jueves, 16 de febrero de 2012

+Ensuciándome las manos de cianuro puro+

De repente ya no fue necesaria esa llamada diaria, ese afán de tenerle a mi lado, tampoco ese miedo de perderle, ese tan característico miedo que surgía al no reconocerle a sí mismo en sus palabras. Ya no fue necesario ponerle alas a su espalda ni tampoco dedicarle canciones. Está tan convencido de que mi anhelo por él se hace cada vez más fuerte que simplemente nada podrá quitarme de su camino; lastimosamente eso no es verdad.
Creí sentir eso que él también decía sentir, ese curioso sentimiento que se desató a partir de emociones varias que realmente no sé cómo ni cuando terminaron entrelazándose. Entre la espada y la pared, entre el miedo y el deseo, entre la confusión y la seguridad me dí cuenta que de ahí ya no tengo nada que sacar.
Ni para un lado ni para el otro me veo capaz de halar, ya no hay una balanza que me haga dudar necesariamente de las decisiones que tomo o que tomaré porque simplemente a los dos lados de la balanza no hay más que metal vacío, nada para poner en contra del otro, nada para vaciarse las manos o el corazón.
Alguna vez hubo dos tipos de musicalidad, de esas que resultan bien llamativas pero que son simplemente imposibles de mezclar porque aunque su única característica similar es que las dos son obras musicales, no podrían jamás escribirse en la misma partitura; sin embargo, debo admitir que después de todos esos compases, de todas esas notas que se escribieron, todo quedó limitado a un silencio de redonda a cuatro cuartos con signos de repetición infinitos.
Alguna vez fueron música, de repente ya no son nada, sólo hojas en silencio, en blanco, no dicen nada y no es un silencio incómodo, pero tampoco es un silencio que produzca paz, es un silencio neutral que aunque a veces da paz es simplemente detestable.
De lado a lado como las migas de pan se fueron regando sentimientos en el camino, en este momento no queda más que eso, las migas regadas de lo que alguna vez tuvo forma. Es increíble como la vida le paga a los demás el daño que le han hecho a aquellos que de verdad sintieron la música entre suspiros y que eventualmente no son nada más que aire malgastado. De letras inaudibles pasé a ser las canciones que reproducía la rockola de sus mentes perturbadas, me convertí en ese todo de la nada en la que esta "música" se convirtió.
Diminutas frases a las que sólo supe responder con monosílabos, son las conversaciones que dicen tener conmigo. ¿Acaso se puede sacar de tan hermoso código algo tan simple como un "te quiero"? Lo dudo, de ahí no hay nada que se pueda sacar, no hay nada que se haya librado de la caja de Pandora que tarde o temprano ha de destaparse y sin miedo a las consecuencias me mofo, me mofo de ridícula que fui y de lo ridículo que es, de lo poco convincente que me resulta creer en el amor cuando mi alma se encuentra en un perpetuo silencio, en una calma tan profunda que ninguna de esas dos melodías podrían llegar a atormentar. Ahora díganme, ¿quién juega más sucio?

viernes, 3 de febrero de 2012

+142536+

Entre las calles me perdí, me sumergí en las cenizas del otoño, me fasciné por lo inexistente. Los océanos ya no me sabían a sal, los ríos dejaron de ser dulces, todo se convirtió en simple agua, de esa que corre por el lavamanos, la que sirve para bañarse, para lavar los platos, para cocinar, todo me pareció lo mismo. El frío corroe la sensatez, de repente es difícil diferenciar entre la realidad y los espejismos que se proyectan en mis ojos cada vez que me parece conocer algo nuevo. Entre tanto y tanto preferí irme por la tangente, olvidar por unos segundos qué era toda esa belleza estética que me rodeaba y entonces me volví parte de las cenizas, de cada sonido, de la equivalencia, de lo igualable y lo inigualable, de lo tangible y lo que me resulta poco tangible.
De repente entrelazando caminos, enredándome en el pavimento, en el cielo, en los pasos, en las voces desconocidas me aferré al amor que estos me producían, pensé en encontrar una persona entre tantas, pensé en tocar a alguien tan duro como el pavimento pero tan inspirador como el cielo, tan ilegible como las voces y tan constante como el viento, pero difícilmente lograba concluir un par de palabras con seres de mi alrededor, difícilmente me motivaba alguien a surcar entre palabras para finalmente llegar a ese punto donde realmente deseas o más bien, ansías verle nuevamente. +S.E.E.M.P+

