miércoles, 3 de febrero de 2010

+Letargos+

El cielo se encuentra turbio y las paredes rocosas de la playa se encuentran vacías al alba, bañadas con el pequeño rocío de la madrugada. La arena descansa al igual que nosotros, y la cabaña de madera con luz amarilla ilumina al tiempo que empieza a salir el sol.
Narraciones, unas cuantas historias de salvaciones y demás, bajo un cielo púrpura, llegaron devolvernos la vida, aquél pasado que arde aún y que nos mantuvo hasta el amanecer mojándonos los pies al ritmo de la marea. Esta noche jamás la olvidaré, debo decirlo. No quiero que se acabe la noche ni que llegue el día porque es factible que si se va, puede que jamás llegue a volverle a ver, a tocar, así como pensé que sucedería varios años atrás.
Tan delicada, tan sensible, tan suave, siempre se marcha dejándome impregnado su olor en cada uno de mis poros, sin poderle olvidar, sin poder olvidar que la amo aunque no pueda estar con ella. Estoy destinada a vivir sin ella así lo quiera impedir, por eso cada segundo que pasa intento impregnarme de su olor y memorizar cada espacio de su cuerpo para así poderle recordar como es, como me quema, como simplemente ella puede hacerlo...
El viento entra por la ventana mientras ella duerme, y yo espero que llegue el amanecer para saber al menos cuando se irá, una vez más, haciendo de cuenta que nada sucedió la noche anterior, haciendo de cuenta que soy alguien más en su vida, aunque sabe que me tiene un aprecio especial.
Recuerdo años atrás, en esta misma cabaña que sólo me atrevo a visitar con ella por todos los recuerdos que me trae, cuando pasábamos la noche entera contando las estrellas, impregnándonos de sal, de arena, de besos, abrazos. Recuerdo amarla pensando que estaría conmigo para siempre, pensando que jamás se acabaría ese amor del que los demás hablaban y en el que yo no creí jamás... después se fue un día y jamás volvió, jamás me dijo adiós.
Recuerdos, tantos recuerdos y aún le sigo amando como lo hacía cuando la podía tener dentro de mi, en mis brazos, mientras la amaba en presencia del aire arenoso y rocoso despiadado que esa mañana me robó el aliento, el alivio.

¿Te irás de nuevo? ¿No me llevarás contigo?
Te extrañaré tanto cuando te vayas... por eso espero el amanecer para al menos saber cuando te saldrás, para saber al menos en qué momento cruzaste la puerta y correr tras de ti para besarte así sea por última vez, para sentir tus labios fríos como el rocío de la mañana, tan frío como el agua del mar, tan frío como sólo tú lo sabes hacer...

Bienvenido sea el comienzo de este corto mes y de este largo olvido...

domingo, 10 de enero de 2010

+Favoritismo+

Siento la brisa desprenderse de las nubes cenizas. Un ensueño, un aroma blanco se desprende de este domingo simple tan lleno de nada...
Tan sólo suspiros, recuerdos de sucesos dispersos, de abrazos perdidos o de miedos inconscientes.
Me refugio en mis palabras, en una inspiración maciza que respiro mientras regurgito palabras inspirada en aquella música que flota en el aire. Ésa que cantando y adueñándose de mi más preciado sueño ha de manifestarse.
Un piano, un ambiente deshabitado y yo, allí me encuentro yo, al ritmo de los violines que acompañan una sinfonía emotiva de desastrosos recuerdos.
La paz de un ser que duerme me recuerda la ternura, la presencia de miles de sucesos olvidados resucitan con un canto todo aquello olvidado que ha vuelto a ser presente; aquello que dejó de ser una simple nimiedad y se ha convertido en la sombra de lo vivido.
Olvidaba lo que era sentirse inspirada por las cuerdas del piano y de los violines, olvidaba que la música sin voz también es capaz de hacerme sentir profundas conmiseraciones por todo aquello que se encuentra presente.
Tantos elementos importantes, tantos fragmentos dejados a la deriva, tantos montos de tristeza, desolación, felicidad y regocijo que forman al fin esa sinfonía de la que he venido hablando últimamente... son tantas porciones inimaginables las que componen esta sinfonía inimaginable y sin fin.
Cada nota es un recuerdo y cada recuerdo hace del tiempo un vacío inalcanzable. Un abismo que no tiene fin y a donde se cae de una forma rápida y sin remordimiento.
De repente una nota falsa, un sonido inevitable que sacia los deseos, que altera la noción y la realidad inspirada. Una nota que falló, como yo lo llegué a hacer en un lapso de tiempo memorable y que me hace ser un títere de la vida, de lo que deseé y de lo que no también. Tantas ansias y espera por aquél ser que no sé donde se encuentra, y de repente ha aparecido sin razón, sin importar qué cascada podría ser la más fuerte, la que más agua llevase, la que más lejos podría llevarme al ritmo de una corriente que me asfixia y que me hunde en un mar de lágrimas, de ansias, de deseos.
Empiezan a manifestarse suavemente la ardientes cicatrices que me han vuelto a arder. Una confusión inmediata puede soplarme al oído palabras que no deseé escuchar pero que son inevitables de revocar. El hielo me quema la piel, me hace heridas profundas que me recuerdan un par que ya había olvidado. Unas cuantas inexistentes, otras cuantas ya presentes, y un sonido engorroso logra alterar mis sentidos mientras mis dedos se deslizan al ritmo de la musicalidad más perfecta jamás escuchada.
Sólo desean ser copias, sólo pueden aprender palabras que lo hace irrefutable. Quieren escribir lo que les gustaría escuchar, quieren oprimir una vez más para saciar sus lamentos y vacíos.
Me fastidia, me hace cuestionarme. ¿Qué es eso que me hace sentir de esta manera? ¿Por qué tengo la capacidad de odiar y amar con tanta facilidad? Me sacia, me limita a los poderes de los no poderosos, a ser la mejor entre tanta bazofia, ente tanto intelecto perdido en la cotidianidad. ¿Qué es todo eso que me sucede y que me hace sentir tan manchada?
Sé que puedo seguir respirando, sé que mis atenuados suspiros me oprimen el pecho cada vez más fuerza. Una luz se debilita, y esa llama que antes ardía tan sólo se ha convertido en una bagatela de sencillez y pasmo.
¿Qué es eso que se desea ser al carecer de originalidad?
No necesito mucho, o quizás no en mi concepto, aunque es probable que en el de muchos sí sea bastante. Pero ya está, ya estuvo y ya fue. No necesito mimesis, sólo una realidad, un esnobismo no tan extravagante para que ese silencio que ahora siento después de la gran sinfonía no se convierta en ridiculez y siga siendo particular.
...Objetividad...

