domingo, 31 de julio de 2011

+Contraste+

Odio los silencios prolongados, las noches en vela. Odio los recuerdos machucados entre notas musicales y el leve olvido del que carece la madrugada. Sin embargo, me fascina el color de las mantas y el leve olor que tiene el rocío al alba.
Odio el no sentirme viva cuando respiro, odio pensar que ya todo se ha dicho cuando yo lo he pensado y me molesta profundamente encontrarme mirándome al espejo y encontrar a una persona diferente a la que yo reflejo interiormente. Sin embargo aprecio las madugadas llenas de música, las falencias de los otros de las que me alimento para hacerme más fuerte y ni se diga de los vacíos silencios que acompañan las palabras tristes de aquellos que buscan refugio en lo efímero y frívolo.
Sí, estoy agradecida tanto como decepcionada y desdichada, pero al menos me siento feliz y aunque no conforme con tal felicidad, me gusta la opacidad cuando es necesaria.

sábado, 16 de julio de 2011

+El estanque+

Las luces apagadas, el cielo cenizo y el fuego quemándonos. Las hojas tristes que escribí se van quemando en tal hoguera que creé con el propósito de dejar el colapso atrás y enfocarme en el amanecer, en el horizonte, un horizonte que ni siquiera está claro, que no puedo descifrar. Me siento a ver como se consume esa pieza de alma y con este me consumo yo, se consume ese pequeño trozo de mí que alguna vez regurgité por medio de palabras y que de repente empieza a incinerarse, a consumirse como la misma fragilidad de los sueños que deposité en ellas.
Aquellos momentos que con suavidad dejé pasar, son el conflicto interno que se halla en el vaivén de la tinta, de las letras que postré ante mis ojos muchas veces con estos inundados de sentimientos, de momentos, de silencios y entonces me escondí tras las hojas, tras la pantalla de un ordenador, tras las historias que creé para aquellos seres inexistentes que supongo leen aquellos trozos ínfimos de incoherencia que salen de la boca invisible que me fue borrada. Fui ese dibujo que fue eliminado, fui esa obra de arte que terminó por ser botada dentro del cajón del olvido, aquella musa a quien le fue borrada la boca para permanecer en un silencio permanente; Definitivamente escribirle al olvido es como gritarle a las paredes sordas para aislar el sonido de los oídos sordos de los que le rodean y los cuales no perciben ni la noción de lo que puede ser cada frase.
Simpleza, complejidad y franqueza. ¿Qué ha sido de todo aquello? Se quedó oculto en las frases llevadas por cierto sarcasmo, se quedaron olvidadas en el frío halo del viento en las mañanas, esas típicas mañanas donde el café es aquello que le da un olor diferente a cada uno de los amaneceres, a cada madrugada fascinante que eventualmente termina por convertirse en un soplo de nada, en las cenizas quemadas de la hoguera donde se manchan los pies con las sobras del carbón, donde las manos ya no pueden hacer mucho porque finalmente se ha cegado la realidad.
Fundida entre te amos falsos, sobre gustos reprochables e irreales me vi frágil ante la realidad, me vi sumergida en mundos y papeles los cuales no me correspondían y fue allí cuando francamente me dediqué a perder las letras, a encontrar inspiración en musas inexistentes, fue cuando finalmente me dediqué a crear historias de amor que me hacían saborearle de a pocos, pero cuando finalmente iba a dar el último trago, me daba cuenta que debía optar por devolverme al punto de partida devolviendo todo ese amor creado a su contenedor y envidiando a los personajes de las mismas por estar cruelmente enamorados del amor. Fragilidad al fin y al cabo.
Desdichada crueldad, desdichado falso dolor, tantas lágrimas desperdiciadas en una idea más no en una acción como tal. La música, el arte, qué sé yo, una que otra película que me inspiró a escribir letras indelebles. ¿Y qué hay de las sonrisas? Esas si que ocasionalmente fluían con naturalidad, llegué a pensar que la felicidad se había convertido en dependencia, llegué a confundirme entre amor, sexo y vicio y pensé que el agua servía sólo para beber. Ridícula visión falsa, ridícula expresión y estúpidos momentos de ira desahogados bajo el agua, finalmente terminaban por ahogarse más y más.
++++
Cuando la vi bajo las sombras me dí cuenta de que se hallaba lejos de casa. También me dí cuenta que era ese amor que deseaba amar toda una noche y al día siguiente perderlo en medio de las ataduras. Sabía lo herido que podía terminar, sabía que podría joderme y quemarme las pestañas al acercarme al fuego, al fuego de esos ojos, de esas lágrimas, pero sabía que si no me acercaba la perdería antes de tenerla, así como cuando se tiene un objeto en las manos y antes de comprarlo alguien se lo arrebata a uno de estas y se lo lleva consigo. En cualquier momento podría llegar algún otro desgraciado como yo y pudo llevársela antes que yo, como un trofeo ganado, así que sin más preámbulo me acerqué a ella suavemente; comencé por hablarle de todo menos de aquello que le afligía.
-En verdad no entiendo por qué las nubes toman formas tan peculiares en la noche de esta ciudad...
-Supongo que vemos lo que queremos ver.
-¿Y qué hay del viento frío de las noches de septiembre como esta?
-No son más que el manifiesto de la proximidad del otoño y el final del verano.
-Y si fuere como usted lo quiere ver, así como las nubes a la que les veo la forma que deseo, ¿cómo le gustaría que se viese el viento?
-Me gustaría que el viento fuese azul... me gustaría verle azul...
-Y si entonces uno ve lo que quiere ver, así como dice usted, probablemente el viento lo vea usted azul... ¿no?
-No, no lo hago, es sólo una idea pero ya está, no va más allá de eso...
-Entonces las nubes tienen formas ¿verdad?
-Supongo que la tienen, el punto es que usted plasma en ellas su imaginación y la que esta quiere ver porque es algo de cierta manera tangible... el viento simplemente se siente y se deja ir pero no se ve...
-Sí, es cierto, pero si lo siente lo percibe con sus sentidos...
-Sí ¿y qué con eso?
-Que la visión es un sentido así como lo es el tacto y el olor... si percibe el aire con el tacto usted puede hacer de él lo que desea...
-Bueno, pues sí, tiene razón...
-¿Y entonces? ¿Puede ver el viento azul?
-Quizás...
-Vamos, inténtelo...
-Ya lo hago... pero bueno, qué más da... ¿a qué vienen tantas preguntas?
-No lo sé, quizás puedo ser un hombre entrometido por decidir entrar en el espacio que estaba creando usted para sí misma, pero la verdad es que me llamó la atención la forma en la que miraba hacia adelante...
-¿Y es que acaso qué tiene mi mirada?
-Está vacía, sus ojos no pueden ver el viento azul así intente decirme que sí lo hace...
-En este momento lo menos que me importa es el viento o las nubes o su nombre...
-No ha sido mi intención ofenderle con mis preguntas.
-No lo ha hecho, simplemente que el hecho de que se acerque o no, o de que me pregunte por mi nombre o me diga que me quiere follar esta noche me dará lo mismo puesto que aunque lo percibo con mis sentidos, me tiene realmente sin cuidado.
-¿Y entonces por qué me ha respondido?
-Por la misma razón que le dí en mi frase anterior...
-¿Desea que me vaya?
-Me da igual.
-Y si le invito una cerveza ¿le dará igual también?
-Ya me he tomado tantas que una más o una menos no hará la gran diferencia...
-Entonces vamos.
-Vamos.