jueves, 19 de enero de 2012

+Aunque no cantemos para ti, cantaremos contigo+

Solitaria en sus recuerdos, con tan solo 17 años, se sentaba horas enteras a contemplar el paisaje, a sentir como el aire frío le rozaba las mejillas, como se le secaban los labios y como sentía que se le helaba la nariz cada vez que inhalaba. Veía como el vaho iba saliendo se su boca cada vez que suspiraba.
Abajo, casi al final de aquél espeso y extenso bosque había una cascada, allí se mojaba los pies desde que era niña, cuando escapaba de los trabajos que le otorgaba su abuelo sin que este se diera cuenta y fue allí cuando se enamoró del agua pura de esta, de los peces que se sumergían cada vez que ella se acercaba y que con el tiempo le reconocieron y tomaron confianza.
De repente se sentaba en los troncos, a contemplar los pájaros emigrantes por el invierno, a percibir cada pequeño ser vivo que se encontrara cerca de ella, le fascinaba la naturaleza, le fascinaba sentarse a ver el atardecer, el crepúsculo cuando el cielo se ponía violeta mientras el sol se escondía ente las montañas que se percibían al fondo.
Después de varias tardes de otoño, finalmente llegó a aquél bosque nuevamente, donde empezaron a caer los primeros copos de nieve que el invierno trajo para ella... vio como el agua de la cascada empezaba a tornarse sólida y como el aire que era frío se Con nostalgia cerró los ojos y comenzó a recordar aquella tarde de invierno donde salió a pasear algunos años atrás, cuando aún era una niña. Recordó con nostalgia que ser adulto era el fin de la magia, esa que sólo los niños entienden y de sus ojos salieron dos lágrimas que al caer por su cara se fueron congelando.
Recordó entonces cuando de entre los árboles se había desprendido una de las últimas hojas que quedaban en las ramas y que por el peso de la nieve cayó entre sus manos. Con torpeza ella la acercó a su nariz y la olió con delicadeza e inocencia y cuando abrió nuevamente los ojos vio como curiosos los animales le sonreían.
Ella se acercó a ellos y se dejaban tocar de ella, lo que antes sonaban como ruidos animales, luego se convirtió en una hermosa canción que ningún humano aparte de ella podría haber entendido y fue como durante los siguientes años volvía cada invierno a esperar que la última hoja cayera para entonces así desatar la magia de los animales que cantaban gustosos para ella.
Al cumplir los quince años volvió al bosque aquél como de costumbre por los últimos años y esta vez espero a que la hoja cayera, pero cuando cayó y la hoja y la acercó a su nariz le olió a podredumbre y ya no estaban los animales, simplemente podía escuchar el viento que se colaba entre los árboles.
Sintió pena por ella y se preguntó si se hallaba en el árbol equivocado pero recordó que había marcado este árbol con una cinta roja que seguía allí cuando miró la cúspide de este...
Sintió pena nuevamente por sí misma...
De repente se comenzó a alejar, pero sintió que alguien le seguía, era un conejillo gris que en su pata llevaba atado un papel... éste se acercó a ella y con curiosidad Christine tomó el papel que este traía, cuando se volvió hacia el conejo este ya no estaba.
Christine leyó en voz alta:
Para tu cumpleaños número quince ya habrás dado el último paso para ser una mujer adulta y es por eso que ya no verás de la misma manera la magia que trae la naturaleza consigo. Ahora eres un adulto y aunque recordarás lo que has vivido en los últimos años, esta será la última vez que la naturaleza cante para ti.
Christine cerró los ojos y aferró el papel a su pecho, pero cuando abrió los ojos y se volvió al papel no eran más que hojas de otoño secas y malgastadas.
Se marchó con tristeza, pero con la esperanza de poder escuchar nuevamente cantar a la naturaleza.
Dos años después se hallaba nuevamente allí y esa vez había decidido darle su último regalo a la naturaleza... esta vez cantaría ella para los animales y los árboles...
Comenzó a cantar su canción, acapella, luego el viento le acompañó en a segunda frase y así se le fueron uniendo los sonidos de la naturaleza en su canto hermoso...
Al final, entre el viento escuchó una voz que no conocía..
Y le dijo al oído.. quizás ya no cantemos para ti, pero si podemos cantar contigo...
Christine volvió a casa feliz y desde entonces compuso canciones para llevarlas cada otoño y cada invierno y que la naturaleza se uniese a ella en su canto. Escribió un diario y al día de morir, su hija frecuentó el bosque donde repitió la misma historia.