domingo, 3 de enero de 2010

+Propósitos surrealistas+

¿Y qué de las palabras muertas? ¿Qué del sinónimo de los augurios sin sentido? Evocando palabras sin cimientos, sin ternura, sino por simple distracción. Desencadenando catástrofes que despejan momentos inolvidables. Tantos deseos al final, tantas metas por cumplir y al final nada es verdaderamente real o existente.
Parafraseando vidas de víctimas que ni siquiera son conscientes de su existencia mientras tomamos un café, o dos; depende del estado anímico de cada uno de los débiles participantes. Qué mentes tan inescrupulosas, tan delirantes y tan poco tangibles. ¿Qué son acaso? ¿Qué esperan de nosotros?
Sí, esas, a esas me refería, a aquellas inescrutables, a aquellas incognoscibles que se derraman de diversas maneras al llegar a una vida llena de simples augurios, a una vida dependiente de todas las fábulas creadas por bocas babeantes de deseo, de ardor, que se desatan, que crecen, se fortalecen y comienzan a vengarse inminentemente sin importar cuantos cuerpos deben lapidar tan sólo por sus egoístas deseos de poder, de estropicio.
Se habló alguna vez de llaneza, lo cual ya no existe, lo cual se olvidó, lo cual se dejó atrás con el pasado que se quiso borrar, pero que ciertamente jamás se ha ido de aquél lugar, y que ha sido revestido por las nuevas emociones más vivas que las anteriores, aquellas ígneas emociones derivadas de algo tan simple como lo es el tiempo, quien hace que éstas se sientan cada día un poco menos abrasadoras.
Efímeros momentos humanizados que se convierten en algo más que humano pero que es indescifrable. Tantos deseos de seguir actuando y tan pocas razones para hacerlo. Me resulta ridículo y hasta agraviante tanta fachada.
Podrían decir que soy vesánica y es lo que menos me importa, porque si de sensatez se tratase no podría nombrar muchos seres sensatos que fuesen absolutamente lúcidos. Todos esperan una luz, un motivo de inspiración, y si puedo hacer de la insana momentánea algo de inspiración, no dudaré en ser déspota y sacar todos aquellos pensamientos mortificados. No lo dudaré, seguro que no será así.
Pensamientos innatos, ridiculeces sin sentido, fragmentaciones o simples raciocinios robados; pueden tomarlos como deseen, o si quieren aludirles de otra manera, son absolutamente libres de hacerlo, pues esto es un blog y yo soy escritora y usted un lector que me lee por algún motivo inenarrable.
No busco una correlación entre usted y yo, simplemente busco esculpir un esquema mental del cual no estoy segura ser la dueña absoluta, pero que si bien claro está, ha venido formándose año tras año con el transcurrir del tiempo y de las experiencias.
Debo admitir un cierto desasosiego hacia mis ideas compartidas, pero bueno, ¿qué puedo hacer? es mi inspiración, son mis palabras y en algún lugar debo verterlas, así que con recelo lo vierto aquí, lo comparto y les doy la liberad de leerlo a cada una de las personas que deseen hacerlo, y más aún, se le da la libertad de opinar a las personas sobre lo que leen, sin resentimientos o algún tipo de condición específica.
Son libres, y como seres libres (en un concepto de libertad limitado) son libres de exponer sus ideas, pensamientos y demás, y por ende, de exponer sus criterios y sus opiniones personales hacia mis palabras, pensamientos y deseos. Y aunque como seres libres, se les permite realizar lo anterior, no obstante, debo decir que aunque todas las opiniones son válidas, no todas son de mi total interés. No entienda por esto que no leo todo aquello que comenta y que dice, pues soy un cuaderno abierto donde puede escribir cada cosa que desee, sólo aclaro que varias letras se quedan con tina indeleble y muchas otras con mina de lápiz. ¿Negará usted acaso que también lo hace?
Bienvenido al ingrato enero lleno de propósitos tanto coherentes como ridículos e hipnotizadores. ¿Será usted uno más de aquellos que se esfuerza por demostrarle a los demás qué son todas esas cosas que cumplirá en un año más que comienza? Como si éste no fuera igual a los otros...