Me sumergí en su sonrisa, en sus labios frágiles, en su voz, en su mirada perdida, sabía que le daría igual si pasábamos la noche juntos o si de repente me levantaba al baño y no volvía, pero a diferencia de ella yo sí me había enamorado de ella, de su fragilidad tanto como de su fortaleza.

-¿Y cómo se irá a su casa?
-Yo no me iré, pero si tiene afán puede usted irse, yo puedo quedarme acá sola tomándome otras cuantas cervezas.
-No, no tengo afán tampoco, sólo me preguntaba si traía auto o tomaba el metro...
-Ah.
-¿Cree usted en el amor?
-El amor es cosa de locos ¿sabe? Pero yo no soy lo suficientemente loca como para creer en él, así que es obvia mi respuesta.
-¿Qué pensaría si le dijera que estoy enamorado de usted?
-¡Jaja! En verdad podría reírme la noche entera de ello..
-¡Jaja! Sí, lo sé, es verdad, ridículo pensar en ello.
-Los hombres creen que por decirle a uno un par de palabritas suaves y decir que están enamorados de uno, uno se enamorará inmediatamente. ¡Qué ingenuos son!
-Oh no, mi intención no era esa, la verdad...
-La verdad usted sólo quiere pasar la noche conmigo y por eso me ha invitado a tomar una cerveza y no siendo suficiente ha estado hablándome toda la noche. Yo no soy estúpida.
-Tal vez tenga razón y creáme que no pienso que sea estúpida. Sí, es verdad quiero pasar con usted la noche.
-Pues no más lo hubiera dicho y no le hago perder su tiempo ni su dinero...
-Me parece más interesante saber con quién me gustaría pasar la noche...
-Pues a mi no, así que vamos a un hostal.

+++

El estanque frío me revolvió el estómago con su olor. Me perdí.

viernes, 1 de julio de 2011

+Destino: La perdición. Comienzo+

Me dediqué a perder, me dediqué a satisfacer mis necesidades a punta de nimiedades. Me confié del futuro incierto que parecía bastante claro y desafortunadamente me acostumbre a la no costumbre; me acostumbré a la rutina que parecía no ser una rutina como tal. Caí en el círculo vicioso, en el ciclo al que no dí fin.
Me dediqué a enamorarme del amor más no de personas, a escribir por escribir y sólo salió basura, sólo salían letras con dedicatoria. ¿Será que finalmente nos dejamos ir? Yo en verdad creo que sí. Finalmente me dediqué a la vida por vivirla sin siquiera detenerme en un sólo respiro de gracia y es aquí cuando me encuentro escuchando nuevamente mi dulce Anathema, cuando finalmente me rehuso a escapar de las notas musicales, cuando por fin me doy cuenta que el camino es el que yo elijo por más que este parezca estar perdido en medio de una nube de humo, de tristeza, de lágrimas y de cariño no correspondido.
Me caí en el recuerdo, en lo prohibido, en el panorama tibio y en parte debo agradecerle a esa pieza de fragilidad que apareció de repente en medio de todo esto, en medio las nuestras que finalmente ya no son mías por lograr hacer desvanecer una que otra hoja que aquí se halla presente.
De repente me pregunto dónde estoy y hasta qué punto he llegado, pues muchas veces vale más presentar una fachada inexistente que una cara real. Si de ti algo aprendí fue que el amor no se puede explicar por medio de la lógica y que las palabras no pueden describir sentimientos innatos; no me pueden describir a mí. Esa maldita costumbre de tratar de estropearlo todo con palabras que resultan siendo clichés, que resultan siendo todo menos especial, todo menos imaginativo. Resultan estas partiéndose en pequeñas piezas lanzadas al olvido y se sigue ahí en el medio, con el humo entre los dientes, con aquél humo carente de palabras que se va botando por medio de bocanadas facilistas, como si fuesen etiquetas renombradas.