viernes, 23 de diciembre de 2011

+Violeta, eres la música+

Entre tanto y tanto se fueron llenando las copas, los lugares vacíos, se fueron secando las lágrimas, esas que durante meses no cesaban; me atreví a responder a un "te amo," me atreví a escudriñar entre los sentimientos, dentro del alma y llegué hasta el fondo, a ese fondo que parece no acabar, a ese que cada día se hace más extenso y más profundo.
A una cuestión en particular puedo responder con palabras varias, con montones de canciones, con poesía, con música, con el arte abstracto que me caracteriza, ese que sólo yo llego a entender. Pronto entre tragos de saliva, entre el ritmo agitado de mi respiración que marca los beats de una canción te puedo responder tal pregunta que me haces cada nada y que siempre respondo diferente dando rodeos sin decir nada concreto, sin tener nada de por medio, pero si quieres que te cuente un cuento puedo crear uno que sea para ti, uno que sea nuestro.
De nuestra historia ya van unas cuantas páginas, unas cuantas vividas, las otras las imagino y las recreo en mi mente ¿sabes? Desde hace tiempo no escribía con el alma en la boca, con esas tantas ganas de ir cantando cada palabra que quiero decir, que deseo escribir y por supuesto vivir y no te digo que no porque no lo hubiese sentido sino porque simplemente la claridad llegó a mí desde el momento en que pude tomarte en mis manos nuevamente, pero aquí va nuestro cuento, aquí va el comienzo de la historia. Escribiré algunas páginas para que me entiendas, para que entiendas por qué muchas veces me es tan difícil hablarte sobre lo que siento cada vez que siento como respiras cerca de mi oído. Aquí voy... aquí vamos. Perdí la costumbre de hablar en plural cuando me refiero a mí como persona, pero ahora que hablo como persona y como complemento debo acostumbrarme a usar este tiempo verbal que muchas veces olvido que existe. Aquí vamos.
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Una noche decidí vaciar mis bolsillos, olvidarme de todo aquello que existía a mi alrededor, me dejé llevar por la música, me dejé envolver en el silencio mental para así suprimir unos cuantos pensamientos que agobiaban mi cabeza. Poco a poco me fui adentrando más en la música, en la cordialidad de aquellos seres que estaban junto a mí con aquellos vasos copados de trago y hielo y yo en medio de mi sobriedad, ebria de palabras, de vacíos, de patrañas mentales. Me introduje entre una multitud, me uní a ellos creando una mancha de variedades, me creí parte de ellos por un momento, pero luego fue inútil llegar a la misma conclusión de siempre: Aquí no encajo por más que lo desee.
Seguí compartiendo sonrisas varias, esas que son efímeras, quizás hasta poco sinceras y me ubiqué en un lugar estratégico, me gusta ver más no que me vean, de repente mis ojos brillaron, ya fuere por las luces varias de aquél lugar o qué sé yo, ese lugar con un olor bien particular y poco agradable (ella lo entiende bien) y de repente me quedé esperando, esperando por el momento, ese que finalmente llegó. Las luces se apagaron y de repente estaba la música ante mí, esa que no sabía que sería mi música, pero a lo que yo llamo música de verdad. Ahí estaba, ante mí, la inspiración, la música, la sonrisa permanente que se me pinta en los labios una y otra vez.
Noche tras noche lo que comenzó como una simple maqueta lo que se fue convirtiendo en música, aquello que de repente me vicia tanto como la nicotina que me envicia cada noche un poco más mientras trato de encontrar la logía de tantas emociones reunidas. Esa música es violeta y de repente entre los vacíos se fue colando por entre los poros de mi alma. De repente pude encontrarle entre mis versos, entre mis canciones, entre las cuerdas de mi guitarra y supe allí que sería inspiración. Le soñé, le soñé sin saber qué era, le soñé entre mis manos, entre mis brazos, en mis labios, entre las noches, entre las nubes y casi siempre de madrugada. Sabía que a esa música que se coló entre mis huesos no quería regalarle la luna, no me pertenece y más allá de eso hace parte de los clichés más intransigentes que existen en el mundo, pero le dije que siempre sería la misma luna para nuestra música, esa que ella y yo creamos con el tiempo, con los momentos y con las palabras; le dije entonces que se fijara en la luna porque aunque muchos le estuvieran mirando, sabría que por lo menos pese a la distancia de sus notas y de las mías estaríamos siempre mirando al mismo punto.
Entre suspiros me fui enfrentando el tenue lila de sus palabras, que en poco tiempo se convirtió en un violeta intenso y fue allí cuando le invité a soñarnos tanto despiertas como dormidas, le invité a soñarnos bajo el árbol aquél que sólo ella y yo conocemos.
Tormentas varias arrasaron de repente con el árbol, arrasaron con la capacidad de soñarnos y se cortó la respiración, se cortó la melodía y la armonía, de repente una sensación de desesperanza se coló entre los dedos, entre las voces interiores de cada una, se cortó la inspiración, la música y fuimos parte de aquella penumbra de monosílabos que se encontraban en diferentes espacios y a destiempo. Ya no hubo más música. De entre la tierra se forjaron las raíces, pero dolían más que las agujas, nos enterramos levemente en un invierno permanente que no permitía atravesar más allá del papel con tinta derramada por doquier.
De la cafeína nació el aroma de la soledad, de la fascinación por la misantropía, nos sumergimos en un mar de desilusiones y pensamientos errados que con el tiempo se volvieron silencios incómodos, momentos de nada, recuerdos de nada, efímero, como siempre, ya la luna no sabía a mucho, probablemente empezamos a mirarla a destiempo.
Finalmente entre rocas y arena le fui dejando ir, así ella luchara por nuestra música, así se esforzara en prender nuevamente la llamita de la vela que se fue extinguiendo lentamente hasta dejarnos en la penumbra.
De repente la llama se alzó nuevamente, el hecho de poderle sentir cerca de nuevo llevó todo a un punto donde la llama fue creciendo, donde las mañanas olían nuevamente a café, donde el violeta que se había vuelto lila de nuevo renació, volvió a tomar su intensidad y se fue colando en las tardes, entre la quietud, entre los múltiples momentos de felicidad que compartimos, entre los atardeceres donde el sol iluminaba el camino muchísimo más fuerte, donde nos aferramos la una a la otra tanto que no existían los demás por un momento. La amé, me amó, la música cada vez se hizo más profunda, más hermosa, se fue regocijando en nuestras almas, en nuestro deseo intenso de seguir adelante con cada una de las notas y del ritmo que claramente lo marcaba nuestro corazón.
Aún no puedo darle final a esta historia, aún no puedo encapricharme en tener que ponerle un final que no existe aún. ¿Te ha quedado claro? A mi no, pero es lo más preciso que puedo hacerlo... continuará...

