedencia, que no tuviese dinero y peor aún, que no pudiera darle nietos.
-¡Ya me tienes harto con eso! Ella ya te aceptó.
-No lo ha hecho y nunca lo hará.
-Si lo hizo.
-Todo por unos benditos zapatos y un equipo de sonido. Ya está, ya está... déjalo así.
-No tienes remedio...
-Y tu no tienes memoria...
(...)
Supongo se quedó pensando en mi respuesta, seguro por eso no dijo nada. Sé que en este momento el amor es sólo una estúpida costumbre disfrazada de felicidad, pero sé que está con ella, sé que la frecuenta, que le hace el amor de la misma manera en que me hizo el amor a mí la primera vez. Sé que para él es tan mágico que algún día decidirá irse y dejarme todo cuando ella seguramente pueda quedar embarazada...
Ella... ella no tiene la culpa, ella está enamorada, ella se enamoró de él y él la enamoró. Cuando las tetas empiezan a caerse, cuando el culo se pone flácido, cuando de repente te miras al espejo y ves que estás tal y como tu madre en ciertos aspectos se entienden definitivamente muchas cosas. Yo lo amo y lo acepto, pero yo no se lo digo, porque sé que él lo sabe, pero yo sé que ya no puedo darle nada aparte de sueños.
París... aquellas noches en París, París me enamoró y me trajo el amor. Él creyó que era más de lo que había esperado en toda su vida, yo sabía que él era de quién esperé para enamorarme y ahora sólo quedan cenizas, sólo quedan las palabras rotas junto a las promesas que se quemaron en la cama de ella.
Hoy tomé una decisión. Hoy decidí hacerle feliz por última vez en su vida y hacerme bastante infeliz a mi misma por felicidad ajena. Hoy le dejaré volar libre, hoy será él quien se pregunté nuevamente ¿qué pasó? ¿Qué nos pasó? ¿Qué le pasó?
Hoy me voy a terminar la historia, hoy me voy en la noche, mientras él esté allí con ella, besándola, haciéndole el amor como si fuere la última vez. Hoy se perderá mi rastro y podrá irse con ella. Esta noche vuelo a París nuevamente y allí pienso quedarme. Allí pienso revivir y morir en el mismo instante mientras recuerde la pasión entre sus calles, mientras escuche sus susurros en cada ínfimo espacio de soledad que recorra el viento. Hoy le amo, pero le dejo libre por su propio bien y por el mío.
(...)
-Esta noche salgo.
-Vale. ¿Con Leo?
-No, sola.
-Bueno, yo también saldré.
-Vale, está muy bien...
-¿Sabes?
-¿Sí?
-Nos extraño, si tengo memoria, sólo que... parece que fue hace tanto que...
-No tienes por qué decirlo, no tienes por qué excusarte. Está bien, yo entiendo.
-¿Qué entiendes?
-Simplemente entiendo.
-Yo te amo.
-Yo también te amo, pero la concepción de amor ha cambiado entre los dos.
-Quisiera ir de nuevo a París a revivir quizás algunos momentos en nuestra historia.
-Está bien, quizás el otro mes cuando sean vacaciones podremos volver juntos.
-Sí...
-Sí...
(...)
-Adiós-



miércoles, 6 de junio de 2012

+Nocturne+

Entre discursos me fui perdiendo en la belleza de lo inconcluso, en la belleza de la vida. Eso de jurar amor eterno finalmente no va ni fue conmigo nunca. Error tras error, impulso tras impulso, uno que otro tropiezo me llevan a pensar que la soledad acompañada de música son mi única compañía en el camino por más que vaya auscultando almas, por más que vaya despedazando las rocas a medida que la marea va bajando o va incrementando su flujo sobre la triste arena derramada de la playa.
Alguna vez escuché las mismas palabras, ese adiós que me destrozó la vida en su momento pero que el día de hoy logró hacerme más fuerte ante cualquier tipo de situación. Alguna vez pensé que ese adiós fue triste y egoísta, pero ahora lo entiendo perfectamente porque entiendo que es estar absolutamente sofocado, porque entiendo que es dar lo poco que queda a cambio de un poco de tranquilidad, pero nada es suficiente para los demás y tampoco para mí y por eso decidí consumar mis últimas palabras en las despedidas sagradas, en las cartas que logré para nadie, en las canciones que escribí basándome en experiencias pero sin ninguna dedicatoria específica.

Depronto me vi con el alma pequeña, encogida pero sin daño alguno, viviendo una saga de historias algo patéticas que me recordaron un poco esa dualidad amorosa de twilight y que por estos días me dio absoluta vergüenza conmigo al rescatar. Me sentí adolescente, torpe e inmadura, como si muchos fueran a pelearse por mi amor cuando ni siquiera entiendo qué es, cuando ni siquiera tengo opción de dejarlo ser porque no lo siento por nadie y para nadie. Finalmente me sentí adulta nuevamente, a punto de llevar a cabo todo eso que se supone los adultos maduros deben hacer, pero me cansé de actuar de la manera que se supone adecuada. Definitivamente no me gustan las etiquetas, no me gusta seguir el conducto regular de las cosas, simplemente me gusta actuar a mi modo y no precisamente por una estúpida rebeldía, eso ya pasó, ahora es simplemente que quiero vivir a mi manera sin ataduras, sin más.

Miré por el balcón, el paisaje se me asemejaba mucho a una cara conocida, a un momento que no podía recordar, a una canción de tantas que me hacía sentir esa paz, ese amor por la vida que pocas veces se llega a sentir de manera permanente y luego me di cuenta que estaba con los ojos cerrados, escudriñando hasta lo más profundo de mi ser. Más adelante recordé que esa canción que sonaba de fondo era Moonlight sonata de Ludwig van Beethoven (...) ¡Ah! Como me gusta suspirar y luego aspirar hondo, casi que para tocar las fibras de los pulmones y del alma con las moléculas de oxígeno. Hermoso paisaje, hermosas musas sobre el pentagrama, luego las teclas del piano recordándome que si tengo el amor, que el amor lo puedo hallar en cada una de las notas musicales que salen de la banda sonora de mi vida...

Otra vez ese silencio, ahora me vi allí con los ojos abiertos y sin poder hacer mucho frente a la ventana de mi apartamento, mirando hacia afuera, viendo las calles sobrepobladas de gente, de autos, de ruido, de smog; de odio. Esta maldita ciudad, con su maldita gente, este maldito cielo que apenas se puede ver por entre los rascacielos. Ese maldito "aroma" a desdén, a rutina, a personas aburridas colgadas de tiempo, corriendo para ver las caras de sus jefes y como raro, todos los artistas apenas llegando a sus casas o acostándose después de las eternas y fabulosas noches de tertulia. Por eso es que los comunes les llaman vagos, yo más bien creo que son inteligentes, pues aprecian las noches tanto lluviosas como estrelladas para fingir que es hermosa la ciudad, para dibujarla, fotografiarla e incluso cantarla, pero qué va, no es nada, es sólo un espacio lleno de pirujas, amargados y de almas soñadoras reclamando por un espacio menos sofocante y triste...

Un atardecer más, una taza de café en la mano, esa nostalgia derramándose un poco por entre los ojos azules, la bata negra de los viernes y un blues en el downtown a lo lejos; uno de esos bien pobres con falta de escalas y de técnica. Yo aquí sentada, esperando sin esperar nada, escuchando una y otra vez Moonlight sonata seguida de Nocturne de Chopin escribiendo barrabasadas a las que llamo canciones y creyéndome dueña de este día a sabiendas de que el día es dueño mío.

(...)

Buenas noches.