-¡Apaga la luz que me quedo ciega!-

Inquieta al amanecer muchas veces me levanté sofocada por el calor, por las sábanas, por la ausencia de sinceridad. Debo confesar que he sido una mujer perversa por estos últimos días. Guardo tantos secretos que siento que a veces podrán verlos cuando me ven a los ojos y es por eso que he preferido retirar la mirada un par de veces. ¿Que si estoy bien? Eso mismo vengo preguntándome yo hace algunos días, quizás algunos cuantos meses, quizás toda mi vida y la respuesta que le puedo dar es un simple "estoy". Es como una ausencia permanente donde se está, bien o mal pero se está. Al menos respiro ¿está eso mejor?
Cuando me levanté, aún no recuerdo cuando, me levanté de mi cama, caminé hacia el piso de abajo para preguntarle a mi vecina si me podría duchar en su baño puesto que el mío me asqueaba, pero antes de tocar su puerta por octava vez en ese mes, me despeiné un poco, en verdad no sé con qué objetivo, pero terminé revolcando mi pelo como si alguien lo hubiese hecho por mí. Esta al abrir me miró asqueada y creo que tanta tristeza sintió que me dejó pasar. Ya sabe usted, esa típica mirada despectiva que termina por convertirse en compasión. Me revolqué un rato antes con ella y más adelante procedí a bañarme; supongo que todo tiene un precio.
Ya bien limpia subí y ni siquiera sé por qué le cuento esto, en verdad sí que no lo sé, pero bueno, vamos al grano. Estoy jodida entre el trago y la marihuana, estoy jodida por la carencia de inspiración. Me paso las horas enteras mirándome al espejo cuando estoy puesta y me río, me río de mi imagen que inicialmente era la de una bohemia empedernida y que está al borde de ser la imagen de una chica de esas de la calle que va pidiendo limosna por ahí para comprarse un gramo de cocaína. Entonces me siento, me siento bien colocada con el lápiz y las hojas sobre la mesa y escribo sobre él y también sobre ella. Me caga, me caga tanta descripción, pero no puedo evitar pensar en la derrota, no puedo pensar en el orgullo que se me perdió, en la facilidad que tengo para olvidarme de lo importante y quedarme estancada en lo efímero. Entonces empiezo nuevamente a escribir sobre mí (sí, como en este instante) y me odio por ello, pero simplemente no puedo dejar de hacerlo, no puedo dejar de verme reflejada en cada hoja que voy escribiendo, no puedo olvidarme que gracias a mis extenuantes luchas en contra mía terminé siendo vencida por mi alter ego, por la facilidad que tengo de enredarme en cada pedazo de mierda que se me atraviesa en medio. ¿Y entonces qué?

-Las cerillas se me perdieron entre las sábanas... ¿y ahora qué?-

Los ojos entreabiertos, las bruces sangrantes y el maquillaje corrido. Pobrecilla, debe estar bien colocada aún...

-4:00am-

-¡Dame mi puta cobija!
- Te la doy si me follas de nuevo.
-Bah, ¿qué puedo perder?
-Vamos nena, vamos, siéntate encima mío y cómeme.
-Vamos ¿pero es que crees que soy una puta?
-El porro no es gratis, vamos, movete que bien puta si eres...
-Al carajo, el último folle que te doy, ya estoy cansada y tengo frío.
-Bueno, pues siéntate encima mío y ya verás como te calientas.
-¡Joder!
-¡Al carajo putita! ¡A follar!
-¡A callar!

-Al menos estoy bien colocada...-

(...)