martes, 29 de diciembre de 2009

+Despedida+

Tanto tiempo anhelé este momento, tanto tiempo estuve esperando por él e incluso, lo quise apresurar un poco. Cuando por fin ha llegado, me doy cuenta que no era lo que deseaba después de todo. Los cambios siempre son buenos, o al menos eso dicen, pero esta vez es una de las pocas veces que puedo decir que realmente tengo miedo del cambio que pueda venir a partir de ahora.
Es doloroso decirle adiós a una vida que era una rutina y la cual de cierto modo encontré interesante, y aunque fue claro desde el principio, y se sabía que tenía un lapsus de tiempo determinado, se ve tan lejos, que simplemente se olvida y se sigue viviendo hasta que lo sorprende a uno el día del final, aquella rutina se rompe y se vuelve al comienzo, como si nada.
Después cuando hay tiempo para pensar, se puede notar entonces, que es imposible no apegarse a ciertas cosas, es imposible no sentir algún tipo de dolor cuando se arranca desde el fondo aquellas cosas que se lograron aferrar de tal manera. Duele, y mucho, aunque uno no se imagina que dolerá tanto.
Surgen entonces lágrimas, una confusión, un típico vacío juvenil en el estómago, como esos que siente uno al ver a la persona que uno quiere, que le gusta o que ama. Así, eso se siente, se sabe que habrá un cambio, y de qué dimensión. Se vuelve al principio siendo completamente extraño y ajeno a lo que ha de venir, y llegan las preguntas, las que atormentan, las que también duelen...
¿Fue suficiente? ¿Aproveché el tiempo como debí? ¿Desperdicié mi tiempo mientras pude aprender tantas cosas que no desee aprender? Sí, así es, sucede, duele...
Es increíblemente doloroso y algo despiadado lo que se siente, como se vive, saber que es probable que jamás se vuelva a estar en alqué lugar y que si se está, evidentemente no será nunca lo mismo... El hecho de simplemente extrañar todo, llegar a un mundo conocido al que se le perdió la costumbre es un punto difícil de manejar, es un punto difícil de llevar, es simplemente complejo.
Veintiocho días, ¿quién iba a imaginarse? Tan sólo puedo recordarme dando saltitos de felicidad cuando empezó la cuenta regresiva del último mes, recuerdo maldiciendo tantas cosas, diciendo que pronto llegaría a su fin, y cuando estaba a punto de llegar el fin, es que me di cuenta de lo que realmente extrañaría, de hecho, de lo que realmente tenía.
Sentarse en la cama donde tantas veces soñé, dormí, reí, pensé y me revolqué millones de veces sin sueño, parecía hoy una cama desconocida, nueva, una cama neutral. ¿A quién le importaría una cama, una habitación o una simple casa? A mí me importa, porque no sé si será la última vez que esté allí, porque no sé si aquellas voces que con tanto cariño me llamaban estarán ahí la próxima vez que decida volver.
Duele, duele mucho, duele mucho decir adiós, duele mucho llorar en silencio mientras las personas duermen, duele despegarse de aquellas personas que tanto tiempo se pudieron abrazar y que jamás abracé por miedo al rechazo, luego descubriendo que me hubiesen abrazado las veces que hubiesen sido necesarias. Da pena, realmente, sentarse a ver pasar las horas y ponerse a recordar, a auscultar todas esos momentos recientes que tantas veces me hicieron sonreír.
¿Cómo olvidar? ¿Cómo podría sacarlos de mi vida? Es simplemente imposible, ligeramente exagerado y temiblemente erróneo. ¿Por qué llego a apegarme tanto a aquellos a quien no deseo apegarme?
Es bastante curioso y complejo, porque se divide la vida en dos; El antes y el después. Antes de y después de. Por ejemplo, antes de una relación de dos años, o después de la muerte de un ser querido, así es que funciona verdaderamente.
Es difícil llevar a cabo tantas ideas, es increíble las ansias que siento de poder llorar y correr, decirles cuanto los amo. Me dejaron sus palabras plasmadas en papel, me dejaron sus letras marcadas en la memoria sin poder sacarlas, me duele, me duele, y lloro profundamente sentada en esta silla dura que me recuerda en cada momento lo hermoso que era sentarse con ellos tan sólo a beber algo.
Me gustaría decir tanto, que verdaderamente... No sé, estoy tan confundida, tan pensativa que simplemente puedo escupir mis ideas, mis temores, sólo puedo sentarme aquí, a esperar que pase el tiempo, no sé si para alegrarme de volver a ver a aquellos seres o simplemente entristecer porque ya no estaré más junto a aquellas personas que sin esfuerzo, hicieron de mis últimos días los mejores en mucho tiempo. Y tan sólo lo pude ver hasta ahora, después de tantos meses.
Ahora en esta noche de insomnio intento sacar todo afuera, a la 1:20am me encuentro junto a varias personas las cuales para nada me interesan. Unas duermen, otras también tienen insomnio así que sólo caminan, van y vienen con la esperanza de que el tiempo se les pase más rápido, y yo sigo aquí, con deseos de poder dormir, después de un día largo, cansado y lleno de nostalgia.
Recuerdo hoy, a eso de las 4:00pm, me hallaba sentada mirando al techo y pensaba: "Bien, y llegó ese día al que nunca le temí pero que hoy me asusta como nada... Es la última vez en mucho tiempo que estaré acá, con ellos..." y entonces decidí ocupar mi cabeza en alfo mejor: Empacar, empacar y empacar.
Necesito algo de sueño, me espera una larga jornada, a la que por cierto también le temo, puesto que ahora descubrí que nueva peor fobia son los aviones. Sí, los aviones, ni más ni menos, me arde la mente de sólo pensar que tendré que volar a algún lado, y ahora sólo espero que todo salga bien, puesto que por algún motivo que aún desconozco, valoro mi vida mucho más que antes, aunque no me valore a mi misma por lo que soy. Todo es un proceso...
Las palabras se quedaron cortas, mis ojos sólo pueden lagrimear cada vez que recuerdo todo lo que pasamos, todo, todo... Temo mucho, temo tanto, que no sé, simplemente esa mezcla de tristeza y temor me aturde, me deja totalmente vacía, sin palabras, como hoy al despedirme, estoy en un silencio crónico que duele mucho. Me voy con el alma por el piso, con los recuerdos ardientes quemándome y llena de anégdotas por contar.
Extraño ya y aún no estoy lejos, me pregunto cómo será cuando loo esté, cuando de verdad esté lejos y llena de pensamientos en torno a todo esto que he estado viviendo. Me carcomen los sentimientos.
Se avivan en cada momento, ojalá pudiera alegrarme bastante por lo que está viniendo supuestamente, pero la verdad es que en este momento no puedo sacarle alegría ala situación, me está golpeando duro y de verdad que duele.
Mi vida está tan divida que no sé a donde pertenezco. Por un lado jalan aquellos que estuvieron antes, y por el otro jala una vida que no me gustó pero que me dejó cosas increíbles, que me hicieron crecer y me hicieron ser lo que en este momento soy.
Después de una estabilidad extraña me desestabilicé como nunca,me siento sola, me siento con ganas de salir corriendo y simplemente... Hacer que algo llegue, algo vuelva, sinceramente no sé...

martes, 8 de diciembre de 2009

+Apatía; un fastidio ilógico en la logía común+

Los arrullos del comienzo de un invierno decadente comenzaron a congelar las hojas, los suelos, los pies y de paso los sueños de los habitantes de aquella ciudad. La nieve negra empezó a descender, y de paso llevarse con sus tonadas oscuras, todo aquello que a su paso se hallaba.
El cielo apocalíptico entre gris y anaranjado daba una tonalidad amarilla aquella ciudad que tantos colores que había tenido, dejando a su paso colores cálidos en una ciudad hecha nada, manchada por los rastros de la nieve negra que se posaba casi que en toda la ciudad. Dejó una imagen hermosa, cálida y algo deteriorada de una máscara que tapaba la realidad de aquél lugar; la máscara que logró tapar el frío escenario y llegó a pintarle de verano desértico pero que a los ojos de los habitantes sólo parecía ser el fin de lo que podían llamar mundo.
El silencio se apoderó de las bocas y tan sólo el viento parecía dialogar con la nada, con un silencio tan brutal que parecía ensordecer, e incluso llegaba a enloquecer. ¿Qué había sucedido? ¿Por qué había desaparecido?
Los miles de ojos curiosos se cerraron para siempre en lágrimas de decepción, de desespero. Ojos curiosos, deseosos de saber qué era lo que el invierno se traía entre manos, lo que el helaje les obsequiaría y lo que este año se llevaría, pues el año pasado se había llevado la esencia, dejando aires insípidos, vacíos. Este año había llegado el silencio, y ahora todos enloquecían. ¿Qué más? ¿Qué castigo les impondrían?