lunes, 19 de diciembre de 2011

+Mentiras por excelencia+

Mentiras por excelencia, esas que llenan pero no engañan, esas automentiritas que suele uno decirse a sí mismo con el simple consuelo de que quizás algún día todo será diferente. ¡Bah! Patrañas, nada es diferente, nadie cambia, nadie espera cambiar por alguien así muchas veces lo prometan o lo planteen. De repente miro a mi alrededor y todo lo que he cultivado se viene al piso, así como las promesas, esas que como he venido diciendo desde hace tiempo, se rompen fácil o más bien, nosotros nos rompemos tan fácil como ellas. ¿Qué más da?
Es entonces cuando se llega a la conclusión de que todo es temporal, que existen efímeros; efímeros que duran segundos, años, meses, pero que finalmente, con el tiempo se deterioran para llegar a ser simplemente efímeros. ¿Dónde se quedaron los "te amo"? ¿Dónde se quedaron los "para siempre"? No, nada es para siempre, ni siquiera el aire lo es, tampoco el latir de un corazón o el para siempre de una supuesta amistad que decía ser tan sincera y tan pura como la sal. Se prostituyeron las palabras, siempre se siente esa soledad como condición impuesta más no deseada por más que se haga una barrera en contra de nuevos conocimientos precisamente para evitar este tipo de situaciones.
¿Culpables? Ya creo yo (que como siempre) la culpa la tengo yo, porque su orgullo no deja más que esas palabras flotando en el aire. La búsqueda constante de fama, belleza y perfección fue esa que nos aisló, yo siempre tan lejos de todo eso y él siempre tan dispuesto a dar de qué hablar. Al final de eso quedó un pobre niño vacío que se refugia en tragos de alcohol, en música fuerte para callar sus propios pensamientos y en llaves con aquél polvillo blanco que sólo servía para probar una vez más que sí era capaz de llegar a tal punto. Apariencias al fin y al cabo, nada más que eso.
No podría decir que le extraño, no podría decir que su ausencia me ha dejado el vacío que siento, porque ese vacío no lo llena él, no lo llenará nadie jamás, ese vacío es ya bien conocido, es permanente más no constante, no sé si me haga entender. Podría extrañar quizás momentos, quizás eso tan efímero que llevaban las palabras, las tantas horas que dediqué a enseñarle, pero no aprendió, no se quiso quedar con nada de eso, sigue allí, en ese sendero sin final, ese que hunde y que no libera, que ahoga pero no saca a flote.
A veces me cuestiono de su tal fortaleza, de su implacable orgullo. ¿Será tan real como lo demuestra? Creo que es tan frágil como yo, pero tan incierto como el deseo que tiene sobre la vida. Es tan incierto como su esencia, finalmente fui yo quien le mostró el mundo al que ahora pertenece, pero si de algo estoy segura es que tomó el camino que yo siempre le dije que no debía tomar; ese camino donde terminan los pobres solitarios, donde se ahogan las penas en el alcohol y en las malas costumbres tan sólo por un pequeño efímero e irreal trozo de fama que le proporcionan aquellas personas de mentes vaciadas que sólo desean un rato para huir de sus mentes, esas mentes que gritan atención y soledad.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

+Palabras+

Que si me quiero ir, me voy, que si me quedo no será por nadie más que yo misma. Should I stay or should I go?
Que si lloro sea por mis méritos, no por los de nadie más, que si desaparezco nadie me extrañe, pues ya me basta con extrañarme a mí misma, quizás la esencia. De las palabras nacen entonces las dudas, la facilidad con la que se rompen las promesas, así como de estas se desatan los ciertos actos por incumplir. ¿Qué más da? Lo que perciben los demás jamás será de igual manera ante sus ojos, quienes quieren creer que me fui para olvidarme, pueden creerlo, quienes necesiten mis brazos para un abrazo no podrán entender la razón por la cual me estoy yendo, sin más, sin relacionar, sin llegar a conclusiones preguntando, pero sí sin preguntar.
Pueden quedarse, puedo irme, pueden irse, podemos irnos. Conjugar los verbos en pasado es mi mejor especialidad, porque para presente y futuro me es imposible llegar a una conclusión, me es imposible hablar del futuro cuando ni siquiera está en mis manos.
Tiempo presente, tan difícil de identificar, sólo se queda plasmado entre palabras, claramente, cuando no tiene una fecha establecida, tras un segundo todo lo que hemos dicho será pasado, será un pasado continuo quizás, mientras la vida misma continúe, mientra sigamos allí, tan encasillados en las palabras, tan emocionales, tan humanos, tan instintivos; tan envidiosos.
Las palabras evaden, limitan, sensibilizan, por eso las he dejado un poco de lado, pero qué más da, cuando las noches frías de este año han sido tan frágiles como las mismas. Son fáciles de malinterpretar, son fáciles de evadir, de llevar, de extrañar, finalmente siempre es el registro que queda de las acciones, motivos; la exactitud.
Jamás seremos libres, jamás seremos libres de ellas mientras no encontremos un mecanismo de escape, siempre seremos esclavos de cada palabra dicha pues seremos esclavos de las palabras hasta que estas se rompan para no limitarnos.

jueves, 10 de noviembre de 2011

¡NO!