domingo, 12 de junio de 2011

+Me jode+

No, es que no espero que lo oculte, sólo espero que no espere aunque anhelaría que lo hiciera, pero creo que no es por mí por quien debe esperar ahora. Sólo me jode estar acá, o allá o en donde sea pensándole, tratando te evitar lo inevitable; tratando de no dejarme llevar por esas cuantas tantas cosas que se me atraviesan por la mente.
Me jode, me jode sentir cosas y a veces sentirme evadida por las mismas respuestas simples, me jode el no poder estar porque no estoy, porque no estamos. Me jode querer ponerle su nombre a mi vida y al poder hacerlo, no poder hacerlo del todo, me jode el simple hecho de pensar en un usted junto a mí para siempre y en un yo junto a usted por un momento efímero.
Es el desespero o no sé si es el desdeño que dejan sus letras empapadas de nada. Ya no sé si es tan efímero como lo pensé, ya no sé si ese lugar supuestamente irreemplazable ya fue netamente reemplazado. Ya no sé si a mis letras quiera ponerle las tildes que llevan su nombre, porque no me vasta con sólo tildar y poner comas, porque no me vasta la inspiración para recordarle cuanto le extraño por más que lo único que tengo de usted es el tacto que me dan sus palabras a diario. No le entiendo, no pretendo hacerlo, aunque muchas veces me gustaría sumergirme en lo más íntimo de sus pensamientos para auscultar tanta gravedad que suele tener cada tema que toca.
¿Y es que usted qué sabe? ¿Qué sabe de mí? Usted sabe de mí lo que le puedo dejar ver, pero ¿qué va más allá? ¿Qué va más allá de eso que usted dice conocer pero que en realidad no conoce?
Me joden las noches, me jode la música, me jode la maldita nicotina. Me jode establecerme en un punto neutral cuando lo más neutral que tengo en mi vida es usted. Me jode fingir, me jode buscar esa sensación en el panorama, me jode sonreír cuando quisiera arrancarme las pestañas y olvidar que esos cuantos mares existen. ¿Cuándo? ¿Ahora? ¿Después? Quizás nunca, quizás...

martes, 7 de junio de 2011

+It's a fire+

Una, dos y tres veces, aquí voy con tu sabor en mi boca, con tu suavidad, con tus poros que van dilatándose suavemente, con un sabor a chocolate y con mis ojos cerrados, respirando una, dos y tres veces más rápido. Encuentro mis manos suaves sobre tu piel que parece de terciopelo, sobre tu cara que hace tanta armonía con tu fragilidad. Tus labios tenues sobre los míos, tan suaves, tan frágiles; los muerdo de repente tiernamente y me encuentro mirándote a los ojos, viendo como tu expresión inocente se va cambiando por esa expresión medianamente diferente, esa que sólo yo conozco...
Cuando te alejas de mi boca veo como te muerdes los labios, como suavemente vas degustando con tu lengua cada trozo de ellos, siento como te mueves encima mío y como me dejas revolcarte el pelo cuando damos vueltas sobre las sábanas que al principio estaban tan bien puestas sobre el lecho tendido que nos acoge. Te abrazo con suavidad, ya sabes como soy yo con eso, nos soy tanto de palabras, pero sé que entiendes mi lenguaje cuando te abrazo y con ello te digo que no te quiero dejar ir.
En medio de la tenue luz de las velas, la canción apropiada, esa canción que tanto te dije que me gustaba, definitivamente Portishead es exactamente lo que necesito cada vez que te siento cerca.
Tu esqueleto negro, tus jeans ceñidos y entubados, tus converse desgastados; tu encima mío mirándome, sonriendo como bien sabes que me gusta que sonrías. Me tomas de las muñecas y las pones a los lados, me dices suavemente al oído "déjame que yo haga todo" y yo simplemente me dejo llevar por ti, por tus caricias, por tu respiración agitada, por la música, por el momento. Te veo allí tan armoniosa, tan frágil pero a la vez tan fuerte, tan suave pero tan dominante. ¿Cómo podrías no encantarme con tu belleza?
Veo como empiezas a bailar suavemente encima mío y yo como una observadora me conformo con verte aunque quisiera quitarte cada trozo de tela que se halla en tu cuerpo; quisiera tocarte y besarte, pero no me atrevo a levantar mis manos por miedo a romper tu armonía, así que prefiero verte, ver como tus caderas van al ritmo de la música y como tu pelo revolcado está sobre tu cara.
De repente empiezas entonces a besarme nuevamente, empiezas a bajar por la comisura de mis labios y llegas a mi cuello, luego a mi oreja y me susurras suavemente aquellas palabritas mágicas que inmediatamente se ven reflejadas en mis muñecas cuando suavemente aprieto mis puños. Sé que no puedo tocarte.