Cristalizados en las ramas de los árboles se quedaron mis suspiros. Mucho tiempo anhelé poder descubrirme a mí misma, a mi mente, descubrir la verdadera identidad de mis palabras y de tantas cosas que de mi boca han salido. Rogué mil veces, clamé por un destello, por tan sólo un poco de cordura, de entendimiento.
Tantas noches preguntándome a mí misma me hicieron mucho daño, pero no más daño del que me hizo aquellas amables sugerencias que de niña me hicieron y que incluso en este momento recuerdo como si me lo acabasen de decir. Aquellas palabras retumban aún en mis oídos recordándome cuan miserable soy, cuan miserable me hace aquella maldita dependencia que por tanto tiempo me ha seguido.
Muchas veces me miré al espejo lavada en lágrimas, con las mejillas erosionadas por el maquillaje y por las lágrimas, y vi aquellas expresiones de dolor que tanto daño me hacían, las que me hacían pensar en alguien ajeno a mí al ver ese reflejo tan doloroso.
Deseé muchas veces nunca haber nacido, deseé muchas veces tantas cosas que nunca hubiesen podido ser, y aún las deseo con la misma fuerza o quizá incluso más que antes. Cuando se está verdaderamente solo y vacío, es cuando realmente se puede entender el significado de muchas emociones, de muchas sinfonías de sentimientos, que como cuerdas y vientos se encuentran, haciendo fusiones melódicas hermosas pero incomprensibles.
Escapes varios, muchos geográficos, otros simples ausencias. Tanto rencor reprimido no creo que lleve a nada bueno, y no sé si las lágrimas tan sólo logran apaciguar o de verdad liberan. Pero, ¿por dónde comenzar para que haga sentido?
Aunque sea demasiado, nunca será suficiente, y eso es lo que no logran entender aquellos que juzgan, aquellos que con aquellos ojos dañinos llegan a afectarnos tanto, aquellos por quienes existen los complejos y los temores... Es simplemente imposible parar, sé que estoy al tope, y la verdad es que no puedo parar, no puedo parar de llenarme de tantas cosas, no puedo esperar a llegar al límite verdadero por más llena que esté mi alma, mi cabeza, mi cuerpo. Si no duele no es real, y lo aprendí algún tiempo atrás cuando también era adicta a ése tipo de "calmantes."
Cuando se es esclavo de sí mismo, y de paso un odio reprimido por el ser se halla atascado en el centro, es cuando realmente se logran entender muchas cosas, cuando se llega a sentir odio, repulsión, un deseo de no ser quien se es realmente. Una máscara cubre la cara del protagonista y entonces este parece ser feliz, estar conforme, pero en el interior le atormenta ser lo que es y quien es. Se ve derrotado, se desprecia a sí mismo y de paso se tiene auto-lástima en vez de autoestima. Se castiga, se hiere, y una vez más se vuelve a odiar. Odia verse reflejado en el espejo, ahora sólo quiere huir, refugiarse, seguir en aquél mundo de fantasía donde él vive y se da una autocompasión que sólo le produce lástima y delirios.
Es una droga brutal, y como es una droga, sin ella no se puede vivir. Es la heroína sin ser heroína propiamente, y entonces se cae en la brutal decadencia, se entra a la pobreza interior más vasta y más vana que se conozca, que se imagine. Un lugar fétido, una depresión ridícula, sin fundamentos porque cuando los demás se preguntan qué suceden con uno mismo, se evade la respuesta, pero sólo el mismo ser llega a saber realmente que es lo que sucede, y de hecho lo sabe perfectamente.
Los complejos, los delirios, la autocompasión, el deprecio y la lástima por sí mismo es la inyección más dolorosa que puede existir. Es como sonreír cuando se sabe que el dolor le carcome el alma a uno mismo, el hecho de saber que esa sonrisa la forjan los ojos que están al borde de liberar lágrimas y de arder sobre la piel orgullosa pero destrozada por donde se deslizan.
¿Por qué no hablar de cosas bellas? Bueno, esto también tiene una belleza, algo frívola, pero es hermoso, es hermoso puesto que he descubierto como describir todo aquello que me desarma en segundos pero que con nadie he llegado a compartir. ¿Quién lo entendería?
Es la vida, es un suspiro, y este se va, en un viento helado, en un viento fétido que hace todo un poco más complejo para que se vea con ojos perplejos. El miedo es una característica humana, y mi miedo es propio, mi miedo es personal, y no porque no lo quiera compartir, al contrario, a lo que me refiero es que mi temor está enfocado al ser y no al estar, al vivir y no al respirar, a las opciones que se brindan pero que no se sabe si realmente están.
Ansiedad, detenimiento, ¿qué es esto? ¿por qué hago parte de este anacrónico sentimiento? Preguntas ridículas, quizá sin sentido, sin un trasfondo adecuado, pero que simplemente han nacido, han nacido para ser pronunciadas.
Necesito atardeceres, necesito vivir una vida, no un pedazo de ella, y me he encargado de poder hacerlo, pero no encuentro varias piezas, no encuentro la cordura suficiente para completar el rompecabezas que me quiebra los huesos uno por uno.
Las colisiones, el desespero, la arrogancia, el delirio de superioridad, el egoísmo. ¿Qué pasa? ¿Qué hay? Necesito respuestas, muchas respuestas. Creo que he perdido verdaderamente la razón. Sólo una ola más de divinidad y el cielo se pondrá a mis pies. ¿Es acaso eso lo que deseo? ¿Y es que acaso existe el deseo? ¿Qué es el deseo?
Patrañas, palabras, no quiero más, no deseo más, pero a la vez jamás es suficiente, entonces lo anhelo con ansias vastas, deseo revolverme entre mis patrañas, licuarme entre mis desdeñados recuerdos y volver a la cordura de la que ahora carezco.
Quiero renacer, quiero revivir y más que revivir, quiero vivir. ¿Acaso alguien podría devolverme la vida que se ha ido y que por supuesto perdí?