Tantas frustraciones, tantas mentiras, el aire se torna tenso cada día, cada vez más difícil de respirar, cada vez más denso menos respirable. Vale resaltar que en las noches llega a pesar incluso más que las mismas palabras dichas, que los mismos deseos de salir volando, de ser libre una vez más. Entre los ojos siento las lágrimas, el incierto frío que va cortando entre dientes, que va congelando cada pieza simple a la que se está acostumbrado y de repente ese NO que todos pronuncian sin reparo, ese triste NO que corta cada ínfima pieza de esperanza, ese típico NO al que todos están tan acostumbrados...
Difícilmente me dejo llevar ya por mis emociones porque cada vez me cuestiono más de qué es una emoción, de qué es el sentir, cada día se siente menos o al menos se obliga a la mente a dejar de sentir por pequeños lapsos de tiempo y con tantas preguntas vuelvo al rotundo NO que da respuesta a todas aquellas preguntas que maquina mi mente. ¿Qué hay después del NO si sólo hay frustración?
¡Sí! Me he mentido, le he mentido a los demás, con la excusa de que ellos también lo hacen y entonces me refugio en argumentos inválidos, como los demás lo hacen, me refugio en una vida paralela inexistente que debo aceptar me encantaría que existiera, pero a la larga no son más que deseos que se camuflan entre letras, esas tantas letras que gritan, que hablan, que expresan aquello que se desea más que no se tiene. De tanto en tanto se cierran las puertas, se cierran las ventanas y sólo me ensimismo con la patética excusa de que existen barreras que claramente existen pero porque se han ido creado de pocos a medida que el tiempo ha ido pasándome...
¿Adiós? Ni siquiera se puede pronunciar, los hechos lo dicen, ese adiós no pronunciado pero que de algún tiempo para acá es tan común entre aquellos que me rodean, ese típico adiós que nadie puede pronunciar pero que va a regañadientes con ese NO que dicen las miradas, las acciones, ese NO al que aún yo no me puedo acostumbrar. ¿Uno más haría la diferencia?
Víctima como victimario, supongo, así son todos lo humanos, o bueno, somos, porque empiezo a incluirme entre ellos. Es triste saber que no se es de alguna u otra manera pero que para salir de ciertos hoyos negros y vacíos hay que demostrar lo que no se es para no estar por debajo de la frivolidad humana, de los engaños, de las mentiras, de los ojos vacíos de los demás. Es una guerra irreversible después de estar tanto tiempo convencido que se puede contra el resto del mundo, contra el resto de los seres idénticos.
¿Agradecer? Quizás a la vida, quizás a las experiencias, quizás a lo que deja cada una de ellas, quizás agradecerle a las mañanas por el sol o por la lluvia, porque es lo más natural, supongo, creo que no he conocido algo más natural que el sol, la lluvia, el invierno, el verano, el otoño, porque aunque en algún momento creí que las palabras eran naturales me di cuenta que todo lo que sea de manipulación humana es trasgiversado a tal punto que ya no es cuestión de escribirlas sino de creerlas; yo también sé jugar. En este momento ya no es cuestión de encajar, es cuestión de sobrevivir dentro de una jauría de leones, dentro de un mundo que dejó de pertenecerme, o incluso que jamás me perteneció.
De repente se sienta usted y comienza a relacionar, comienza a atar cabos, a ver realmente la realidad de quienes supone como amigos, compañeros o incluso como seres vivos, no es más que una cadena de favores, no es más que un triste desdén que va de un lado a otro gritando en vano, no es más que el vacío que deja la zozobra después de recapacitar, de conocer, de experimentar; de ahí las barreras intocables, esas que no se pueden sobrepasar. Se llega de nuevo a ese punto, al punto del NO, del que nadie sale, del que nadie cesa y es ahí cuando usted logra intervenir por sí mismo, repito una vez más, ensimismándose y volviéndose tan egoísta como los demás.
¿A quién pretende engañar? Bueno, eso está claro, se pretende engañar es precisamente a ese débil, al que es puro, al que no se conforma con sólo una simple visión banal de la vida y todo lo que es puro termina por deteriorarse de una manera u otra, se va dejando esa esencia tan pura en el patio de atrás hasta que la podredumbre logra tragárselo entero. El moho y el óxido logra entonces pudrir todo lo que estaba fresco, esos deseos de volar lejos, de escudriñar en cada rincón por esa sed de conocimiento y finalmente termina en el NO del que vengo hablando.
Bajo cada poro existe un propósito, o al menos eso se supone, pero he llegado al punto de no reconocer entre las máquinas y los humanos, entre lo real y lo irreal porque a veces lo que es tan tangible es lo más irreal, lo que menos conozco, lo que me satura y me lleva a pensar que todo es simplemente igual, sólo que tiene un empaque que le hace parecer distinto, ya sabe, esas tan comunes apariencias que le joden la vida a cualquier idiota que se atraviesa en medio del camino.
Cuando se logra salir de la bola de cristal, cuando se logra ver el mundo desde afuera, es que se desea volver a aquella bola de protección y jamás salir, pero es tarde porque se ha degustado entonces lo que en realidad es bien amargo, lo que en realidad no se es capaz de llamar por su nombre, lo que se supone como la realidad pero no es más que bazofia.
¿Qué puede ser tan terrible y tan irónico como para olvidar lo que es la realidad? Bueno, ¿pues quién podría hablar de realidad cuando todo es tan conceptual? Es ridículo pensar que en realidad existe una realidad y que algo es tangible cuando ni siquiera la vida es tangible. ¡Maldita verborrea! ¡Maldito sea el día en que decidí confiar en las palabras! De sí en sí que me fueron convirtiendo las palabras en negación absoluta, en nada más que lo que son ahora, sólo caracteres que se los lleva el viento con el cliché. Cada palabra tan cliché, tan usada, tan repetida, tan repetida como cada ser humano que habita la tierra. ¿Que existen los diferentes? No, eso no existe, todos son iguales, diferentes envolturas pero básicamente son máquinas de destrucción que mascan cuanta cosa encuentran en el camino. ¿Ya qué se puede esperar?
Aprovecho el regurgite mental para entonces agradecer a mis palabras (irónicas) por darme la oportunidad de escribirlas, a las experiencias y a los seres humanos por darme motivos para escribirlas y para luego releerlas y asquearme un poco más, agradezco a los límites por estos cuatro años persistentes que no me han dejado matar la inspiración; definitivamente, gracias a todas esas personas, experiencias y todas esas cosas que me han hecho criticar(me) por permitirme sacar algo de provecho de ellas, gracias por estos cuatro años que cumple mi blog este mes.
Ahora sí... adiós. Los mortales se despiden y heme aquí despidiéndome, quizás muera hoy, mañana o en unos años, pero me despido en caso de que este sea el último vistazo que usted le pueda dar a mis letras (si es que alguien está al otro lado leyéndolo, sino... pues ya está, adiós al viento)
+¿?+