Intento entonces pronunciar una palabra pero tú, en medio de tu ritual y de tu danza posas tu dedo sobre mi boca para callarme. A continuación deslizas tu dedo por mi barbilla y comienzas a bajar logrando que mi piel se erice, que me estremezca, que mi deseo por arrancarte cada pieza que llevas encima cada vez sea más fuerte. De pronto empiezas a cantar esa cancioncita que está sonando a lo lejos cuando me estoy perdiendo en las suaves mordidas que le das a tus labios, me pierdo en esa mirada retadora que me gustaría desafiar, pero sólo me dejo llevar, de repente cierro mis ojos y me dejo llevar.
Te acercas a mi oído y me dices tiernamente "ahora puedes." Te acerco a mí tiernamente, beso tus labios, los muerdo y luego me acerco a tu mejilla, la beso lentamente desplazándome hasta tu oreja que muerdo y beso suavemente. Te susurro palabritas pequeñas casi irreconocibles, bajo por tu cuello, por tus hombros, luego retiro tu esqueleto negro con suavidad y lo lanzo al piso. A continuación tu respiración cambia bastante, empieza a acelerarse de nuevo al ritmo de la música. Empiezo a acariciar tu espalda, mientras beso tu abdomen. Me pierdo en la fragilidad de tu pecho y desapunto tu sostén. Te contemplo por unos cuantos segundos, eres simplemente de porcelana. Con mi dedo empiezo a trazar círculos en tu abdomen mientras te noto tensa, subo un poco y ahora dibujo círculos en tus pechos mientras los contemplo con detenimiento. Subo mi mirada y te veo con los ojos cerrados nuevamente mordiéndote los labios. Suspiras.
De repente te acercas de nuevo a mí, me acuestas nuevamente y empiezas a retirar rápidamente mi camisa, a continuación desabrochas mi sostén y empiezas a acariciarme las clavículas, luego bajas a mis pechos con tu boca y empiezas a besarlos, a dibujarte en ellos, a impregnarme del sabor de tu boca. Bajas lentamente a mi abdomen y siento como mi piel se eriza, siento como mi respiración empieza a variar y cada vez se hace más fuerte. Posas tu mano sobre la correa de mi pantalón, la desabrochas y con el estilo que sólo tu tienes la retiras lentamente mirándome a los ojos con esa sonrisita que tanto me gusta. Suspiro.
Me levanto lentamente, tu sigues abrazando mi pelvis con tus piernas, así que retiro los tirantes que cuelgan de tu pantalón y luego lo desabrocho mientras beso tus pechos y tu abdomen que se contrae cada vez que le rozo con la punta de mi lengua. Retiro tus pantalones seguido de tus zapatos y de tus calcetines y acaricio tus piernas por encima de las mallas que llevas puestas. Retiro tus mallas y tu a continuación retiras mi pantalón con una destreza casi intacta. Suavemente te recuesto y me poso encima tuyo; llevo mi lengua desde tu boca lentamente por tu cuello, luego por tus pechos; allí me detengo y pinto encima de ellos con mi lengua, sigo bajando por tu torso, y nuevamente llego a tu abdomen. Siento como tus dedos deslizan sus uñas por mi espalda y sigo bajando. Retiro tus bragas lentamente, enseguida beso tus piernas, las acaricio suavemente hasta llegar a tus caderas y me poso en tu pelvis, la beso y bajo lentamente. Empiezo a probarte, a bañarme en tu fragilidad. Te pruebo como si fuera la primera vez y veo como te estremeces, como tus manos me toman del cabello y lo revuelcan. Me levanto después de un momento y es allí cuando me lanzas rápidamente hacia atrás.
Te veo encima mío, me besas como si mis labios fueran a acabarse. Mientras me besas bajas tus manos hasta mi pelvis y la introduces por entre mis bragas, me tocas, me sientes y me dejo llevar por tu respiración, por tus movimientos y por el sonido de la música. El fuego de la vela de repente se apaga, lo único que puedo ver a través de la ventan es la luz de la luna que ilumina tenuemente tu silueta sobre mí; tu mano dentro de mí robándome el aliento.
De repente mi mano empieza a tocar tus pechos y baja lentamente a tu abdomen, esta entra en ti también y siento como te estremeces, como de ti sale un río de fragilidad y te dejas llevar por nuestro momento íntimo, te dejas llevar por mí. Te siento, te siento bien desde adentro, cada vez nuestras respiraciones son más fuertes, se encuentran en el aire, cada vez te mueves más, cada vez me muevo más. Muerdo mis labios y tu muerdes los tuyos. Tu voz se pone suave, a veces sale un poco de ella mientras respiras rápidamente, mientras mi corazón va rápidamente bombeando más y más sangre y de repente alcanzas el límite, seguida de mi límite, finalmente exhalas una bocanada de aire, la más fuerte de todas y yo te acompaño con otra. Te acuestas encima mío y me dices al oído "te amo" y yo te beso la boca suavemente y consecutivamente me acerco a tu oído y te digo "nunca te vayas." Suena entonces finalmente It's a fire y definitivamente me quedo perdida en el aroma de tu aliento y de tus besos. La luna nos acompañó hasta la madrugada.