Apatía, un fastidio ilógico en la logía común. Sí, sí... ¿sí?

martes, 24 de noviembre de 2009

+Segundo aniversario+

Para mis queridos lectores:

Agradezco a ustedes el interés que han prestado a mis escritos, a aquellos que se han inscrito, a quienes han comentado y a quienes son mis amigos.
En este segundo año de existencia del blog, me gustaría una vez más agradecer a todos aquellos que me han dado el apoyo necesario para escribir, a quienes me han ayudado a inspirarme, a quienes me han dado ideas, y a quienes han dado tanto el visto bueno como el malo cada vez que leen mis escritos. Todas las críticas han sido constructivas, y gracias a la sinceridad de muchos es que he podido mejorar bastantes conceptos erróneos, aunque sé que aún hay mucho por mejorar y un gran camino por recorrer.
No quería que este segundo año pasara desapercibido, ya que el año pasado se me pasó en el mes de noviembre hacer un homenaje al primer año de mi blog, pero bueno, acá va el segundo año, y eso es lo que vale ahorita.
Una y otra vez muchas gracias y mis mejores deseos a los otros escritores y artistas que se hallan en mi red.

Atentamente,
La autora.

domingo, 22 de noviembre de 2009

+Embriagada de debilidad+

El tiempo no me sobra ni tampoco escasea, la verdad es que no tengo idea de cuando moriré, ni de cuanto tiempo tengo aún en este lugar al que le llaman tierra.
Tanto tiempo libre me hace llegar a rincones inéditos, a lugares que ni mi imaginación creyó que existiesen. Muchas veces cuando la gente me habla, me quedo entretenida viendo los labios moverse y dejándome llevar por mi mente en un viaje que me lleva a cualquier lugar excepto a donde debería estar. Las palabras son mi música de fondo, la banda sonora de mi vida, pero a veces me pierdo, me pierdo en los caminos, me pierdo en mis recuerdos o en mis anhelos...
De repente llegan ilusiones, aquellas que desatan sonrisas las cuales pueden sacarme de aquél cubo monótono donde vivo encerrada la mayor parte del tiempo; aquellas ilusiones que luego resultan ser sólo ilusiones ópticas y que no me dan siquiera una prueba de existencia, aquellas que simplemente desaparecen con tan sólo acercarse un poco más, aquellas que llegan, se van y jamás vuelven. Y ahí me encuentro yo, presa de un manojo de ilusiones del cual no puedo deshacerme tan rápido y que me llevan a la burda colisión que de antemano, sólo me ofrece amargura y más rencor hacia el denigrante mundo y a su denigrante gente que tan sólo hiere.
Me llevó entonces a soñar, a despertar junto a sus palabras, junto a su aliento cálido en la mañana y junto a aquellos abrazos que con tanta ternura llegué a sentir. Me llevó a un sueño, a un punto ciego en el que podía exorcizar mi mente de tantos recuerdos que me afligían... pude volver a soñar, a cantar y a respirar aquellos aires delicados que terminaron tan sólo en aires fétidos y llenos de nada aparte de vacíos.
Ha vuelto, ha vuelto aquél olor frívolo, aquél olor a mundo, a humanidad, aquél del que me había podido librar al lado de aquella ilusión pero que tan sólo escapó como las demás. ¿A dónde van? Simplemente han huido sin explicación, sin razón, simplemente huyeron y me hiere, me hiere saber que no pude retener lo que creí mio por un momento de mi vida.
Supuse que una vez más podría haber abandonado esos irreales lamentos nocturnos, que una vez más podría pasar una noche que no fuese en vela, que por primera vez en mucho tiempo podría degustar aires de felicidad y de dulzura, o simplemente un romance como aquellos que se ven tan sólo en las películas. Pero, ¿acaso qué me he creído? ¡Ingenua! ¡Ingenua! Me grita mi reflejo en el espejo mientras veo lágrimas caer, mientras siento que mi alma y mi cuerpo no se resisten a sí mismos y sólo buscan huír en sentido contrario al otro. Siento entonces como mi alma pide a gritos libertad, como mi cuerpo se castiga a sí mismo, como mi odio interior vuelve a culparme a mí misma por todo aquello que ha venido sufriendo. Las dos caras de mi vida se enfrentan entonces y ha llegado el caos, ha llegado el fin de todo, de esas pequeñas piezas que había logrado juntar y pegar, pero que ahora se han vuelto a romper en piezas aún más pequeñas y más complejas de pegar.
Reivindico mis palabras, odio, amo, lloro, me destrozo y vuelvo a una normalidad ausente, pero que jamás podré comparar con estabilidad, porque pocas veces en mi vida he podido decir que me encuentro estable. Si no es lo uno es lo otro, y si bien es cierto, tener a mi cuerpo y a mi alma balanceadas es bastante complejo, y para lograr que lo uno concuerde con lo otro lleva tiempo; el tiempo que yo jamás les he dado por pensar que todo vendrá a mis manos de la nada y que mi vida por cuestión de suerte mejorará y me hará aquella persona "feliz", como todas. Una persona conforme, una persona feliz en público, con una vida "estable" con hijos, con una pareja y con una "buena relación" familiar. Un ser exitoso profesionalmente y... Y ¡Bah! ¡Patrañas! eso no es lo que quiero, para mi eso no es estabilidad, para mi eso no es nada más que engaño, no es más que ser parte de aquél mundo que se siente "feliz" y "conforme" con todo aquello que tiene, pero que su yo interior le pide a gritos que no se engañe más. Prefiero ser amargada que ser "feliz".
Regurgito mis palabras, mis sueños, grito al mundo lo que sucede, lo que pienso y aún no logro saciar mi interior. No puedo saciar mi mente, mi vida, mi alma, mis deseo de seguir. Siento entonces como todo se va al suelo una vez más, como una vez más me siento absorbida por mis temores, por aquél temor al fracaso, aquél temor a no ser quien deseo ser. ¿Qué necesito? ¿Qué es lo que tanto busco? No lo sé... simplemente no lo sé.
Como tonta me ridiculicé a mi misma creyendo mías las palabras que iban dirigidas a otra persona. Frases llenas de sentido que ni siquiera iban para mí, sino que su sentido llevaba atado un nombre ajeno al mio, un nombre casi ilegible y que yo no quise ver, pero que al final me hubiese gustado descifrar, lo que no hice seguramente por miedo al fracaso una vez más. Y se fue, se fue con sus palabras, se fue con el nombre que estaba atado a las palabras y de allí no le podré sacar porque ni siquiera sé donde se encuentra.
Se ha tatuado entonces su perfume en mi piel y he perdido por completo la cordura. Las noches aquellas donde suspirábamos, donde hablábamos sin parar, donde simplemente importaban las estrellas, la luna y el aire, se convirtieron sólo en la mínima muestra del espejismo, en la mínima muestra de un ahogo prolongado, una muerte lenta y segura. Un hechizo que nada tenía que ver con la realidad y que aún así ardió en lo más profundo de mi realidad, si es que así se le puede llamar.
Bienvenida sea entonces la semana, bienvenido sea entonces el tiempo que me queda para darme cuenta que no valió la pena luchar por los sueños, que en tan poco tiempo se es capaz de recordar tanto y de olvidarse de tanto, pero que al final, cuando todo acaba, todo llega de nuevo y sumado a ello las heridas recientes que revuelven el pasado hasta que extrae las piezas más cortantes y afiladas, que terminan haciendo que el pasado arda de nuevo más que nunca y convirtiéndolo todo de nuevo en cenizas.
Cortan más profundo que hasta la anestesia más poderosa no calmaría el dolor que estas producen.