jueves, 3 de noviembre de 2011

+No memories for unsaid goodbyes+

Do you remember me? I'm the one who's talking from afar, the one which is hanging on your hands, the one who's waiting for a sign, maybe for a little smile. Do you remember those days? When we used to walk along the highway, when we promised that we would ever promise... do you remember me now?
Now I'm across that bridge, the one behind the shadows, on the river, behind those broken trees, where are you? I've been looking for some shadows but actually is quite difficult to find shadows in between this dark water. There's no moon, there's nothing around, just the air I'm breathing.
I'm watching the landscape... which landscape? I don't really know, I'm just closing my eyes in the darkness while I imagine every single word I can remember and I might tell you, there's nothing about us in between those words. What happened to us? What happened to all those colors around us while we used to be so close? We broke as fast as humans break promises, we just lost our way to heaven and there's nothing left, nothing left from the both of us... we were two hearts inside one soul, now we're two souls with no heart. Isn't that funny?
While you're tearing me apart I've got to find other ways to remind me, because darling, I don't really remember who I was before I met you... what have you done?
I had my eyes wide open, and I resemble between the walls of hope and loneliness. Why is it so complicated to understand? Why do we always find a reason when there are no arguments?
I'm talking to you, even if I don't really remember your name. It's sweet how you're a painkiller for my nightmares but you're the worst nightmare I've ever had. Inside my head there are some cramps I must deal with, because baby, I'm so fucked up, I lost everything, I lost my way in between the pills, in between the cuts that actually never healed. But don't worry, I don't need any tourniquet, I'll bleed until it's worth (or maybe worthless?)
Bittersweet, just like your lips, just like every kiss you've given me. Giving up is an option, love isn't, you can't decide who you are about to love, you don't even know if you ever loved because love has no meaning in the dictionary. There's no fucking definition for life, there's not a fucking definition for what's worth or not, there's nothing around me.
I wish you were here as much as I would like you to disappear completely. I wish I could kill you as much as I'd love to kiss you.
+No memories for unsaid goodbyes+