viernes, 20 de mayo de 2011

+Lo inimaginable, impensable e inconcluso (todo sigue el mismo curso)+

Por estos días un halo puro desata mis sentidos. Una montaña rusa sería aquello que describe perfecto aquello que soy en este momento. Las huellas dejadas en el camino me hicieron recaer en el círculo por un par de minutos pero afortunadamente salí, salí a flote, salí nuevamente a escribir un par de palabritas que me quedan grandes. ¿Qué es el amor? ¿Qué es la pasión? Amor se reduce a inspiración y la inspiración se reduce a la pasión, a la pasión inscrita en la sangre que corre por entre mi piel, el aire nuevo que respiran mis poros últimamente.
Entre mis entrañas la ausencia de aire, de respiros; en medio de una bocanada de humo de repente me hallo fatalmente inspirada. Después de días grises, amargos, tibios casi llegando a fríos intenté encontrar mi identidad. Fue un intento fallido de nada, un intento de intentar, pero evidentemente no fue mucho lo que pude rescatar de las frías y oscuras noches donde me encontré llorando mis ojos, donde me encontré gritando sin ser escuchada.
Después de un común acuerdo conmigo misma me decidí, decidí tomar la decisión de dejarme ir, de dejarme elevar por un buen rato, la reflexión finalmente logró su objetivo más claro y es aquí donde estoy, en medio de este lugar que aún no logro denominar como algo común. Las posibilidades son tantas que se me acorta el tiempo para escoger entre ellas, y ellas esperan por mí, pero lo que no saben es que quizás llegue el día en el que diga: "No quiero ninguna, simplemente deseo alejarme y no tomar de nuevo el camino antes tomado." ¿Qué pasará en el momento donde decida abandonarme y abandonarles por comenzar de nuevo?
Últimamente bastante carente de sentido, soy yo sin serlo, quiero sin querer y desprecio por inercia y luego, no siendo suficiente, me introduzco entre mis poros, hago un retroceso, definitivamente aunque muchas veces no tenga idea de qué es lo que quiero, sé qué es precisamente todo aquello que no deseo. Mi espíritu y mi alma bañadas en agites, en tranquilidad, en movilidad y a la vez en un estado sedentario inadecuado me quitan la atención y es allí donde pretendo llegar.
Creo que tras tantos años de introspección, tras tantos años de palabras, de vacíos que temporalmente fueron llenados pero luego se vaciaron de nuevo, he conocido el valor de ciertas cosas, de ciertas virtudes, de las tantas, las pocas y las inexistentes. Aprendí a desprenderme un poco más de la realidad para llegar a ella y aunque suene contradictorio, sí que es el camino para encontrar un poco de esta. No sé en qué consista, pero la repentina lejanía es aquello que causa un cierto sabor a extrañeza. Ese sinsabor en la boca tan sólo se puede eliminar por medio de la soledad, de la lejanía; finalmente se logra sólo cuando uno mismo logra entrar en sí mismo y explora aquellas conductas inadecuadas que muchas veces son las que se encargan de arrancar cualquier tipo de tranquilidad, ese tipo de autodestrucción sin querer autodestruirse. (Al menos concientemente) Entonces de repente aparece una aparente fascinación, se llega al clímax de lo que causa tal sonrisa irónica que tras unas horas se convierte en lágrimas y allí la fragilidad, la vulnerabilidad que finalmente termina por derrumbar, por infringir el dolor que uno mismo ha buscado. Allí es cuando se necesita la soledad, la lejanía. Corto de palabras, carente de expresiones allí se halla aquello que parece ser preciado, aquello que parece ser preciso. De repente todo se desordena, pierde su conducta regular y se convierte en pensamientos autodestructivos que terminan por deteriorar la salud mental de cualquier individuo que intenta reconstruir su integridad y cualquier trozo de orgullo que se le atraviese por el medio. Soledad, es lo único que se necesita.
Vamos, suficientes patrañas por ahora, suficientes verbos en orden para simular una aparente idea coherente cuando no se entiende el contenido de esta zozobrosa redacción. ¿A quién engaño? Es claro para mí, pero es claro también que es difícil que ellos también lo entiendan puesto que el nivel que se necesita para poderse adaptar a la mirada profunda de alguien no es tan fácil como acomodar los ojos a la oscuridad, aunque si se ve desde otro punto, tienen mucho en común, pero de eso no es lo que se está hablando, así que dejaré de lado tanta analogía barata y comenzaré por el principio como es necesario.

Intuición... ya desde hace unos meses me vengo cansando de las actitudes, de la tiranía, de lo irreverente que pueden llegar a ser ciertos seres humanos. Ellos y su ego y yo con el mío. Me cansé de tratar de escribir para alguien que jamás lo nota, que jamás lee ni cuatro lineas de aquella inspiración que muchas veces abruma mi respiración, mis sentidos y mis pensamientos. Me cansé de escribir con un nombre de por medio aunque no estuviese siempre explícitamente escrito en medio de las tantas lineas que muchas veces encuentro en este blog. Sé que a muchos les altera leer mis palabras, sé que muchos han dejado de leer por el simple hecho de que mis escritos son muy largos, pero debo resaltar una cosa en medio de todo esto; cuando escribo, más allá de ese nombre, más allá de aquellas palabras que van dirigidas a muchos, todo aquello que aquí se halla lo escribo para mí, lo escribo en verso para mí puesto que sé que nadie sería lo suficientemente capaz de entender cada letra que aquí se halla (aunque agradezco que muchos intenten al menos encontrarme en medio de ellas.) Como sea, ese no es el punto, como siempre tantas vueltas y nada concreto, tantas vueltas y nada a cambio, sólo patrañas.

Existencial... bastante coherente como para que sea real, bastante intuitivo como para llegar a entenderlo, no es que mis letras sean complejas, lo complejo está dentro de mí. No busco que lo entienda, no busco que me entiendan, no busco encontrarlos, tan sólo busco encontrarme. En medio de mis silencios potenciales, de mis fracasos al hablar y de esa vaga imagen que todos puedan tener de mí, existo, existo en medio de estos silencios, porque aunque hayan palabras, son silencios extendidos y atenuantes, son el reflejo de todo lo que mis ojos muchas veces callan, son los silencios que me roban el aliento, aquellos silencios que fácilmente agobian, liberan y luego me detienen.

Tentación... la simple liberación de aquello que muchas veces no puedo guardar. Podría decirse que se respira por la herida, pero en realidad no tiene nada que ver con la herida, esa es independiente de los signos, de las letras, de las palabras que con letargo muchas veces oprimen ese pedazo de inimaginable irreverencia que se entona como una canción pero que termina por ser la palabra que boto a la basura y que queda incandescente. Promesas inadecuadas, ensueños acabados, todo tan fríamente calculado que realmente no tiene un nombre que pueda ser aceptado.

Imaginación... vasta es esta, a veces me hace ver como una niña pequeña, tonta y soñadora que se desvive por implementar esa terrible rebeldía, ese odio intermitente que ni siquiera es odio, es simplemente una fachada, es simplemente lo que cualquiera podría percibir a simple vista antes de entrar por los ojos de quien tiene las barreras tan bien marcadas.