+Me levanto y a penas abro mis ojos quiero volver a dormir para salirme de nuevo de la realidad+

sábado, 31 de octubre de 2009

+Mi realidad+

Cuando me preguntan por qué lo digo, no sé que responder. Cuando me dicen que qué siento, tampoco puedo responder.
Es divertido y hasta irónico, no sé si realmente se le puede llamar a esto sentimiento o resignación. ¿Qué es? ¿Qué faltó? ¿Por qué fracasé?
Veo ojos mirándome; Son miradas aburridas, aquellas que juzgan, que duelen, que simplemente pueden extraer la poca dignidad que se tiene. Pueden arrastrar con sus miradas, llevar hasta debajo de la tierra y luego con aquellas sonrisas en sus caras, se "despiden" y sin más reparo pueden irse con la seguridad de que pudieron herir con tantas palabras que no tuvieron que pronunciar porque tan sólo con sus miradas pudieron decir lo que deseaban.
Cada día más decepciones, tanto de mí misma como del mundo exterior. No puedo pensar claramente, no puedo hacer nada, sólo preguntarme cual fue mi error y en qué fue que fallé.
¿Por qué habría de ser hipócrita como todos aquello que sonrien sólo para conquistar sus corazones? No soy así, y por eso nadie valoró realmente lo que fui, lo que entregué y lo mucho que sacrifiqué para llegar hasta este punto.
¿Cuánto más he de aguantar? ¿Cuántas burlas más? ¿Cuántos comentarios desgradables y cuántas tantas cosas que tanto daño me hacen?
Quiero escapar rápidamente, probablemente como una persona cobarde, porque probablemente lo soy. Lo único que sé es que este no es mi lugar, aquí nunca he pertenecido ni seré bienvenida.
Que si volvería, pues de eso no estoy segura. Mis días acá son nublados y llenos de inseguridad. Temo salir, temo reir, comentar, hablar o llorar; Acá me siento como un extraño más, como si no fuese un ser humano, como si fuese un motivo más de burla. ¿Quienes son ellos pare juzgar? ¿Qué se han creido para decir que me conocen o tan sólo presentar sus amargas vidas ante mí como si fuesen aquellos que siempre admiré?
No tienen idea, no saben nada ni quiero que lo sepan, los quiero lejos, muy lejos, y con eso sólo volver a aquél lugar del que probablemente jamás debí salir.
¿Dónde está mi hogar? Ahora creo que jamás lo he tenido, ahora creo que no existe...
¿Qué más puedo decir?