domingo, 16 de octubre de 2011

+Las estrellas para los lunáticos, para mí dos tragos de soledad+

Una oda por el nudo mental; una oda a las letras, a las palabras y a lo precisamente indescriptible; a tantas puertas cerradas con el deseo de ser abiertas y al deseo de cerrar las que fueron abiertas por la susceptibilidad.
Me recordé hace un par de días y me recordé frágil y sensible, me recordé dividida en una dualidad poco comprensible, entre dilemas y palabras, entre odio y algún otro sentimiento que realmente no sé si pueda llamarse amor. (¿?) Me recordé firme ante la susceptibilidad, firme ante una decisión ridícula de tomar, firme ante la palabra de un ser ajeno que llegó a gobernar cruelmente sobre mi vida, sobre la esencia de ella. Quizás se lo agradezco en parte, quizás agradezco que de repente las mofas frente al espejo no son al alma pero si al cuerpo, quizás me agradezco a mí misma por cada una de ellas en la mañana o al medio día después de despertar con los ojos expuestos a la luz del día y a la opacidad de unas cortinas que logran tapar el sol que yo no pude tapar con un dedo. A veces me gusta creer que soy dueña de un juego que ni siquiera yo misma he creado, pero claramente eso es algo totalmente ajeno a lo que vengo hablando sin poder parar. En fin.
Variando entre excusas, entre maneras de rechazar varias ofertas, entre maneras de deshacerme de lo que ni siquiera me pertenece, me vencí frente a la dualidad de ser o no ser, de estar o de simplemente ausentarme. ¿Para qué estar de cuerpo presente cuando el alma divaga bien lejos de las tierras? Bueno, ya está, darle contentillo a las personas últimamente se ha vuelto deporte entre paredes y vaya usted a saber a dónde me va a llevar tanta bazofia. Sí, asentir frente a los demás a veces se vuelve un juego, como jugar a las escondidas sin que los demás lo sepan, jugar a destiempos, a crear sincopas en mundos reales (o bueno, quizás irreales.) Es un juego que resulta divertido para el creador del mismo y no obstante, termina siempre alguien perdiendo y lastimosamente suele ser el que nunca ha jugado, pero bueno, no me desviaré más del tema principal, seguiré dando lata con tanto romanticismo y sentimentalismo.
Entonces, sí, me vi allí, bien sencilla, bien simple, postrada ante el espejo desconociéndome o mejor, reconociéndome entre letras, releyendo algunas tantas cosas que solía escribir antes con tanta pasión y por las que ahora sencillamente siento desdeño, siento sinsabor, como si jamás les hubiese conocido. Debo aceptar que a veces duelen las palabras que se leían tan degustables, dolió la sencillez y la inspiración con la que estaban escritas porque realmente se leían tangibles, reales, como si realmente en algún momento hubiesen existido y de verdad sí que extraño la sensación de espontaneidad que pude llegar a sentir en aquél tiempo, porque aunque frágil como una porcelana, pude verme envuelta entre caracteres bastante tangibles, esos que no necesitaban rebuscarse en medio de la imaginación para que tuvieran algún tipo de coherencia sino que fluyen de repente tan natural como la respiración, esa respiración entrecortada que a veces acompañaba esas cuantas letras que en su momento fueron todo menos efímeras. ¡Vaya diferencia! Ahora sí que escasea la coherencia y la pasión entre letras, entre lineas; ahora sí que es difícil sentarse a escribir sin distraerse de repente con cualquier nimiedad que se atraviesa por enfrente.
Ella (y cuando digo ella, me refiero a la inspiración) fue la motivación que muchas veces necesité para sentirme jodida pero que muchas otras sirvió para sacarme de hoyos profundos y oscuros, lastimosamente en este instante ya no queda nada de eso más que la noción de las letras escritas en el pasado, que por cierto ya se quedó bien atrás entre rimas descompuestas y terciopelo desgastado. (...)
Pero aunque suene triste no lo es ¿sabe usted? No es triste en lo más mínimo, es simplemente corrosivo haber perdido el alma en las letras pasadas y ahora estar forjada a las rocas de la cascada, a la frialdad que se expone ante ellas, a la soledad que produce el consuelo de un encierro permanente. (Como si usted supiera a qué me refiero...)
Ahora entre rima y puro teatro escribo un par de pasajes bastante lejos de un viaje, escribo pasajes de lineas, ya sabe usted, esas que uno empieza a escribir de repente en una noche de domingo y que simplemente no tiene que pensar porque los dedos se deslizan suaves y solos sobre el teclado, entonces se dice a sí mismo "bueno, parece que ya fluye" pero a diferencia de antes, lo que hay hoy entre lineas carece de coherencia y de sentido y se siente un poco frustrado pero feliz de no estar en la posición que estuvo tiempo atrás cuando todo se leía tan "bonito." Parece real ¿verdad? Pues yo aún no sé si lo es, pero la verdad no me importa si es uno de mis tantos mundos paralelos o es mi Alterego pronunciando palabras por mí. ¿Ya qué más da?
Y entonces se halla allí, buscando el principio en el final y el final en el principio y se siente un poco desorientado entre sus propias lineas, e incluso le cuesta creer que haya sido usted mismo el que se atrevió a escribir tanta barrabasada pero definitivamente ahí está usted, entre las lineas, disperso, pero allí está cuestionándose si realmente ha sido usted y bueno, se convierte en un círculo vicioso, así que opta por seguir con el texto sin mucho importar si está postrando el comienzo en el medio de este porque ni siquiera tiene claro cuando acabará...
(...)
Entonces ahora la lluvia y el frío como excusas, las cobijas como refugio, la calidez de algunas palabras que no llenan los vacíos pero que al menos logran amenizar las madrugadas que prefiero no invertir en sueño porque conozco bien el ritual antes de dormir y me siento horas enteras a ver como los caracteres que mi cerebro reconoce toman una forma casi indeleble y llega él mismo a convencerse solo de que quizás la próxima vez será diferente. Claramente el engaño mental es el mejor de todos porque aunque se es consciente de la realidad, por supuesto jamás se aceptará a sí mismo que es una mentira. Y entonces entre sueños el frío, por eso empecé a temerle a Morfeo entre lineas, empecé a temerle a Morfeo cuando me llamaba a los sueños, cuando finalmente estaba en el umbral ese del sueño prolongado y empecé a temerle a las mañanas que eran el único escape. Mi escape se convirtió en la jaula donde empecé a conocer la verdadera sensación de desespero, de desprendimiento.
Curiosamente ahora las mañanas en vez de oler a café huelen a compromiso, a veces me arrepiento de haber abierto una de las tantas puertas que medio abrí para dejar colar un poco de viento nuevo porque resultó más contaminante que el que se hallaba conmigo entre moléculas de dióxido de carbono, entonces comenzó el rebusque de la libertad, esa libertad que ahora añoro pero que probablemente rechazaré cuando le tenga entre mis manos. Curiosa la vida ¿verdad? Cuando se está de alguna manera u otra siempre se busca lo contrario para buscar una supuesta estabilidad que no se tendrá nunca ni con el balance de los contrarios y ahí es cuando me dijo "¿Por qué siempre con tantas palabras en la punta de la lengua y tan pocos cojones de decirlas?"
Vaya sensación es aquella sensación dual donde los cuerpos necesitan una dualidad (valga la redundancia) para sentirse cuestionados, entonces nada les llena, todo es simplemente vacío, pero entonces se pierden entre letras fantásticas que en su momento no lo fueron y ahí están otra vez tratando de encontrar sensaciones entre lineas pasadas, quizás untándose de un poco de inspiración pasada que parece haber terminado siglos atrás. ¡Ja! Vaya, como si en realidad la fueran a encontrar.
Y como refugio real la música, esa que se cuela por entre los poros, realmente el único escape medianamente coherente que no se puede ver más sí se puede sentir y allí se llega al punto final, al unto indeleble, se llega a la codicia, a la soledad, a la verdadera cara del alma y las alas imaginarias que se alzan entre nubes; allí nadie ha sido capaz de llegar en algún momento y eso es lo que precisamente me hace dudar. Lejos, bien lejos es que finalmente se encuentra un punto intermedio, sin embargo este jamás le llenará el vacío, jamás podré postrar una clave de sol en la luna, porque bien lógico, es de sol aunque no sea el mismo concepto y me quedaré entre lineas antes que entre estrellas. No pienso arrancarlas del cielo para dárselas a nadie ni espero que nadie lo haga porque el romanticismo se quedó en el pasado, en las letras que me recuerdan quien fui y quien jamás pretendo volver a ser.