¿Qué hay de lo demás? Eso está para la imaginación, para la tentación, para lo existencial, para la intuición y para lo inexistente. Cuando se bota por la ventana la bazofia y se adquiere un nuevo tesoro que seguramente también terminará convirtiéndose en bazofia y será igualmente lanzada por la ventana para ver a quien logra caerle entre los dedos, probablemente la suavidad perpetua de una imagen inexistente es eso que causa una imagen de que aquello que se pensó como tesoro sea simplemente el desecho de algún ego herido que deseó salir de su cavidad y que finalmente se halla encontrando su camino entre el espeso curso de las nubes que ocasionalmente blancas, se tornan grises.

No existe la utopía.

Adeú!

martes, 17 de mayo de 2011

+Calma+

En medio del silencio espero por el eco, espero por las notas, espero por la inspiración. Sé que últimamente no he estado muy activa por acá, pero en realidad no se debe a nada especial más allá de carencia de inspiración.
Prometo subir por estos días de nuevo puesto que ya nuevamente ha llegado a mí.
Gracias queridos lectores. (Aunque no sé si alguien alguna vez entre y pase por mi blog a echar una ojeada) ;)
A.

domingo, 8 de mayo de 2011

...I just can't...

I can't fake a smile... I just can't...

miércoles, 27 de abril de 2011

+Las tantas, las pocas y las nuestras+

Encerrada entre dos mundos que me oprimen, encerrada en una realidad y en una irrealidad, la mitad en una caja con cerrojo, la otra mitad en medio de la libertad, del aire. Somo dos, como bien lo he dicho, somos dos recorriendo el camino, somo dos caminos diferentes dentro de un mismo espacio, somo dos mentes mundanas, un reflejo y una sombra, somos el agua y el aceite que muchas veces logran tocarse pero que fácilmente no comparten nada, jamás se juntan, sólo comparten el contenedor. ¿Quién podría referirse a ella sin agregar una ese al final de la palabra? ¿Quién podría fascinarse por lo que no existe? O quizás si exista, quizás haya un más allá o un más acá, un comienzo, un final.
No quiero decir más de lo que me corresponda, no quiero ser más frágil que ella, que la otra, no quiero fundirme en su juego, no quiero ocultarme tras la mirada brillante de la oscuridad, de su oscuridad. Ella no existe para mí, pero creo que a veces creo en ella, ¿podría hacerla eso real?
No quiero apoyarme contra el suelo, no quiero mirar al cielo, ver sus ojos reflejado en este, tampoco quiero mirar al prado y ver los otros ojos reflejados en este. No quiero ser el agua ni el aceite, no quiero mezclarlas, no quiero tenerlas, no quiero sentirme fascinada por las dos mentes, por las dos sonrisas, por los pensamientos opresivos y los liberales. Soy ella(s) soy yo, somos nosotras. ¿Qué puedo decir?
Al cielo o al infierno que no me deshago de esta sensación, no me deshago aún de las palabras, de las acciones, de las lágrimas que muchas veces no entiendo. De repente me fundo en el vaho de la oscuridad y en el aliento de la luminosidad. Me enfrío y me caliento, a veces un polo a tierra, a veces la levedad me eleva me llena y los llanos sentimientos simplemente dejan de existir. ¿Cómo decirle a ella que somos cuando soy sólo yo? ¿Cómo decirme a mi misma que ella es la que está actuando? No puedo, simplemente me abandona, vuelve, me cierra los ojos y cuando menos pienso, no está.
Entre letras alocadas, entre canciones, entre demencia la fragilidad, la fortaleza, no lee palabras, no escucha canciones pero muchas veces sólo se las escribo a ella, sabiendo que cuando las leo un frágil trozo de ello nos pertenece. Desempolvo las canciones, los míseros momentos, los tibios, los helados. Me vacío frente al espejo y la repudio, repudio esa imagen, repudio lo que mis ojos ven, de repente se sienta a consolarme, llora conmigo y luego con cierta sonrisa pintada en los labios se va y me deja a la deriva. Me derriba, me levanta, me da respiración y luego simplemente me roba el aliento. Me hace temblar, pero ¿por qué si todo está dentro de mí?
Las horas, los silencios, algunos incómodos, algunos necesarios, nos sentamos juntas en la habitación, una quiere creer, la otra quiere hacerle creer, juegan a las cartas, juegan a los demonios, juegan sus juegos, se temen, se abrazan, luego se odian, se repudian y se gritan frente al espejo. Es el diario vivir; medianamente natural.
Ella en una pantalla, ella al otro lado. Una imagen, una fachada; la carencia de límites. Por otro lado la esencia, la sensibilidad, la sonrisa tímida, los ojos resguardados tras la barrera de lo cognitivo. Habla pausadamente, mirando al horizonte mientras ella la mira y se burla, luego habla ella con rapidez, con claridad; evidentemente se burla de las palabras, se burla de la tranquilidad, de lo infinito, se burla en su cara y en la cara de toda. Lo odia, vive en su misantropía, quizás eso también lo compartan, sólo que...
Bueno, ¿qué más da?
no busco libertad, sólo busco tranquilidad... ¿quién podría lidiar con tales enfermizos deseos de libertad? Creo que nadie podría, al menos yo muchas veces no me siento capaz de hacerlo, ahora bien... ¿qué hay más allá del subsuelo? ¿Qué hay más allá del magma? Atraída por la gravedad, elevada por el deseo, saturada de imaginación golpéame contra el suelo, revíveme, pero déjame vivir; déjame...