lunes, 26 de octubre de 2009

+Senzafine+

A pesar del frío, del miedo, de las lágrimas y de los derroches, he vuelto a comenzar finalmente con este nudo de historias segregadas de aquella mente confusa, que tiene bastantes deseos de gritar y de contar las historias de aquellos de quienes no han sido capaces de contar las suyas. Acá estoy yo nuevamente reviviendo los sueños de muchos, secando las lágrimas de otros, y una vez más, irradiando la luz de aquellos que se vieron en algún momento perdidos en sus mentes dispersas.
Un juego de renacimiento, un juego donde juega un papel importante la inspiración innata de quien escribe. Aquél narrador que usted cree conocer pero quien sólo narra historias ajenas conectadas con su realidad, soy yo. No soy yo quien protagoniza las historias, ni pretendo ser reconocida por las historias que escribo, puesto que todas ellas tienen un dueño, tienen alguien que fue partícipe de cada una de ellas.
Sin la existencia de aquellos seres que desearon contarme sus historias no podría ser yo lo que ahora soy; no sería esta narradora omnipotente, no sería la mujer que ha llorado mientras escucha varias historias, no sería la creadora de cada uno de aquellos personajes que por tanto tiempo han estado cuidando de mi inspiración y de mí, por supuesto, pues nadie más podría ser el vocero de aquellas solemnes historias, de aquellas vidas casi reales que deben a mí pero que no me hacen sentir como el Dios ni nada similar. Sólo soy yo, un ser ajeno a la realidad de estos, sólo soy alguien que vive por ellos y que hace que ellos vivan eternamente cada vez que alguien lee sus historias.
He entonces aquí a la dama de las historias, a la mujer que usted dice entender y conocer; pero permítame decirle algo, querido amigo: A pesar de ser usted mi lector y ser quien revive los personajes de cada una de las historias que escribo, no es usted un conocedor de mi literatura ni de nada de lo que hago. El hecho de leerme no le da derecho a juzgarme y de creer saber quien soy. Este es mi espacio, es el lugar donde está mi literatura, pero tiene sus reglas y creo que usted debería saberlas; por eso me gustaría decirle a usted entonces, mi querido lector, que el único vínculo que a usted y a mi nos une es que usted los revive y yo algún día les di vida; otro vínculo aparte del que anteriormente nombré, sería entonces que usted se interesa por la vida de ellos tanto como yo, pero eso no le da derecho a usted de creer conocerme, de creer que por lo que escribo mi vida debe ser un desastre o un completo paraíso.
Fuera de su realidad el mundo es ajeno, pero cuando llega entonces y le juzgan, entran en su realidad y dicen conocerlo mientras usted sabe que no, es cuando llega usted a sentirse invadido, así que le pido, o más bien, le exijo discreción.
Es cierto que para mi es importante que usted me lea, que recree su mente con algunas de las historias que desde hace bastante tiempo he decidido grabar con tinta en estas hojas cibernéticas que le dan consistencia a este blog lleno de imaginación, sentimentos y que si bien es cierto, tienen un gran toque de mi realidad escondido por ahí. Ese pequeño toque que sólo aquellos que escudriñando hasta lo más profundo han podido ver la realidad que implica esto para mí. Aquellos pocos que pudieron auscultar todos esos sentimientos ocultos bajo tantas palabras, tantas letras, tantas noches desoladas. (...) Aquellos, aquellos que me dejan seguir viviendo, aquellos que han decidido ser parte de la inspiración que aquí se halla.
Debo reiterar entonces, lo fascinante que es para mi entrar de repente al blog y ver que cada día más personas se han hecho seguidoras de éste, que cada día que pasa a las personas les interesa más leerme y le dan algo de su tiempo a las palabras que con tanto esmero he escrito. Mis sueños, mis deseos y mis anhelos son parte de este blog, y así como muchos tienen acceso a este, pocos son los que se toman el tiempo de leerlo, de criticarlo y de verdad tratar de entender el contenido de este... Yo no espero que la gente entre y lea por encima y me diga "qué bien lo has hecho, de verdad eres sorprendente" puesto que eso lo que todos dicen, independientemente de si les ha gustado o no. (...) Lo que espero de este blog no es fama, no es popularidad; el proposito inicial de este blog (y que por cierto aún sigue siendo) es el desahogo, es el amor al arte, el conocimiento de nuevas personas que se interesan por lo mismo que yo y que están dispuestas a ser sinceras, que estan dispuestas a apreciar de la misma manera que yo aprecio sus obras.
Aquí estoy querido lector, hablandole a usted, hablandole a aquellos que hacen lo mismo que yo, a aquellos que están afiliados al blog y a aquellos que no. A aquellos que entran por primera vez a leerme y a los que lo hacen constantemente. Si se pregunta usted quien soy yo, le pido entonces por favor, que sea usted mismo quien se responde la pregunta. Descúbrame, intente jugar el juego que me propuse desde hace tanto tiempo. Descúbrame, y cuando lo haga entonces hágamelo saber. Busco destilación, la claridad que aún no encuentro frente a mí, busco sonreir, recordar y revivir vidas pasadas, inconsciencia, realidad y demás.
Descúbrame, abra las puertas que le he invitado a abrir para que pueda pasar al otro lado de aquella linea de distancia que existe ente usted y yo. No es sólo una apariencia, es una vida, un mundo, es la mente de una persona creativa que en la soledad decidió descubrirse a sí misma; esa que está allí ahora y espera por la inspiración que va y viene una y otra vez... No se moleste en saber quien soy, sólo intente descubrir que hay más allá de una apariencia erronea, la que usted se hace de los demás, de aquellos que por algún motivo u otro decidieron desnudar su alma y hacer de la imaginación una necesidad que casi podría llamarse vicio. El vicio de amar lo que de sí mismo se ha descubierto y que jamás imaginó tener dentro de sí.
Aca comienza de nuevo, acá va una vez más. Sí, una vez más...
De nuevo comienza el día, es una mañana simple, insípida... Y mi mente, ni hablar, he perdido toda esperanza de recuperar alguna vez la cordura. Mi mente desahuciada, sin remedio, sin futuro. (...)
Esclavo de mi mente, de mis palabras. ¿De qué me sirvió haber estudiado eso que tanto amaba si terminé haciendo todo lo que no amaba?
Sí, empezaré por el comienzo, una vez más, contando mi historia, quizá esta vez no terminen los papeles en el cesto de la basura y pueda llegarlos a poner en algún lado con la esperanza de no tirarlos a la chimenea en algún momento de rabia.
¿Por qué me odio tanto? ¿Por qué es mi vida tan desgraciada?
Muy bien, comenzaré por el comienzo puesto que no creo que usted me esté entendiendo.
¿Quiere saber mi nombre? Bueno, a mi también me encantaría conocerlo, pero la verdad es que un día me propuse hacer de cuenta que había olvidado todo y ahí también se fue mi nombre. Sin embargo, me inventaré uno, me llamaré Ignacio, ¿le parece bien? Bueno, lástima si no, porque a mi si me parece y esta es mi historia y...
¿A quién engaño? Nadie leería esto jamás, ni porque les pagara millones. ¿A quién le interesará conocer la vida de una persona frustrada, solitaria y... Como yo?
Bien, de nuevo, de nuevo, espero no volverme a interrumpir.
Soy Ignacio sin apellido, no sé donde vivo, no sé quien soy, perdí mi identidad el día que decidí olvidar quien era, que era y que hacía. El día que me vendí vilmente a algo que no me apasionaba, a la necesidad, al hambre... A todo aquello que me hace ser Ignacio sin apellido y sin identidad.
De las pocas cosas que hay en el vacío de mis recuerdos decidí dejar y recalcar el hecho de mi amor hacia el arte, la música y las mujeres, pero todas me traicionaron, así que me fui por la literatura, sabiendo que esta también me traicionaría tanto como las demás.
Confié en mis palabras, en el mundo, en la gente. Creí que algún día podría ser famoso, y debo aceptar que fue mi sueño durante toda mi adolescencia. Ser un músico famoso con una banda famosa, pero no lo logré. Después me fui por la pintura, pero la verdad es que como pintor fui un fracaso total (una vez más) y las mujeres, bueno, ni se diga. Todas las mujeres que hubo en mi vida me hicieron parte del desastre que soy ahora.
¿Qué más recuerdo? (...)
Quisiera no haber borrado tantas cosas, tantos momentos, pero ahora mi mente es sólo un vacío con un mundo inmenso nada, de historias suprimidas, de ideas baratas.
¿Quién soy yo? ¿Se ha preguntado usted alguna vez eso? Bueno, es algo que cada día mi cabeza me repite como si reclamase por los recuerdos y eso me ha vuelto loco, eso es lo que me ha vuelto escritor. Es lo que me ha vuelto el escritor fracasado que soy, aquél que muere de tristeza, aquél que no nota la realidad porque no existe un pasado ya, porque simplemente ya no es nadie.
Crear es mi pasatiempo, mi heroína, es más que todo mi obsesión. Me gusta imaginarme la vida de los otros, de aquellos que veo pasar por la calle y que hablan entre sí. Me gusta observar y robarles un poco de la vida a la que tuvieron acceso, sus recuerdos, y entonces me adueño de historias irreales. Por eso escribo...
Sí, he vendido un par de libros, pero no es lo suficiente para comer y mantener el apartamento donde vivo. No es suficiente para satisfacer mis necesidades, y por supuesto no es suficiente para que alguna mujer llegue a amarme. Me pregunto quién podría amar a una persona como yo después de...
En fin. Ese soy yo, aquél que pactó con el destino y decidió olvidar del todo. Acá estoy, escribiendo sobre mí, y como siempre sabiendo que terminará diluyéndose en la nada, en el fuego, en aquella memoria que no está, que no existe pero que extraño porque algún día existió.
Ahora, ahora soy sólo un manojo de confusión, de miedos, un ser vacío sin recuerdos. Un ser casi ausente que sin querer perdió todo lo que su vida era, por egoísmo, por miedo a seguir viviendo en un infierno; sin embargo, terminé entre el cielo y el infierno, sin conocer ninguno de los dos, simplemente suspendido en el tiempo.
Me pregunto qué será de mis recuerdos. ¿Alguién más se los habrá llevado como yo intento robarme los recuerdos de otros para hacer historias?
Sí, sí, soy Ignacio sin apellido, sin recuerdos y con mucho miedo. Me propongo preguntarle, ¿quién es usted? ¿Le importará regalarme entonces un par de sus recuerdos? ¿Sería usted tan amable de revivir aquél ser que ya no existe?
Her perdido todo, la cordura, el amor, la esencia y los recuerdos. No sé quien soy, o tal vez sí. Soy Ignacio sin apellido, sin sueños ni recuerdos... Mis libros no me devolverán nada, devuélvame entonces usted la vida.