lunes, 19 de septiembre de 2011

+La firma del terciopelo+

En un espacio tan reducido, entre lineas a veces tan efímeras, a veces tan repartidas, a veces inducidas y a veces tristes, me encuentro frente a un reto, un reto que las palabras no explican, que las lineas no llenan, que la música quizás podría describir pero aún así no sería suficiente. ¿Es posible que me pidas esto? ¿Es posible que me pongas un reto de este nivel? Ya está, ya está, están las palabras, está la música, están también las expresiones pero no podría decodificar todas aquellas palabras que quizás le dan el significado a aquello que eres, a aquello que significas. Difícil reto, pero aquí voy, hasta donde mi inspiración me deje llegar, hasta donde mis palabras no te limiten.
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Le vi, no recuerdo muy bien la primera vez ni el lugar exacto, me temo que han pasado varios años, días, meses e incluso horas desde aquél primer encuentro tan casual, desde el primer "hola" desde el primer abrazo, desde el primer "te extraño" tan extraño como él, como su esencia, como sus palabras y su música.
La banal realidad de sus pasos, la frialdad que quiso despertar en algún momento que se vio opacada por su calidez simplemente cautivaron un poco de mí esencia y sin dudar la esencia de muchos otros que seguramente le recuerden en cualquier lugar del mundo. Él y sus tan reconocidos sarcasmos, esas respuestas sin salidas, sus ojos brillantes, su sonrisa tan clara, tan única que seguramente no es fácil de olvidar. Sí, le recuerdo, le recuerdo como si hubiese sido ayer, como si la distancia no nos hubiese separado jamás, como si aún siguiese junto a mí, a ellos, a todos los que dejamos en el camino. Nos dedicamos a dejarnos ir tiempo atrás, años atrás cuando aún éramos pequeños e inexpertos, cuando creíamos haber vivido la vida como se supone que se debía vivir pero ni siquiera habíamos empezado a vivirla del todo.
Un cambio, bastante claro por cierto, fue aquél que nos arrebató del medio, esas ganas de vivir, esos sueños que él decía tener junto a los míos, esas tantas noches sentados en una sala con unos cuantos vodkas encima, él tan soñador y yo tan elevada, esas noches nos dejaron en un presente ausente en este preciso instante, pero bueno, ya no hablaré más de nosotros, hablaré específicamente de él, de aquél personaje que se quedó bien guardado en ese baúl de los recuerdos de la juventud, ese que abro cada determinado tiempo en medio de la soledad del cuarto de San Alejo y que desempolvo como excusa de mis ojos llorosos.
Aquél joven soñador, ese que no se encuentra en todos lados, fue el producto de las teclas del piano, de las partituras envejecidas y de las notas entonadas de canciones varias. Fue aquella sonrisa, fue aquél lugar que jamás entendí, las cuerdas de la guitarra que jamás supe afinar del todo pero que cantaba con su voz las canciones más hermosas. Las huellas de un futuro, de un pasado alocado, la extrañeza y la sencillez, la complicidad y la complejidad; las lágrimas, los extremos, el ser y no ser, la presencia-ausencia, la dedicación, el empeño, el talento. ¿De dónde salió?
Entre las teclas blancas y las negras, empapado de corcheas y de negras, de Schubert, de Bach y de Mozart se dio a conocer; un pianista fantástico con mucho estudio por delante, un talento innato desperdiciado entre las lineas de Freud, un talento triste y frustrado entre las lineas del conductismo, entre las lineas de la logía de la mente, un talento desperdiciado entre las matemáticas básicas, entre los filósofos que le robaron la vida. ¿Espejo? Sí, quizás el espejo, quizás los ojos del camino, quizás esa extraña razón por la cual levantarse cada día con un sabor dulce en la boca.
Las luces, los flashes, el "dance-floor" y los bailes, aquellos que cantaba su mirada muchas veces vacía en medio de los beats de los grandes parlantes. Un cliché sin serlo, una excepción a cada regla, un poco de esto y de aquello, un poco mío y un poco de los demás, un destello de felicidad, una máscara que pocos lograron quitar, el estremecedor sonido de una voz cantante, los dedos de un artista, las manos de un escritor de historias. El corazón de un enamorado de la vida, la soledad de un poeta enamorado del amor sin siquiera haberlo conocido. ¿Quién eres?
Efervescente, complicado en su defecto, un poco impulsivo ¿sabe usted? Un poco activo, un poco pasivo, un tanto emocional, un tanto irreversible y un tanto negativo. La ley ilógica de Murphy, la indecisión ante la decisión, la perfección como esquema más no como estilo de vida. Morfeo en su esencia, desidia, un poco de codicia, un poco de tiempo un poco de anacronismo. Se me perdió entre los dedos la palabra que conjugase todos aquellos verbos en presente, pasado y probablemente futuro. La vie, l'amour, la passion... Liebe? Vertrauen? Versprechen? ¿Qué más puede ser? ¿Qué no puede llegar a ser?
Sensatez, pero definitivamente llegué a la conclusión de que no es posible, las palabras duelen, retractan, los hechos se cuentan. "En mi cabeza sonaba mejor, en mi pensamiento sonaba coherente" (?)
Te amo.