martes, 12 de abril de 2011

+Man hat nur Angst, wenn man mit sich selber nicht einig ist.+

Me encuentro entonces refugiándome en mis libros, en las palabras que me enamoran ya que nadie tiene el don de hacerlo. Me siento fascinada por las sensaciones ajenas, por el miedo, por el amor, por la fascinación, por tantas emociones que habitan a mi al rededor pero que finalmente no logro experimentar.
Me enfrento al espejo, me miro y no me reconozco. ¿Qué hay de aquella que estaba hace algunos años frente al mismo? ¿Qué hay de todo eso? Veo el peso dentro de mis pupilas, siento un calor abrasador que no es más que un producto de mi imaginación. La música me lleva a danzar sobre ella, tomo un cigarro y me siento a escribir en mi cueva, en mi refugio que probablemente no muchos se toman el trabajo explorar y creo que muchas veces es mejor antes de envenenarlos con tanta palabrería barata. Me contagio de un mundo facilista, algo tan mundano como mi alma y me dedico a regurgitar las palabras que nunca termino por decir. Me veo en sueños como la otra, como esa que no es capaz de decir las cosas y que entre lágrimas va diciendo todo aquello que con palabras no puede expresar. Me siento vacía, es todo, me siento llena de aire de nada más que lo superficial. No es tangible, no es real, simplemente existe pero no conlleva a nada más allá de lo que está ahí.
Recorro los caminos con la mente fijada en cualquier otro lugar, sigo en aquella cueva mental, me dejo llevar por los ríos de palabras, por los símbolos y no llego a nada. Por más que tatúe mi piel, por más que me deje elevar por el viento tengo la cabeza postrada en aquél lugar, en aquél punto fijo que muchas veces desaparece y luego sin querer vuelve a adueñarse de mi conciente tanto como de mi subconciente y me empapa de momentos, de pensamientos que evidentemente a mi modo de ver son incorrectos porque no debe ir más allá, porque no va más allá. ¿Qué es todo esto? Quisiera entenderlo pero me cuesta, me cuesta encontrarme entre los besos de los demás, me cuesta mirar al horizonte e imaginarme con los ojos cerrados y con la brisa pisándome los talones. Me cuesta huir de todo aquello de lo que no puedo porque simplemente es algo con lo que debo vivir y muchas veces cabizbaja prefiero evadir todo aquello, quitar la mirada que tengo fija en esas ocho letras que muchas veces me torturan.
Siento el eco que retumba entre mis oídos, siento como de repente todo se desvanece y de nuevo por más compañía que tenga me siento sola y refugiada en el silencio. Simplemente no puedo ver lo demás, lo que se halla en medio del camino sublime al que me lleva todo eso que alardea dentro de mi cabeza. A veces creo que la demencia me queda corta, que lo ácido ya ni siquiera me despierta sensaciones, que lo que sabe, a mí ya no me sabe a nada.
Al final sólo quedamos nosotras, la que está al otro lado del espejo y yo misma que ni siquiera puedo saber si soy yo porque definitivamente hay algo de mí que no logro reconocer. Hay algo en mí que está al otro lado de una barrera que no logro derribar. Así mismo me encuentro, así mismo toco el cielo con las manos y caigo de cara contra el suelo; prefiero la inconciencia aunque esta tenga un control fijo sobre mí. Inconveniente pero real, más real que la propia existencia porque a veces siento que soy un alma sin rumbo a punto de irrumpir en la vida, en la realidad que yo supongo real pero que nada me hace comprobar que así sea. Me parece desconocido, me parece lejano, me parece un punto neutro que estoy lejos de alcanzar y que cuando siento que está entre las palmas de mis manos se escurre de nuevo hasta la lejanía. ¿Es acaso real?
Esperanza, eso es lo que llamo esperanza, algo de lo que la otra cara del espejo carece y que de repente me arrebató a mí. Lo que no logro hacer en mi vida cotidiana lo realizo en sueños. Me tiro sobre el piso, pataleo, lloro y todos me miran, se burlan de mí mientras yo en la infinidad grito palabras que nadie entiende, palabras que no logran penetrar en los oídos de nadie. Simplemente caras alegres con palabras de consuelo cuando lo que yo menos necesito es un consuelo... ¡si lo que necesito es vivir!
Estoy cansada y tan carente de tanto que poco es lo que se refleja sobre el agua. Todas esas carencias son las que me derriban y me hacen levantar, pero aún no puedo encontrar un punto de partida porque si para abajo no es suficiente tampoco lo será para arriba y ni siquiera estoy en el centro de esas dos, simplemente estoy ahí, ubicada en una ubicación que no existe, que me lamenta y que yo lamento también. Le acompaño en su condición, le acompaño en su pensamiento lastimoso que me observa de lejos y a la que con una sonrisa tímida casi irreal y con la mano medianamente levantada saludo con un desdén despreciable.
**...Man hat nur Angst, wenn man mit sich selber nicht einig ist.
-Hermann Hesse, Demian...**