jueves, 15 de octubre de 2009

+Relatos varios, nada concreto+

Dedicación, un puerto llamado olvido, las danzas con ritmo de aquellos que apretujados bailaban en un atardecer que olía a canela con un toque de lavanda.
Aquél lugar era inolvidable, digno de escribir una historia como esta. Digno de libros, de canciones que le representen. Como para enamorarse, como para besarse en la noche después de fumar un cigarrillo, como para arrebatar las sábanas después de caminar sobre la arena, mojar los pies en el mar y enamorarse aún más de ella y del mar.
Las calles me hacían recordar a diario que amaba ese lugar, que amaba su gente, que quería quedarme allí para siempre. Cada paso que daba me hacía impregnarme de su delicioso olor mientras el viento cálido agitaba mis ropas, mi pelo y me traía de nuevo ese agradable olor que me hacía recordar cuál era mi lugar en esta ciudad sin nombre, esta ciudad que me hizo tan feliz.
Pasaron los años, pasó el tiempo, mis recuerdos me hacían enamorarme de aquella ciudad y de aquella historia de amor que viví dentro de ella. Recuerdo constantemente como solía besarme en las madrugadas cálidas que a veces con las horas se tronaban frías; Nada de café, nada de tostadas, simplemente la vida bohemia que imaginé cuando era joven, cuando aún añoraba vivir con ansias. Cuando el respeto por la vida aún existía y cuando no me imaginaba que la muerte podría llegar cuando menos lo esperaba.
Esa es la esencia, esa es la juventud, es cuando no nos imaginamos que más adelante podremos llegar a ser uno más de aquellos seres que pisan las aceras de la ciudad casi sin poder respirar, con arrugas y a veces con lentes gigantes para poder atravesar las grandes vías de esta ciudad sin remedio y sin nombre.
Cuando se es joven y se ve a los viejos, se piensa que jamás se llegará a ese lugar; También se piensa que jamás fueron jóvenes y que añoraron también como los jóvenes lo hicieron. Cuando se es joven y se ve a los viejos andar, no se ve esperanza en sus ojos, no se ve nada más que una vida pesada aferrada a sus espaldas; Esa vida que les hace caminar encorvados y sin ninguna esperanza más que no sea la muerte.
Los viejos, los viejos como yo, todos fuimos jóvenes pero ahora no deseamos tanto como los jóvenes. ¿Quién podría devolvernos de nuevo aquella vida de añoranzas?
Aquél lugar tan hermoso se convirtió en el centro de mis recuerdos, en mis experiencias más amadas y que se aferraron a mi piel como si fuesen parte de ella y que aún lo siguen siendo puesto que la tinta no se borrará.
Recuerdo cuando de pequeña anduve tantas veces por el mundo, recuerdo cuantas veces busqué aquél lugar del que tantos habían hablado, pero no lo encontraba en ninguna parte, no llegué jamás a encontrar aquél lugar que tan feliz llegó a hacerme demasiados años después.
Con el tiempo fui perdiendo la esperanza; Todos los lugares a los que iba me parecían hermosos, me parecían agradables, pero, ¿dónde estaba la magia de la que tanto hablaban?

Anduve mil veces por aquél camino sin sendero, aquél camino que me encegueció y me volvió la mujer ambiciosa que fui hasta que entré en el cuarto piso de mi vida. Me pregunté muchas veces donde estaba todo, donde me hallaba, donde se encontraban las palabras con las que tanta tristeza me expresé un par de veces. Tantas veces lágrimas en los ojos, la nostalgia, las emociones, eso que se fue yendo a medida que el tiempo iba pasando, cada vez que recordaba tantas noches de sudor, tantas noches de amor, de pasión, sin miedo de morir, sólo de exprimir la vida hasta la última gota.
Fue entonces cuando me di cuenta que así lo había hecho, fue cuando me di cuenta que conforme pasaba el tiempo mi vida se estaba yendo poco a poco, que estaba convirtiéndome en uno de esos seres que nunca imaginé que podría llegar a ser; Fue cuando realmente amé mi vida conscientemente y cuando me di cuenta de cuánto extrañaría esa vida que aquella ciudad me brindó, como extrañaría las diez mil vueltas caminando en la playa donde se hallaban aquellos bares, donde bailé hasta que no sentía mis pies. El lugar donde, y del cual me enamoré.
Es un silencio espontaneo, las raíces de algo que jamás había visto. ¿Pretendes ser una ilusión óptica o eres simplemente parte de mis recuerdos?
Añoro, añoro repetidas veces esa mirada, añoro mis recuerdos, la el tiempo que tenía y que no aproveché.
Es una historia sin fin, es un cuento, una narración, un ensueño. ¿Quién soy? Soy la misma, sólo que he envejecido, soy aquella persona que por tanto tiempo soñó pero que por más que siga intentándolo, sólo se ha convertido en las cenizas de un pasado que está grabado en la piel, pero que no volverá a ser jamás el mismo de antes.